lunes, 14 de enero de 2019

LAS QUE MANEJAN

Son las que cortan la pana, las que parten el bacalao, las que manejan la cultura occidental que se estudiará en el siglo XXII. He aquí un listado de las danzarinas ménades de nuestra era estática y estólida (y con moderado uso de esdrújulas, a ver si cambiamos esto).




Sabina Urraca: Es la mujer orquesta en todos los sentidos que quieran imaginar. Una kamikaze asalvajá con un dominio de nuestra común lengua romance que ya quisieran muchos Planeta y muchos Nobel. De verdad se lo digo: El manejo de la palabra de esta chiquilla es apabullante. A mí me da igual lo que me cuente, mientras lo haya escrito ella. Qué deleite, pardiez.





Ana Belén Rivero: No puedo admirarla más. Es que no puedo, de verdad. Es talentosa, salada, fiestera, romántica, abruptamente honesta, divertidísima, lista como una coneja y capaz de detectar y transmitir las miserias propias como universales. Próximamente les quiero hablar con el detenimiento que merece, de su último libro "Señora", con el que me caían las lágrimas de risa en la sala de espera de la traumatóloga. Sus ilustraciones son oro de 20 quilates, que se me había olvidado decir que además de cronista del cuñadismo de nuestra época, es ilustradora.




Rocío Saiz: La persona más carismática del estado español hace kayac polo, rugby, es gestora cultural, canta en Las Chillers y es un puñetero maremoto. Nos presentó un amigo común por Facebook diciéndonos "deberíais ser amigas" y nos lo hemos tomado en serio. Es intensa como el concentrado de caldo de pollo Starlux e impulsiva como una traca valenciana. Además, tiene esa difícil capacidad de fascinar desde el segundo 1 hasta el infinito.





May Serrano y Admi Evans: Las pongo juntas porque sé que no les importa aparecer como tándem y porque ambas trabajan en lo que será el pensamiento dentro de 54 años. Van tan por delante en su concepción del mundo, que a mí me duele la cabeza cuando trato de entenderlas. Entre una y otra han creado cosas tan chachis como Café para madres, Women in black, Café para autónomas, Café para gordas o La quinta ola (no la peli, esto). Son el oráculo, el horóscopo y el futuro.




María Bastarós: Ya sólo por haber creado "Quién coño es" se merecería un busto en la plaza de Legazpi; pero esta chavala es autora de la muy recomendable "Historia de España contada a las niñas" y de los versos más líricos de principios de este siglo: "A veces sueño con la amiga feminista definitiva / La conoceré en una rave / Se acercará con oscilantes pasos de Doctor Martens / Y un trozo de pastilla en la mano / Y me dirá / Toma tía / Un cuartito pa ti sola / Como la Virginia Woolf".




Isa Calderón: Si ustedes no han visionado sus Reviews Fuertecitas, no saben lo que es desorinarse en vida, no saben lo que es el cine y no saben que la vida merece la pena ser vivida, así se lo digo. Además, hace "Deforme Semanal" con Lucía Lijmaer, lujo castellano, canelita fina, droga colombiana. Yo ya no veo una película sin tener en mente qué dirá ella. ¡Es que oigo sus comentarios en la cabeza!




Alicia Padrón: Es algo así como fashion consultant, pero podría ser capadora de marranos, que lo haría fenomenal también. Porque tiene unas cualidades artísticas y unos cuestionamientos éticos muy difíciles de ver en los humanos actuales. Podría ser egocéntrica, insoportable y vacía, y tendría el mismo éxito. Sin embargo Padrón tiene curiosidad por todas las disciplinas, escucha con humildad y su sentido del color y la proporción lo usa también en los afectos. ¡Qué gusto, hija!





Clara Serra: A estas alturas, que estamos todas hartas y desencantadas de la política, que exista ella es la luz del túnel, el queso de la pizza, el after sin resaca. Si ella me pidiera atracar un banco (ojalá) lo haría con los ojos cerrados. Porque la capacidad de convencer, viene refrendada por la coherencia y la fe en sus propios principios. Espero que no recicle el vidrio o algo así, porque es tan justa y ecuánime, que debe compensarlo por algún lado.




El hombre Confuso: Como no cuelga fotos suyas en ningún sitio, pensaba que era un ser deforme, o viejo, o un Pablo Motos... Pero no; es un chico atractivísimo que además ejerce de santa patrona de los columnistas freelance, con una prosa alicatada hasta el techo y un tesón inquebrantable. Se entera de todo, pero solo cuenta una parte. Está al día de absolutamente toda esa gente que no interesa... y consigue que nos interese. Desde que le sigo, me han empezado a encantar los señores hirsutos, por culpa de las fotos que pone siempre.




Ana Elena Pena: Ana Elena vive con desgarro: de fiesta es la más fiestera. Como madre es recogida y tierna. Pero todo lo que hace -lo mismo un cabaré, una ilustración, que un libro- tiene algo de performativo y disidente. Utiliza el "yo" (con su cuerpo, sus recuerdos o sus palabras) para hacernos llorar, sangrar, avergonzarnos, pecar, sonreír, y finalmente -siempre- perdonarnos; pero ¡hija mía! qué intensidad... Su último libro me removió tanto, que tuve que tomarme un alta seltzer al terminarlo.



