viernes, 14 de septiembre de 2018

EL AMOR EN OCCIDENTE


¡Qué vacío se siente a veces desde la plenitud!
Cuántos horrores guardamos las personas fuertes.

...Cuántas cosas mal aprendidas nos empujan a la dependencia, al miedo, a la autocompasión más rastrera. Qué horrible la soledad cuando tenemos que decir que es elegida.
Pero luchamos y nos construimos fuertes. Hacemos doscientostreintaitrés cursos de primeros auxilios para prodigarnos autocuidados, protegernos de golpes y heridas. Nos prometemos no volver a caer. 


 Ya sé cómo se pervierte todo después. Sé que la atracción es un anzuelo biológico que hay que controlar para que no vaya a más. Lo sé de sobra. Sé que dar un paso más supone renuncia. Sé también que las relaciones igualitarias no existen. A lo sumo un equilibrio entre partes grandes y pequeñas de dos personas diferentes. Es una utopía preciosa responsabilizarse y comprometerse y a la vez vivir y darse libertad. Es el gran reto imposible por el que luchan civilizaciones históricas y mamíferos de gran formato. Sé que una mujer fuerte es deseada pero no querida y que a muchos tíos les incomoda triunfo, el dinero o el tono altísimo de voz de de las amazonas y luchadoras. Sé que siempre elegirán a una chica sin estridencias, metida hacia dentro y que quede bien en una mesa de navidad. Claro, que también sé que esos mismos tíos se acuestan con mis amigas o sueñan con hacerlo: Con alcohólicas divertidísimas dueñas de su destino, que en lugar de protegerlo en preciosas cajitas de nácar, lo tiran por la ventana un domingo de resaca siciliana. Sé lo que pasa después de discutir: que viene una reconciliación y con ella se refuerza la necesidad y también los roles del esotérico dibujo del amor. Y una y otra discusión perforan a cada pareja, convirtiéndola en dos personajes de ficción que a su vez interpretan un papel cada vez más alejado de lo que les unió hace 8 meses, 3 años, 12 segundos, 4 días y una hora. Sé, porque lo he aprendido, que al principio todo es enigma y nuestro cerebro rellena las incógnitas de ilusión. Entonces las expectativas nos rocían de endorfinas locas ¡Oh, joder.... Joder qué sensación tan soberbia! Es droga el amor. Lo sé. Lo sé de sobra. Droga colombiana y clara. Euforia adictiva. Sé lo que va después. Sé muy bien que tras la primera y el verano, vienen el otoño y el invierno. Y peor, que siempre va a suceder así. ¿A qué intentar salirse de ese pentagrama lineal? Sé que cualquier formato nuevo, no encaja en esta televisión. Sé igualmente que el esquema narrativo tiene que ser presentación, nudo y desenlace y subvertir ese orden diabólico siempre va a estar penado, no hay economía que pueda pagar esos impuestos. 



Qué mierda el amor, cuando es amor. Cuando no hay aniversarios ni suegros, ni enfados ni esperanza. Cuando no hay un otro esperando para cenar, correspondiendo afectos o diciendo por WhatsApp "Buenas noches, me encantas. Hasta mañana. Pienso en ti". 
Qué bien me sé la teoría y cuántas mentiras habré memorizado ya. 

Y luego veo parejas que se abrazan, se besan y se quieren de verdad. Y me pregunto por qué yo no puedo llegar ahí. Qué me falta, qué me sobra, qué debo estudiar y en qué facultad puedo matricularme. Por qué no encajo en nadie. 
Si hay que organizarse a pares por un mandato que desconozco ¿He de quedarme descolgada sólo por no comprenderlo? 
Veo un beso y pienso "Quiero que me besen así a mí". Pero cuando beso a alguien, yo no beso así. Se evaporan como espectros mis amantes. Como si pertenecieran a otro mundo, que es muy visible pero a mí me está vetado. Soy presa de mil maldiciones ancestrales que hoy se llamarían psicoanálisis.


Maldita imposibilidad. Qué feliz soy y qué fuera estoy de esa cartografía occidental del amor. Qué gusto mis desgracias de pija aburrida. Qué bien lamentarme por no encontrar lo que no buscaba. O por perder lo que encontré sin querer.

Y qué reluciente y puro es el amor. Qué bonito, que indómito. Qué cercano parece. Me cago en todo, joder.

Lo dice Diana Aller

jueves, 13 de septiembre de 2018

¿QUIEREN CONOCER GENTE GUAY? AQUÍ ANA MAGAB


Me encanta bucear en biografías ajenas (uy, qué feo esto de “bucear”, es como de periodista con laca en el pelo, como de chico de pueblo recién salido de la facultad). Me encanta, decía, descubrir biografías. De gente conocida y desconocida. Al final todos tienen algo que contar. Siempre. Cada vida guarda curvas cerradas donde parece que nos podemos matar. Qué emocionante la vida. Y qué chula la de los demás.


Antes de verano empecé a entrevistar a Ana Magab, justo antes de que cumpliera los 29 años. 
No sale por televisión. No tiene nada publicado más allá de sus redes sociales. Sin embargo, toda ella es tan fascinante como el color iridiscente de sus ojos al mirar el futuro.
A lo largo de junio, julio y agosto me ha ido contando su experiencia y su vida por whatsapp. Este es el resultado:

¿Quién eres tú?
Soy Ana, licenciada en Publicidad y RRPP, pero aprobé los exámenes para jefa de sector en Metro y aquí estoy. Tuve a mi primer hijo con 18 años y eso me cambió totalmente la vida.

