martes, 8 de mayo de 2018

HOY ESTOY MUY MARÍA LUISA DE ORLEANS

Hay días que me levanto con ilusión y luego a medida que enfrento marrones vitales, me hundo, me achico y me vengo abajo.
Pero al llegar la tarde, cuando ya me he quitado de en medio el trabajo que parecía inabarcable, las tensiones innecesarias y los recados vacíos y cotidianos, resurjo. Entonces tengo un ratito para mí, para reír con las ocurrencias de mis hijos, leer o cortarme las uñas de los pies, que es una cosa muy edificante también.
Definitivamente, hay días que son muy María Luisa de Orleans.

A mí los parentescos me importan poco; tanto menos los históricos y los monárquicos, pero si a ustedes les hace ilusión situarse, sepan que María Luisa de Orleans era hija de Felipe I, Duque de Orleans y su primera esposa la princesa inglesa Enriqueta Ana de Inglaterra, hermana menor del rey Carlos II, hijo a su vez de una princesa francesa. 

Todas las edades son malas para quedarse sin madre, pero a esta pobre le pasó a los 8 años. Al vivir en la corte francesa y tener muy buen carácter, la cosa fue menos traumática de lo que cabría esperar. De hecho, fue una niña mimada (en el buen sentido de “mimada”; aunque ahora que lo pienso ¿tiene algo de negativo el verbo “mimar”?) y hasta su madrastra, la segunda mujer de Felipe I, Isabel Carlota del Palatinado adoraba a María Luisa. (¿Cómo es eso de apellidarse “del Palatinado”? Yo quiero ser Diana Aller  del Palatinado).
Debía ser la típica niña adorable, ya que era la nieta predilecta de sus 2 abuelas, las reinas Ana de Austria (reina de Francia que le dejó casi toda su herencia) y Enriqueta María, reina de Inglaterra.
Como cabía esperar, su matrimonio sería concertado por meras cuestiones políticas: Su padre y su tío Luis XIV le anunciaron que había sido elegida para contraer matrimonio con el joven rey de España Carlos II (para terminar de sellar la paz entre Francia y España que estaban como el perro y el gato, hechas un basilisco, que se subían por las paredes, que trinaban, que fumaban en pipa).
Antes de continuar con la historia de María Luisa, he de adelantarles, para quien no lo sepa, que Carlos II era apodado “El hechizado” por la cantidad de minusvalías psíquicas y físicas que acumulaba. Dada la superchería de la época y el poco interés histórico en enderezar creencias primitivas, ha prevalecido este concepto de hechizo, haciendo de la consanguineidad un tema de mera brujería.
Pero no, es lo mismo que les ocurre a los Borbones: la sangre azul al mezclarse consigo misma produce en generaciones aleatorias, desdichadas consecuencias que, pese a estar a la vista de todos, se tamizan y disimulan de cara a los inocentes súbditos.
El caso es que, si bien era deforme y retrasado, Carlos II no era ni ha sido el peor de los monarcas españoles. Les invito a que lean este texto tan interesante que desdramatiza sus dolencias y cuestiona la dejadez con la que se ha juzgado siempre el final de la dinastía de los Austrias.
A Carlos II, que con 18 años llevaba 4 reinando (tal y como dejó dispuesto su padre) le mostraron un retrato de su futura esposa y quedó prendado de su belleza.
Puede que María Luisa a las pupilas del siglo XXI no parezca muy atractiva, pero en aquella época no estaba mal, sobre todo comparándola con su prometido.
Imaginen a la pobre María Luisa al encontrarse con su marido, 4 meses mayor que ella, con esa cara de gazpacho real, fruto de la despiadada endogamia.
Tengan en cuenta que el susodicho con 9 años todavía no sabía leer ni escribir; y hagan el favor de pensar también cómo era la corte española, oscurantista, llena de trifulcas, intereses y tejemanejes, con el clero y la nobleza metiendo la zarpa en todo, el pueblo pasando hambre y el territorio español menguando vergonzosamente cada día.
La alegre María Luisa, acostumbrada a la corte parisina con su fondo de armario, sus conciertos y bailes, sus damas de compañía con las que zascandilear y sus inocentes tonteos con los zagales, se tuvo que venir muy abajo al verse el percal.
Se casaron el día de mi cumpleaños, en 1679 en Quintanapalla, un pueblo de Burgos, que era el equivalente a casarse en Formentera hoy: algo como cool. Y de ahí a palacio, de donde apenas podría salir.