Nerea Pérez: Parece que esa gracia natural le sale sola. Da la impresión de que es así, con ese salero, tan increíble como en su chou "Feminismo para torpes", como cuando hablo con ella. Pero no puede ser. Es imposible que exista alguien así y que siempre sea espontánea, divertida, honesta y (atención a mi comentario bien feminista) guapérrima. Yo creo que en realidad lo tiene todo preparado y ensaya por las tardes en Usera, porque no puede ser más completa la zagala.




Soy una Pringada: Millenial, gorda, marginada, resentida y chunga. No puede molar más porque tendría que pagar otros impuestos o algo. Mezcla la rabia y el ingenio (a mí me da mucha ternura) en sus discursos con acento de las vascongadas y un poco de chulería que a mí me parece muy madrileña, cuando jalona de "¿Me explicas?" sus letanías. Su gusto por la cochambre y la cultura chochi es muy guay. La veo atractivísima, por cierto.




Monstruo Espagueti: No me entra en la cabeza que alguien que se llame Anastasia Bengoechea se ponga un pseudónimo, pero bueno. El caso es que ella sintetiza -al estilo de Flavita Banana, otra grande- las injusticias de género y la lástima por una misma, como nadie. Visibiliza con sus dibujos lo abyecto de nuestra cultura, normaliza la looser que todas llevamos dentro y es más ácida que el limón a palo seco (a palo seko). Quiero hacer algo con ella, aunque sea una ensalada.




La Furia: Rapea como los ángeles (caso de que existieran los ángeles y rapearan) y consigue que el carácter combativo se convierta en sagradas escrituras y no en una retahíla heredada, como ocurre a veces en la música y el activismo. Tiene una frescura que ni una noche de febrero en Burgos y encima le rebosa inteligencia que se desparrama a la primera escucha.




Abel Arana: Mi espejo digital, la maruja deslenguada que todas llevamos dentro, la musculatura más perfecta para sujetar un buen cerebro. Todo eso es Abel Arana, amén del mejor comentarista de la revista ¡Hola! donde jamás se nombra la homosexualidad, pero nos hace mucha gracia. Sus crónicas no necesitan ironía para conseguir sacar punta a la realidad. Basta con filtrar lo que ve por su cabeza y salen obras maestras con las que reír sin freno.




Jimina Sabadú: Nadie como ella detecta las opresiones: las evidentes y las invisibles. Y nada como su generosidad al reconocerse perdedora -como somos todas- del precariado y mostrar en cualquier formato (novelas, radio, columnas...) la primera persona del singular. Con una personalidad arrolladora, muestra su fragilidad y normaliza la nuestra. Nadie como ella para ponernos la realidad frente a las retinas: Chicas, basta ya de echarnos todo a la espalda, tenemos que aprender a decir NO, pero de verdad. ¡Jimina es transparente, es iluminadora y es necesaria -y todos demás somos contingentes-!




Ofelia OL: Lo suyo es el activismo. Es tan, tan, tan activista, que está en un grupo de mujeres negras siendo la única blanca y creo que nadie -ni ella- se ha dado cuenta. Batalla y declara guerras sonriendo. Y las gana todas, por supuesto. Aunque ella no lo sabe. Tiene una muy peculiar forma de hablar y de escribir y estoy convencida de que no duerme, porque se pasa el día en asambleas, en Lavapiés, en reuniones y en bares. Debe dedicar las noches a comer, ducharse, trabajar, darse el tinte y limpiar el baño, porque si no, no lo entiendo...




Lucía Lijtmaer: La mujer totala, que también habla por la radio, en charlas y con las amigas, escribe libros, columnas y lo que le echen; y si diosa no lo remedia, sería la perfecta presidenta del reino de España. (Rezo. Rezo por ello). Sabe una jartá de todo y escucharla es una delicia celestial. Me encantaría que fuéramos pareja de hecho, o hacerle un regalo, o darle 20 euros y que se compre lo que quiera.




Mar Rojo: Con ese nombre del Índico y de frontera entre África y Asia, tenemos a una muchachita profesional y pizpireta que es lo que la industria musical necesita: Su entusiasmo y capacidad son infinitas y su criterio debería prevalecer en todas las listas de éxitos. Es gestora, socia de MIM, lleva negociados y programación de salas... pero su gran problema es haber nacido en España, donde su talento no se corresponde con su carrera. Es lo más ella.




Laura Peseta: Lo de Laurita Peseta no es normal. Yo no le encuentro ningún defecto. Es todo lo bueno que querríamos ser cualquiera: adorable, talentosa, todo el mundo la admira y encima tiene éxito dedicándose a lo que le gusta, que es la confección ética de ropa y complementos monísimos. Tiene hasta un programa sobre costura donde cabe de todo. Porque esa es otra: lo mismo le da por ejercer de monje guerrero oriental que organiza un desfile bizarro para presentar una colección.