Eres madrileña ¿verdad?
Soy de Madrid de toda la vida, sí, tanto que he salido de aquí en muy pocas ocasiones. Últimamente me planteo hacer por lo menos un viaje al año fuera de España, con mis tres, para abrirnos mundo y darles(me) una visión más amplia de la sociedad y la cultura. Pero de momento con llegar a fin de mes nos vale.
Además nací en el barrio en el que vivo ahora, cuando me independicé me fui, no tenía ningún amor por este barrio y su gente, pero al separarme tuve que volver porque me resultaba imposible pensar en otra opción teniendo una bebé que no llegaba a los 3 meses, y nos instalamos con mi madre, mi padre y mi hermana. Dije que era algo temporal y hasta ahora, que han pasado cuatro años, no he tenido opciones de ReIndependizarme (si existe esa palabra). De hecho guardo una caja sin abrir de mi anterior salón. 
Cosas de la vida, he redescubierto mi barrio y ahora me gusta estar aquí

Yo la primera imagen que tengo de ti, es estar sentada en La Mala Mujer con una niña en brazos…
Nos conocimos por ZAS, pero físicamente la primera vez fue ese día en La Mala Mujer. Me acuerdo que fui con Luna que tendría un año y algo, y no paraba de dar vueltas por todas partes. De repente me di cuenta de que tenía el pañal sucio, por ser fina, un pañal de tela además, y yo me había dejado en casa pañales y toallitas. Todavía no os conocía mucho y me dio apuro, así que me fui tan rápido que dejé a deber una...voy a decir coca cola... a alguien, creo que la pagó Karolina. Y así va mi trayectoria en ZAS, que estoy cuando puedo y fugaz.


Te me has adelantado mucho. Porque te iba a preguntar ahora como fue tu infancia, si tuviste cierta "intuición feminista" o si te interesaban esos temas...
Ahora en el trabajo lo tengo más fácil, mientras no pase nada... así me enrollo yo sola 😂 Siempre he dicho que voy a escribir un libro así que no me cuesta contar jajaja…
 Mi infancia fue muy tranquila, familia tradicional donde jamás vi un mal gesto de mi padre a mi madre o viceversa. Soy la mediana de tres hermanas y es verdad que me he sentido la diferente y la que no encaja, pero lo llevaba bien, simplemente creo que es que siempre me he cuestionado todo y luego creía fielmente en "mi verdad". Lo que para mí era obvio, para otra persona no, y me costaba entenderlo. El feminismo ni me lo planteaba, de pequeña me encantaba inventar historias raras con muñecas y construir con Lego. Yo era el príncipe en lugar de la princesa y nadie lo veía raro. Me gustaba ir corriendo a todas partes y lo máximo que recibía era un grito de mi hermana porque por poco cruzo sin mirar y venía un coche. No sentía presión por tener que comportarme "como una niña". Y eso que iba a un colegio de monjas. O lo mismo es que me daba igual, o que hay cosas que interiorizas y ni te das cuenta. Esto último seguro, la sociedad es la que es. Recuerdo que tenía clarísimo que no iba a parir jamás, que eso dolía y yo como mucho quería adoptar, es más, recuerdo preguntar si una mujer sola, sin pareja, podía adoptar. Ya ves, igualito que lo que he hecho después.
Sin embargo, en la adolescencia empecé a ver las relaciones de poder, como ellos manejaban el cotarro y nosotras teníamos que sonreír y estar muy monas... me enamoré de uno de estos chulitos machitos y caí hasta el fondo. Pasé de haberme cuestionado siempre todo para hacer lo que me diera la gana y sentirme totalmente libre, a quedar como en letargo y despertar poco a poco al tener a mi segunda hija.

Y ahí es cuando tuviste a tu primer hijo ¿no?
A Alejando le tuve con 18 años. Había tenido otras cosas con chicos pero nada muy serio. De hecho, al que después sería el padre de mis hijas le conocí mucho antes y tuvimos algo. Lo que pasa es que yo, muy dada por aquel entonces a desaparecer de los sitios, dejé de saber de él. Luego nos reencontramos cuando Alejandro tenía casi un año y medio.
Para mi fue difícil aceptar que estaba embarazada, no dije la frase "estoy embarazada" en todo el embarazo, no era capaz. Mi vida hasta entonces consistía en estar por las calles de mi barrio todo el tiempo que no fuera dormir, ir a clase o trabajar. Por suerte he tenido facilidad con los estudios y fui aprobando, aprobé selectividad y empecé la licenciatura. Pero desde luego no fue por el esfuerzo de estudiar todas las tardes. Cuando me enteré del embarazo acababa de empezar primero de carrera, así que me dije a mi misma "si terminas este curso con todo aprobado, sigues (eran 5 años), si te queda alguna, te pones a trabajar que no estamos para perder el tiempo". Mi hijo nació en mayo, fui a los exámenes de junio con el niño y el padre esperándome fuera, y misteriosamente aprobé todo. Así que seguí.


Y ¿Cómo continuase con un hijo, una carrera y una pareja? Es decir... ¿Cómo te organizabas? ¿Y tu pareja?
¿Qué fue lo más difícil de esa época?
Para el siguiente curso cambié el turno en la universidad, en lugar de ir por la mañana iba por la tarde, y así cuidaba al niño por la mañana y mi madre por la tarde. Ahí perdí contacto con unas amigas que había hecho el primer curso, y perdí bastante de la vida universitaria. Decir también que si aprobé primero fue gracias a estas amigas y sus apuntes los días que yo no fui. Siempre estaré agradecida.
La relación (o lo que fuera que tuviese) con el padre del niño no era buena. Él no se encargaba el tiempo que yo no estaba, yo vivía con mi familia y como mucho venía a verle alguna vez. Recuerdo esa época bastante desagradable, hasta que llegó el día que tuve que decir "basta" y alejarme de él. El niño tenía 10 meses. Fue un proceso largo que acabó el día que decidí denunciar. No sirvió de nada más que para que se dieran cuenta tanto él como su familia de que su comportamiento tenía que parar. Y paró.
El día de la vista me preguntó el juez que si le había denunciado para que no se fuera el niño el fin de semana. Nos había amenazado de muerte a ambos.
Mi abogado me dijo que si yo lloraba todo el rato no me iban a creer. Luego pretenden que confíe en la justicia. Tuve suerte que paró y no acabamos en los periódicos.
Desde luego lo más difícil no fue ser madre ni compaginar bebé/carrera/trabajos esporádicos. Lo más difícil fue lidiar con mi ex. Gracias a mi familia me organizaba bastante bien, el niño estaba siempre con alguna de nosotras, y en época de exámenes estudiaba por las noches. Creo que de ahí ha salido mi hijo el que no duerme jaja


