jueves, 28 de junio de 2018

MI AGENDA

Si a alguien le apetece regalarme algo, invitarme a una cerveza helada o darme 5 euros para que me compre lo que quiera, que venga a estos lugares, donde me podrá ver:

- EN EL TEATRO COFIDÍS, disfrutando de "Una ópera flamenca" una chifladura de mi amigo Fernando Vacas, que tiene un talento descomunal, salvaje, desatado. Para la ocasión colabora en el vestuario el también cordobés Alejandro Palomo. Y bueno... como dice el propio Vacas "Otro flamenco es posible". Él es así: profunda y extrañamente libre, insultantemente singular.
Va a representarse sólo del 27 al 1 de junio a las 20.00. Ahí nos veremos.



-EL MARTES 3 DE JULIO EN EL PABELLÓN PRINCIPADO DE ASTURIAS de Gijón, dentro del Festival Metropoli, en el espacio "Metropolitanas". A las 18:00 daré una charla muy interesante sobre genitales, afectos y cultura contemporánea. Ahí nos veremos.


-EL SÁBADO 7 DE JULIO EN EMBRUJO, la fiesta off Orgullo donde pondré música con Araceli, El Cuerpo del Disco y GaydjTeam: Baby boomers, millenials, reptilianos, trans, gitanes, perfiles de LinkedIn, afros o fluidos: El embrujo es nuestro. Después de la mani, de 0:00 a 06:00 con aire acondicionado ininterrumpido. Ahí nos veremos.



-CUALQUIER MARTES EN EL TEATRO LARA gozándolo mucho con "La vida no es un lugar seguro", una obra ácida, bestia y agridulce con 3 actos y unos sketches intermedios. Entré sin saber lo que iba a ver (que es algo que me encanta) y salí abducida, pensando que entre muchas risas e ironía fina de la que me gusta, me habían colado la noción de que la vida es un gran trauma que pese a empeñarnos, no logramos superar. La narradora es el destino, un destino crudo... Tengo que volver, porque necesito poner en orden lo que he aprendido de esta gente. Ya sólo puede ser el 3, el 10 o el 17 de julio ¡Hay que darse prisa! (Y mi amigo Joserra Fudio está de lujo! Ahí nos veremos.


Lo dice Diana Aller

miércoles, 27 de junio de 2018

ESO DE LOS PERMISOS IGUALES PARA MADRES Y PADRES ME PARECE UN DESATINO




En la transición democrática de España sucedió una cosa espantosa y misógina que sin embargo a día de hoy se sigue leyendo como un logro feminista. Se hablaba de libertad, pero en realidad se abría una brecha horrible entre el género masculino y el femenino (antes no había más). Me refiero al DESTAPE. Hoy nos puede hacer cierta gracia -ya saben qué bien vende la nostalgia y lo retro, que desde el presente se percibe siempre con inocencia- pero a mí me parece un dramita bastante gordo.

Las mujeres jóvenes eran obligadas a desnudarse por exigencias de un caprichoso guión de un cine que por supuesto escribían, dirigían y consumían hombres. Muchos de ellos pasaron a la historia de la cultura con un intachable prestigio. Ellas tuvieron que limpiar su imagen con desigual fortuna, pero el ser "mito erótico" no les sirvió más que para enfangarse de cara a los demás. Su misión era estar al servicio del placer masculino. (Los cuerpos de las mujeres estaban para el beneficio masculino).



Unos años después se popularizó masivamente la PÍLDORA ANTICONCEPTIVA. De nuevo se vendía como un triunfo feminista. Se trataba de alterar nuestro sistema hormonal, a veces con cuestiones tan peregrinas como "mejorar la calidad capilar" con depresiones, ansiedad, cambios de humor y tantas otras dolencias físicas, para "tener la libertad" de practicar sexo con hombres sin quedar embarazada. (Ya que hoy estoy tratando temas tan impopulares, recuérdenme que les hable del descrédito organizado hacia los métodos anticonceptivos naturales; que nos alejan del consumo y la mercadotecnia, y sobre todo, del conocimiento de nuestros propios cuerpos. Métodos que tienen que ver directamente con la ciencia femenina comúnmente tachada de hechicería). Por supuesto, la píldora masculina no prospera, porque ellos no van a pasar por eso. (Los cuerpos de las mujeres son para beneficio masculino).


Y así llegamos a 2018, donde se ha votado en el congreso la propuesta de igualar permisos de maternidad y paternidad. De nuevo se nos vende como un triunfo feminista y encima con unanimidad de todos los partidos políticos. A priori parece un adelanto en pos de la libertad, como lo era mostrar desnudos en el cine o  controlar la natalidad con una pastilla. En su día lo planteó Podemos en una proposición de ley y hace unas horas la idea de igualar permisos de paternidad a los de maternidad hasta las 16 semanas de forma intransferible y remunerada al 100%, ha sido apoyada por todos los grupos.


Y aquí llegamos las locas de siempre -ya saben ustedes: histéricas o feminazis, cuando no madres alienadas que (pobrecitas) nos hemos jodido la vida y el cuerpo pariendo-.
La posible confusión (o bien de una abrumadora mayoría o más probablemente mía) viene de la acepción tradicional del feminismo, que desde la óptica capitalista, alumbró la idea de la maternidad como estigma, como tara económica, como menoscabo del sistema económico.
Desde plateas feministas se sigue dando por sentado que la maternidad es una forma de control sobre las mujeres, que con ella las mujeres se apartan del mundo laboral, económico o intelectual.

La maternidad en nuestra época se entiende de una forma perversa, absurda, incapacitante... Y lo más terrible: en soledad y con ofensivas y constantes muestras de misoginia.
El foco de nuestra sociedad no está en crear y formar individuos de la mejor forma posible, si no en extraer de ellos una fuerza de trabajo y un capital mejor cuanto mayor sea.

Recordemos que lo que se pretende es igualar el permiso paternal -de los padres- al supuesto  privilegio del permiso maternal. He aquí la trampa con la que topamos:
Bajo el epígrafe "¿No queréis igualdad? Pues toma" se desestima que vivimos en una sociedad estructuralmente injusta que ayuda, proyecta y soluciona antes a los ricos que a los pobres y antes a los varones que a las mujeres. La "igualdad" de permisos paternales no tiene en cuenta que hay familias no bi parentales, que los sueldos de las mujeres son sustancialmente más bajos o que -de nuevo- el monstruoso capitalismo impide de sibilinas y retorcidas formas la lactancia durante los primeros años de vida, tan necesaria y silenciada para crear individuos resilientes, sanos y empáticos. (Recuérdenme también que hable de lactivismo próximamente).

