martes, 27 de agosto de 2019

ANOCHECER EN MADRID


Llego a casa como si llegara a un hotel: Dejando el bolso en la cama, descalzándome sin saber muy bien cuál es el sitio de los zapatos. Llego absorta, consumida. Me lanzo al portátil, saturada de escuchar trap que habla de deseos contenidos y de frustraciones sin destino. Llego conteniendo lágrimas. Me convenzo de que son la carga arancelaria de la felicidad. Que necesito agobiarme para equilibrar tanta fortuna. Pienso, yo qué sé, que a todo el mundo le pasa esto: Que necesitamos una mano estrangulándonos el cuello, sufrir por amor, por desamor. Que queremos lo que no tenemos, porque en realidad tenemos lo que no queremos. No sé lo que quiero. Igual tampoco sé a quién.


Esta lucha a muerte por la libertad me está esclavizando la madurez, que preveía yo serena como una siesta de sábado. 

Pasó por mi vida y por mis sábanas un amor caníbal trasmutado en decepción. Uno no: Mil. Personas que protagonizaron el mismo relato. Vertiginoso y audaz al inicio, mesurado después. En cada principio se guardan esperanzas claras y promesas de innovación. Con la fe de un capellán de pueblo en un vínculo inventado y fresco. Rellenando de utopía el desconocimiento. Así, se tejen chascos mayúsculos y suplicios sentimentales de andar por casa. En callada meditación repetida por decenas. Una y otra vez. Sin derramamiento de sangre. Acaso una leve pérdida de apetito, una borrachera más fogosa que de costumbre y un cuerpo para borrar el rastro que dejó el anterior.


Ese proyecto que es siempre el mismo describe cada vez una parábola menor; una meseta como Castilla que con los años es una duna gaditana. Cada vez se sufre menos. Y cada vez, pareja, la ilusión decrece, como si tuviera un escape invisible bajo el sumidero.


Hago fotos ridículas de anocheceres de Madrid y me planteo subir stories con ellas. ¿Acaso tiene relevancia el pantone preciso del cielo de las 21.43 en la calle Segovia? ¿Qué finalidad tiene capturar un momento y soltarlo para que muera después?
Este vacío de pija intensa no es reflectante y no se proyecta en nuestra cultura. ¿Merecería la pena una película con los títulos de crédito escritos a balazos? ¿Quién bailaría un estribillo con mi desgracia? ¿A qué orden arquitectónico pertenecería esta queja flamígera? ¿Qué legado voy a dejar si me acuesto con cada notario y cada albacea?

Queda la brisa cenicienta y derrotada de final del verano. Queda el aliento amurallado del último encuentro genital, plagado de arañazos y gemidos. Todo queda, estanco, comatoso. 


Toca enarbolar la bandera de la extravagancia, del “tú te lo has buscado”, de la libertad, bordada en petit point. Porque hay problemas serios que atender, una vida por transitar, faenas miserables con las que rellenar los días. ¿A qué preocuparse de una mancha en la pared? Las más nobles causas babean con las fauces abiertas, mientras yo, menuda imbécil, contengo un llanto ingrávido por los cadáveres que tuve que abandonar en la trinchera.

Allí en el horizonte que nunca llega, hay un WhatsApp por responder. Me lanzaré a una relación carnal, zoofílica, salvaje. Proyectaré perspectivas como si fueran diapositivas gastadas de un festín medieval. Creeré la misma patraña y me dejaré enredar frente al abismo.
Una promesa que volveré a incumplir. Un amor que sólo es eterno mientras dura. Sólo.


Lo dice Diana Aller

jueves, 22 de agosto de 2019

COCAÍNA Y SÁBADO


He pasado -estoy pasando- un verano increíble. Me gustaría que todo el mundo fuera feliz, que no existieran enfermedades chungas, que los polos no se estuvieran derritiendo y que mi alegría fuera contagiosa. En fin...

El caso es que he estado en las Azores y conocí Rabo de Peixe, un pueblo colorido y pescador conocido por algo que cambió el rumbo de su historia.


La wikipedia dice los datos de situación, población etc y una mención a la cocaína: "En 2001 un naufragio vertió toneladas de cocaína en las costas del pueblo, provocando devastadores efectos sobre la población local que persisten décadas después".

Esta es la historia muy resumida:

Rabo de Peixe era un pueblito pobre pero tranquilo, hasta que en junio de 2001 naufragó un barco procedente de Venezuela cargado de cocaína que pretendían llevar a las Baleares. Pero en mitad del Atlántico, la cosa se torció y los fardos de 500 kilos (posiblemente mucho más) de cocaína fueron a parar al malecón del pueblo, en la costa de la isla de Sao Miguel.
En cuanto se percataron del asunto, se corrió la voz y en una sola madrugada, una buena parte de los casi 7mil habitantes guardaron en sus casas y garajes la farlopa.
Allí no había tradición ni consumo y no sabían ni el precio ni los efectos, con lo que empezó el tráfico y el consumo de una cantidad imposible de saber de cocaína y además de una pureza extraordinaria.