Entiendo que había motivo para la denuncia... Aunque no me queda muy claro cuál... Y tampoco entiendo muy bien lo de tu abogado
Motivos había muchos, el día que la puse, fue porque ya no podía más. Me acosaba y me amenazaba de constante. Ya durante la relación había sido horrible, pero no me apetece remover. El caso es que la justicia me dejó claro que lo que yo dijera no valía para nada, y que o vas con un parte médico de lesiones que sean obvias que ha sido él, o siempre será tu palabra contra la suya. No me sorprenden nada las sentencias que se oyen. Mi abogado era de oficio y no me sentí apoyada para nada, ni por él ni en comisaría. Fue un juicio rápido en el que desde el minuto uno sentí que si había algún culpable de algo ese día, era yo. Así que no pude parar de llorar. Tenía 19/20 años y estaba anulada como persona. Lo mismo me pilla ahora y es otra historia.
Ahí empecé a ser consciente de que la justicia no nos escucha y de que las leyes había que cambiarlas.


¿Tú le recomendarías a alguna chica en esa situación que denunciara?
Sí. No me creyeron, pero sirvió para que me dejara tranquila. Y él tenía 5 años más que yo, no era ningún crío para no saber lo que hacía. Realmente lo que recomendaría es denunciar cada vez que sea necesario y no esperar, como me pasó a mí, a no poder más. La justicia debería protegernos. Siempre el "va a cambiar" de fondo, nos hemos tragado con las películas y los cuentos que hay que aguantar, que el amor lo puede todo. Y no, la violencia no es justificable nunca, se lo digo mucho a mis peques, creo que cualquier momento es bueno para que lo asimilen, no hay que esperar a que crezcan.


Muy bien.
Es decir, qué mal que tú pasaras por ello y lo aprendieras así, pero al final saliste de ahí. Hay muchas que no pueden, y claro, no es su culpa como muchxs creen. 
Mucha gente piensa o dice "a mí no me pasaría", pero claro que nos pasa...
Vivimos en un sistema que nos adoctrina y premia a las mujeres "que aguantan". La heroína es la modisita, la que se deja hacer... Es horrible.
Oye, y cuando puedas, cuéntame cómo volviste con el otro, con el padre de tus niñas...
Volvimos a vernos por el antiguo Messenger, una noche estábamos ambos en línea y empezamos a hablar, volvimos a quedar y enseguida "éramos pareja". Fue muy rápido todo, ahora analizo la situación y sé que habría hecho las cosas de otra manera.


¿Y lo del segundo y tercer embarazo? ¿Trabajabas? ¿De qué? ¿Te apetecía tener más hijos? ... Y claro, imagino que tus amigos saldrían a lo loco mientras tú tenías un hijo pequeñito...
Después de Alejandro yo decía que no iba a tener más, o por lo menos no tan pronto, pero por circunstancias de la vida vino Noa. Su padre tenía claro que quería ser padre, pero de repente al poco de saber del embarazo decidió recoger sus cosas e irse de la casa donde vivíamos. Ahí tenía que haber terminado todo pero volvimos, y cuando la niña tenía un año, pensando en terminar la relación, descubro que estoy embarazada de nuevo... no me lo esperaba, ni había vuelto a tener la regla normal...
‌Intenté que funcionara porque a pesar de todo le quería (lo que no tenía era amor propio, porque en esa relación sufrí mucho, tenía el amor romántico metido en las venas) pero no funcionó y cuando la peque tenía casi tres meses me fui de esa casa y tuve que volver con mi familia porque estaba en paro.
‌Durante todo ese tiempo, desde mis 16 años, tuve un montón de trabajos. Fui promotora, tuve contratos largos como vendedora, fui acomodadora, una vez me llamaron para guardarropa...y también hice prácticas de lo mío. He llegado a tener varios trabajos a la vez, niño y universidad. Creo que me teletrasportaba.
‌Efectivamente al ser madre perdí contacto con mucha gente porque a esa edad la gente quiere salir a lo loco, y un niño en esos planes molesta. Me sentí muy sola, la verdad, encima tenía la autoestima por los suelos, pero con el tiempo fui conociendo gente nueva y la realidad es que me relaciono mejor con gente más mayor que yo, tengo más cosas en común.


