lunes, 2 de septiembre de 2019

3 COSAS FAVORITAS

Me gustan las palabras favorita y favorito, porque parecen diminutivos (Me gustan los nombres de Benito y Agapita y los sustantivos mojito, visita, bonito, recapacita...)

* MI INSTAGRAM FAVORITO:
Tengo varios. Alguno que ni sigo, por miedo a que me pillen fisgoneando mis obsesiones enloquecidas. También los hay de una ironía tan fina y humillante, que me causa felicitá al cuadrado. Por ejemplo el que me descubrió Bonjo: Listillas, un festival de lugares comunes delicioso.
Pero el perfil que no me cansa ni decepciona nunca es el de Renoir sucks at painting, una cuenta destinada a destapar la verdad sobre el pintor impresionista. Hay muchas fotos de gente poniendo caras de asco frente a los cuadros. No paran de encontrar evidencias de que era un mediocre, un cutre y un chapucero. Y están dispuestos a limpiar el buen nombre de la historia del arte desacreditando a Renoir. Chulísimo.



* MI EDIFICIO FAVORITO:
Lo mismo: Tengo mil. Incluso en Madrid. Algunos pasan muy desapercibidos, como la pinacoteca de los Padres Escolapios.



Pero si al valor estético le añadimos un componente de romanticismo trágico, como resultado tenemos un edificio demolido, asesinado inexplicablemente.
Se trata de la Pagoda de Miguel Fisac, que en realidad tampoco tenía tanto de pagoda. Se trataba de una torre de precioso y macizo hormigón donde cada planta estaba "girada" 45 grados con respecto a la anterior y posterior. El Ayuntamiento de Álvarez del Manzano (Partido Popular) permitió su demolición no se sabe muy bien a cuento de qué: venganzas personales, especulación inmobiliaria o simple demostración de poder.



*MI APLICACIÓN FAVORITA:
Esta se la debo a Peter O´toole y mis allegados me dicen que estoy muy pesada con ella, pero es que, me ha cambiado la vida. Se llama Yuka y evalúa los productos al escanear el código de barras con el móvil. Estoy del todo enganchada; las cámaras de seguridad de los supermercados están hartas de filmarme escaneando productos hasta dar con los mejores. Lo que más me gusta, es que para algunos productos mediocres, la aplicación ofrece alternativas mejores. He cambiado mis productos de cosmética y mis marcas de alimentación y estoy mucho mejor en varios aspectos. No entiendo por qué Luka no me nombra embajadora de su app.


Lo dice Diana Aller

martes, 27 de agosto de 2019

ANOCHECER EN MADRID


Llego a casa como si llegara a un hotel: Dejando el bolso en la cama, descalzándome sin saber muy bien cuál es el sitio de los zapatos. Llego absorta, consumida. Me lanzo al portátil, saturada de escuchar trap que habla de deseos contenidos y de frustraciones sin destino. Llego conteniendo lágrimas. Me convenzo de que son la carga arancelaria de la felicidad. Que necesito agobiarme para equilibrar tanta fortuna. Pienso, yo qué sé, que a todo el mundo le pasa esto: Que necesitamos una mano estrangulándonos el cuello, sufrir por amor, por desamor. Que queremos lo que no tenemos, porque en realidad tenemos lo que no queremos. No sé lo que quiero. Igual tampoco sé a quién.


Esta lucha a muerte por la libertad me está esclavizando la madurez, que preveía yo serena como una siesta de sábado. 

Pasó por mi vida y por mis sábanas un amor caníbal trasmutado en decepción. Uno no: Mil. Personas que protagonizaron el mismo relato. Vertiginoso y audaz al inicio, mesurado después. En cada principio se guardan esperanzas claras y promesas de innovación. Con la fe de un capellán de pueblo en un vínculo inventado y fresco. Rellenando de utopía el desconocimiento. Así, se tejen chascos mayúsculos y suplicios sentimentales de andar por casa. En callada meditación repetida por decenas. Una y otra vez. Sin derramamiento de sangre. Acaso una leve pérdida de apetito, una borrachera más fogosa que de costumbre y un cuerpo para borrar el rastro que dejó el anterior.


Ese proyecto que es siempre el mismo describe cada vez una parábola menor; una meseta como Castilla que con los años es una duna gaditana. Cada vez se sufre menos. Y cada vez, pareja, la ilusión decrece, como si tuviera un escape invisible bajo el sumidero.


Hago fotos ridículas de anocheceres de Madrid y me planteo subir stories con ellas. ¿Acaso tiene relevancia el pantone preciso del cielo de las 21.43 en la calle Segovia? ¿Qué finalidad tiene capturar un momento y soltarlo para que muera después?
Este vacío de pija intensa no es reflectante y no se proyecta en nuestra cultura. ¿Merecería la pena una película con los títulos de crédito escritos a balazos? ¿Quién bailaría un estribillo con mi desgracia? ¿A qué orden arquitectónico pertenecería esta queja flamígera? ¿Qué legado voy a dejar si me acuesto con cada notario y cada albacea?

