jueves, 16 de marzo de 2017

EXPRESIONES QUE NUNCA USARÉ

Gordibuena

Se armó la de San Quintín

Palabro

Me da coraje

Hijo de puta

Divertido no, "lo siguiente"

Tonto a las 3

El mundo es un pañuelo

Cuñadismo

Dicho esto, ...

Maromo

Llevar los pantalones

Mis viejos

"Voy a dar mucho juego" (y si alguien lo dice en un cásting, es el horror)

Los que se pelean se desean

Folliamigo

A mal tiempo, buena cara

Es bien

Salir del armario

Caer en saco roto

Fail

Epicfail



Mierder

Tengo 35 tacos (bueno, o los que sean)

Malote

Machote

Le quedan dos telediarios

¡Qué flow!

Fofisano

Liarse la manta a la cabeza

Bajonaco

El libro era mejor que la peli

Tú puedes campeón

Artwork

Me he engordado

¡Qué aproveche! (menuda ordinariez...)

Te lo compro (cuando se refiere a argumentos y no a objetos físicos)

Hembrismo

Ganazas

En mi humilde opinión

Hasta nunki

A día de hoy tengo clarinete que no usaré estos palabros, pero lo mismo que te digo una cosa, te digo la otra, y si pongo un circo y me crecen los enanos, por lo que nunca se puede decir de este agua no beberé, así que...

(Todas las imágenes son collages de Ashkan Honarvar)

Lo dice Diana Aller

martes, 14 de marzo de 2017

NO VOY A HABLAR DE MATERNIDAD

Tengo insomnio y es algo muy raro en mí. Durante años llegaba tan agotada a la noche a por mis 4 ó 5 horas de sueño, que caía rendida al momento.
Estoy viendo un documental sobre Alejandría. Pensaba que sería el somnífero perfecto, pero no obtengo resultado, así que me he incorporado un poco, he situado mis dos almohadas en mi maltrecha espalda y de nuevo estoy ante el portátil. Digo "de nuevo" porque vivo frente a él. Esta vida cada vez más privada y más invernal me gusta y me resulta gratificante. Pero sé que no es más que una trampa.
He de decir que las grandes empresas las he acometido siempre en solitario.
Pero pese a que vivimos en una cultura que privilegia la individualidad, yo (y todos) soy más feliz en lo colectivo.
Y este es el gran problema de nuestra época. Todo sucede de puertas (muy) hacia dentro.

Creo que de este momento están surgiendo debates interesantes y nutridas conclusiones. Aunque si les digo la verdad, estoy un poco hasta el coño de vivir tan pendiente de todo. El muro de las lamentaciones de Facebook, la urgencia cultural, los debates deconstruidos de tanto mancillarlos...

Ruego perdonen mi falta de sensibilidad (si es que es ése el problema) pero no soporto ni un libro más, ni un coloquio, ni un apunte siquiera sobre maternidad, malas o buenas madres, insatisfacción o calidad de vida por tener hijos. De verdad, ya está bien.

Por supuesto que estoy a favor de sacar a la luz toda temática circunscrita a lo doméstico y lo femenino. Pero de verdad, que esto se parece al espejo de mi baño cuando salgo de la ducha. No veo ningún reflejo, solo vaho que desdibuja la identidad de cualquier figura, incluyendo la mía propia.

Esta constante confusión de filiación entre la ciencia y la opinión, el privilegio y el sometimiento, está dando unos coloquios a la postre muy empobrecedores. Supongo que también muy necesarios para crear a saber qué conciencia mediática más o menos atinada. Pero son tantos los discursos... De madres que hablan de maternidad. De no madres que hablan de maternidad y no maternidad. De tíos que hablan de maternidad, no maternidad y su situación particular en estas diatribas. (Cómo no, el androcentrismo siempre sale a escena, aunque sea a saludar).


Intento no juzgar, porque he aprendido (gracias a los maravillosos colectivos en los que milito) que eso entorpece el discurso y ciega las miras llenándolas de estereotipos. En efecto leo, escucho y aprendo sin juicios... Pero el discurso de la maternidad me resulta demasiado ajeno ya.
Y a la vez no puedo abstraerme de mi experiencia personal, por mucho que lo intente. Y como llevo 13 años siendo madre, he vivido una experiencia brutal de emociones, de soledad, de cuestionamientos, de falta de derechos, tiempos y espacios. He pasado por procesos hormonales alucinantes, he catado la culpa y el placer oxitocínico. Y sobre todo he comprendido que el apego mamífero, es el mejor combustible para el desapego posterior. (El desapego es algo maravilloso relativo a la autonomía, pero no a la soledad). Y en esas estoy. Enamorándome del concepto "libertad". Porque madre voy a seguir siendo hasta que me muera, y no siento curiosidad ya por desentrañar en qué consiste.
Porque ahora que tengo tiempo, espacio y posibles, prefiero luchar a quejarme.

Nadie me atendió cuando crié sola a dos hijos alternando trabajos y horarios inviables. A duras penas encontraba apoyo, discurso o militancia (El Parto es Nuestro supuso una balsa de salvación absoluta, menos mal). Por eso he ido focalizando mis batallas hacia objetivos que conozco bien: No quiero que ninguna madre se sienta sola, que esté sola. Porque este sistema enfermo ha conseguido que el capitalismo impregne solventemente a las madres, un sector vulnerable y fácil de aislar. Y toda esta literatura, y toda esta agenda maternal -entérense ya, señoras- está empapada de intereses mercantilistas. Para separarnos, para vendernos un libro, un cambiador ecológico o una crema anticelulítica, para resquebrajar nuestra tribu femenina.

