martes, 30 de octubre de 2018

PAGAR POR SENTIR UNA NOSTALGIA COMÚN


Me da mucha lástima, porque es como un amigo aburrido al que quiero, pero miro cada vez menos el facebook. Mis hijos dicen que el Facebook “es de padres” y creo que tienen razón.

De hecho, esta mañana al mirarlo, con una desidia cochambrosa e invernal, he visto que uno de mis musos, Jose Manuel Duarte, ha escrito “No sé a vosotros, pero a mi ver esto me ha dejado un mal cuerpo..." y lo ha acompañado de este cartel:


Deprime porque va en serio. Es decir: La entrada de Madrid (WeZink Center, que es gigante) cuesta desde 55€ hasta 170€. No es un chascarrillo de dudosa ironía. No es una broma de codazo cómplice. Es una dolorosa realidad. Hay gente -mucha por lo que se ve- dispuesta a pagar por revivir artificialmente un par de horas de su juventud. Podría ser el punto de partida de una serie descerebrada, tipo Maniac. Podría ser una elucubración momentánea en un chat de colegas que comenzara con “¿Te imaginas…?”
Pero es real.

En 2018 hay gente dispuesta a importar un simulacro -cercenado- del pasado por -bastante- dinero. Es un negocio boyante, tal como han demostrado iniciativas como El barco Ochentero (aberrante crucero para gente con una visión muy rala del ocio y la cultura).
(Conste que el caso de la gira 90´s me parece diferente por tratarse de canciones y shows atemporales, que sigo disfrutando hoy)
Hoy también me ha llegado esta convocatoria, que tamizada por un aire arty, remite a iguales descalabros de nostalgia pagada. El texto dice “Han pasado ya 25 años desde que José Ángel Mañas escribió “Historias de Kronen”libro que marcó un hito en la cultura social de los noventa. Por ello, la editorial Bala Perdida ha organizado una semana de actividades culturales llamada “Yo Soy Kronen” y que pretende revivir los noventa y las dos novelas Kronen de referencia “Historias de Kronen”y “Ciudad rayada”. La novela “Historias de Kronen” mostraba la realidad de los jóvenes madrileños, los llamados Generación Perdida, representando la vida de aquellos años con su música, cine, arte urbano, los bares de moda…



A ver, qué está muy bonito homenajear cosas y gentes y toda celebración SIEMPRE es buena. Eso seguro.
Pero ahora que pasan cosas tan divertidas en la calle, en la cultura, en la moda… Y sobre todo, ahora que llegados a cierta edad no hay que impostar nada y podemos decir lo que nos gusta sin complejos ¿A qué viene este remembering vacío y triste? ¿Qué interés tiene ver a José Angel Mañas pinchando música de los 90? (¿A no ser verle a él que está medio bueno?).

Yo me pierdo con esto y advierto que es muy probable que sea yo la que estoy equivocada. De hecho, también mis hijos a veces empiezan una pregunta diciendo “Mamá ¿En tu época había [lo que fuere]? Y me quedo sin saber qué contestar, porque doy por hecho que mi época es esta, que vivo en 2018, mirando el móvil hasta terminar con una contractura lumbar, desencantada con las profesiones liberales y su precarización, preocupada por la amoralidad y desforestación imperante, rebosando colesterol por las arterias y acumulando dolencias y alergias nuevas. Mi mundo puede que no sea la mejor de las realidades, pero está hasta arriba de posibilidades y cosas por hacer.
Me cuesta comprender esa huida hacia atrás.

Por cierto, también Facebook (en el perfil de Guillermo Alonso concretamente) se encuentran retratos tan certeros de nuestra época como este:
La próxima vez que alguien diga la vomitiva palabra "emprendedor" en vuestra presencia le enseñáis esto”:



Lo dice Diana Aller

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