Pero esas personas del congreso no son madres agobiadas, aisladas en un sistema cerril que las separa y parcela y les obliga a consumir y a desear "soltar" a los niños en una guardería o en un zoo o en una cuneta... (También les tengo que hablar otro día de las atrocidades niñofóbicas de nuestra sociedad: Gente que se descojona al decir "odio a los niños, qué asco" pero que encarcelaría a quien en lugar de "niño" dijera "negro").

Las mujeres que gestan, paren y crían, están desconectadas del tejido social, centradas en comprar estupideces que no necesitan sus bebés en El Corte Inglés y obsesionadas con miedos irracionales en un mundo asfixiante y pequeño, repleto consejos de pediatras, fotos de sus cachorros en redes sociales y fregando los baños cuando al fin éstos se acuestan.

Llámenme loca -lo acepto de muy buen grado- pero aquí veo que una vez más los cuerpos de las mujeres son para beneficio masculino.
Me encantaría hablarles a ustedes de la atávica -y natural- envidia masculina por la capacidad de gestar y parir (mientras se populariza esa chorrada de la envidia al falo ¿Para qué quiero yo un falo? Me quedaría fatal). Me encantaría meterme en las ponzoñas jurídicas que llevo evitando toda la vida (Mi familia quería que fuera notaria o registradora de la propiedad) para comprender el alcance legal de todo esto. Me encantaría hablar con propiedad desde el feminismo, pero les aseguro que a este respecto soy bastante inepta.
...Pero sobre todo, me gustaría ser Patricia Merino Murga, que firma este texto de Píkara Magacine donde explica magistralmente todo lo que yo quisiera contarles aquí, pero me falta discurso (y tiempo también).


Deseo ante todo, que nadie se ofenda con este texto. Pido perdón de antemano si así sucediera y agradeceré profundamente otras miras y paradigmas.
Para mí la maternidad no sólo tiene un valor extrínseco, social y humano. Para mí, es una fuente de sabiduría, una excusa para generar comunidades y tribus, un inagotable manantial de placer y una oportunidad fascinante de conectar con la espiritualidad y salir del aquí y el ahora. De hecho, ser madre (junto con aquella vez que me encontré 50 euros en una cabina telefónica) es lo mejor que me ha pasado en la vida. Lo tengo clarísimo.

Lo dice Diana Aller

lunes, 18 de junio de 2018

KIKO RIVERA Y SU PADRE

Los periodistas -esos seres que hablamos de todo y no sabemos de nada- tenemos una gran responsabilidad a la hora de verter palabras, y me dispongo ahora a enmendar un error que cometí en su día.
(Arriba, el coronel y doctor Antonio M. Cariñanos; abajo, el dj y personaje popular Kiko Rivera)


Hace ya algunos años me hice eco de un rumor de sobra conocido en el mundo rosa: Varios indicios (físicos sobre todo) apuntaban que Kiko Rivera podría ser hijo del doctor Muñoz Cariñanos en lugar de ser legítimo hijo del torero Paquirri. La cantante Isabel Pantoja habría tenido un romance con el citado doctor, poco antes de que un toro vengara a su malograda especie de lidia quitándole la vida al torero.
(La cantante Isabel Pantoja y el matador de toros, Francisco Rivera, Paquirri, padres de Kiko)

Unos años después, ETA haría lo propio con el otorrino (que además era militar). Kiko Rivera creció sin padre y con la sombra de la duda planeando sobre los mentideros informativos.


Conté aquí la información con la que contaba en aquellos entonces.
Hasta aquí la historia contada sobre una historia no contada.

...Hace más de un año alguien me contactó por twitter. De ahí pasamos al whatsapp: Francisco me contó que él era hijo ilegítimo pero legalmente reconocido del doctor Antonio Muñoz Cariñanos.
Es un chico -un hombre- resuelto, luchador, vivaz, con un marcado acento andaluz y con una educación exquisita.


 (Capturas del diario El Español)

Su lucha era (y sigue siendo) ser reconocido como víctima de ETA igual que sus hermanos, para disfrutar de la indemnización que legalmente le corresponde. Sólo eso.
Creció con la idea de que su padrino -con el que tenía una excelente relación- era simplemente un buen amigo de la familia, que le pagaba los estudios y le quería un montón. Pero tras el asesinato de éste, se enteró de que en realidad era su padre biológico.


 (En estas fotos de El Español, se ve a Francisco de niño con su padre biológico, Antonio M. Cariñanos)

Francisco tiene 2 hijos, una vida humilde, normal, en Nantes, Francia. Lo ha pasado fatal en la vida. Al descubrir quién era su verdadero padre, al cambiarse el apellido, al ver el rechazo de sus hermanos de padre y apellido, y al ver negados sus derechos. Una serie de problemas de identidad que le han llevado a buscar soluciones desesperadas.



En su día pensó que si Kiko Rivera también era su hermano, quizá conseguiría cierto respaldo mediático que le ayudara a reclamar su indemnización. Yo le dije que hasta que no tuviera la certeza de esto con una prueba de ADN, nada podría hacer.
Y Francisco, resuelto y lanzado, (y pagando todo de su bolsillo) eso hizo. Así lo cuenta El Español:

Con Kiko Rivera comparte su afición al fútbol. Ambos coincidieron en Manchester, justo en el partido entre el United y el Sevilla FC en Old Trafford con el que los de Nervión consiguieron el pase a cuartos de la Champions League.
La casualidad quiso que Kiko Rivera estuviese sentado tres filas delante de Francisco y el joven vio su oportunidad. “Lo observé durante toda la primera parte —narra—; justo al empezar la segunda parte, me coloqué justo detrás. Él encendió un cigarro, algo que estaba prohibido. Y cuando acabó el partido cogí esa colilla, no había más que esa. Y le hice la prueba de ADN”.
“Yo me veo parecido —justifica—, he mirado mil fotos de Paquirrín, perdón, de Kiko Rivera porque yo estaba convencido de que era mi hermano, por el parecido físico. El cuerpo, los andares… es igual que yo”.

