lunes, 26 de julio de 2021

SONRÍA, POR FAVOR. EN CONTRA DE LOS QUE ESTÁN EN CONTRA DEL OPTIMISMO

La física nos dice que cuando lanzamos un objeto, hay un rozamiento, una ley de la gravedad y unas circunstancias que dibujan una trayectoria algo así como "de ida y vuelta". Algo parecido sucede en la moda y en las tendencias. ¿Pantalones pesqueros o largos? ¿Pata de elefante o tobillo recogido? Y así con todo.

-Resumen: Todo lo que sube, baja-

¿Que se empieza a hablar de poliamor y todas nos liberamos mucho de primeras? Pues luego le vemos las costuras al asunto y decimos "Igual esto es la mierda de siempre, pero con coartada ideológica para no atender las emociones ajenas": Toda corriente tiene su resaca, su reverso posterior.
...Y algo así es lo que ha pasado con la psicología positiva, una corriente (una moda, al fin y al cabo) que entró con fuerza pareja a cierto crecimiento económico y al exponencial torrente de las redes sociales (eficaz generador de ira y tristeza, por otra parte)

Mr Wonderful, una marca de emprendedores (algo muy hijo de su tiempo también, esto del emprendimiento) crearon un emporio a costa de maltratar trabajadores que creaban merchandising del buen rollo. Sin más pretensión -a parte de la económica, obvio- que minimizar los problemas y dar ánimo a nuestras miserables vidas. Oye, pues muy bien.

Ahora "la moda" es meterse con la positividad, con el optimismo y con la psicología positiva. Lo guay es decir que esos comeflores generan frustración. Que el "Si quieres puedes" es súper dañino. Y que si naces pobre, morirás pobre y tener esperanza es de mediocres. Qué casualidad que ahora que nos hundimos en una crisis terrible, vengan hordas de "expertos" a decirnos que nos resignemos sin soñar.

A ver, que aquí hay muchas cositas que contar para explicar de dónde viene esto. Voy a intentar contarlo bien y con orden que es algo que me cuesta, porque se me agolpan mil ideas en la cabeza...

Para empezar, todos estos juicios (el optimismo de quita y pon de hace unos años y el pesimismo de todo a 100 de ahora) son una cosita muy rala y facilona. No hablo de epicureismo de biblioteca; ni de filosofía, ni de hondo pensamiento trabajado a golpe de debate y escucha. No, hablo de gente profundamente insatisfecha que busca de forma superficial una solución rápida a la confluencia de problemas estructurales y exógenos.

Gente de la calaña de Rafael Santandreu (un supuesto gurú del estoicismo que no tiene ni puta idea de estoicismo) y tantos otros, se han forrado vendiendo libros y dando conferencias vendiendo humo transparente a cambio de muchos euros. Este señor, por ejemplo, decía que los celosos son unos románticos empedernidos. Nada de problemitas de autoestima, ni inseguridades ¡los celos son hijos del romanticismo! ¡Toma ya! Bueno, pues este señor, se leyó algún texto sobre Epícteto y vio el filón que se abría ante sí, en una sociedad perdida y enferma de estatus. Y como dicen las señoras que me molan, "de aquellos barros, estos lodos": Así los libros más vendidos son los de autoayuda, así todas nos vemos gordas y todos quieren una polla más grande. La insatisfacción, queridas amigas, es el infalible motor del capitalismo.

Las teorías de éste y tantos otros iluminados, (Paz Padilla, Robin Sharma, Robert T. Kiyosaki...) se cocinan como si fueran un fast food, se interpretan con los ojos ansiosos de nuestro tiempo y ¡voilá! ya tenemos soluciones estandarizadas a problemas individuales (e individualistas)

A la gente de la autoayuda les conviene que estemos destrozados.


-Tú ya estuviste destrozada antes de conocerme-

Mindfulness, vino, meditación, terapia cognitiva-conductual, gimnasio, yoga, diazepam, Tinder... La vida está llena de soluciones para consumir, trituradas por el neoliberalismo. Tú paga, que te darán una receta a tu medida. Que por supuesto solo generará más insatisfacción, cuando no la necesidad de algo más. El objetivo es que nos sintamos escoria para seguir consumiendo.