Le pusieron una especie de funcionaria de prisiones para que no la dejara sola en ningún momento, la duquesa de Terranova, que como buena castellana, velaba por el decoro y la austeridad frente al descocado afrancesamiento de la muchacha. La función de esta “camarera mayor” que es como se llamaba la profesión, era la de recriminar con malas caras y peores modos a la joven reina por sus vestidos provocativos o por querer montar a caballo.
Desde recién nacido, se sospechaba la incapacidad del rey para reproducirse (las crónicas de la época lo describen como un ser monstruoso y enfermizo) pero era absolutamente necesario que la saga real continuara para favorecer un gobierno fuerte del reino de España.
Yo, que a veces vivo como si tuviera poca faena o como si fuera a vivir 207 años de vida por delante, me he dedicado estos últimos días a leer sin parar sobre María Luisa de Orleans y Carlos II y en algunos sitios se llega a decir que jamás hubo cópula entre ambos porque aparte de tener un indescriptible amasijo de carne inoperante en lugar de genitales, el monarca era eyaculador muy precoz. Muy precoz en el sentido de saludarle “holaquetal” y ya.
Ante ese percal, la pobre María Luisa debía vivir un infierno, como correspondía a las reinas de la época (las de ahora seguro que también, por mucho que nos vendan una libertad feminista chachi piruli). Encima, el rígido protocolo español tan distinto al francés, debía desesperarla. 
Como la pareja real no lograba concebir, en la corte y en el pueblo llano le echaban la culpa a la pobre muchacha, que tampoco tenía manera de embarazarse de otro modo, ya que la pesada de la duquesa de Terranova no le dejaba hacer nada. Ni acompañar a su marido a pasear, a cacerías u otros actos, ni vestir con colores, tal y como estaba penado en la corte española.

Como no había Spotify ni Sálvame, la gente hacía cancioncillas con los chismorreos palaciegos para pasar el rato, que era muy duro ser español en aquella época. Y una de las jocosas letras decía: “Parid, bella flor de lis, en aflicción tan extraña, si parís, parís a España, si no parís, a París”.



Cuentan que la muchacha se había llevado hasta palacio un par de loros con los que parloteaba en francés y les hacía repetir aquello que ella decía.
Y la duquesa de Terranova, como era una petarda, no pasaba ni una de María Luisa. Así que, como toda esa gente ruin de ego débil, tendía a pensar que el mundo estaba contra ella. Por eso, creía que cuando los loros hablaban, la estaban insultando en francés. Decidió entonces asesinarlos.
María Luisa, con muy buen criterio, se dirigió hacia la duquesa de Terranova y saltándose con arte el protocolo, le dio dos sonoras bofetadas en presencia de otros miembros de la corte.
Tras enterarse de lo sucedido, Carlos II mandó llamar a su joven esposa, a la que comenzó a recriminar su acto, con lo que la reina (consciente de lo ansioso que estaba su esposo por engendrar un heredero al trono) le contestó hábilmente: “Ay, fue un antojo”.
Y claro, al rey se le pasó el cabreo al momento ante la ilusión de tener un heredero. Por supuesto era mentira, pero ella utilizó esta falsa alarma porque debían ser una constante, ya que ha trascendido que sus ciclos eran irregulares. ¡Qué angustia tener a todo un país pendiente de cuando te baja la regla! (Y aquí me surge una consulta que hacer a las damiselas: ¿No pasan ustedes temporadas olvidadizas con respecto a sus ciclos que cuando llega, llega, y épocas en las que apuntan cuando les va a venir con precisión nanométrica? #quierosaber)

La verdad es que María Luisa se lo curró.

Cualquiera en su situación se habría hundido mucho más. Pero ¿saben que hizo ella? Algo que me gusta mucho y admiro de prácticamente todas las mujeres: Remar a favor. 
Se debió ver encerrada, sola y sin apoyos. En un país supersticioso y cateto, en una corte llena de intrigas y con un marido retrasado… Y decidió querer a su marido, comprender España, hacerse amigui de la reina (algo que consiguió pasando de la política y siendo maja con Carlos II) e intentar por todos los medios preñarse. 