“Estaba obsesionado con hacerme la prueba”, insiste. “Solo por quitarme esa idea de la mente”. A los diez días le dieron el resultado. Fue negativo. 
Así que, aquello que publiqué en su día no es más que un bulo que ha planeado por redacciones y corrillos. Kiko Rivera no es hijo del doctor Antonio Muñoz Cariñanos.


(Aquí Kiko Rivera con su hermano Cayetano, demostrando cuán caprichosa puede ser la genética)

(Y aquí la abuela materna de Kiko Rivera, a la que sin duda se parece bastante)


Y Francisco Muñoz sí, y sigue luchando por lo que le pertenece. (Y ojalá yo tuviera alguna forma de ayudarle).



Para ampliar la información, les emplazo al nutrido artículo de El Español.
Por mi parte, queda resuelto el asunto.

Lo dice Diana Aller

miércoles, 13 de junio de 2018

¡BRAVO AMAIA MONTERO!

La semana pasada me encontré a Amaia Montero en dos ocasiones. En la segunda miré al cielo y pregunté a la energía creadora comúnmente llamada Dios "¿Qué me quieres decir?".
No obtuve respuesta.
... Hasta ayer.
Ayer circulaban vídeos de la cantante de torrojil voz con feroces críticas:

Lean y vean esto:


Y esto:

Y esto también:

Gente que seguro tiene una ética intachable, gente que trabaja honradamente y jamás tiene un mal día ni un feo con nadie. Gente que se puede permitir criticar a alguien por no dar un buen concierto o elucubra sobre el consumo de alcohol sin tener pruebas de nada. Gente que muy posiblemente admira el malditismo de estrellas del rock que jamás dieron un concierto sobrios. Gente, en fin, acreditada para hablar mal (e incluso cobrar por ello) de Amaia Montero.

A mí Amaia Montero me representa y me gusta: Es más humana que la mayoría de la gente. Desconoce su propia talla de ropa, lleva 4 discos en solitario y tiene cienes de fans. Pierde el ritmo y se pierde ella. Habla en inglés latino con sus músicos, su último LP se llama "Nacidos para creer", no esconde sus defectos ni va de lo que no es, fuma bastante, aguanta estoicamente juicios que no ha pedido sobre lo que hace con su cuerpo, con su cara.

No conozco de nada a Montero, y sólo la he visto en vivo la semana pasada, pero me han entrado unas irrefrenables ganas de defenderla. Pero ¿saben qué? ella lo hace mucho mejor. Atención a la letra de "Nacidos para creer":



Hay quien encuentra raro que a los 40 
No este casada 
Pocos me han desnudado 
Muchos me hacen la cama 

Otros juran que bebo y que en persona 
No valgo nada 
Que hace dos o tres tallas 
Que no entro en mis vaqueros 

Y a veces me dan ganas de volverme y decir: 

Si tu no sabes nada de mi 
Ni donde ni con quién ni cuándo 
Si cuelgo a dios o al diablo en la pared 
A qué me atreví o qué nunca haré 

¿A cuánto vendes tu la verdad? 
¿Quién te dio vela en este entierro? 
No busco un clavo ardiendo 
Y si miro atrás tu no estás ahi 
Con los que pondrán la mano en el fuego por mí 

Nadie conoce a nadie. 
Mucho no entienden en lo que saben 
O afilan un puñal en cada pedestal 

¿Dónde están los que ayudan? 
¿Quién el feo, el bueno y el malo? 
¿Cuál de los doce es Judas? 
¿Quién durmió al otro lado? 
¿Quién dijo y quién si? 
¿A quién voy yo a decir? (...)

Su voz está en la antítesis del timbre que me gusta escuchar, pero reconozco que esta mujer es una artista de verdad, con una sensibilidad extraordinaria y además intuyo que desprende el humor irónico que parece a su vez producir. ¡Ole Amaia! ¡Aupa Amaia!¡Bravo Amaia!

La información es cada vez más trepidante: Lopetegui, final de Supervivientes, barcos con refugiados, Maxim... y la gente enfurecida criticando sin parar... A ver, no. Yo no puedo con la actualidad y a veces tampoco puedo con la vida. Y la solución fácil, legal y cómoda para escapar un poquito, es beber.
Je suis Amaia.

Lo dice Diana Aller

miércoles, 6 de junio de 2018

EL EXORCISMO DE ALMANSA ¿EL PEOR CRIMEN DE ESPAÑA?


Unas mujeres drogadas, enloquecidas que practican sexo entre sus vómitos y meados. Gritan, cantan y pasan varios días sin dormir. El delirio concluye cuando meten primero los dedos y después los brazos por la cavidad vaginal de la hija de 11 años de una de ellas. Desgarran el ano y el útero. Desde ahí extraen órganos pensando que son demonios y finalmente la niña muere entre un inimaginable dolor.
Ignorancia, exorcismo, sexo, superstición, lesbianismo, delirio paranoide y Satán. España. 1990.


LOS ANTECEDENTES:

La historia que me dispongo a contar -absolutamente real- y que probablemente les suena, transcurre en la localidad de Almansa, una población de la Comunidad de Castilla-La Mancha, (concretamente Albacete, tierra de chanantes y navajas) de entonces 23.000 habitantes, industrial, relativamente próspera y tranquila.
Rosa Gonzálvez Fito era (y es) esta señora tan típicamente española que ven aquí:


Una mujer que, como era relativamente habitual en la España de 1990 creía en supercherías varias: desde la religión católica hasta ritos paganos en los que se inició al poco de casarse… 
Su oficio terminó por ser el de sanadora y se jactaba incluso de curar el cáncer. Su maestro había sido Enrique “el de Villena”, uno de tantos de los empleados de una fábrica de zapatos de la zona, que había dejado su trabajo para dedicarse a la sanción. Rosa adoptó los nombres de “Hermana de la Luz”, “Miradora” y “Sanadora”.


Tan bien le iba su trabajo de santera, que su propio marido, Jesús Fernández Pina, dejó su trabajo de zapatero para llevarle la agenda (¡qué expresión tan maravillosa esa de “llevar la agenda”! Me imagino un señor con mi agenda azul en la mano caminando junto a mí y me parece lo más). El caso es que este buen señor atendía el teléfono, daba citas y gestionaba la sala de espera de su mujer, con la que solo le unía un matrimonio hueco -como tantos otros- y una hija, Rosita, nacida en 1979, triste y sórdida protagonista de este post y de la España más truculentamente negra. 

