martes, 7 de agosto de 2018

SANTIAGO POR LA MAÑANA: PINTADA DE KISS EN LA CATEDRAL

Hace apenas unas horas, muchos nos enteramos de la aparición de una pintada en una de las esculturas de la fachada sur o de Praterías de la catedral de Santiago de Compostela. La figura apareció en la mañana del 6 de agosto con unos trazos pintados que emulaban muy toscamente al grupo Kiss.



Estoy en Santiago y me he acercado esta mañana a ver lo que se han apresurado a llamar gamberrada o atrocidad. 

Mi decepción ha sido mayúscula. La figura en cuestión y sus hermanas contiguas estaban tapadas por una lona blanca que cubría como si se tratara de una vergüenza, la estatuilla presuntamente mancillada.








A pesar de todo, a través de una vulvar apertura de la lona, se veía la figura, ya limpia y sin mácula. 

¡Qué desengaño tan áspero! ¡Qué tristezas tan innecesarias me proporciona el ser humano! 




Puede ser una atrocidad pintar sin respeto una obra que data su inicio en la Edad Media, ahí creo que todo el mundo está de acuerdo. Pero ¿El autor ha despreciado acaso la historia que pesa sobre esas vetustas piedras? ¿Conocemos las intenciones del anónimo artista? 
Recordemos que la desconocida o desconocido que ha perpetrado semejante acción, ha caracterizado a la talla con bigotes y ojos de gato, añadiendo las letras 'Kiss' sobre las escrituras que porta en sus manos. 
Es un homenaje a Peter Criss, batería del grupo (activo durante los años 70 y 80), que solía caracterizarse de felino. Es, en definitiva una proyección esquemática, libre y sencilla de un retazo de cultura. 

Lo llamo artista, porque sin duda ha hecho un ejercicio de arte. Ha representado un icono de su tiempo, de su cultura, sobre una obra anterior, reinterpretándola, sin borrar ni destruir su naturaleza y sustrato. Simplemente añadiendo una mirada lisonjera, conceptual y muy simpática si me apuran.






Desde el año 1075 en el que se iniciara la construcción de la catedral, hasta el siglo XVIII en el que se añadieron las últimas ampliaciones y detalles, el trabajo fue un goteo de los miedos y aspiraciones humanas, de la cultura del momento, impregnada toda ella de religiosidad.




¿Cuál es nuestra religión universal ahora? ¿Cuáles nuestros mitos?
No creemos en arcángeles que portan sagradas escrituras en sus manos, pero sí en series, películas y canciones que dibujan una senda trascendente. Que nos elevan el espíritu más allá del aquí y el ahora.


Ese diálogo que se crea desde las pintadas de Kiss del presente hasta que se dio por finalizada la catedral de Santiago, es exactamente igual que las aportaciones de aquel momento con respecto a la primera construcción románica sobre el supuesto sepulcro del apóstol.





Yo siempre he defendido que una obra de arte es todo lo que le pasa por encima. Por eso hay restauraciones que me chirrían, mentiras estéticas que hablan un idioma que ya no nos pertenece. ¿Se imaginan rehacer Pompeya entera? 

El andrajo arquitectónico de lo que fue una ciudad de recreo, es lo que nos subyuga: el volcán que paraliza y destruye su existencia, la ceniza que conserva unas ruinas inhabitables. 
El arte tiene la capacidad de sobrecoger sin pretenderlo. Muchas veces es la falta de voluntad estética lo que añade valor a una obra.
¿No les parece cutre y rastrera la vocación de trascender? ¿No prefieren arrobarse con una canción de desamor que escribió alguien por mera pulsión emocional? Y al final esa canción nos llega muy dentro, habla de nosotros como nadie había hablado antes, nos pertenece antes que a su autor.



Hoy he estado en el exterior de la catedral de Santiago. La cola para acceder al interior parecía infernal.
Todo estaba lleno de gente, de turistas, de guías ganándose la vida contando la misma historia gastada. Supongo que también habría peregrinos que se emocionan al llegar y darse cuenta de que lo importante era el camino y no su consecución.





