sábado, 30 de enero de 2021

DEJAD EN PAZ A MI DEMI

¿Se sorprenderían ustedes si les digo que las mujeres estamos sometidas al yugo de la belleza, la juventud y la delgadez?

Pues eso.

Las mujeres estamos sometidas al yugo de la belleza, la juventud y la delgadez. Hasta el punto de ser valoradas prácticamente solo por ello. Hasta el punto de VALORARNOS a nosotras mismas solo por ello. Hasta el punto de agredir nuestros cuerpos y nuestras mentes con sofisticadísimas torturas para ello. Y mentimos y nos engañamos. Nos convertimos en expertas manipuladoras: "Lo hago por mí, por verme bien"; "Es por salud"; "Esas curvas de la foto son empoderantes"... Madre mía, el cacao que tenemos en la cabeza. Es increíble lo bien que hacemos el juego al sistema, y encima lo disfrazamos de (elija lo que se corresponda en cada caso:) emancipación, feminismo, libertad, gustos personales.

No se me ocurre nada más retorcido y perverso que creernos dueñas de nuestros cuerpos, mientras donamos nuestros cerebros a causas para dañarnos.

                               (El antes y el después de la doctora Carla Barber)

Se trata de tener las miras en un horizonte imposible; de mantenernos siempre en la permanente insatisfacción. Quiero tener otra piel, otro peso, otros muslos, otra edad... Quiero ser una máscara de instagram, un ser mitológico, un avatar, Marta López Álamo, un hentai. Quiero ser algo distinto a lo que soy. Quiero no ser yo. Ese es el trasfondo, amigas.


                  (Aquí dos Kardashian ¿Saben ustedes a qué es proporcional su fortuna?)

El feminismo nos ha enseñado a revelarnos contra la mirada masculina, a doblegar esa preocupación por agradar a los varones... Pero esta extrañeza y rechazo hacia nuestros propios cuerpos, va más allá del mero machismo. Es un contubernio orquestado por fuerzas oscurísimas que alimentamos en soledad y en sociedad. Es la consecuencia de una cultura fundamentada en el consumo salvaje, en el individualismo, en los valores neoliberales, en las redes sociales, en el humano más exclavizado de todos los tiempos y más inconsciente de sus cadenas.

Vivimos en la permanente incomodidad y la constante búsqueda de la satisfacción del "yo". Yo, yo, yo. Mi perfil, mi clase de yoga, mi salud, mi alimentación, mi casa, mi sueldo, mi trabajo, mis likes, mi estado psicológico, mi felicidad. Terapia, autoayuda, Netflix. Mi mundo. Yo, yo, yo.

Para calibrar lo que somos, necesitamos una política de máximos y mínimos. Baremos morales de lo que está bien y lo que está mal. Está bien hacer dieta (¡claro, es por SALUD!) pero sin pasarse. Está bien cuidarse, pero sin que parezca obsesivo. Está bien envejecer, pero -atención a esto- CON DIGNIDAD.

Lo que más he leído en los comentarios de la última aparición de Demi Moore es que debería envejecer ¡con dignidad! ¡Tócate el coño! ¿Demi Moore se está haciendo mayor torturando gatitos? ¿Es terraplanista? ¿Ha salido a la calle sin mascarilla y con un fusil de asalto? No, se ha cambiado las facciones de la cara.


Veamos, Demi Moore, artistaza de Hollywood, del Hollywood esplendoroso de los 80 y 90, se presenta en el primer desfile de Kim Jones para Fendi en París y los comentarios hacia sus últimos retoques faciales, engordan timelines haciendo más ricos a los ricos y más menesterosos a todos. Todos, absolutamente todos, hacen referencia a la desmesura, el descontrol... al no saber. Como si Demi Moore hubiera perdido los papeles. Como si ella fuera la que dictara al mundo entero cómo hay que hacerse mayor. Como si su cuerpo y su rostro fuera nuestro. Nos parece una agresión. Que se le ha ido la olla y además muchísimo. Porque "unos retoquitos, vale", pero es que se ha pasado tres pueblos. Podría hacer como los demás, estirarse un poco, ponerse su botox, sus pomulitos... Pero este destrozo no tiene nombre: No sabe envejecer con dignidad.

Esto me recuerda a los discursos de "muy bien que seáis feministas, chicas, pero ESTO es pasarse". (Cuando "esto" es simplemente no plegarse a la agenda feminista pija neoliberal, mona y reabsorbible por  la cultura, resumible en un slogan de una camiseta de ZARA). El mensaje que tenemos interiorizado es "No pasa nada si Demi Moore quiere estar mona, como están las señoras estupendas de su edad que se cuidan. No pasa nada si, como Ana Rosa, aprovecha un puente o un confinamiento para inyectarse ácido hialurónico. Todo está en orden mientras lo haga conforme a los parámetros del deber: Con "naturalidad", "que no se note"... Que le preocupe envejecer, que sufra por ello, pero que no lo demuestre"


El problema es que nos hacen sentir inseguras, deformes, deficitarias... Pero como lo hagamos notar, como nos salgamos del redil, nos juzgarán por ello. Locas, sin medida, desesperadas... Ahí la responsabilidad ya es nuestra.

Nuestros cuerpos no nos pertenecen. Solo los tenemos al servicio de nuestra insatisfacción, el motor del capitalismo. Pero eso no es lo peor. Lo peor, es que los cuerpos de las mujeres pertenecen al sistema. Un sistema devorador, cada vez más hambriento, más extremo, más inalcanzable.

Me encanta cómo le ha quedado la cara a Demi Moore, atravesada por dos hendiduras simétricas, que sonríen con altivez. Me gusta el gesto contenido de su boca, replegada en la lucha. Me gusta también la mirada recia, de samurai distante que guarda desgracias y sabiduría. Me gusta su manera de envejecer: hay en cada poro una asunción del yo; un reapropiarse de su cuerpo al que no estamos acostumbrados. Da igual el motivo, no importa cómo ha llegado hasta aquí, pero ojalá sea una avanzadilla: una mujer que se performa para ser ella misma; para superar esa parodia absurda de agradar, de hacer el juego al sistema. De vivir pendiente de los años, los kilos, las curvas, haciendo que no le importa, buscando que parezca natural. (Vaya gilipollez: natural)

Viva el artificio, joder. Viva las mujeres que han ido hasta el final, porque han iniciado el camino de regreso. Demi Moore ha vivido modelándose acorde a las expectativas ajenas. Y le están llevando por un camino inexplorado. Ojalá me leyera y le pudiera dar la enhorabuena por ser la avanzadilla de un montón de mujeres perdidas, hartas sin saberlo de donar nuestros cuerpos al juicio ajeno.

Prefiero a Demi, "encontrada" con sus fascinantes ángulos faciales y el relato de hartazgo que guardan, antes que a cualquier joven instagramer y su vulgar pornificación de la belleza. 

(Esta es Marta López Álamo, estudiante de Administración y Dirección de empresas)

(Y aviso, que me estoy haciendo mayor, y he empezado a currármelo para envejecer sin eso que llaman dignidad. Ninguna dignidad)


Si les interesa la apasionante biografía de Demi Moore, hace justo 9 años, en 2012 escribí esto sobre ella. está feo que lo haga yo, pero les recomiendo que lo lean.

(La belleza: Defina lo que es para usted la belleza. Para mí esto: un visón blanco suavecito y un collar de cuentas negras)

Lo dice Diana Aller