Rosa estudió mínimamente las propiedades de diferentes hierbas que se dedicaba a recolectar en el campo. Como buena hechicera, las usaba para hacer brebajes que daba a sus pacientes o para dar masajes. Era conocedora incluso de qué hierbas y flores servían para entrar en trance psicótico. Su especialidad según sus propios clientes era la imposición de manos. Sin embargo, su cultura e intereses eran exiguos y limitados.

La curandera tenía multitud de seguidores y sobre todo seguidoras que confiaban ciegamente en ella. 
Una de ellas, María de los Ángeles Rodríguez Espinilla empezó a visitarla con asiduidad desde que se considerara curada de todos sus males.
Las visitas a Gonzálvez se fueron sucediendo de manera cada vez más habitual y su relación terminó por transmutar a una suerte de obsesión de Mariángeles hacia su vecina la curandera. Hasta tal punto llegó la fascinación por ella, que empezó a sentir asco por su marido y sus dos hijos.
(Martín Toledo, marido de Mari Ángeles)

Según afirmaba una crónica en ese maravilloso periódico llamado El Caso: “Su marido, Martín, se quejaba amargamente de que aquella especie de sacerdotisa la tenía absorbida. Y así era. Había terminado por convencerla de que su esposo estaba poseído por el mal. Así que apenas hablaban y, por supuesto, no mantenían relaciones sexuales”.

¿Conocen ustedes una película llamada “Criaturas Celestiales” de Peter Jackson de 1994? Trata de una relación cada vez más cerrada de dos estudiantes, que termina en tragedia, cuando su imaginación les provoca impulsos asesinos… Pues esto fue igual, pero en una España rural y siniestra y en lugar de dos actrices monísimas de Hollywood, aquí eran dos señoras de buen comer.


El diario ABC en una estupenda crónica contó:

Dinero, familia y una clientela fiel. Todo parecía ser perfecto en la vida de Rosa. Pero, como se suele decir, la felicidad es efímera. Los nuevos tiempos trajeron consigo algunos cambios en el mundo del santerismo, y uno de ellos afectaba directamente a nuestra protagonista. «En España empezó a correr un rumor que afirmaba que los mejores curanderos eran los que trabajaban en parejas de hermanos», señala Juan Ignacio Blanco [director de “El Caso”] a ABC. Deseosa de llenar su calcetín hasta los topes (o que este no perdiera ni un céntimo), Fito decidió entonces engatusar a su hermana menor, Ana, para que formase con ella un curioso tándem de la mentira. «La acompañaba en sesiones de sanación. No hacía nada, pero le daba mucho prestigio», añade el experto.

Así que Ana González Fito, hermana de Rosa ejercía de “mirona” en las sesiones y consultas, simplemente para dar prestigio sin hacer nada y ganando un sueldo por ello.

(La casa después de lo sucedido fue marcada con una cruz invertida)

EMPIEZA LA LOCURA:

Mari Ángeles, la vecina que admiraba a la curandera y ésta, llevaban un tiempo impreciso manteniendo relaciones sexuales y retroalimentando su propia superchería en un mundo cada vez más cerrado y esotérico. Se trataba de una relación clandestina, amorosa, alimentada por elementos mágicos y misteriosos y dos personalidades vulnerables.

(Las amantes)

En el muy recomendable ivoox de La Noche de Autos sobre el tema (episodio 6: este)   Tatiana Ballesteros, criminóloga, establece un perfil psicológico de este aberrante caso que explica muy bien lo que sucedería después. Dice: “Esta mujer de mediana edad con supuestos poderes curativos que se lucra de ellos, (…) tenía a su amante Mari Ángeles (casada y madre igual que ella) y es probable que existiera cierta frustración por esta relación homosexual que mantenía oculta o no tan oculta”.
Obviamente, en una localidad rural en el año 96, las cosas no se vivían como las vivimos (y afortunadamente normalizamos) en las ciudades en el 18. 

La criminóloga también explica otros elementos más o menos traumáticos que confluyeron a esta locura: “La ignorancia, la incultura y las creencias religiosas no tienen nada que ver con lo que es la fe. Hay un problema de base, que es la falta de conocimiento de estos temas, también el miedo a mostrarse tal cual era y muy probablemente también un trastorno disociativo. Se llama trastorno disociativo: concretamente de trance o de posesión donde se produce una pérdida temporal del sentido de la identidad personal, que podría provocar que no tenga conciencia del entorno ni de ella misma”.

Como Rosa andaba obsesionada con aquello de que las sesiones tendrían más fuerza con grupos de hermanas, convence a su amante Mari Ángeles para que invite a su hermana María Mercedes Rodríguez Espinilla a unirse a sus rituales, para estar los dos pares de hermanas juntas.

Fue así como la curandera ofreció a Mari Ángeles formar parte de su negocio. Ésta llamó a su hermana para que se desplazase hasta Almansa (vivía en Valladolid) y trabajar también en la consulta.
Le debió parecer que la cosa cuadraría mejor si la hermana de su amante y su propia hermana se liaban y se hacían a su vez pareja, por lo que organizó una especie de cita las cuatro una noche.

Sábado 15 de septiembre. Las cuatro mujeres salen a cenar. Al término, Rosa dice que no se encuentra bien. Entonces van a casa de Mari Ángeles. Allí se iniciaría una orgía de locura y satanismo sin marcha atrás que culminaría con el horrible infanticidio de Rosita Fernández Gonzálvez, uníca hija de Rosa y su marido, de 11 años, que hoy tendría 39.


Parece muy probable que consumieran beleño. El beleño blanco es una planta de la familia de las solanáceas que produce escopolamina, un alcaloide que supongo que a ustedes no les dice nada, pero sepan que es el principio activo de la burundanga, así que se pueden hacer una idea de cómo continuó la noche. Mari Ángeles y Rosa se encerraron en la habitación y no durmieron. En un primer momento, se dedican a mantener relaciones sexuales entre ellas y Rosa les pide a las otras dos que se queden a mirar. 

