viernes, 13 de marzo de 2020

COSAS QUE ESTOY HACIENDO ENCERRADA -CREO QUE- CON CORONAVIRUS


*Llevo encerrada en casa 3 días. Desde el lunes con síntomas de Coronavirus. Me he hartado de llamar al teléfono habilitado para ello. He contactado hasta en 3 ocasiones. Me dicen que ya me llamarán. En mi seguro,  lo mismo. No me hacen la prueba porque no estoy grave y el sistema está colapsado. Hoy me han dado baja laboral oficial desde mi Centro de Salud con atención telefónica de mi médico de cabecera. Estoy bien. Enferma, pero bien.




COSAS QUE ESTOY HACIENDO:

- Ponerme las bragas más horrorosas que tengo.
- Aspirar ventolín como si fueran porros.
- Agradecer con fervor beato el urbanismo clásico de Chamberí con terraza transitable en la vivienda.


- Planear una nueva vida, donde el trabajo será sólo un medio y los abrazos el gesto de la victoria.
- Madrugar, comer a sus horas, trabajar, ducharme, establecer rutinas para no enloquecer.
- Enloquecer.
- Racionar el papel higiénico como si fuera una reliquia románica a punto de extinguirse.
- Odiar a los seres queridos que me dicen que vaya al médico. Sé que tienen buena intención, pero ahora mismo soy un arma, una katana, un fusil de asalto... Tengo que ser responsable y mirar por los demás.
- Tomarme la temperatura compulsivamente.


- Todavía no he echado mano de Netflix, ni de porno, ni de cine... Porque estoy sin fuerzas, pero todo llegará.
- Tener conversaciones profundas con dos adolescentes de los que aprendo mucho y que ¡oh, casualidad! son hijos míos y están confinados en esta locura y lo llevan mucho mejor que yo.
- Pergeñar una fiesta, un festival, una vida entera de celebración del fin del Coronavirus.


- Listados de cosas por hacer que no tengo fuerzas para hacer: aprender a cocinar, escribir, limpiar a fondo la casa, hacer fotos que sólo me parezcan creativas a mí, hacer esquejes y cosas de esas que postergo habitualmente y ahora más porque estoy pocha...
- Buscar predicciones de Nostradamus que cuadren con esto; líneas de negocio durante el encierro y empresas que lo peten en un futuro no muy lejano: Expendedores de jabón desinfectante que serán obligatorios, gafas molonas con sensibilidad térmica...


- Creerme que vivo en una película de zombies.
- Acompañar de pan tostado cada plato y cada comida.
- Mirar instagram para olvidarme del tema, por supuesto, sin conseguirlo.
- Comprobar que tengo menos paciencia de lo que creo.


- Reírme mucho cada vez que me acuerdo de lo primero que me han dicho mis hijos al despertar hoy: "¿Cómo está un mago cuando come mucho? Magordito". (¿Soy simple? SÍ)
- Quedarme sin aire cada vez que digo una subordinada. Estoy aprendiendo a hablar telegráficamente.
- Llorar sin saber por qué.
- Llorar sabiendo por qué.


- Leer lomos de libros y no decidirme por ninguno.
- Hacer recuento de cuánta gente he tocado, abrazado, con cuanta gente he compartido espacio vital, bebida, besos, comida en las últimas dos semanas.
- Darme cuenta de lo sociable que soy, de la cantidad de cosas que toco y de los trayectos que hago.
- Cuidar a mi madre desde la distancia.

- Sentirme cuidada.
- Escribir "¿Qué tal te encuentras"? a mis últimas citas Tinder.
- Leer bulos, memes e información veraz sobre el monotema con la misma atención, ilusión y receptividad.
- Mirar los mocos cuando me sueno o las deposiciones cuando cago: la vida tranquila y el recogimiento, me lleva a detener mi atención en las pequeñas cosas.


- Toser como si un alien con forma de alpargata seca me poseyera por dentro.
- Acostumbrarme al soniquete de la tv como si fuera un miembro deficiente de mi familia.
- Esperar vanamente a que me llamen para hacerme la prueba y saber a ciencia cierta si es coronavirus o no.

Lo dice Diana Aller

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