Ahora queda genial decir que "Persigue tu sueño" es una aberración. Porque adoramos lo negativo. Damos pábulo a las críticas, el fango y el odio de twitter, antes que al consejo de alguien que nos aprecia. Valoramos al que está en contra y le admiramos con indisimuldas loas en forma de likes. Parece más listo el que de buenas a primeras, critica. El que se yergue en contra, aun sin entender el trasfondo teórico.
Nos parecen críticos, listos y afilados, quienes arremeten contra algo. Son los guays de la clase, los malotes...
¿Y qué pasa con quienes destilan ternura y buen rollo? ¿Con quienes luchan por hacer, en lugar de posicionarse en un fuego cruzado ficticio e innecesario? Esos no se comen ni un colín. Porque nadie los escucha. Ser bienintencionado no vende.


-Alguien gana dinero con estas cosas y es legal-

La psicología positiva o simplemente, el optimismo, no solo es un aliado en nuestra vida: es lo que nos ha traído hasta aquí, en nuestra historia personal y como especie. Somos seres llenos de curiosidad, de ilusión, de ganas. Somos eminentemente sociales: necesitamos el contacto, mirarnos los ojos, relacionarnos sin parar. El simple hecho de pensar en reunirnos, ya libera un poquito de dopamina, mire usted qué fácil. Escuchar (o leer) cosas positivas, cimenta nuestra felicidad. Yo misma, escribiendo esto, estoy encantada y sonriendo ahora mismo. Y ¡oh, sorpresa! ni usted ni yo ganamos ni perdemos dinero con esto. Estamos haciendo algo POR GUSTO. Usted lee, yo escribo (Bueno, primero yo escribo, después usted lo lee, claro).

Y esto, es una afrenta al consumo, a la economía, a los bienes, recursos, riqueza... Piense, querida amiga, que todo lo que hace para otros -trabajar, comprar, consumir- le quita tiempo y energía para hacer cosas para usted. Nos han hecho creer que cualquier cosa que no genere ningún tipo de economía es perder el tiempo, lo único realmente finito e importante... 
Piense en cualquier actividad de ocio. Cualquier cosa que le guste. Y ahora piense ¿Está totalmente disociado del consumo? Ojalá. La productividad nos está esclavizando. 


-Pasarlo mal es un negocio muy lucrativo para alguien-

Vivimos obsesionados con los objetivos de otros, ponemos la felicidad "a la vuelta de la esquina", pero como el horizonte, nunca llega. Y cuando empezamos a comprender que de esta crisis no nos va a salvar la economía ni la política, crecen como champiñones los artículos y los libros en contra de la positividad. El maricón que quita la ilusión. Nos vienen a decir que es tóxico, que no hay nada que hacer, que ver el vaso medio lleno es engañarse.

-Cartel de una pera y una manzana ensalzando su amistad. El camello de Mr Wonderful es Dios-

A ver... Haber: Para empezar, nada es tan drástico. Ser positivo solo es malo en el covid. Ser positivo no significa no leer la realidad en su justa medida, sino generar estrategias para solucionar marrones y extraer enseñanzas de cada uno de ellos. Hacer algo por no hundirnos en el vaso de agua. No echar la culpa a los demás, sino analizar cómo mejorar.

Que el resumen sea "Se feliz" o "No sabía que ponerme y me puse muy contenta" es no comprender la dimensión de la filosofía positiva. Tampoco pertenece al positivismo -pese a lo que la gente cree- dar ánimos diciendo "No te preocupes". La psicología optimista lo que diría sería "¿Cómo te puedo ayudar?" Es decir, poniendo el foco en la empatía y en la relación emocional. Lo que pasa, ya lo he apuntado antes, es que hay un montón de intrusos que creen dominar la psique humana, el periodismo, la filosofía y la química emocional y trazan unas teorías -éstas sí- gruesas y simples como pollas.