La nutrida crónica de ABC a partir del testimonio del director de El Caso explica:

A la mañana siguiente, después de esta orgía de tintes religiosos y con las primeras luces del alba, la curandera y su amante abandonaron la casa. «Rosa y su amante desaparecieron. Tal y como me dijeron luego las personas que las conocían, se fueron a recolectar hojas de beleño. Su objetivo era seguir drogándose en los siguientes días. Buscaban impedir que sus dos hermanas pudieran dormir o descansar para generarles un trastorno disociativo que las hiciera acostarse juntas y unirse a la consulta en último término», completa el criminólogo. Tras el paseo, las cuatro se reunieron de nuevo en la vivienda, donde la santera y su amante llegaron a decir que eran Jesucrito y la Virgen María y que iban a casarse.
Aunque Ana se marchó, asustada por lo vivido, Blanco explica que las jornadas siguientes se desarrollaron en una orgía interminable entre Rosa, Marí Ángeles y Mercedes. Días y noches de sexo en los que orinaron y defecaron sobre la misma cama en la que mantuvieron relaciones. Además, y según señalaron las autoridades a «El Caso», destrozaron todos los muebles de la casa, rompieron los espejos, caminaron descalzas sobre los cristales rotos, se revolcaron por los suelos, orinaron en la cama, vomitaron y se echaron por encima todos los frascos de colonia y jabón que encontraron en el cuarto de baño.
Además, la droga y el afán religioso acabaron llevando a Rosa y a Mari Ángeles a tener alucinaciones y a creer que eran las enviadas del Señor en la Tierra. «En ese estado afirmaron que tenían el puñal de Dios dentro de su cuerpo y que tenían que liberar al resto del mundo del mal.


Entonces, en casa de la curandera deciden exorcizar del cuerpo de Mari Ángeles, supuestamente poseída por el espíritu de su propio marido, Martín, que al parecer “le estaba haciendo mucho daño”.  También intentó exorcizar a los hijos de su amiga quienes, supuestamente, portaban el mal. Para ello, les metía los dedos en la boca, produciéndoles grandes arcadas para que -mucha atención a esto-  “echaran el pato que tenían dentro”.

Sobre las 11 de la noche, Martín, esposo de María de los Ángeles, apareció en casa de Rosa con la muy normal intención de llevarse a su familia. Consigue llevarse a sus hijos, pero no a su mujer. Tal vez sin saberlo, les estuviera salvando la vida en ese momento.
Al día siguiente, lunes 17, volvió a casa de la curandera para intentar llevarse a su esposa. No hubo manera: Allí se encontraban las dos atrincheradas y enloquecidas con sus hermanas entrando y saliendo de hogar a intervalos. 
En la mañana del lunes se quedan entonces en esa casa (calle de La Rosa nº89 de Almansa), Rosa Gonzálvez, su marido Jesús Fernández, su hija Rosi, Mari Ángeles, su hermana Mercedes, otra vecina: Josefa y Ana María Gonzálvez, hermana de la curandera. Los 6 adultos se trasladan al dormitorio del matrimonio, donde se inician una serie de ritos extraños con objeto de expulsar a los espíritus malignos. La violencia histérica de la curandera se entremezcla con invocaciones religiosas, rituales mágicos, imágenes de Santa Lucía y gritos. Tras una agotadora sesión, a media tarde Mari Ángeles y Rosa parecen calmarse. Mari Ángeles  relajadita y feliz asegura que la curandera le ha salvado la vida. Y entonces llega lo más fuerte. La hechicera responde: “Yo no soy Rosa, soy un extraterrestre de otro planeta”.

Pese a que esto último no da ninguna garantía de tranquilidad, Josefa, Ana Gonzálvez y Mercedes Rodríguez abandonan la casa, y dejan allí a los padres y a la niña y también a la amante exortizada, Mari Ángeles. Las dos mujeres se quedan en el dormitorio del matrimonio. 

….Hasta que casi a media noche, Mercedes regresa a la casa de la sanadora, y ahí vuelve la salvaje locura. 
EL SUPUESTO EXORCISMO:

Hay un periodista del diario La Tribuna de Almansa, Luis Bonete, que realizó un meticuloso seguimiento del caso y que tomó las imágenes que aparecieron en su día en televisión y en todos los diarios.

En la reconstrucción de este periodista, explica: “En la madrugada del día 18, Jesús entra en el dormitorio y sorprende a su mujer totalmente desnuda, con las hermanas Rodríguez. Las tres estaban cubiertas de excrementos y bilis. [El consumo de beleño es probable que produjera insomnio y vómitos, amén de alucinaciones a las mujeres] Tiempo antes, se había desarrollado otro ataque de histeria exorcista en la habitación. A golpes, obligan a Jesús a que limpie la habitación y a que despierte a Rosi, hija del matrimonio, que ya estaba acostada en su habitación. El padre conduce a la pequeña a la habitación, donde es desnudada y metida en la cama. 

Al parecer las mujeres iniciaron sus ritos satánicos y Rosi se quedó dormida, acostumbrada como estaba, a ver a su madre ejerciendo de chamana enloquecida.


Luis Bonete continúa: Pero poco tiempo podrá dormir la pequeña, ya que un rato después es despertada por su madre y obligada a tumbarse en el frío suelo. Lógicamente, la niña comienza a tiritar. En ese instante, dice Mercedes: “Si vais a quitar el mal, hacedlo ya, porque la niña no se encuentra bien”. Rosa, ebria de superstición, exclamó “¡Maldita sea! El mal está dentro de ti”.

Después de eso, las tres se trasladan con Rosi al dormitorio de la niña. Atrancan la puerta con una de las camas y la cómoda del dormitorio, y acuestan a la pequeña en la otra cama para volver a sus enloquecidos rituales, cada vez más despegados de la realidad. Se oyen golpes, gritos, susurros y hasta mugidos animales. 
A las 6 de la mañana regresa Ana María con Jesús, (hermana y marido de la sanadora) mostrando un mínimo de cordura y preocupación. Sin embargo, no pueden entrar en el dormitorio, y se quedan junto a la puerta esperando que el show termine. Cualquiera hubiera frenado esa locura, pero sus allegados estaban tan acostumbrados a los ritos de Rosa y consideraban incluso profesional su actuación. Recordemos que se trataba de un entorno con muy poca formación y cultura, que se apoyaban en supersticiones. A esto hay que añadirle la falta de sueño y muy probablemente algún trastorno mental.