No voy a hablar de maternidad ¿Para qué? ¿Para enfangar más todavía el tema?

Tengo insomnio, acabo de pasar un episodio de parálisis del sueño, un mal que me aqueja desde niña; y además de trabajar, criar dos preadolescentes y escuchar a mujeres, me ha dado por escribir en los ratos libres que hacía años que no tenía.
Y llevo todo el día postrada ante este portátil, en -por ahora una satisfactoria y elegida- soledad... Y escribiendo, escribiendo... Voy por la segunda novela ya. Lo anuncio aquí por si algún editor quiere apuntarse el tanto de apoyar a las madres con su labor y desea publicarme.
Y así no hablaré de maternidad, hablaré de mi libro, y tendré insomnio porque cada vez llegaré menos exhausta a la noche.
Ahora que he conseguido disponer de mi tiempo y no vivir (solo) para los cuidados y la satisfacción capitalista, va llegando el momento de gozar la libertad.


(Las imágenes son del videoclip "Milf" de Fergie)

Lo dice Diana Aller

jueves, 9 de marzo de 2017

SE ACABA EL MUNDO

Apocalipsis 6: 1,2 Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.

Ayer unas azafatas monísimas me dieron un folleto desplegable que se llama “Ruta Sabinera”. De Joaquín Sabina, no de la excelsa y siempre recomendable escritora Sabina Urraca (qué por cierto, está hasta sus partes pudendas de que cuando dice su nombre le pregunten “¿Cómo Joaquín?”).



Si se acercan a la red metropolitana de Madrid se van a encontrar una desagradable campaña de marketing que ha costado mucho dinero y les va a poner de mal humor (si tienen cierto criterio, claro).
No me considero especialmente leída, pero sí espabilada y capaz. Bien… Por más que miro el folleto, no lo entiendo. ¿Alquien va a hacer esa ruta? Me ha parecido oír que el disco de Sabina ha estado sonando en el metro de Madrid. ¿Qué campaña es esa? ¿Concienciación sobre la contaminación acústica?

Mi adorado Fernando Porres ha escrito en su Facebook: “Me gustaría ser positivo pero no puede serlo en un mundo en el que están Leiva y Sabina. Un mundo de hijos de puta con pañuelos, de canallas de barra. No puedo más”.

Mabi Peligro, una aguerrida periodista se expresaba en estos términos: “Mira por dónde hoy voy a ir en bus... aunque tarde el doble #graciasporavisar #definicióndeangustiaenuntúnel 

El músico y sin embargo amigo Guille Mostaza ha colgado esto en sus redes sociales. ¡Esto! 

(*Nota a posteriori: El artículo ha sido retirado ya (!) describía con tino magistral un vídeo de Leiva con unos amigotes haciendo una versión de Queen y clamando en su letra por un espidifén. La periodista se deleitaba en el aspecto como de recién salidos de un carromato zíngaro de todos, de la ausencia de mujeres, y del atuendo entre mosquetero y bohemio que gastan, así como el tema de la resaca entre unos hombres adultos que le cantan a un medicamento porque el día anterior, muy malotes ellos, bebieron alcohol. El vídeo tampoco lo encuentro, pero su vida no va a ser peor por no verlo, tranquilos).

Rápidamente un montón de machos omega se han dado por aludidos y ofendidos y se han lanzado a comentar el male panel, reproduciendo a su vez otro male panel.
(Para saber qué es un male panel, pinchen aquí y entenderán porqué David Hasselhoff es la mascota que acredita la alineación de penes, que aquí debería ser Arévalo, Pablo Motos o alguien así).
Los chavales andaban revueltos. No por la atinada radiografía de titiriteros que dispensa la periodista (ha habido lloros al leerlo), ni por la fácil y jocosa letra de Leiva. Su ofensa -ya saben, los chicos saltan cuando ven cuestionado su privilegio- era sólo por señalar que no había mujeres.
En fin… Lean el artículo y si tienen estomago vean el vídeo.


Conste que Sabina y Leiva me dan igual. (Alguna canción de Sabina incluso me gusta). Son las maneras de venderse, los disfraces de trileros románticos, que llamen a las chicas “Nena”, y que no se exfolien bien la piel lo que veo como el anuncio de un inminente peligro. Pero seguro que uno y otro son buena gente. Como diría mi amigo Jota: “Son buenos, sí: No roban, no matan…”. De hecho conocí a Leiva hace años y le recuerdo con ternura. Estaba por encima de la media de artistas que me tocaba acompañar y aguantar.

Y yo me pregunto, con la inocencia y curiosidad que me caracteriza ¿Es lo canallesco un jinete del Apocalipsis? ¿Acaso estamos asistiendo ante una maléfica santísima trinidad luciferina protagonizada por Joaquín Sabina, Leiva y Trump que nos anuncia el fin de los tiempos?

El hombre duro que sufre y es poco amigo del agua, lo cuqui y su retorcida estética alienante; y las gorras de escaso diámetro que no pueden calarse en las adolescentes cabezas (tema al que me dedicaré en breve), nos dicen que sí, que el Apocalipsis está llegando.
A disfrutar de lo que nos quede, pues.


Lo dice Diana Aller