Todo esto lo que hace es separarnos del mundo y enfrentarnos a él, en lugar de vincularnos. Vivimos obsesionados con nuestra felicidad, nuestro estado emocional, nuestro dinero, nuestro cuerpo, nuestra alimentación... Yo, yo, yo... Nos testamos todo el rato y nos comparamos con lo de fuera, en lugar de integrarlo sonriendo. Competimos tan a lo tonto, que al final es contra nosotros mismos (y siempre perdemos) 

Tal vez una parte del problema, es identificar lo positivo con lo cuqui. Pero la psicología positiva no está reñida con que nos guste cagar o, como en mi caso, goce sacándome mocos en soledad. Mis favoritos son esos mocos secos, pero que al tirar se desprenden contundentes y viscosos con gran densidad y cierto picor. Esto no es nada mono. Pero tampoco se ajusta al relato capitalista de producción. Es placer hueco, sano hedonismo que no deviene en adicciones ni rollos raros. (O al menos, eso creo)

-He robado esta ilustración de Ana Galvañ en la interné-

Si viven angustiados, si no son felices, el primer paso es desinstalarse las redes sociales. Así de simple. Por lo visto el sesgo de género en los contenidos, tiende a producir ira en los varones (¡qué raro!) y melancolía en las mujeres (¡Buah, qué sorpresa! ¿Quién lo hubiera dicho?). Y poner solución, no depende de un libro de autoayuda o de una fórmula única. Eso, es siempre cosa de un trabajito muy profundo de conocerse a uno mismo. Y ahí, ya sí explorar las posibilidades circunstanciales ("soy pobre como una rata"), personales ("no tengo trabajo") o psicológicas ("fui una niña maltratada"). Ante un análisis mínimamente profundo, es mucho más dañino e irreal el "No hay nada que hacer, te jodes" que el "todo va a salir bien". Ahí es donde hace falta un talante positivo, crítico y certero que analice potencialidades, posibilidades, recursos etc... Y es ese proceso precisamente, el que nos acercará al bienestar, a la lucha, al conocimiento.

-Emil Cioran, el pesimista más divertido. Me flipa su pelo-

Yo les diría que leyeran a Schopenhauer y a Cioran, que pese a ser adalides del pesimismo, generan unas alegrías que ríanse ustedes de comer setas, conseguir el tercer grado (penienciario, no de inglés. O también) o emborracharse en un bautizo. Pero claro, eso requiere esfuerzo intelectual, tiempo, ganas... Y lo que queremos es una pastilla con la solución, cagarnos en los demás, que siempre tienen la culpa de nuestra desgracia, y percibirnos como víctimas pasivas incapaces de hacer nada por cambiar el destino.

No paramos de hacernos pupita a nosotras mismas. Nos hablamos internamente fatal, nos exigimos imposibles, disimulamos nuestros verdaderos dolores... Y además practicamos la autoexplotación para la aceptación, para que nos asignen un valor. Nos empeñamos en encajar en un lugar imposible y el estatus es con respecto a los demás siempre. La idea de "El pensamiento positivo es tóxico" solo va a reforzar esta mierda de mecanismos.

Se pasa muy mal con ansiedad o depresión. Fatal. Quienes hemos pasado por ello, no toleramos ni una broma con esto. Por supuesto hay que visibilizar y hacer porque las demás no pasen por ello. Pero me niego a normalizar y mucho menos a romantizar trastornos chungos hijos del capitalismo. No es guay recrearse en el dolor. No mola vivir con miedo y hacer de ello algo cool. Lo que mola (aunque tenga mala venta en nuestra cultura) es unirse y luchar hacia adelante. Dejar la pornografía sentimental de redes sociales e investigar soluciones avezadas y originales con las amigas. Reclamar derechos, mirar en horizontal y no hacia dentro, sentirse y ser parte de algo.


              -Arthur Schopenhauer. También me sulibeyan mucho sus pelos-

El simple hecho de sonreír, ya anima un poquito. Si sonreímos, atraemos a gente que sonría y hacemos sonreír a los demás (¡Viva las neuronas espejo!). Hablar y escuchar en positivo sirve para sentirse mejor. Y sentirse mejor, a su vez, atrae mayor bienestar. Y la cosa va creciendo y contagiándose. Y es lo que necesitamos: Entender los problemas desde su propia medida, no desde los intereses de Amazon. No permita que pasen los años a lo tonto y que en su lecho de muerte se lamente de haberse preocupado por tonterías. Ponga remedio ya: Una vida plena es posible.
Arremeter contra el optimismo, es una moda tan tonta como cualquier otra, y afortunadamente, pasará.