Pero Santiago de Compostela, como todas las ciudades turísticas va camino de convertirse en un no-lugar. Las mismas tiendas Orange, un ZARA, un Calzedonia... No he visto, pero seguro que ha llegado o llegará ese engendro llamado ALE-HOP, envileciendo una ciudad cuajada de historia y tradición.
Será una atrocidad, una gamberrada, lo que quieran... Pero esa pintada sobre una escultura, esa necesidad arrebatada y espontánea de mostrar idolatría cultural, es la que conforma nuestro relato, la que habla de nuestra época y nuestra civilización. Y me jode mucho que la hayan borrado.

Da igual que sea Santiago, Manchester o Estrasburgo. Son los mismos sitios, los mismos olores, la misma experiencia.
No hay disidencia ni rebeldía, sólo un amoldarse burgués y excluyente, un continuum capitalista que define nuestra civilización desde el consumo y no desde la cultura.





La Policía Nacional ha pedido a través de su cuenta de Twitter la colaboración ciudadana para encontrar al autor de la pintada. Yo prefiero que no aparezca, que ella -o él- sepa que toda esa gente haciendo cola, cree ver algo interesante en lugar de algo que le han dicho que es interesante y debe ver, como parte de una experiencia turística. Pero yo he ido a ver su obra, su interpretación del mundo, su instalación... Y sólo me he encontrado incomprensión, gente con móviles y muy poco arte.



Quiero terminar este texto con un canto ahogado, con El manifiesto futurista (ojo, de 1909) que tanto me representa (en especial el punto 7 ¡Viva la vanguardia! Los puntos 10 y 11 necesitan actualizarse y cambiar la perspectiva desde el otro lado, eso sí):



MANIFIESTO FUTURISTA
Filipo Tommaso Marinetti, 1909 
1. Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.
2. El valor, la audacia, la rebelión serán elementos esenciales de nuestra poesía.
3. Hasta hoy, la literatura exaltó la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso ligero, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.
4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento explosivo…, un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.
5. Nosotros queremos cantar al hombre que sujeta el volante, cuya asta ideal atraviesa la Tierra, ella también lanzada a la carrera, en el circuito de su órbita.
6. Es necesario que el poeta se prodigue con ardor, condujo y con magnificencia para aumentar el entusiástico fervor de los elementos primordiales.
7. Ya no hay belleza si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra de arte. La poesía debe concebirse como un violento asalto contra las fuerzas desconocidas, para obligarlas a arrodillarse ante el hombre.
8. ¡Nos hallamos sobre el último promontorio de los siglos!... ¿Por qué deberíamos mirar a nuestras espaldas, si queremos echar abajo las misteriosas puertas de lo Imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros ya vivimos en lo absoluto, pues hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.
9. Nosotros queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las que se muere y el desprecio por la mujer.
10. Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y toda cobardía oportunista o utilitaria.
11. Nosotros cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, por el placer o la revuelta; cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos el vibrante fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; las estaciones glotonas, devoradoras de serpientes humeantes; las fábricas colgadas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; los puentes semejantes a gimnastas gigantes que saltan los ríos, relampagueantes al sol con un brillo de cuchillos; los vapores aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho que piafan en los raíles como enormes caballos de acero embridados con tubos, y el vuelo deslizante de los aeroplanos, cuya hélice ondea al viento como una bandera y parece aplaudir como una muchedumbre entusiasta.    
  Desde Italia lanzamos al mundo este manifiesto nuestro de violencia arrolladora e incendiaria, con el que fundamos hoy el Futurismo, porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios.   
  Por demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de buhoneros. Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos  que la cubren toda de cementerios innumerables.   
  Museos: ¡Cementerios!...Idénticos, verdaderamente, por la siniestra promiscuidad de tantos cuerpos que no se conocen. Museos: ¡Dormitorios públicos en que se reposa para siempre junto a seres odiados e ignotos! Museos: Absurdos mataderos de pintores y escultores que van matándose ferozmente a golpes de colores y de líneas, a lo largo de paredes disputadas!     
Que se vaya a ellos en peregrinación una vez al año, como se va al camposanto en el día de Difuntos…, os lo concedo. Que una vez al año se deposite un homenaje de flores a los pies de la Gioconda, os lo concedo… Pero no admito que se lleven cotidianamente a pasear por los museos nuestras tristezas, nuestro frágil valor, nuestra morbosa inquietud. ¿Para qué querer envenenarnos?  ¿Para qué querernos pudrir?


Lo dice Diana Aller

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