jueves, 7 de marzo de 2019

MAÑANA ES 8M Y NO SÉ CÓMO ES UNA VESÍCULA


Nacer mujer es lo que más ha determinado mi existencia. De hecho, nacer mujer es lo más fuerte que me ha pasado en la vida y lo estoy viviendo (y disfrutando) muy a tope. Todo el mundo debería nacer mujer en alguna reencarnación.

El caso es que como (y desde) mujeres, nos han enseñado a odiar. 

(Nos han enseñado sobre todo a ser odiadas, luchar por ganarnos la atención y el amor que sin embargo nosotras debemos dar sin medida ni condición).

Nos han enseñado a odiar a los otros, a las otras. A odiarnos a nosotras, a nuestros cuerpos. Y encima nos han enseñado a disimularlo perfectamente. A decir que estamos felices, muy contentas, agobiadas de trabajo. Que bien. Eso es lo que se espera: agobiadas y calladitas. ¡Uy, no tengo tiempo de nada! Decimos orgullosas, como si fuera un logro.


El otro día vi este cartel que me deprimió mucho. En serio. ¿En serio todavía celebramos la “mujer trabajadora“?. No me lo puedo creer. Celebremos la mujer vaga, la cejijunta, la lisiada, la inmoral, la que huele a culo sudado, la lerda, la borde… Cómo molan las bordes. No lo puedo evitar, pero son mi punto débil. Qué maravilla una mujer cortante, chunga como Rosa María Sardá, como Amparo Baró, como Pilar Bardem, Kristen Steweart, JLo,  Mila Ximénez... Pero claro, nos han enseñado que eso es feo. Como es feo que una mujer mayor o una mujer obesa se vista de forma provocativa, ajustada, minifaldera… O que una vieja, y/ o arrugada y/ o gorda, haga nudismo. Pervive esa idea necia de que los cuerpos de las mujeres están hechos para el disfrute de las retinas de los hombres. En cuanto una no está en edad fértil o no es normopeso, se considera que está fuera de lugar, que da pena, que da vergüenza, que hay que compadecerla y arrinconarla, cuando no hacer mofa… Pues no: las mujeres, nuestros cuerpos -que no dejan de ser una tapicería de piel- son una maravilla todos. Tienen su bazo, sus arterias, su vesícula. ¿Cómo coño es una vesícula?. Ni idea. Nunca he visto una vesícula. Las mujeres, diversas, parlanchinas, católicas, premenstruales, bordes… Mujeres como les dé, -como nos dé- la puta gana... Las mujeres a mí me hacen mucha gracia o me inspiran y no lo puedo remediar. 
Gracias, de verdad. 

Voy por la calle San Bernardo y veo señoras con pelos imposibles a lo Lydia Lozano, ahuecados como si se hubieran puesto las mechas con un batidor de claras. Veo mujeres con ropa ceñida que da la impresión de que si se tiran un pedo se les queda dentro. Veo mujeres con una tesitura capilar indescriptible, que dibuja paramecidos de colores extravagantes. Veo mujeres que se quedan dormidas en el metro, que gritan, que escriben WhatsApps absurdos, que se preocupan. Eso sobre todo: veo mucha preocupación, mucha cara de agobio y mucho vano esfuerzo en disimularlo: la industria ofrece soluciones maravillosas, menos mal, estamos salvadas: desde quita ojeras, hasta ropa de muy bajo coste con olor a sangre tercermundista: todo para satisfacer, disimular, colorear, cambiar, ocultar, marcar nuestros cuerpos.
 Que no son nuestros. No nos pertenecen. Los tenemos que maltratar para adecuarlos a la juventud, la delgadez y la sexualización que nos exige un retorcido mandato sordo que no se nos entrega del todo claro en ningún momento. Tenemos que estar monas y calladitas, pero aparentar ser unos zorrones; tenemos que cuidar a niños, ancianos y hogares, pero estudiar y aportar un salario; tenemos que obedecer sin cuestionar, pero ya lo último, la tendencia en la moda de la exigencia: DEBEMOS ser feministas. Por imperativo cultural. Chica, queda super bien y conjuga con toda tu ropa: Ser feminista es chachi, es cuqui. Ana Rosa dijo el otro día que ella haría huelga trabajando (¿ein?) y que no había nadie menos sospechoso de no ser feminista que ella. De eso se trata, de que se nos llene la boca con el concepto feminismo, hasta que lo vaciemos de sentido, de añadir otra exigencia más al listado eterno que le damos a las niñas en el lote que se entrega por ser mujer. De adaptar el feminismo a los privilegios de cada una. Y de cada uno, porque pobrecitos, vamos a sacarlos a ellos en el Yo Dona, que también tienen que tener voz en esto tan guay.
Si hay algo que los anunciantes y los políticos saben, es que a la humanidad en general y a las féminas en particular nos encanta el concepto de "Seguridad". Crean por tanto un mundo de crispación y caos para ofertarnos después la solución: Da igual que sea evax fina y SEGURA, que un centro de revictimización reclusión para mujeres, para que estén a salvo, porque vaya engorro inseguro, tener a sus ex acosadores sueltos, libres... Porque los hombres, ya se sabe, no se pueden reprimir, pero no se les mete en un centro clausurado, no. Caminan peligrosamente por la calle, qué miedo. Qué bien que viene el capitalismo y los políticos a salvarnos, porque nosotras mismas no podemos construir un mundo libre y justo. Tenemos que tener cuidado y protegernos todo el rato. Y depender de ellos (y de gustarles) claro.
Yo hago huelga, porque esto todavía ni ha arrancado. Hago huelga por las que se sienten amedrentadas para no hacerla, hago huelga por todas esas que ni siquiera saben que hay huelga, o que pueden hacerla. Hago huelga porque soy una puta privilegiada (la palabra “puta“ tiene un uso muy determinado en este caso). Hago huelga por mí y por todas mis compañeras.


(Este es el cartelazo de Silvia Bezos para ZAS. 
¿Es o no es lo mejor que han visto en lo que va de año?)

Por los salarios, los cuidados, por nuestros cuerpos. Porque hay mil realidades por conquistar y tengo ganas de guerra. Y de fiesta. Y también de paz.

Mañana montaré una guerra, (Por la mañana con Las Comunicadoras Paramos bajo el Reina Sofía y por la tarde en la manifestación de las mujeres) por la noche acudiré a esta fiesta en El Sol y con la resaca estaré un poco en paz. Pero sólo un ratito, porque esto, amigas, no es ni el prólogo todavía.
Somos muchas y con muchas ganas. Y la vamos a armar.


Hoy me han avisado de que ha muerto Carmucha. Mi Carmucha. Sea para ella y para su recuerdo toda mi lucha, mi emoción, y el motivo más gordo por el que hoy ensalzo la vejez, la bordería, la libertad y las mujeres. Carmucha, cuánto te quiero.

Lo dice Diana Aller 

No hay comentarios :