Yo no soy nadie. Quiero decir: No soy psicóloga, ni cobro por dar soluciones, ni doy conferencias para salvar almas heridas... Tampoco he estudiado nada que me haga sabedora de una fórmula especial y única de mil euros el ingrediente. Solo soy una cuarentona -con mis problemas y mis miserias- que bebe cerveza, pasea a su perra, quiere a sus amigas y se lo pasa bien en la vida. Y como tal le digo, que si quiere ser feliz, lo mejor es buscar colectivamente soluciones uniéndose a sus iguales. Le prometo que sólo el camino, va a ser fascinante. Y atención spoiler: La solución también es el camino. Y es infinito.
Sonría. Sonría por favor.


             -Aquí otro trabajo robado de Ana Galvañ. Es que mola bastante-

Lo dice Diana Aller

*Si alguien se siente en una situación límite, me tiene en dianaller@hotmail.com


lunes, 7 de junio de 2021

CARTA A UN AMOR DEL PASADO

 Te escribo desde 2021, joder... ¿Por dónde empiezo?

Debería explicarte que una pandemia ha asolado a la humanidad y ha arrasado incluso con mi energía. Padezco una cosa que se llama Covid persistente, pero ni siquiera tengo un diagnóstico en firme. Pero no quiero hacerte un resumen del presente continuo, del pasado inmediato.

Quiero viajar a ese tiempo de insolente juventud donde estás tú. Ese tiempo en el que fuimos felices. A ratos y entrecortadamente, como somos felices los pobres de espíritu. Querría retener tu olor, que ya ni sé qué grado de acidez tendría. Volver a las latitudes donde nos besábamos, donde imaginábamos un destino naranja y planificábamos acabar con la democracia y el capitalismo. Se repiten en mi memoria, insidiosos tus labios, con esa pigmentación marmórea que tenían. Tu voz acuchillada. Tu cuerpo a 36 grados, tus miedos que eran también los míos.

Hoy la vida es un poco más gris. Me va mejor de lo que podía haber previsto jamás. Tengo amigos increíbles que antes no conocía, y permanecen los de siempre. Tal vez mis hijos votarán en las próximas elecciones. Ha sido fascinante y vertiginoso verlos crecer. Muchas veces he sentido algo parecido a echarte de menos: Comentaba para mis adentros algo que me llamaba la atención, imaginaba tu respuesta a algún suspiro mío cuando robaba horas de sueño para sacar adelante a mi progenie con trabajos mal pagados y peor valorados.

Ando metida en mil proyectos locos. Ya sabes lo que me llama un reto y lo que me hundo estando quieta. Y por mucha bandera que hago de la independencia y libertad, demasiadas veces me falta una mano que tomar para enfrentarme a todo. Tú me dabas esa fortaleza silenciosa, reforzabas mi valentía y me hacías respetuosa compañía.

Pero me negabas ese respeto en la cama, tal y como a mí me gusta. Eso también me falta: Esa complicidad pasional y desbocada; ese olvidarnos de la hora y la fecha.

Sigo viviendo con intensidad y en plenitud, pero como te decía, los colores están más apagados desde que no me iluminas.

Sé de ti por conocidos en común, por tu estela de éxito... Quiero pensar que te va bien, que tienes lo que anhelabas o, mejor,  que estás en el camino para conseguirlo. Ojalá que ya no vivas el amor de manera clandestina.

Te escribí y envié una carta previa a esta; no recuerdo ni qué te decía. Supongo que ya no te iba a esperar más. Por supuesto era mentira.

Me faltas como si te hubieras muerto, porque en efecto desapareciste de mi vida, aunque sigas lejos y fuera de mí. Y hoy, en un arranque absurdo, no sé bien porqué, he acabado postrada en mi portátil, repasando todo lo que he aprendido en estos años: datos inservibles y castillos emocionales. Puede ser que aller, ordenando papeles y agendas, apareciera tu nombre y volviera a dar un vuelco mi corazón.