Gente de todas las edades esnifaba cocaína e incluso la mezclaban con el café, la comida o la usaban para enharinar el pescado. A corto plazo se incrementaron los ingresos hospitalarios, los infartos y las muertes. Los dos hospitales cercanos se colapsaron por culpa de la blanca sustancia y la gente caminaba nerviosa por las callejuelas del pueblo con los ojos muy abiertos, delirios y creyendo persecuciones y paranoias inexistentes.


A medio plazo se organizó el narcotráfico y algunos oriundos del lugar supieron hacer negocio, pero ya muchos estaban enganchados sin remedio. Tanto que entró en el pueblo la heroína como único remedio para poder dormir, dada la intensidad de los subidones... No se les ocurrió otra cosa o yo qué sé.

Rabo de Peixe, que era pobre, ahora era pobre con gente rica construyéndose chalets y muchos yonkis desesperados puliéndose la indeterminada cantidad de kilos de droga que había por el pueblo. Venían de toda la isla e incluso desde Portugal a pillar al pueblo.


Esto ocurrió en 2001 y yo he visitado el pueblo en 2019: Ni siquiera me atreví a salir del coche. Gente más muerta que viva caminando como en un purgatorio eterno, jóvenes con cara de malas personas ocultándose bajo una capucha, familias muy numerosas de gitanos que normalizan la venta y el abuso de las drogas a cualquier hora. Es como una Cañada Real trasladada a un pueblo idílico de pescadores. Al parecer, también ha aumentado la prostitución en cualquiera de sus formas: Hay hasta padres de familia gitanos que se travisten para mercadear con su cuerpo y procurarse su dosis...



Visitar un lugar, sin duda, comprende ver sus luces y sus sombras, y San Miguel tiene de todo si deciden visitar la isla (y lo recomiendo con fervor de novicia de Lerma).

Ya que estoy aquí (aquí en Madrid) les anuncio que este sábado 24 estaré pinchando en el Weirdo (C/ Dos de Mayo) de 23.00 a 02.30


Y el próximo viernes 30 en el Ocho y Medio más o menos de 2 a 4 de la mañana.

Vengan a celebrar conmigo que todavía tenemos motivos para celebrar. O no.

Lo dice Diana Aller

viernes, 9 de agosto de 2019

AQUELLOS PRODUCTORES Y SUS LOCAS PRODUCCIONES

La música es a veces consustancial a la locura; máxime cuando se roza la genialidad, y/o la fortuna económica y/o una desgraciada e inspiradora infancia. Por eso quienes se dedican de lleno a la música -y esos son los productores- viven con una especial intensidad el impulso artístico; ese que a los simples autores, les lleva sólo a crear. 

Me escuece hablar de señoros nada más. Pero entiendan que mujeres agraciadas por el don musical y excéntricas, habrán sido tildadas de locas y no de genios, y la cultura se ha encargado de hundirlas para 1) que no ejerzan 2) que no lleguen a mí.
Así que, si les parece, dedico esta sentida columna a ellas, a las denostadas, a las chicas que le dan a la música y la música les da a ellas. Fuerte y flojo.


Probablemente, las andanzas que más les suenen, sean las del grandioso (y paradigmático para el subgénero que nos ocupa hoy) Phil Spector


Sus primeras produccionesthe Crystals y the Ronettes, tienen ya ese grandioso invento, mil veces copiado de "el muro de sonido" (algo así como duplicar pistas y añadir orquestaciones) que en la era analógica supuso una verdadera revolución. Phil Spector era extremo para todo; muy vanguardista, sí, pero meticuloso hasta la enfermedad. Larry Levine, ingeniero de sonido de Spector en aquella primera época, a posteriori contó al mundo la cantidad de horas sin descanso que pasaban grabando cada single. No había noche ni día, y la repetición constante y por decenas de cada pista, terminaba con la salud de los que participaban. 


Con sus peculiares métodos, sacó lo mejor de Ike & Tina Turner, the Righteous brothers, o el que sería el último disco de los Beatles, Let it be, del que renegaría siempre Paul MaCartney. Es muy conocida la anécdota que cuenta cómo grabando el "End of the Century" de los Ramones, encerrados sin posibilidad de escapatoria en la mansión del productor, Dee Dee Ramone, dijo que se largaba. Llevaban más de 12 horas con el mismo acorde, y estaban exhaustos. Phil sacó su pistola (que solía utilizar para hacer callar a la gente disparando al aire) y apuntó al corazón de Dee Dee, diciéndole que no saldrían de allí hasta que no terminaran el disco. Un disco muy pop y con un toque incluso angelincal, por cierto.


De sí mismo, al verse con este porte dijo "En su momento no me pareció exagerado, ahora lo veo, y tal vez fuera un peinado no muy habitual, pero tampoco excesivo".

Su mejor producción: (y composición:) Be my baby, de las Ronettes (1963).
Su mayor locura: En el 93 apareció una mujer muerta por herida de bala en su mansión, la actriz Lana Clarkson, a quien había conocido horas antes en un club. Las huellas de Spector estaban en su pistola. Hoy tiene 79 años, y lleva más de 10 en prisión.