Itziar Ziga: He dejado para el final a la abeja reina, la encarnación del talento y la humildad. No tiene redes sociales, ni falta que le hacen. Escribe columnas, ejerce de filósofa trash, da charlas y hay cosas suyas en blogs, libros y Youtube... pero su legado es una cosa emocional y loca que a mí me tiene fascinada desde hace años. ¡Qué clarividencia! ¡Qué acidez! Itziar Ziga te toca, te llega, te despierta y tu vida es otra. Tiene una visión absolutamente avezada y salvaje de la epistemología de la vida. Ojalá le dediquen tesis doctorales e inspiradas masturbaciones, porque las merece.



Todas ellas son un sumatorio de perfección y tino. Sus cerebros juntos harían implosionar el universo y yo las admiro mazo (y eso que me consta que a alguna no le caigo muy bien, pero miren, pelillos -del sobaco y del culo- a la mar, qué más da). Si estoy de bajón, o me entran miedos y preocupaciones de esos que nos asolan sin parar, yo consulto la obra de cualquiera de ellas y me da un subidón como de coca de Medellín que lo flipo. Qué suerte tenerlas de espejo. Qué orgullo tan raro me entra de ser española, ya ven. Gracias chicas, os adoro.
OS ADORO.

* Señoros, ¿ven como se puede hablar de una mayoría femenina sin tener que meter la palabra "feminismo"? ¿Ven como está implícito? ¿Ven como la cultura no tiene un epígrafe absurdo de "Ellas también están"? (Ellas SON, sin necesidad de que venga nadie a darles paso).

Lo dice Diana Aller

jueves, 3 de enero de 2019

UNA NUEVA ERA

Nada, que ha empezado 2019 y no sé muy bien qué escribir. Porque es pornográfico pedir algo al destino cuando mi presente es brillante como un suelo recién fregado. Porque tengo tan buenos amigos que me veo incapaz de estar a la altura; porque mis hijos son lo más y Lucas me dijo aller que yo le caía muy bien y le caería bien aunque no fuera su madre. También porque después de trabajar, trabajar, trabajar y trabajar un poco más, ha merecido la pena no dormir, vivir rápido y aprender a gestionar los agobios y ahora tengo la misma incertidumbre laboral de siempre, pero aprecio mucho no saber qué haré mañana. Y la salud, en términos generales, muy bien. Achaques en el cuello (degenerativos además) que tengo que vigilar y que son consecuencia de trabajar sin descanso como un animal de carga, pero sólo eso. Sigo sin saber ni poder decir que no; pero (leer con acento de Aznar en Texas) estamos trabajando en ello.


Por eso no voy a contar mi vida, que a mí me parece divertidísima, pero igual a ustedes les aburre en esta era de egos tendidos al sol. Mis propósitos son amadrinar un burrito como ha hecho mi amiga Lucía e irle a conocer en Semana Santa; encontrar dónde reciclar envases cerca de mi nuevo domicilio (ahora vivo en Chamberí); escuchar más y mejor y hacer la vida más agradable a los demás. Y ya está.

Total, que aquí estoy postrada en mi portátil, desperezando una nueva etapa que coincide con el comienzo de año, con un escenario diferente y con un frenazo laboral que necesitaba desde hace mucho. Y vengo sólo a decir que HE VUELTO. Que quiero contagiar ganas de hacer cosas chachis a todos ustedes. Es muy guay que ya no se lean blogs con mucha letra. Piénsenlo. Ahora nos dejan en paz en este remanso de letras y palabras y las tendencias y la novedad fijan la mirada en la turgente Instagram, satisfaciendo a unos y otros con zalamería.


¿Quién coño lee un blog? Un blog que google no redirecciona en los primeros puestos porque hay mucho texto, no está alojado en ninguna plataforma y no trata de un tema en concreto. Un blog sin patrocinios ni ansia de crecer. ¿Quién? Qué bonita libertad esta que se recupera al entrar en la madurez. (Y eso que yo adoro la juventud, tengo Instagram y adoro las redes sociales)

A ver si consigo extender esta sensación fuerte y floja de que la vida es para divertirse y divertir a los demás. A ver si logro transmitirles ese punto de "qué más da", porque nada malo es tan importante. Mi propósito es seguir cometiendo errores, (prometo que otros nuevos, eso sí) y vivir con alegría como si lo fueran a prohibir. Quiero luchar por les desfavorecides, ayudar, reír, bailar, comer cosas ricas, practicar sexo creativo, ir al bingo, trabajar en dosis sanas, enamorarme, beber cerveza, seguir durmiendo como hasta ahora, cambiar de peinado, escribir una serie, un libro y muchos whatsapps. Quiero que repongan Médico de Familia, fumar en pipa, aprender salto de pértiga, que ustedes se dejen llevar por aquello que les satisface y que Renfe ponga wifi.

Feliz ano.

Lo dice Diana Aller