jueves, 22 de agosto de 2019

COCAÍNA Y SÁBADO


He pasado -estoy pasando- un verano increíble. Me gustaría que todo el mundo fuera feliz, que no existieran enfermedades chungas, que los polos no se estuvieran derritiendo y que mi alegría fuera contagiosa. En fin...

El caso es que he estado en las Azores y conocí Rabo de Peixe, un pueblo colorido y pescador conocido por algo que cambió el rumbo de su historia.


La wikipedia dice los datos de situación, población etc y una mención a la cocaína: "En 2001 un naufragio vertió toneladas de cocaína en las costas del pueblo, provocando devastadores efectos sobre la población local que persisten décadas después".

Esta es la historia muy resumida:

Rabo de Peixe era un pueblito pobre pero tranquilo, hasta que en junio de 2001 naufragó un barco procedente de Venezuela cargado de cocaína que pretendían llevar a las Baleares. Pero en mitad del Atlántico, la cosa se torció y los fardos de 500 kilos (posiblemente mucho más) de cocaína fueron a parar al malecón del pueblo, en la costa de la isla de Sao Miguel.
En cuanto se percataron del asunto, se corrió la voz y en una sola madrugada, una buena parte de los casi 7mil habitantes guardaron en sus casas y garajes la farlopa.
Allí no había tradición ni consumo y no sabían ni el precio ni los efectos, con lo que empezó el tráfico y el consumo de una cantidad imposible de saber de cocaína y además de una pureza extraordinaria.

Gente de todas las edades esnifaba cocaína e incluso la mezclaban con el café, la comida o la usaban para enharinar el pescado. A corto plazo se incrementaron los ingresos hospitalarios, los infartos y las muertes. Los dos hospitales cercanos se colapsaron por culpa de la blanca sustancia y la gente caminaba nerviosa por las callejuelas del pueblo con los ojos muy abiertos, delirios y creyendo persecuciones y paranoias inexistentes.


A medio plazo se organizó el narcotráfico y algunos oriundos del lugar supieron hacer negocio, pero ya muchos estaban enganchados sin remedio. Tanto que entró en el pueblo la heroína como único remedio para poder dormir, dada la intensidad de los subidones... No se les ocurrió otra cosa o yo qué sé.

Rabo de Peixe, que era pobre, ahora era pobre con gente rica construyéndose chalets y muchos yonkis desesperados puliéndose la indeterminada cantidad de kilos de droga que había por el pueblo. Venían de toda la isla e incluso desde Portugal a pillar al pueblo.


Esto ocurrió en 2001 y yo he visitado el pueblo en 2019: Ni siquiera me atreví a salir del coche. Gente más muerta que viva caminando como en un purgatorio eterno, jóvenes con cara de malas personas ocultándose bajo una capucha, familias muy numerosas de gitanos que normalizan la venta y el abuso de las drogas a cualquier hora. Es como una Cañada Real trasladada a un pueblo idílico de pescadores. Al parecer, también ha aumentado la prostitución en cualquiera de sus formas: Hay hasta padres de familia gitanos que se travisten para mercadear con su cuerpo y procurarse su dosis...



Visitar un lugar, sin duda, comprende ver sus luces y sus sombras, y San Miguel tiene de todo si deciden visitar la isla (y lo recomiendo con fervor de novicia de Lerma).

Ya que estoy aquí (aquí en Madrid) les anuncio que este sábado 24 estaré pinchando en el Weirdo (C/ Dos de Mayo) de 23.00 a 02.30


Y el próximo viernes 30 en el Ocho y Medio más o menos de 2 a 4 de la mañana.

Vengan a celebrar conmigo que todavía tenemos motivos para celebrar. O no.

Lo dice Diana Aller

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