Dentro de la habitación, Rosa y las hermanas Rodríguez tiran todo por las paredes, destrozan los muebles, se revuelcan por el suelo, gritan, caminan descalzas sobre clavos y cristales, se mean encima de lo que pillan… el espectáculo debía resultar aterrador para la niña, que, estaría convencida de que lo que decía su madre: básicamente que un montón de fuerzas malignas andaban por ahí rondando. 


Según algunas crónicas Mari Ángeles que tenía la regla, en pleno delirio dijo que notaba que le venía el mal “por abajo”; que estaba entrándole un “aborto del Diablo”. Entonces su amante le puso una toalla en sus partes pudendas y sin miramientos le golpeó la tripa una y otra vez. Según otros testimonios es Mercedes la que menstruaba. En cualquier caso, al retirar Rosa la toalla llena de sangre, en lugar de comprender que aquello eran restos de la regla, se terminaron de convencer de que era la acción misma del Maligno. Confirmaron entonces sus descabelladas sospechas sobre el “aborto del Diablo”. 
Convencidas de que el Demonio iba obrando por ahí a lo loco, Rosa se le dice a su hija (recordemos: de 11 años): “Estas embarazada por el Diablo”. 
La locura llega entonces a su estado máximo: Las tres mujeres enloquecidas se abalanzan sobre Rosi y mientras las dos hermanas la sujetan, Rosa le abre las piernas y le mete un dedo en la vagina para palpar. Enajenada perdida, introduce después dos dedos en la joven cavidad de su hija. La piel del conducto vaginal es muy elástica, pero se tensa ante el dolor y el miedo, tanto más en una niña, que no le ha dado uso todavía. La hija de la curandera llora, grita y se retuerce de dolor. Pero su madre anda ya resuelta y decidida a sacar el mal del cuerpo de su hija, fatalmente convencida de que la está salvando.


Desgarra la vagina hasta el punto de introducir la otra mano dentro. Llega hasta hasta el útero, que por si no lo saben, es un órgano con un revestimiento igualmente dúctil pero de paredes anchas y resistentes. Imagino estos momentos como los más horribles de la existencia de la niña. Al parecer sólo acertaba a decir “Mamá, acaba pronto”.
Su madre, sin formación médica ni de ningún tipo, consigue arrancar brutalmente los ovarios, tarea harto difícil que requiere de una fuerza desmesurada, ya que tienen una fuerte sujección ligamentosa y habría de tirar hacia abajo desde dentro con un indescriptible dolor para la niña.
La abertura vaginal, del todo desgarrada hacia el ano, sirve también para sacar el intestino delgado. Rosa tira de él y consigue sacar parte al grito de “Gloria al Espíritu Santo, gloria a Jesús, ¡Sal cabrón!”.
Todas estas vísceras están ancladas a las paredes del abdomen y están unidas entre ellas también, por lo que arrancarlas requiere de una fuerza descomunal -probablemente dada por la enajenación- y es muy difícil sacarlas sólo con las manos y sin instrumental para tal fin.
Lo normal es que a estas alturas el propio dolor dejara sin sentido a la pobre niña que agonizaba desangrándose a manos de su madre.
Por fin, la niña entraría en shock hipovolémico y finalmente la muerte le traería el descanso. 
Rosa continuó la extracción de órganos con el cuerpo de su hija inerte, convencida de que sacaba demonios. Cuando estaba agotada, le pidió a su vecina y amante que continuara ella y así lo hizo. Cada vez que extraían una víscera, las mujeres comentaban encantadas cómo iban sacando demonios al grito de “Otro, otro... ¡Esto no se acaba nunca!”.



EL FINAL:

A las 9:00h. de la mañana consiguieron entrar Jesús y su cuñada en la habitación tras tres horas escuchando los aterradores sonidos que de allí emanaban. El espectáculo era dantesco. La niña desangrada y los órganos expuestos en la cama entre desorden, heces y objetos rotos. El padre, que por fin reaccionó, fue a buscar ayuda, concretamente a la casa de un vecino, y desde allí llamó a la policía. 
Ana Gonzálvez se quedó en el dormitorio con las tres mujeres enloquecidas, que se precipitaron sobre ella. Ante el señalamiento de que la niña estaba muerta, las exorcistas se convencieron de que la podrían revivir si le arrancaban los ojos a Ana, la hermana de la hechicera y se los ponían a la niña.
La curandera y sus ayudantes le dieron una brutal paliza a Ana, intentando arrancarle los ojos. Ella se defendió con gallardía, aunque tuvo que ser hospitalizada y la contusión de sus retinas le traería problemas irreversibles.
Sin embargo, esto sirvió para que las mujeres tomaran cierta conciencia de la magnitud de lo que ocurría, como si despertaran de una liturgia inconsciente. 
Rosa y sus amigas habían matado de una forma monstruosa a su propia hija. Mercedes, menos activa que sus compañeras, se quedó inmóvil allí, donde había asistido perpleja a toda la locura y fue detenida junto al cadáver deforme y vacío de la niña. La autopsia determinó que solo le quedaron 3 órganos en el interior del cuerpo.
Ana tuvo que ser trasladada al Hospital General de Albacete con diversos hematomas y escoriaciones en su cuerpo. Portavoces del centro sanitario aseguraron que la paciente dijo a los médicos que la atendieron que había sufrido una paliza por fuerzas negras y exigió que no la tocasen porque Santa Lucía le curaría.


Rosa y Ángeles salieron corriendo a la calle, cada una en una dirección: Rosa fue apresada en un bar donde trató de ocultarse, y Mari Ángeles, desesperada se lanzó a un coche en marcha, asaltó al ocupante y se dio a la fuga, aunque finalmente fue apresada también.

Cuando en febrero de 1992 la Audiencia Provincial de Albacete dictó sentencia contra las acusadas, las tres mujeres fueron absueltas. Rosa y María de los Ángeles fueron ingresadas en un psiquiátrico, liberadas de la acusación de asesinato por la eximente de trastorno mental transitorio.


