lunes, 24 de septiembre de 2018

BUSCANDO NUEVAS AFICIONES


Creemos que a todo el mundo le gusta que le hagan cosquillas, la cerveza o que le pasen la lengua por los genitales. Pero hay personas con un número de la seguridad social asignado, con derechos y obligaciones tributarias y que respiran por unos pulmones muy parecidos a los nuestros, a quienes no gustan estas obviedades.

Claro que también hay gente que hace una cosa que se llama body pump y gente que cocina -incluso come- caracoles o gente que estudia informática.

La maravilla que define esto es la diversidad. Y gracias a ella, nos volvemos compatibles, aprendemos a aceptar y hasta nos enamoramos de las diferencias de los demás.
Me he propuesto buscar aficiones raras y me ha costado mucho. En tertulias, chats, internet y conversaciones con unos y otros, se tiende a considerar aficiones a las filias sexuales (a las que dediqué muchos capítulos de éste su blog amigo) cuando no a las adicciones. Pero para esta ocasión me interesan sólo esas cosas que psicológicamente no determinan nuestros miedos y deseos… Sólo pasatiempos que distraen en los ratos de asueto.
…Y esto es lo que he encontrado, mientras busco a qué aficionarme, (y no lo encuentro):

1. Extreme Ironing es una gilipollez tremenda, que se le ocurrió en 1997 a un inglés llamado Phil Shaw. Consiste en unir la plancha, (el acto de planchar, no el objeto) con alguna actividad de riesgo. Por ejemplo, encima de una canoa. En teoría une dos experiencias: una tediosa y otra emocionante para conseguir un punto de equilibrio. El creador del extreme ironing pasó una nochevieja en Nueva Zelanda y les contó su idea a unos mochileros alemanes, que como tenían poca faena se dedicaron a propagar este protodeporte. Y para qué queremos más. A principios de este milenio se vivieron los momentos más álgidos, copando huecos en informativos de todo el mundo. No creo que hoy lo practique nadie en el mundo entero.


2. Amasar y coleccionar pelusas del ombligo. Quien más quien menos se ha encontrado en esa cavidad caprichosa que es el ombligo, restos de fibras de la ropa y polvo de la propia piel. Por lo visto hay gente que se relaja toqueteando lo que ahí encuentra. Un bibliotecario australiano, Graham Barker, figura en el libro de los Records Guiness, como el mayor coleccionista de pelusas de ombligo. Empezó en 1984 a guardar en frascos transparentes los residuos y lleva acumulados más de 22 gramos.


3. Cazar ranas: La caza, además de ser una salvajada medieval que sólo tiene de admirable la vestimenta (qué bonito todo, pardiez), sirve para hacer bastante ejercicio. Imagínense cómo debe ser de agotador perseguir ranas. Un “deporte” que no sé el predicamento que tendrá, pero que al parecer practica Paris Hilton en los jardines de sus mansiones. menos mal que ella las devuelve a la naturaleza para que sigan viviendo felices.


4. Usar redes sociales curiosas: Gran parte de nuestro tiempo libre lo donamos a whatsapp. Instagram, etc. Incluso el tiempo que no nos sobra. Hay apps y redes para todos los nichos comerciales o emocionales. Incluso espirituales: Desde MayFeelings (para rezar en comunidad, donde se puede escoger un tema o sumarse a cualquier otro para rezar, hasta Line for Heaven donde una se puede ganar el cielo a base de buenas acciones y confesiones. Hay incluso opciones para odiar: En Hatebook se puede compartir odio hacia otras personas o situaciones. (Y su emotivo eslogan es “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”).


5. El Dorodango, que es sacar brillo a una bola de barro. Por lo visto relaja un montón. Como usted comprenderá a la primera, esto no es muy habitual. De hecho, se practica sólo (como no) en Japón.



6. Hacer el Furry. Ojo, que esto es una práctica sexual, pero también tiene su parte de hobby blanquito y casto. Se trata de vestirse de animal de peluche sin más. Para freir unas croquetas o pasar la ITV del coche. Porque sí. En el programa “Mil maneras de morir” salió el caso de un señor que ni era furry ni nada, pero tomó unas setas alucinógenas y terminó en una orgía de furrys. Al pobre hombre se le fue tanto de las manos que murió por confundir a un oso real con alguien del grupo.

7.  Brujería: Practicarla como hobby no es habitual, pero si sirve para matar el rato, pues perfecto. A la rapera Azealia Banks parece que le gusta tanto que tiene una habitación en casa dedicada a sacrificios de animales.
O eso contó ella misma cuando le preguntaron por la sangre que se veía en una de sus fotos de Instagram. También cabe la posibilidad de que contestara eso por no decir: "Eran unas bragas manchadas, que me vino la regla aller" que quedaría mucho peor.

8. Jugar a las muñecas: Por supuesto que aquí pueden caber los traumas abyectos y ocultos de las dueñas de algún baby born; pero también esos señores que tienen muñecas de tamaño natural. Sí, en ese caso es algo sexual, pero hay una parte lúdica que comprende ponerle conjuntos de ropa favorecedores o abrir una lata de atún que no refiere a la sexualidad. Se trata de un impulso simplemente lúdico.

9.Explotar wc´s: Igual que en Valencia y en China les gusta la pólvora, en determinadas mentes no sabría decir si con patologías colgando, albergan el extraño gusto de explotar váteres. Luego lo cuelgan en internet para solaz de sus colegas con parecidos intereses. (Para muestra, este hilo de todopetardos.com)


10.  Ir a IKEA a probar muebles: No me refiero a comprar ni a mirar nada en concreto. De lo que hablo es de relajarse con algo que estresa a la gente: Dar vueltas por un IKEA y sentarse en los sofás y en los escritorios, tumbarse en las camas y escoger el grosor de almohada ideal, pero sin gastar un euro. A mí me pasó en os embarazos, supongo que por el síndrome raro ese del nido.



Lo dice Diana Aller

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