Martin Hannett, pasó a la historia por ser el productor e impulsor de Joy Division, paradigma de arte torturado y genial. El suicidio de su carismático cantante, Ian Curtis, afectó muchísimo a Martin, que jamás volvió a ser el mismo. 


Pero también a sus producciones, elegantes y sobrias... Al escucharlas, se tiene esa extraña sensación, de que nada sobra ni falta... Aunque su mano maestra se nota en los Stone Roses, Happy Mondays, Buzzcocks o John Cooper Clarke, y en algunos trabajos concretos rebosa estilo y también locura: Joy Division, el primer disco de New Order o Section25, suponen su cima profesional, pero también personal... 



El desaforado consumo, así en general, le hizo ser pasto de sus propios impulsos: alcohol, comida y heroína hacían de él un sujeto raro, ojeroso, caprichoso e irascible. 


Su mejor producciónInsight, Joy Division, 1979
Su mayor locura: Se decía que hacía grabar las baterías en la azotea de su estudio, para conseguir un sonido más seco. El 18 de abril de 1991, su cuerpo no aguantó más. Le dio un paro cardiaco, tal vez por sobredosis y murió dejando una mujer, dos hijas y un montón de entristecidos seguidores del sonido Factory records


Lee Scratch Perry, es uno de los padres del reggaey como debía ser, nació en Jamaica. 


Su vida es un esperpento marihuanero con destellos de genialidad: su innovador uso de ritmos y samplers, dejaron sin palabras a los críticos musicales y a los propios músicos de los años 60 y 70. Sin embargo, su personalidad agitada, inestable y del todo irracional, hacía muy difíciles las relaciones con él. 
Su verdadero nombre es Rainford, se disputa con King Tubby la invención del dub y ha trabajado con Bob Marley y todos los artistas del ramo, además de colaborar con the Clash, Yello o los Beastie BoysY sí, sigue vivo. Acabó quemando su propio estudio, el Black Ark, convencido de que se había convertido en la morada del mismito Satanás. Hoy es un viejecito adorable, que sostiene siempre un porro en la mano y actúa por todo el mundo...



Su mayor locura: Elijan ustedes su favorita: quemar billetes (de dinero, sí) para ahuyentar a los malos espíritus; alimentarse sólo de plátanos; venerarlos como si fueran dioses (a los plátanos, como lo leen...); pintar ¡a rotulador! centímetro a centímetro de su estudio; o soplar el humo de los porros sobre las cintas de grabación, para así "ensuciar" el sonido.
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Brian Wilson: De pequeño le hicieron un Michael Jackson en toda regla: Padre torturador empeñando en el triunfo de sus vástagos, le dejó sordo de un oído de un bofetón. 




Así funcionaban los Beach Boys, el alegre combo de surf californiano que escondía una historia de horror y un genio maltratado que fue aflorando poco a poco. Disléxico e incapaz de leer un pentagrama, Brian era sin embargo capaz de crear e imaginar sonidos, mezclarlos en su cabeza y saber de antemano cómo sonaría aquello. Sus hermanos y compañeros le advertían a cada grabación de una pista, que aquello no tenía sentido, pero al unirlas todas, sonaba la armonía de Pet Sounds, para muchos el mejor disco de la historia. Brian se obsesionó con Phil Spector, se grabó un loop del comienzo de "Be my baby" y lo escuchaba obsesivamente, convencido de que ahí residía el secreto de la perfección. 


Afloraron todos sus miedos de juventud, se lanzó al consumo de cocaína y se hizo construir en su mansión una sauna-fumadero para drogarse. Durante años estuvo recluido en su propio dormitorio.... Me impresionó verlo en directo, parecía un mórbido (que lo es) anestesiado...


Su mejor producción: Wouldn't be nice, Beach Boys (1966) (Imposible cansarse...) 
Su mayor locura: Ensayar durante horas con un piano en un arenero donde sus perros hacían sus deposiciones.

Joe Meek era un paranoíco depresivo y maniático sin solución, que produjo a muchísimos grupos de los años 60, con un candor y y una inocencia impresionante, aunque también creaba bandas sonoras para Westerns y melodías que le transmitían fantasmas en sueños. 



Se le solía aparecer Buddy Holly y Edie Cochrany siempre fue un gran amante y conocedor de las ciencias ocultas. Vivió su homosexualidad de una forma especialmente torturada, y tampoco ayudó el consumo masivo de anfetaminas. Pensaba que vivía rodeado de micros ocultos de Decca, dormía en los cementerios, empeñado en grabar sonidos del Más Allá, hacía grabar a los intérpretes sentados en el inodoro y pensaba que Phil Spector le copiaba.



Su mejor producciónTelstar, the Tornados (1962)
Su mayor locura: Mató a su casera cúando ésta se quejó de que la música estaba muy alta. Acto seguido, se suicidó. El mismo día, pero justo 8 años después de la muerte de su ídolo, Buddy Holly.

A ver si me animo, ahora que apenas tengo lectores, a hacer el equivalente con productores españoles, que hay mucha telilla que cortar también...

Lo dice Diana Aller