DECLARACIONES Y JUICIOS:

En la muy recomendable web Criminalia, hablan así del desenlace. Por si les interesa ampliar la información de este tremendo caso:

Lo que vivió Ana María Gonzálvez en casa de su hermana lo explicó a los psiquiatras que la atendieron en el Hospital General de Albacete. Los doctores Manuel Flores Peña y Carmelo Sierra López recogen la versión de Ana en un breve informe.
«Desde que llegó a la casa hasta el amanecer estuvo con su cuñado ante la puerta cerrada de la habitación, intentando calmar a su hermana mientras escuchaba los gritos de la niña diciendo que la estaban matando, aunque por momentos, permanecía en silencio o pedía el auxilio de su abuela».
«Cuando finalmente le permitieron entrar a ella sola -añade el informe-, observó que su hermana tenía en brazos a la niña y que había sangre y tripas por el suelo, pero no pudo observar más detalles porque enseguida su hermana la envolvió en su delirio acusándola de estar embrujada y de ser la causante del desfallecimiento de la criatura. Por ello, la cogieron y comenzaron a golpearla, tratando de arrancarle los ojos para con ello reanimar a la niña, que evidentemente había fallecido. Esta agresión duró unos quince minutos y fue rescatada por la fuerza pública».
Martín Toledo tiene su propia versión de lo ocurrido, aunque no fue testigo. «Se le echaron a ella como fieras y casi la matan. Mientras cantaban salmos y cosas raras, mi mujer la sujetaba en el suelo y Rosa le metía los dedos en los ojos, pues quería sacárselos para recuperar a la pequeña. Según parece, la madre decía que la niña estaba predestinada y tenía que morir. Esta mujer no sabe lo que ha hecho, pero ya tendrá tiempo de recapacitar en la cárcel. ¿Cómo se habrá atrevido a sacarle las tripas a la niña por la vagina…?»
Según el último parte médico, firmado por el doctor Daniel Romero Rodrigo, la paciente Ana María Gonzálvez -a la que no se puede visitar por orden facultativa, como reza en la habitación 615 del Hospital General de Albacete- sufre hematomas y erosiones parpebrales, hematoma retroorbitario y coroideo en el ojo derecho y persiste la diplopia (visión doble)».
Según el citado doctor, deberá permanecer otra semana más hospitalizada, «aunque dependerá de la evolución de las lesiones retinianas».


La declaración de María Mercedes estuvo marcada por la exactitud y la firmeza con que respondió, tanto a las preguntas del fiscal como a las de su abogada defensora. Aseguró que ella no creía ni en espíritus ni en reencarnaciones, «ni en nada de eso».
Dio su versión completa de cómo y de qué manera se sucedieron los hechos durante el día 17 y 18 de septiembre, haciendo especial hincapié en que ella no sujetó a la niña, «solamente la cogía la mano y le hablaba del cole y cosas así» -dijo-. Justificó sus viajes a Almansa, debido a que quería solucionar en compañía de su hermana los graves problemas económicos que habían dejado sus padres tras su muerte.
Lo más sobrecogedor de la declaración de María Mercedes es cuando indicó que, «me di cuenta de que la niña estaba muerta cuando entró la policía, salí de la habitación sin ver una sola gota de sangre…, estaba como hipnotizada».


El marido de la paciente, José Ibáñez, tiene miedo a hablar con los periodistas, porque le han dicho que el juez es capaz de meterlos a todos en la cárcel. Finalmente, accede, aunque sin entrar en pequeños detalles.
«Mi mujer llegó a la casa de su hermana y se encontró con todo el “cacao”. Yo trabajo para el Ayuntamiento y me avisaron por la mañana de que mi mujer estaba en el hospital y mi sobrina muerta. Tenemos una hija que tiene cinco meses menos que Rosa; las dos niñas se llevaban como hermanas y siempre estaban juntas… Esto es una calamidad. Llevamos una semana de aquí te espero y mi mujer está la pobre magullada. Que no os pase a nadie, que a mi familia ya le ha pasado», termina diciendo entre sollozos José.
El juez instructor del caso, José Rafael Cuesta, al que le queda un año para jubilarse y volver a su Gijón natal, ha declarado a Tribuna que las tres mujeres detenidas «seguían sometidas a una tensión emocional muy grande, incluso horas después de conocer la muerte de la pequeña Rosa. No es normal que a una madre -añade el juez- se le diga que ha matado a su hija y se quede impasible. Sólo se aplica en una situación en la que ella está todavía creyendo que ha hecho el bien».
A pesar de algunas primeras informaciones, en la habitación no se encontraron objetos religiosos ni armas blancas. «En otra dependencia -dice el juez- sí había una serie de imágenes y de estampas, pero en la habitación del crimen sólo quedaban vísceras, manchas de sangre y todo desordenado. Registramos la casa y sólo encontramos una horca de segar. Los cuchillos estaban en la cocina y la niña no presentaba ninguna incisión. Todo lo hicieron con las manos».


El informe del médico forense también explica que no hay en el cuerpo de la víctima signos de violencia. «La niña -afirma el juez José Rafael Cuesta- tenía hasta una sonrisa beatifica, sin ningún rictus de dolor en la cara. Antes o después de su muerte llegó a estar calmada.»
La pequeña Rosa no pudo comenzar el nuevo curso y el miércoles sus compañeros del Colegio Virgen de Belén fueron al entierro.
A pesar de numerosos intentos, el padre de la niña se negó a hablar con Tribuna. Vive en casa de los hermanos y no ha vuelto a pisar la calle desde el día del entierro. Aunque de una forma inconexa, un tío de la familia trata de explicarse lo ocurrido. «Estamos deshechitos. Somos una familia muy unida, que nunca ha dado que hablar en el pueblo. Nos ha pasado y no sabemos por qué lo hicieron. Si lo mismo la madre como la hija eran dos criaturas estupendas y dos bellísimas personas… Ha tenido que ser algo fuera de lo normal», tartamudea Terio, que ha dejado por unos días de atender la frutería que tiene en el mercado.


