lunes, 7 de junio de 2021

CARTA A UN AMOR DEL PASADO

 Te escribo desde 2021, joder... ¿Por dónde empiezo?

Debería explicarte que una pandemia ha asolado a la humanidad y ha arrasado incluso con mi energía. Padezco una cosa que se llama Covid persistente, pero ni siquiera tengo un diagnóstico en firme. Pero no quiero hacerte un resumen del presente continuo, del pasado inmediato.

Quiero viajar a ese tiempo de insolente juventud donde estás tú. Ese tiempo en el que fuimos felices. A ratos y entrecortadamente, como somos felices los pobres de espíritu. Querría retener tu olor, que ya ni sé qué grado de acidez tendría. Volver a las latitudes donde nos besábamos, donde imaginábamos un destino naranja y planificábamos acabar con la democracia y el capitalismo. Se repiten en mi memoria, insidiosos tus labios, con esa pigmentación marmórea que tenían. Tu voz acuchillada. Tu cuerpo a 36 grados, tus miedos que eran también los míos.

Hoy la vida es un poco más gris. Me va mejor de lo que podía haber previsto jamás. Tengo amigos increíbles que antes no conocía, y permanecen los de siempre. Tal vez mis hijos votarán en las próximas elecciones. Ha sido fascinante y vertiginoso verlos crecer. Muchas veces he sentido algo parecido a echarte de menos: Comentaba para mis adentros algo que me llamaba la atención, imaginaba tu respuesta a algún suspiro mío cuando robaba horas de sueño para sacar adelante a mi progenie con trabajos mal pagados y peor valorados.

Ando metida en mil proyectos locos. Ya sabes lo que me llama un reto y lo que me hundo estando quieta. Y por mucha bandera que hago de la independencia y libertad, demasiadas veces me falta una mano que tomar para enfrentarme a todo. Tú me dabas esa fortaleza silenciosa, reforzabas mi valentía y me hacías respetuosa compañía.

Pero me negabas ese respeto en la cama, tal y como a mí me gusta. Eso también me falta: Esa complicidad pasional y desbocada; ese olvidarnos de la hora y la fecha.

Sigo viviendo con intensidad y en plenitud, pero como te decía, los colores están más apagados desde que no me iluminas.

Sé de ti por conocidos en común, por tu estela de éxito... Quiero pensar que te va bien, que tienes lo que anhelabas o, mejor,  que estás en el camino para conseguirlo. Ojalá que ya no vivas el amor de manera clandestina.

Te escribí y envié una carta previa a esta; no recuerdo ni qué te decía. Supongo que ya no te iba a esperar más. Por supuesto era mentira.

Me faltas como si te hubieras muerto, porque en efecto desapareciste de mi vida, aunque sigas lejos y fuera de mí. Y hoy, en un arranque absurdo, no sé bien porqué, he acabado postrada en mi portátil, repasando todo lo que he aprendido en estos años: datos inservibles y castillos emocionales. Puede ser que aller, ordenando papeles y agendas, apareciera tu nombre y volviera a dar un vuelco mi corazón.

Puede ser que los ánimos de un lector, Isaac T, me empujaran a escribir aquí de nuevo. (Por cierto, gracias Isaac por un texto tan sencillo, sincero y emotivo). Puede ser que mi maldito ego me lleve a anhelar la atención de cualquiera como un simulacro de la tuya. Puede ser que nunca vuelva a amar. Puede ser.

Yo qué sé.

(Los cuadros son de Rosa Bonheur, que con 14 años se enamoró de una chica de 12 y estuvieron juntas más de 40)

Lo dice Diana Aller

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