¿Cómo fueron tus partos? Porque creo que a una niña la tuviste tú sola, ¿no?
Parir es una experiencia salvaje, y al menos a mí, me dio una dimensión nueva de la vida... La atención al parto en España está cambiando, pero todavía deja mucho que desear...
Ay sí, me encanta el tema partos.
Parir es una experiencia salvaje pero se ha convertido en una intervención médica. El parto de mi mayor fue en el hospital, es cierto que yo no había conectado nada con la idea del embarazo, pero fue como un mero trámite. Había pasado el día viendo a mi prima que acababa de parir, y cuando volví a mi barrio me quedé en un bar tomando algo antes de subir a casa. La bebida "se me fue para el otro lado" y en un ataque de tos empecé a notar que me salía líquido. Fui a casa y me tumbé, pero San Google decía que había que ir al hospital. Llegué sin notar contracciones, comprobaron que efectivamente estaba echando líquido, y me ingresaron.
Les dije "Yo no noto nada, lo mismo podría volver después", a lo que contestaron "ya lo notarás". Y ahí me quedé, en una sala de dilatación a la que no podía entrar nadie, pero a la que se colaba fugazmente mi madre a ratos para ver si necesitaba algo. En un momento dado vinieron a ponerme un enema, y fue lo que peor recuerdo de la noche. Te dicen que aguantes no sé cuanto tiempo a ir al baño, y tú estás con contracciones que haces por parar por si acaso, lo que hace que sean más dolorosas que si te dejas llevar, y aguantando los minutos estipulados, no vaya a ser. Luego te pasan a parir, ahí te puede acompañar alguien, y "lo que tocaba" era que entrara el padre, así que como él tenía que fumar mucho, era como estar sola. Me pusieron la epidural al punto de que me estaba quedando dormida, entró una chica y me dijo ¿qué haces aquí? ¿y sola?, "nada, que estoy de parto y mi pareja está fuera con su madre fumando". Se fue a avisar y al rato vino la matrona, creo que habían cambiado de turno. Ya entró el padre, la matrona dijo que estaba en completa y en medio empujón salió el niño volando, me lo lanzaron encima. Ahí estaba, desde el minuto uno con los ojos como platos observando el mundo.
Por suerte, no sufrí episiotomía, ni me hicieron la maniobra de Hamilton al llegar, ni la Kristeller, no sé si me pondrían oxitocina, en litotomía si estaba, claro. La matrona me dijo que si tenía otro fuera corriendo al hospital o lo tendría por el camino. Ya auguraba algo de mi último parto.
Al verle ya conecté con él y con la idea de ser madre. Seguramente las malas lenguas esperaban que repitiera una historia común de madre joven que encasqueta el bebé a la abuela, pero yo tuve claro que me tocaba centrarme en esa personita. Y ahí empecé a investigar y a leer sobre maternidad, partos, crianza....
Con la segunda me desperté ya con contracciones, sin fisura ni rotura de bolsa. Cabezona que es una, dije que iría al hospital cuando tuviera al niño en el cole. Y así fue, esperé a la hora que podía dejarle en desayunos, pasé personalmente por una panadería para que tuviera algo especial para el recreo, le dejé en desayuno y me fui al coche con mi ex que me llevó al hospital. Llegué sin dolores, iba leyendo un libro sobre lactancia, pero el hospital me parece un lugar tan hostil que ante la pregunta ¿te vas a poner epidural?, solo pude decir que sí.
Por suerte, otra vez, mi cuerpo es rápido y no da lugar a intervenciones de más. El problema es que, por las historias que conozco, lo mío es por suerte, y no porque el hospital nos deje parir. De hecho, habría sido posible que con la epidural se hubiera parado el proceso y ahí empezar la cascada de intervenciones.
Con todo esto, me planté en mi tercer embarazo y dije que por nada del mundo volvería a pisar un hospital para parir, si no era por complicaciones, claro está. Yo quería sentir lo que es parir, quería sentir las contracciones, al bebé descender, coronar, nacer... Las dos experiencias anteriores habían sido meros trámites, mi parte mamífera me pedía vivirlo, sentirlo. Además, no quería depender de mi suerte para evitar la violencia obstétrica. 
Eso sí, como el parto en casa no lo cubre la seguridad social, hicimos un sorteo para conseguir financiar parte.
Había imaginado un parto en la piscina de partos, una noche con una luna grande que se viera desde la cristalera de mi salón. Había contratado una matrona y una doula, y una fotógrafa de partos. Una noche, mi mediana decidió que por primera y única vez en su vida iba a dormir con mi mayor en su habitación (dormía y duerme conmigo), no tenía ni dos años y tomaba teta, pero aguantó toda la noche. Esa mañana me desperté pronto, fui al baño y descubrí que estaba echando el tapón mucoso, pero eso no quiere decir nada, puedes estar días expulsando. Se despertó mi hijo pronto también y me pidió el desayuno. Yo empecé a notar contracciones más fuertes que me hacían pararme un rato, fui anotando y eran irregulares. Desconecté el teléfono de casa y desperté a mi ex para decirle que creía que me iba a poner de parto en breve, que no quería avisar a nadie todavía y había desconectado el teléfono, y que necesitaba ducharme.
Mi ex ahí estuvo más acertado que yo y empezó a preparar la piscina de partos y llamó a la matrona y a la fotógrafa. Yo estaba en la ducha tan tranquila pensando que quedaría tiempo y de repente noté como el bebé descendía. Salí de la ducha y vino la niña a tomar teta, tomó un poco y se fue. Noté una contracción y me dejé llevar, estaba pariendo. Llamé a mi ex que dice que al entrar ya veía la cabeza de la niña, recuerdo decir "no toques que me desgarras". No puedo dejar de pensar ni pariendo. Un empujón más y ya estaba en mis brazos. Ahí descubrí su sexo y la pusimos nombre. Me tumbé en la cama y esperé a la matrona para expulsar la placenta, era lo único que me daba miedo, retener placenta y no enterarnos.


Con estas tres experiencias tan distintas, desde luego si pariera de nuevo, lo haría en casa. Me dio una fuerza brutal, conecté con mi naturaleza mamífera, me dio la sensación de que soy capaz, de que soy válida. Y eso lo extrapolé a mi vida diaria. Me despertó del todo del letargo en el que había estado.