Queda la brisa cenicienta y derrotada de final del verano. Queda el aliento amurallado del último encuentro genital, plagado de arañazos y gemidos. Todo queda, estanco, comatoso. 


Toca enarbolar la bandera de la extravagancia, del “tú te lo has buscado”, de la libertad, bordada en petit point. Porque hay problemas serios que atender, una vida por transitar, faenas miserables con las que rellenar los días. ¿A qué preocuparse de una mancha en la pared? Las más nobles causas babean con las fauces abiertas, mientras yo, menuda imbécil, contengo un llanto ingrávido por los cadáveres que tuve que abandonar en la trinchera.

Allí en el horizonte que nunca llega, hay un WhatsApp por responder. Me lanzaré a una relación carnal, zoofílica, salvaje. Proyectaré perspectivas como si fueran diapositivas gastadas de un festín medieval. Creeré la misma patraña y me dejaré enredar frente al abismo.
Una promesa que volveré a incumplir. Un amor que sólo es eterno mientras dura. Sólo.


Lo dice Diana Aller

jueves, 22 de agosto de 2019

COCAÍNA Y SÁBADO


He pasado -estoy pasando- un verano increíble. Me gustaría que todo el mundo fuera feliz, que no existieran enfermedades chungas, que los polos no se estuvieran derritiendo y que mi alegría fuera contagiosa. En fin...

El caso es que he estado en las Azores y conocí Rabo de Peixe, un pueblo colorido y pescador conocido por algo que cambió el rumbo de su historia.


La wikipedia dice los datos de situación, población etc y una mención a la cocaína: "En 2001 un naufragio vertió toneladas de cocaína en las costas del pueblo, provocando devastadores efectos sobre la población local que persisten décadas después".

Esta es la historia muy resumida:

Rabo de Peixe era un pueblito pobre pero tranquilo, hasta que en junio de 2001 naufragó un barco procedente de Venezuela cargado de cocaína que pretendían llevar a las Baleares. Pero en mitad del Atlántico, la cosa se torció y los fardos de 500 kilos (posiblemente mucho más) de cocaína fueron a parar al malecón del pueblo, en la costa de la isla de Sao Miguel.
En cuanto se percataron del asunto, se corrió la voz y en una sola madrugada, una buena parte de los casi 7mil habitantes guardaron en sus casas y garajes la farlopa.
Allí no había tradición ni consumo y no sabían ni el precio ni los efectos, con lo que empezó el tráfico y el consumo de una cantidad imposible de saber de cocaína y además de una pureza extraordinaria.

Gente de todas las edades esnifaba cocaína e incluso la mezclaban con el café, la comida o la usaban para enharinar el pescado. A corto plazo se incrementaron los ingresos hospitalarios, los infartos y las muertes. Los dos hospitales cercanos se colapsaron por culpa de la blanca sustancia y la gente caminaba nerviosa por las callejuelas del pueblo con los ojos muy abiertos, delirios y creyendo persecuciones y paranoias inexistentes.


A medio plazo se organizó el narcotráfico y algunos oriundos del lugar supieron hacer negocio, pero ya muchos estaban enganchados sin remedio. Tanto que entró en el pueblo la heroína como único remedio para poder dormir, dada la intensidad de los subidones... No se les ocurrió otra cosa o yo qué sé.

Rabo de Peixe, que era pobre, ahora era pobre con gente rica construyéndose chalets y muchos yonkis desesperados puliéndose la indeterminada cantidad de kilos de droga que había por el pueblo. Venían de toda la isla e incluso desde Portugal a pillar al pueblo.


Esto ocurrió en 2001 y yo he visitado el pueblo en 2019: Ni siquiera me atreví a salir del coche. Gente más muerta que viva caminando como en un purgatorio eterno, jóvenes con cara de malas personas ocultándose bajo una capucha, familias muy numerosas de gitanos que normalizan la venta y el abuso de las drogas a cualquier hora. Es como una Cañada Real trasladada a un pueblo idílico de pescadores. Al parecer, también ha aumentado la prostitución en cualquiera de sus formas: Hay hasta padres de familia gitanos que se travisten para mercadear con su cuerpo y procurarse su dosis...



Visitar un lugar, sin duda, comprende ver sus luces y sus sombras, y San Miguel tiene de todo si deciden visitar la isla (y lo recomiendo con fervor de novicia de Lerma).

Ya que estoy aquí (aquí en Madrid) les anuncio que este sábado 24 estaré pinchando en el Weirdo (C/ Dos de Mayo) de 23.00 a 02.30


Y el próximo viernes 30 en el Ocho y Medio más o menos de 2 a 4 de la mañana.

Vengan a celebrar conmigo que todavía tenemos motivos para celebrar. O no.

Lo dice Diana Aller