Su marido la adoraba, y ella a él. Y el pueblo la empezó a valorar también. Aunque siempre arrastró cierto recelo, como Letizia, y no llegó a ser querida ni percibida como "campechana" tal y como les gusta a los españoles. 


Fue sometida a varios y muy cuestionables tratamientos para intentar curarla de su supuesta infertilidad, que evidentemente no daban resultados. España, con un notable retraso científico, seguía practicando ritos bárbaros para solucionar problemas comunes. Al propio monarca se le practicaron incluso exorcismos. (Lean, lean, que no tiene desperdicio) 
A la reina le daban pócimas extrañas para aumentar su fertilidad, que solo consiguieron provocarle una enfermedad intestinal. A ella le dio por comer por pura ansiedad. Su marido era adicto al chocolate. Andaban ambos desquiciados por la presión de tener que dar un heredero a la corona. Y nada, no había manera.

Poco antes de cumplir los 27 años, María Luisa salió una mañana a montar a caballo y volvió encontrándose dolorida y débil. Tuvo que meterse en la cama y el dolor de estómago fue a más. Sintiendo la proximidad de la muerte (que yo me pregunto ¿No tiene que ser horrible ese sentimiento?) quiso despedirse de su esposo diciéndole: “Muchas mujeres podrá tener Vuestra Majestad; pero ninguna que le quiera más que yo”. Entre terribles dolores de estómago, María Luisa de Orleans, falleció la noche del 12 de febrero de 1689. Al parecer su esposo Carlos II que estaba a su lado angustiado, dio tal alarido de dolor, que incluso fuera de palacio escucharon su lamento.

El fallecimiento de María Luisa (hay teorías que apuntan al envenenamiento y otras a una vulgar apendicitis) sumió a su viudo Carlos II en una profunda depresión.
Por si les interesa el fin de los Austrias, sepan que al mes de la muerte de María Luisa, se anunció el compromiso del rey con Mariana de Neoburgo (También me gustaría ser Diana Aller del Neoburgo, las cosas como son).

De hecho, le ofertaron dos candidatas con buenas credenciales de fertilidad: Ana María Luisa de Médici y la susodicha princesa Mariana de Neoburgo: Le mostraron al rey los retratos de ambas para que eligiera, como quien elige un electrodoméstico con unas u otras prestaciones y el rey al contemplarlos, dijo: “La de Toscana es guapa y la de Neoburgo no se puede decir que sea fea”. Entonces, giró su mirada hacia un retrato de la difunta María Luisa y, tras suspirar, exclamó: ¡Ésta sí que era hermosa!.

Sin embargo, como probablemente saben o se imaginan, no hubo manera de darle al trono español la tan esquiva descendencia de los Austrias, lo que propició, a la muerte del retrasado rey, la entrada en el trono español de los Borbones, de parecidos altibajos intelectuales y genéticos.

La autopsia del rey ha pasado a la historia como un despropósito difícilmente compatible con la realidad y con la vida, pero es algo muy ameno de leer.

Por eso digo que a veces tengo un día muy María Luisa de Orleans: Que me levanto feliz, después todo parecen conflictos absurdos por enfrentar y finalmente se resuelven sin mayor pesadumbre. 

Hay que disfrutar y sacarle el jugo a la vida, no nos dé un dolor de tripa y nos joda la existencia.

Lo dice Diana Aller

4 comentarios :

Paquita Salas dijo...

Me encantan este tipo de entradas, te imagino enfrascada en lecturas y búsquedas, leyendo con cara de satisfacción... Pues si, yo he apuntado mis reglas en calendarios de rigor, cuando el mundo gatitos estaba en los calendarios pequeños, e incluso rodeaba con un círculo los días que tenía sexo y escribía al lado la inicial del muchacho, para hacer cuentas... Tengo calendarios muy animados. En cuanto entré en la monogamia, lo he hecho con menor intensidad, con menor precisión y ahora, pues a veces hasta se me olvida.

Salamandra dijo...

GRACIAS, con Diana Aller te ríes y aprendes, PLAS PLAS PLAS, en pie y aplaudiendo estoy.

Más entradas como estas por Dios!!! que sé que te deben llevar trabajo, pero nena, qué ratitos más buenos nos regalas. GRACIAS.

Rodrigo Díaz Castilla dijo...

Has hecho que la Historia me parezca interesante, deberías escribir un libro!

Speedygirl dijo...

jajajaja, que bien contado!!