¿Cómo fue el momento de regresar a casa de tus padres con 3 hijos pequeños?
Cuando decidí separarme definitivamente y volver a casa de mis padres, estaba en pleno puerperio y con tres peques a cuestas. Creé, por la noche, después de una discusión gorda con mi ex, un grupo de WhatsApp con mis padres para decirles que al día siguiente, después de la graduación de mi mayor, iba a irme allí a vivir. No les pregunté, pero es que no podía recibir un No, estaba viviendo un infierno y era mi única salida. También mandé un mensaje a dos personas para decir algo así como "me voy a separar, si en algún momento te digo que vamos a volver, no me dejes, por favor, recuérdame este mensaje". La gente fliparía porque pocas cosas conté y he contado de lo que viví, en su momento lo tapaba y después he preferido dejarlo atrás y no remover, me cuesta mucho pensar en ciertos momentos, me obligo sin querer a revivirlos y no quiero. Fue una decisión muy difícil de tomar, porque aunque en esa casa yo no era feliz, la idea de "familia", no repetir lo mismo que había vivido con mi mayor, saber que mi bebé se iba a tener que separar de mi demasiado pronto y estar con alguien que me había tratado mal y que no se había hecho cargo jamás de la crianza de ninguna, pensar en tener que cambiar a mi mayor de cole y de amigos, saber que no iba a encontrar trabajo fácil y que no podía coger muchas horas mientras tuviera una bebé tan pequeña, mis propios sentimientos hacia mi ex, que nunca entenderé que fueran tan fuertes cuando me ha tratado tan mal, mis hormonas revolucionadas... era un cóctel explosivo. No fui capaz de hacer una mudanza en condiciones y dejé allí muchísimas cosas. En mi mente era algo temporal, iba a encontrar un buen trabajo y me iba a mudar pronto. La realidad fue que si quería que viviéramos en unas condiciones decentes, no me quedaba otra que quedarme. No ha sido fácil, pero ha sido lo mejor para mí y mis tres.



Querría que me contaras cómo te has organizado hasta hoy, con los padres de las criaturas, con tus padres, tu trabajo...  Creo que el 90% de la gente no puede siquiera hacerse a la idea de la dificultad de estar sola, con hijos pequeños en una sociedad tan adultocéntrica, competitiva y misógina.
Y tú no solo estás educando genial a tus hijos, además cultivas cierta conciencia social (perteneces a ese grupo activista tan majo que es ZAS) y te has sacado unas oposiciones...
Yo cuando pasé los años más duros de crianza (con solo 2 niños y custodia compartida) dormía 4 horas al día... ¿Cómo lo haces tú?
La organización la he podido hacer gracias a mi familia. He intentado que también fuera con los padres de mis criaturas pero no ha sido posible. Uno porque trabaja todo el día y el otro porque cree que ocuparse en "mi tiempo" es hacerme un favor que no quiere hacerme. También tengo la suerte de contar con personas a las que puedo recurrir si no llego a la hora de recogida del cole, pero mucho más no se puede pedir teniendo tres. Es más fácil pedir un favor si tienes que dejar a uno, que si tienes que dejar a tres, así que, aunque sé que para situaciones puntuales tendría cobertura, me organizo para no tener que recurrir a nadie que no sea mi madre, mi padre o mis hermanas. Desde que la peque tenía 7 meses he estado trabajando con horarios nada conciliadores. Trabajaba de vendedora pocas horas, porque no conseguía que me subieran a más, y era una lucha decir que prefería librar un jueves y no un miércoles que es cuando pasan la tarde con su padre, o que la repartición de los domingos respetase uno sí, uno no, para no estar librando el que no estaban y trabajando el que estaban conmigo. Cuando fui consiguiendo eso de conciliar, aprobé los exámenes de mi actual trabajo y me despedí. Ahora aquí tengo horarios poco conciliadores pero tengo muchos días libres y puedo organizarlos para que todo encaje mejor. Si estoy de mañana es mi madre la que lleva a las niñas y mi hermana al niño, y si estoy de noche, yo me encargo de llevarlos y recogerlos y les dejo en casa con mi madre para que cenen y se acuesten. De tarde procuro no estar.
Lo que tienen los horarios es que de mañana entro a las 6, por lo que madrugo mucho, y de noche salgo a las 2 y me levanto a las 7.30 para ir a los coles. Así que un poco zombie (mombie leí una vez por ahí) paso las semanas.
Por lo demás, yo soy bastante caótica, así que no me molesta el desorden o las cosas a medio hacer. Voy haciendo todo a mi ritmo, reconozco que pasamos muy poco tiempo en casa como para tenerlo todo al día. 