(Este es el solar donde se encontraba la vivienda de Rosa. Nadie quería adquirir la casa y hoy hay un bloque de apartamentos en su lugar. La foto es de un usuario de forocoches

Aunque no le dejaron pasar a la finca número 4 de la calle Valencia, Martín tenía el presentimiento de que algo grave estaba sucediendo.
El estado de los pequeños y sus relatos no le dejaron dormir en días sucesivos. «Su propia madre -explica Martín- les había metido los dedos en la boca para sacarles el diablo o yo qué sé. No los noté muy asustados, pero me extrañó que no me dejaran pasar dentro de la vivienda cuando fui a buscarlos».
Al día siguiente empezaba el curso escolar y Daniel y Mercedes tenían que preparar la cartera. La madre siguió en la casa de la Rosa sin preocuparse de esas tareas. Es más, el lunes Martín volvió a buscarla y el padre de la pequeña Rosa Rodríguez Gonzálvez ni siquiera le franqueó la puerta. «Me dijo que me marchara, que allí yo no tenía nada que hacer. Él podía haber evitado la tragedia, pero le tenían como de recadero».
Martín Toledo no comprende lo ocurrido. Cuando cumplía el Servicio Militar en Valladolid, conoció a María Angeles, con la que se casó al año siguiente. Al tener asegurado su trabajo en Almansa, el matrimonio decidió establecerse en el pueblo, donde él trabaja de marmolista y ella se ocupaba de las tareas de la casa.
«A mi mujer la inició Rosa Gonzálvez Fito en la cosa de la curandería hace cuatro meses. Yo le decía: “No me gusta Rosa, no me gusta Rosa”. Llevo casado con ella siete años y en los últimos cuatro días me temía que algo estaban preparando».
A pesar de no estar de acuerdo con las frecuentes visitas a casa de la curandera, pensó que María Angeles se limitaba a aprender prácticas de curanderismo. «Se ve que tenían todo preparado y que tenía que llegar el día del sacrificio. Porque no se puede llamar de otra forma lo que han hecho: ha sido un sacrificio brutal.»
Ahora se explica Martín la obsesión de su cuñada Mercedes -otra de las implicadas en el asesinato- por trasladar su residencia a Almansa. «Mi mujer y Mercedes hablaban con frecuencia por teléfono y el jueves por la tarde se presentó en casa. Ella tiene 26 años y a mí me tenia por su cuñado favorito. El domingo previo al suceso me dijo que quería tomarse conmigo unas cervezas y me sorprendió con que yo y María Angeles estábamos enfrentados y que estaríamos mejor separados».
Cuando piensa lo que les podía haber pasado a sus hijos, Martín se emociona, le tiembla la voz y se pregunta a sí mismo: «¿Cómo voy a poder perdonarla?» Sin embargo, quiere ayudarla, ingresarla en un psiquiátrico y que el juez le diga cuanto antes lo que realmente pasó entre esas cuatro paredes ahora ensangrentadas de la casa de Rosa Gonzálvez Fito.
«Después de la detención -recuerda- vi a mi mujer en los juzgados. Yo estaba sentado en los bancos del pasillo y ella dentro. No hacía más que mirarme y decirme: “Martín, por favor, perdóname”. Estaba muy emocionada para lo que es ella. Siempre nos hemos llevado bien, por mucho que Rosa, la curandera, le metiera en la cabeza que chocábamos».
Sin embargo, la reflexión que hace inmediatamente es clara y rotunda: «Para que les hubiera pasado algo a mis hijos, mejor que le haya pasado a ella. Por supuesto. Ahora ya sólo tengo dos hijos y un puesto de trabajo».

Tras finalizar por parte del secretario la lectura del auto de procesamiento de las inculpadas, comenzaron los interrogatorios. Con especial interés se esperaban las declaraciones de Rosa Gonzálvez, madre de la niña.
Al iniciarse el turno de interrogatorios, y tras ser informada por parte del presidente del derecho que le asistía a no declarar, sorpresivamente, Rosa Gonzálvez anunció con voz tenue que efectivamente no deseaba hacerlo.
La explicación del silencio de Rosa fue dada posteriormente por su defensor, Domínguez Plata, quien alegó que «Rosa no ha declarado debido a que en estos momentos no tiene conciencia ni recuerda los hechos». Añadió que «lo más importante no es que no haya declarado, sino recuperarla lo antes posible para la sociedad».

María Mercedes negó que hubiera sujetado a la niña, y aseguró que se dio cuenta que que estaba muerta cuando entró la policía.
El testimonio de María Angeles y María Mercedes Rodríguez Espinilla fue tan diferente como el día de la noche. El «no recuerdo, no recuerdo» de María Angeles, contrastó con la exactitud y crudeza con que, su hermana, María Mercedes, describió alguno de los momentos que se vivieron.
Las declaraciones de las dos hermanas, María Angeles y María Mercedes fueron tan diferentes como la disposición mostrada por ambas procesadas durante el transcurso de la vista. Mientras María Angeles vestía un luto riguroso, portaba gafas oscuras, el cabello encima de los ojos y mantenía una postura de gran abatimiento, a la vez que declaraba «no recuerdo, no recuerdo…», su hermana, María Mercedes, vestía con alegría (blusa color lila y pañuelo rojo al cuello), prestó gran atención a todo el desarrollo de la vista (asentía o negaba con la cabeza cuando se hablaba de ella), mascaba chicle y prestó declaración con un gran aplomo y dando detalles concretos de diversas situaciones; incluso en uno de los recesos de la vista, María Mercedes departió con los medios de comunicación.


Tras la negativa de Rosa a declarar. el presidente del Tribunal invitó a manifestarse a María Angeles. Después de la negativa a declarar de la madre de la niña (que causó gran sorpresa), María Angeles asentía y aseguró a la pregunta que le realizó el Presidente de si estaba dispuesta a declarar que «en lo que pueda, sí».
María Angeles comenzó su declaración reconociendo que vivía en Almansa, que tenía dos niños y que conocía a Rosa desde hace tres o cuatro años. Asimismo manifestó que «Rosa pone la mano, más que nada para aliviar a la gente…». Afirmó con rotundidad que Rosa no cobraba por ello, que aceptaba obsequios, y que éstos consistían en pequeños detalles, «cualquier detalle», dijo.



Referente a diversos momentos que ella describe en las declaraciones efectuadas en el sumario, manifestó que no recordaba que Rosa estuviese poseída por los ángeles malos. El fiscal le leyó en su integridad su anterior declaración, reconoció fácilmente su firma, pero aseguró que no recordaba nada de lo declarado; no recuerda a qué se dedicaba Enrique «el de Villena»; no sabe quién es «Serguei»: no sabe a qué iban a Villena; no recuerda absolutamente nada de la excursión realizada a las Lagunas de Ruidera; no recuerda lo sucedido el domingo día 16, ni lo acontecido el lunes 17, no recuerda nada de nada.

Lo dice Diana Aller