Puede ser que los ánimos de un lector, Isaac T, me empujaran a escribir aquí de nuevo. (Por cierto, gracias Isaac por un texto tan sencillo, sincero y emotivo). Puede ser que mi maldito ego me lleve a anhelar la atención de cualquiera como un simulacro de la tuya. Puede ser que nunca vuelva a amar. Puede ser.

Yo qué sé.

(Los cuadros son de Rosa Bonheur, que con 14 años se enamoró de una chica de 12 y estuvieron juntas más de 40)

Lo dice Diana Aller

sábado, 30 de enero de 2021

DEJAD EN PAZ A MI DEMI

¿Se sorprenderían ustedes si les digo que las mujeres estamos sometidas al yugo de la belleza, la juventud y la delgadez?

Pues eso.

Las mujeres estamos sometidas al yugo de la belleza, la juventud y la delgadez. Hasta el punto de ser valoradas prácticamente solo por ello. Hasta el punto de VALORARNOS a nosotras mismas solo por ello. Hasta el punto de agredir nuestros cuerpos y nuestras mentes con sofisticadísimas torturas para ello. Y mentimos y nos engañamos. Nos convertimos en expertas manipuladoras: "Lo hago por mí, por verme bien"; "Es por salud"; "Esas curvas de la foto son empoderantes"... Madre mía, el cacao que tenemos en la cabeza. Es increíble lo bien que hacemos el juego al sistema, y encima lo disfrazamos de (elija lo que se corresponda en cada caso:) emancipación, feminismo, libertad, gustos personales.

No se me ocurre nada más retorcido y perverso que creernos dueñas de nuestros cuerpos, mientras donamos nuestros cerebros a causas para dañarnos.

                               (El antes y el después de la doctora Carla Barber)

Se trata de tener las miras en un horizonte imposible; de mantenernos siempre en la permanente insatisfacción. Quiero tener otra piel, otro peso, otros muslos, otra edad... Quiero ser una máscara de instagram, un ser mitológico, un avatar, Marta López Álamo, un hentai. Quiero ser algo distinto a lo que soy. Quiero no ser yo. Ese es el trasfondo, amigas.


                  (Aquí dos Kardashian ¿Saben ustedes a qué es proporcional su fortuna?)

El feminismo nos ha enseñado a revelarnos contra la mirada masculina, a doblegar esa preocupación por agradar a los varones... Pero esta extrañeza y rechazo hacia nuestros propios cuerpos, va más allá del mero machismo. Es un contubernio orquestado por fuerzas oscurísimas que alimentamos en soledad y en sociedad. Es la consecuencia de una cultura fundamentada en el consumo salvaje, en el individualismo, en los valores neoliberales, en las redes sociales, en el humano más exclavizado de todos los tiempos y más inconsciente de sus cadenas.

Vivimos en la permanente incomodidad y la constante búsqueda de la satisfacción del "yo". Yo, yo, yo. Mi perfil, mi clase de yoga, mi salud, mi alimentación, mi casa, mi sueldo, mi trabajo, mis likes, mi estado psicológico, mi felicidad. Terapia, autoayuda, Netflix. Mi mundo. Yo, yo, yo.

Para calibrar lo que somos, necesitamos una política de máximos y mínimos. Baremos morales de lo que está bien y lo que está mal. Está bien hacer dieta (¡claro, es por SALUD!) pero sin pasarse. Está bien cuidarse, pero sin que parezca obsesivo. Está bien envejecer, pero -atención a esto- CON DIGNIDAD.

Lo que más he leído en los comentarios de la última aparición de Demi Moore es que debería envejecer ¡con dignidad! ¡Tócate el coño! ¿Demi Moore se está haciendo mayor torturando gatitos? ¿Es terraplanista? ¿Ha salido a la calle sin mascarilla y con un fusil de asalto? No, se ha cambiado las facciones de la cara.