Ana, cuéntame cómo estás ahora, qué piensas del feminismo, la maternidad, las dificultades que crees que nos impiden medrar o tener vidas más plenas. Y si te apetece tener pareja, (jajaja)
Ahora estoy en una etapa muy buena. Mucho más relajada con todo, tomándome la vida con mucho más humor, y sin sentirme culpable de lo que no está en mi mano cambiar. Intento ser un poco menos intensa (jaja) y hacer eso de fluir que tanto dice mi madre, aunque mi cabeza me lo pone muy complicado, no soy capaz de no pensar todas las opciones. El feminismo es necesario, dicen que es que está de moda llamarse feminista, pues fenomenal. Todo lo que haga que se empiecen a cuestionar cosas y que deje el conformismo a un lado, es positivo, de ahí se empieza a luchar por nuestros derechos, cada cual dentro de sus posibilidades y su nivel de compromiso. A mi me cuesta mucho acudir a ciertos actos porque suelo tener a mis tres, pero siempre que puedo intento salir a la calle y no quedarme en labor de difusión. No llego, pero sé que en cuanto crezcan lo voy a tener más fácil. ZAS es un grupo maravilloso donde aprendo un montón y donde me siento libre para expresarme, somos muy distintas, pero hay muy buen rollo siempre. 
Sobre la maternidad hay una lucha constante entre parto en casa/parto en hospital, teta/biberón, colechar/no colechar, porteo/carrito, cojo excedencia/me incorporo a los (míseros) 4 meses de la baja, premios y castigos/límites... prácticamente todo es un enfrentamiento, y no entiendo el motivo. Quitando a quienes dan azotes como si fueran educativos, porque pegar es pegar, tenga la persona 1 año o 30, o cualquier tipo de maltrato, el resto es decisión de cada familia y desde fuera no tenemos derecho a intervenir si no nos lo piden, nos parezca mejor o peor. Además, no todo es blanco o negro. Hay mucha evidencia científica, quien quiera puede leer sobre lo que quiera hacer y decidir con criterio, también se puede hacer lo que te salga de dentro sin necesitar un manual de instrucciones, aunque nuestras opciones tendrán sesgos, seguro, porque vivimos en sociedad y todo se aprende, para bien o para mal. Es un tema sobre el que he leído mucho, he compartido mucho, he vivido mucho... y lo que saco en claro es que lo primero para cuidar es cuidarnos a nosotras mismas, que no se puede seguir ningún método a rajatabla y que se necesita tribu, un grupito de personas en el mismo momento vital que tú con quienes compartir experiencias, con quienes desahogarte y reírte a la vez, en quienes apoyarte. 
Querer centrarse en la maternidad está muy mal visto, nos quieren sumisas y produciendo. No quieren que disfrutemos de nuestros embarazos y nuestros partos. Quieren controlar todos nuestros procesos y que después nos incorporemos cuanto antes al trabajo. No se valora el trabajo de maternar. Ya lo sabes, es más cansado que una jornada laboral normal, pero merece la pena dedicarse a quienes van a ser las personas adultas en el futuro, por algo se empieza cambiando la sociedad, y yo espero dejar tres seres humanos un poquito mejor y más comprometidos.
Respecto a tener pareja... ni busco ni estoy cerrada. Simplemente creo que no es el momento y no me preocupa.


Y qué harías si fueras presidenta de España (una labor que creo que bordarías, por cierto)
Si fuera presidenta de España, lo primero que haría sería dar facilidades para que ninguna mujer con algún hijo o hija, tenga que verse en la tesitura de "Si me separo de quien me está amargado la vida me quedo en la calle". ¿Cuántas relaciones con maltrato continúan porque en nuestra labor, nada reconocida, de maternar, nos quedamos sin ingresos y no tenemos dónde ir? Facilidades para esas mujeres ya. Recuerdo que me dijeron que mientras no me separara y siguiera conviviendo, contaban con él y no podían ayudarme en nada. Lo mismo tenía que haberme empadronado debajo de un puente para poder después salir adelante. Por suerte yo tengo familia, otras tienen dinero... ¿quiénes salen más perjudicadas? Quienes menos interesa para conseguir votos. 
Haría la justicia más humana, no sé cúal es la solución, habrá quien diga que eso es volver al medievo, pero si solo se interpretan las leyes tal cual, perdemos muchos matices que realmente lo que hacen es hacer que la justicia no sea justa. Acabamos de ver el caso de Juana, que a parte de ser un toque de atención para que las mujeres dejemos de salirnos del tiesto, deja claro que la justicia, en teoría, bien aplicada, puede tener penas más duras para quien protege que para quien maltrata. 
Urgente también que se cambie la ley para que quien maltrata a una madre, pierda todo el derecho sobre sus criaturas. En esta sociedad tan adultocéntrica no se mira por el bienestar de los menores. Está por encima el derecho del adulto a ser padre. El daño psicológico (y a veces físico) que sufren esos menores es irreparable. 
Cambiaría la educación para que fuese más fácil adaptarse a cada niño y a cada niña, uniría grupos de edades, eliminaría libros, se enseñaría a pensar, a razonar, a investigar, a cuestionarse todo. 
Ampliaría la baja por maternidad y bonificaría a las empresas que ayuden a conciliar, especialmente a familias monoparentales o monomarentales y, en familias separadas, al progenitor custodio. 
También crearía el permiso por enfermedad de hijo o hija. 



Ana, mil gracias. Todo el mundo debería conocerte, leerte, saber de ti.
Me has hecho pensar un montón de cosas que no me había hecho pensar antes nadie, ni yo misma. Creo que España necesita mucho cambio en política social. La prioridad tenemos que ser los y las ciudadanas, y en concreto quienes están en situaciones más vulnerables.

¿No creen que Ana Magab debería montar un partido político y ganar la presidencia? Gobernaría un país como nadie.
Espero que ustedes la hayan podido admirar como la admiro yo. Y también la quiero un montón, por supuesto.

Lo dice Diana Aller


martes, 4 de septiembre de 2018

JULIA PASTRANA Y LA INDIGNIDAD

Los humanos nos creemos sofisticados, ocurrentes y siempre respaldamos con la lógica y la ciencia nuestras decisiones.
…O eso creemos.

