miércoles, 22 de enero de 2020

DINERO



No estoy borracha pero igual debería estarlo. Borracha, insomne, drogada, yo qué sé. Pero siento esa lucidez refulgente como de estrés pre traumático; como si se avecinaran tormentas emocionales. Nos han engañado. Con el amor, con la familia. Con el dinero sobre todo. Tenemos una relación turbia, manchada de sangre, voraz. Todos somos unos putos interesados con el dinero. Más, menos, a ratos, por etapas… pero todos. Es la relación más absurda, la pareja más sórdida. Nunca nos satisface y además nos hace dependientes. Como si fuéramos yonkis cántabros de los 80, como si no conociéramos el significado bonito del verbo “querer”. Nos creemos emancipados, libres, espontáneos. Y bailamos al son que nos marcan los yenes, los dólares, los putos euros. Una casa, y que sea grande; un coche imposible; hay que pagar la luz, el móvil, ropa de Mango que no necesito, una fregona, fondo común para el regalo de cumpleaños de alguien a quien preferiríamos hacer un dibujo naranja y rosa; copas que no sé ni lo que cuestan y pago con el móvil a las 3.37 de la mañana; tres taxis en dos días. Casi 22 euros en Día% que ahora que lo pienso ya no se llama “Autoservicio Descuento”, debe ser porque ahora son como los Carrefour que crecen como amapolas y compiten en horarios y precariedad con los bazares chinos. El dinero es lo que nos define y lo que nos separa. Gasto, ahorro, caro, billete, sueldo, consumo, monedas. Pensiones, paro, finiquito prorrateo, rebajas, inflación, comercio. Dinero. Nos han metido tantas mierdas en la cabeza que no sabemos distinguir entre lo que es verdad y lo que es inventado: hay que ahorrar, hay que consumir, hay que trabajar. Menos es más ¿Desde cuándo? Menos es menos y más es más. Que sí, que está muy bien la mentalidad cristiana de la austeridad. Que la izquierda dice que los ricos son malos. Se deben creer que los pobres han salido de una novela de Dickens y son todos buenos. Pues no. Tías, que no os engañen: el amor no son cuidados gratuitos a los demás. El amor es que te sorprendan con una ensaladilla rusa y tres croquetas cuando no lo esperas. Que te dejen con los ojos en blanco segundo y medio. Quien bien te quiere, te hará descojonarte viva. El dinero no es un valor, no es una moneda. No nos engañéis: Queremos dinero, trabajo nos sobra. Yo soy yo y mi dinero y el tuyo ni me impresiona ni me compra. El dinero no te hace feliz, pero su ausencia te hace desgraciado. El dinero es tóxico, es la droga más chunga que existe. Me quiero meter todo el dinero del mundo. Quiero pasar el mono metiéndome más. Quiero ser una mendiga millonaria para reírme de todos los pobres con ropa de marca. El dinero todo lo puede. El dinero nos pertenece y nos lo están robando. Nos tienen anestesiados gastando para enriquecerse a nuestra costa. Cada vez hay mayor número de pobres para que los ricos vayan acumulando cada vez más. Y todos asintiendo mirando una pantalla, dopados de narcisismo. No es política; ni siquiera es justicia. Es una locura muy gorda; civilizaciones y civilizaciones matándose y sobreponiéndose al vil metal… A los humanos se nos fue estrepitosamente la olla hace demasiado. Heredamos una deuda y adoración al dinero imposible de medir, imposible de despegarnos. No estoy borracha, pero debería.



Lo dice Diana Aller

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