Veamos, Demi Moore, artistaza de Hollywood, del Hollywood esplendoroso de los 80 y 90, se presenta en el primer desfile de Kim Jones para Fendi en París y los comentarios hacia sus últimos retoques faciales, engordan timelines haciendo más ricos a los ricos y más menesterosos a todos. Todos, absolutamente todos, hacen referencia a la desmesura, el descontrol... al no saber. Como si Demi Moore hubiera perdido los papeles. Como si ella fuera la que dictara al mundo entero cómo hay que hacerse mayor. Como si su cuerpo y su rostro fuera nuestro. Nos parece una agresión. Que se le ha ido la olla y además muchísimo. Porque "unos retoquitos, vale", pero es que se ha pasado tres pueblos. Podría hacer como los demás, estirarse un poco, ponerse su botox, sus pomulitos... Pero este destrozo no tiene nombre: No sabe envejecer con dignidad.

Esto me recuerda a los discursos de "muy bien que seáis feministas, chicas, pero ESTO es pasarse". (Cuando "esto" es simplemente no plegarse a la agenda feminista pija neoliberal, mona y reabsorbible por  la cultura, resumible en un slogan de una camiseta de ZARA). El mensaje que tenemos interiorizado es "No pasa nada si Demi Moore quiere estar mona, como están las señoras estupendas de su edad que se cuidan. No pasa nada si, como Ana Rosa, aprovecha un puente o un confinamiento para inyectarse ácido hialurónico. Todo está en orden mientras lo haga conforme a los parámetros del deber: Con "naturalidad", "que no se note"... Que le preocupe envejecer, que sufra por ello, pero que no lo demuestre"


El problema es que nos hacen sentir inseguras, deformes, deficitarias... Pero como lo hagamos notar, como nos salgamos del redil, nos juzgarán por ello. Locas, sin medida, desesperadas... Ahí la responsabilidad ya es nuestra.

Nuestros cuerpos no nos pertenecen. Solo los tenemos al servicio de nuestra insatisfacción, el motor del capitalismo. Pero eso no es lo peor. Lo peor, es que los cuerpos de las mujeres pertenecen al sistema. Un sistema devorador, cada vez más hambriento, más extremo, más inalcanzable.

Me encanta cómo le ha quedado la cara a Demi Moore, atravesada por dos hendiduras simétricas, que sonríen con altivez. Me gusta el gesto contenido de su boca, replegada en la lucha. Me gusta también la mirada recia, de samurai distante que guarda desgracias y sabiduría. Me gusta su manera de envejecer: hay en cada poro una asunción del yo; un reapropiarse de su cuerpo al que no estamos acostumbrados. Da igual el motivo, no importa cómo ha llegado hasta aquí, pero ojalá sea una avanzadilla: una mujer que se performa para ser ella misma; para superar esa parodia absurda de agradar, de hacer el juego al sistema. De vivir pendiente de los años, los kilos, las curvas, haciendo que no le importa, buscando que parezca natural. (Vaya gilipollez: natural)

Viva el artificio, joder. Viva las mujeres que han ido hasta el final, porque han iniciado el camino de regreso. Demi Moore ha vivido modelándose acorde a las expectativas ajenas. Y le están llevando por un camino inexplorado. Ojalá me leyera y le pudiera dar la enhorabuena por ser la avanzadilla de un montón de mujeres perdidas, hartas sin saberlo de donar nuestros cuerpos al juicio ajeno.

Prefiero a Demi, "encontrada" con sus fascinantes ángulos faciales y el relato de hartazgo que guardan, antes que a cualquier joven instagramer y su vulgar pornificación de la belleza. 

(Esta es Marta López Álamo, estudiante de Administración y Dirección de empresas)

(Y aviso, que me estoy haciendo mayor, y he empezado a currármelo para envejecer sin eso que llaman dignidad. Ninguna dignidad)


Si les interesa la apasionante biografía de Demi Moore, hace justo 9 años, en 2012 escribí esto sobre ella. está feo que lo haga yo, pero les recomiendo que lo lean.

(La belleza: Defina lo que es para usted la belleza. Para mí esto: un visón blanco suavecito y un collar de cuentas negras)

Lo dice Diana Aller