Desgraciadamente, somos productos de nuestro tiempo y vivimos presos de las ideologías imperantes (esas contra las que creemos que nos rebelamos, pero en realidad no).
La lógica de antaño a la luz de hoy es una atrocidad tras otra en nombre del progreso (y mucho me temo que así seguirá sucediendo por los siglos de los siglos, ¿amén?).
La historia de Julia Pastrana ilustra perfectamente la sinrazón humana que se ceba en la injusticia. Y no hace ni 200 años de su nacimiento.
Fue en 1834, aunque se desconocen los pormenores. Se cree que Pastrana nació en una localidad mísera y olvidada de Sinaloa (México) llamada Santiago de Ocoroni. Hasta los 4 años vivió en una cueva y no se sabe mucho sobre su infancia y juventud. La primera aparición en público de la que se tiene constancia fue en 1854, cuando la llevaron y exhibieron en la Gothic hall en Broadway. Pero vayamos con oden,por favor.
Imaginen por un momento qué duro debe resultar ser mostrada como un animal exótico y enjaulado, cuán humillante debe ser que el nombre con el que se anuncie sea “La mujer oso”. Y qué difícil vivir teniendo un propietario (Nos parece algo de tiempos remotos, pero hay demasiada gente propiedad de otra gente HOY).
Existe una enfermedad hereditaria, con el sonoro nombre de hipertricosis lanuginosa que se caracteriza por una cantidad excesiva de pelo en la piel de la cara, del cuello, tronco y extremidades. Es una enfermedad poco habitual, de la que apenas se han documentado unos 50 casos en todo el mundo desde la Edad Media. Puede estar asociada a otros problemas médicos como glositis ardiente, hipertrofia papilar de la lengua, diarrea, disgeusia, y también linfoma o cáncer en el sistema gastrointestinal, tracto urinario, pulmón, mama, útero u ovario. Es decir, una faena de enfermedad que además de acarrear problemas, otorga un aspecto extremadamente velludo y anómalo.


Por eso, en cuanto el citado señor M. Rates, administrador de la Aduana del puerto de Mazatlán, vio trabajando a Julia Pastrana como criada del gobernador de Sinaloa, no vio una mujer, ni una enfermedad, ni una trabajadora. Ni siquiera vio una persona. Vio un cheque al portador. Vio un circo, un ser para explotar, un objeto raro. Así que decidió hacer una gran inversión: Vendió un terreno para comprarla a ella y no tardó ni unas horas en empezar a presentarla como "El gran fenómeno de la naturaleza". Él mismo aseguró a los periódicos que era un monstruo, pero con una bellísima voz para para cantar.

Julia Pastrana no llegaba al metro y medio de altura, tenía la mandíbula deforme y su cuerpo, incluyendo la cara, estaba cubierto de pelo. La morbosa exhibición se coronaba con los dulces cánticos de la “mujer-mono” -como también se la conocía- mirando fíjamente al público, que miraba horrorizado al monstruo.
¿Qué podría hacer esa mujer? ¿Cómo y dónde escapar? Sólo podía tratar de mostrar con dócil dignidad su naturaleza humana.
Así lo hacía un día tras otro, una función tras otra, en una vida miserable sin derechos ni libertad. 

Julia fue vendida a otro empresario del mundo del espectáculo, J.W. Beach, que la llevó a Cleveland para mostrar un show un poco más elaborado: Aparecía, saludaba, cantaba y hasta bailaba. Las crónicas de la época aseguran que en una ocasión tuvo que bailar con varios soldados, que hicieron filas para tener la oportunidad de bailar uno a uno con este ser extraño ser único.

Viajó por toda Norteamérica y fue creciendo su fama como ser mitológico, montruoso, sin que nadie se preguntara sobre su personalidad, su carácter, sus sentimientos, su vida o su forma de pensar y vivir. La “invitaron” a la Sociedad de Horticultura y la Sociedad de Historia de Boston. Se la estudiaba como un objeto exótico, como un material nuevo, como un metal desconocido.
La comunidad científica, con la arrogancia que le suele caracterizar “estudió” el fenómeno muy probablemente de una forma humillante e innecesaria, para concluir que aquel ser era un híbrido entre humano y orangután o bien que se trataba del eslabón perdido.
El propio Charles Darwin la describiría en su libro The variations of animals and plants under domestication, como: "Una mujer de muy finos modales con una densa barba masculina y una frente peluda".


Hasta Inglaterra llegó su fama y no tardaron en reclamarla. Se morían por ver en vivo a aquella rareza increíble, y pronto la empezaron a llamar "la indescriptible", refiriéndose a lo inexplicable de su naturaleza desconocida. Los periódicos publicaban muchísimas páginas a su costa, porque era un fenómeno parecido a un dragón o una sirena para la la gente en aquella época.
Julia Pastrana aprendió a hablar inglés y además era bastante buena y rápida aprendiendo idiomas, lo que acrecentó su valor como “bicho raro”. Pese a su nula formación y sus escasos conocimientos, dio cuenta de altas dotes intelectuales y curiosidad científica, por lo que ella misma se entregó voluntariamente a todos los exámenes médicos que se solicitaron.
Pasó después a manos de Theodore Lent, su nuevo propietario, que trabajó con ella un show más espectacular, con un amplio repertorio de bailes y canciones que interpretaría en el escenario. Julia resultó ser una cantante de primera y dejó de ser conocida solo por ser una "freak". De hecho, consiguió hacerse valer dentro y fuera del escenario: Podía cocinar y coser, hacer operaciones matemáticas, e incluso mantener una conversación lúcida que impresionaba a la nobleza, en una época (no hace tanto) en la que las mujeres no eran tratadas como seres inteligentes.
Julia estuvo de gira por Europa: En Berlín, ya no era considerada una atracción circense sino una actriz de teatro. Apareció en una obra llamada Der Curierte Meyer, que era una mezcla entre historia de amor y comedia.
Recibía muchas propuestas de matrimonio y cuando en una entrevista le preguntaron por qué no se había casado, ella, mordaz y sarcástica, respondió que sus pretendientes no eran lo suficientemente ricos. Eso le hizo a Lent acojonarse. Se dio cuenta de que si no quería perderla, debía casarse con ella.



Y así lo hizo en 1857. Además de ser su dueño, era su esposo, que prácticamente era lo mismo. Por supuesto no la quería de una forma diferente a cómo queremos nuestras nóminas. Por supuesto no tuvo ni un detalle de humanidad con ella y sí un trato denigrante. 
De hecho, Julia vivía en cautividad, porque su marido se avergonzaba de que le vieran con ella en lugares públicos. Es muy probable que la maltratara sistemáticamente y que su relación se basara en golpes y órdenes. Lent se volvió más y más agresivo, y cuando estaban de viaje por Polonia y Rusia, Julia descubrió que estaba embarazada, fruto sin duda de las violaciones. Esto era un desastre. No solo porque necesitara tiempo libre y perdiera dinero, sino porque Lent tenía pánico ante la idea de que su esposa-propiedad pudiera morir y dejarle sin ingresos. ¿Y eso donde lo dejaría a él? La llevó a muchos médicos diferentes que temían que no pudiera llevar a término el embarazo, porque creían que sus caderas estaban malformadas.
El 20 de marzo de 1860, Julia dio a luz a un niño. Estaba cubierto de pelo. Imaginemos la ilusión de Julia, igual a la ilusión de cualquier madre primeriza. Imaginemos cómo lo miraba con amor, acaso más que a un niño sin dolencias médicas. Probablemente ella se plantearía qué sería de su hijo, tildado de monstruo por toda una sociedad.
Era igual que ella físicamente, ojalá que en el carácter también, porque el padre dominante y agresivo no tenía una genética que mereciera perpetuar.


Probablemente, todo esto pensaba Julia Pastrana mirando a su bebé, y probablemente se desmoronó cuando falleció a las 35 horas de vida.
Imposible saber si fue esto lo que le tocó directamente o las
complicaciones del parto, que le dejaron secuelas. Tal vez sería la mezcla de una salud débil y una pérdida de motivaciones vitales, el caso es que 5 días después, Julia estaba ya muerta también.
Así termina la vida triste e indigna de esta mujer. Pero sólo la vida. La humillación continuó. Lent vendió su cuerpo y el del bebé a un profesor de la universidad de Moscú. Los disecaron y momificaron para poder exhibirlos cual ardillas. Después de unos cuantos meses bañándolos en resinas, los pusieron en el Museo de la Universidad, donde atrajeron a grandes multitudes.
Pero la cosa no terminó ahí. Lent se enrabietó vivo al ver que otros estaban ganando dinero por sus monstruos y él no, así que llevó el caso a los tribunales para conseguirlos de nuevo. Tuvo éxito. En 1862, Julia volvió a Inglaterra. Mostrada y degradada, Julia estaba vestida con uno de sus trajes de baile.
A su hijo velludo y pequeño lo colocaron
en un pedestal vestido de marinerito. Y claro, fue todo un éxito, ver disecados a aquellos seres deformes. La gente se contaba por miles, pagando hasta un chelín para ver a la pobre mujer y a su bebé.
En algunas crónicas se dice que Lent se casó con otra mujer que se parecía a Julia, y terminó admitiendo que era la hermana de Julia. Su nombre era Zenora Pastrana. Cuentan que volvió al museo donde estaba exhibida Julia, y se la llevó de gira con él y su nueva esposa. Una gran familia feliz. Con el tiempo, Lent y su nueva esposa se retiraron a San Petersburgo, y abrió una tienda en un pequeño museo de cera.
Cuando Lent murió, esta segunda esposa se ocupó del negocio, hasta que finalmente se cansó.


Los cuerpos fueron pasando por distintos dueños hasta que los compró el noruego Haakon Jaeger Lund. De éste pasaron como propiedad a su hijo, que siguió con el negocio hasta 1973, cuando una ley local prohibió la exhibición de cuerpos humanos. (¿Recuerdan ustedes “el negro de Bañolas”? Eso fue después)
Los restos de Julia y su hijo permanecieron entonces en una bodega hasta 1976, cuando alguien entró a robar y desaparecieron misteriosamente. 
Al poco reaparecieron. El cuerpo del bebé fue devorado por ratones en un terreno abandonado. Y el de Julia, ya sin un brazo, quedó guardado en el Instituto de Medicina Forense de Oslo. En 1990, encontraron a Julia en el sótano del Instituto de Medicina legal en Oslo, Noruega. Hasta 2012, el instituto no se comprometió a devolver su cuerpo a México. 


Finalmente, en 2013, a 153 años de su muerte, su cuerpo fue enviado a México, donde finalmente fue sepultado.
Ya en los años sesenta, el director, guionista y actor italiano Marco Ferri, llevó a la pantalla La Donna Scimmia, inspirado en la historia de Julia Pastrana.
El dramaturgo mexicano David Olguín recreó en La Belleza la vida de Pastrana. Mientras que en su natal Sinaloa se exhibe La repatriación de Julia Pastrana, que también recoge pasajes de su historia.
La artista visual Laura Anderson Barbata conoció el caso de Julia mientras trabajaba en Nueva York y gracias a ella, comenzó el difícil proceso de repatriación, con trabas, ya que no se tenían actas de nacimiento y defunción, era un caso nuevo para las embajadas.
Anderson siguió luchando hasta que en febrero de 2013, después de 153 años, Julia Pastrana regresó a Sinaloa, donde se le dio sepultura y se dio a conocer su historia.
Los humanos nos creemos sofisticados, ocurrentes y siempre respaldamos con la lógica y la ciencia nuestras decisiones.
…O eso creemos.

Desgraciadamente, somos productos de nuestro tiempo y vivimos presos de las ideologías imperantes (esas contra las que creemos que nos rebelamos, pero en realidad no).

(Varios días después de escribir esto, María Zapico me ha hecho llegar estas fotos impresionantes. Gracias, de corazón)



Lo dice Diana Aller