lunes, 30 de enero de 2017

HACE AHORA 4 AÑOS (EL TERRORÍFICO MISTERIO DE ELISA LAM)

¿Se acuerdan ustedes de una peli que se llamaba "Dark Water" ('La Huella)?
La típica de terror japonés de 2002, con su remake de Hollywood y todo... ¿Se acuerdan? Bueno es igual.

Les voy a contar una historia. Una historia de terror y misterio, que como corresponde sucedió en estos días. Hoy hace 4 años de todo esto. Acomódense en un rincón oscuro y en soledad y silencio; o arremolínense en torno a una fogata de campamento, porque esta historia real es de esas que acojonan de verdad.



Elisa Lam, de 21 años, había pasado por un desagradable trastorno depresivo. Cualquiera que haya vivido en carne propia o cercana lo que es la depresión sabe lo abúlica y tremenda que es la existencia cuando alguien pasa por algo así. Parece ser que padecía un trastorno bipolar, lo que antes se conocía como maniaco-depresivo, pero tendente a la apatía y a la tristeza sobre todo. Por eso, Elisa, una canadiense oriental (de padres chinos) decidió premiarse con un viaje a Estados Unidos una vez que superó sus demonios mentales. Tener iniciativa, curiosidad e ilusiones es precisamente lo contrario a estar deprimida o angustiada.

El 27 de enero de 2013 Elisa llegó a Los Ángeles desde San Diego y se hospedó en el Cecil Hotel (su actual nombre es Stay on Main). A ella le pareció lugar con encanto y así lo dejó sentado en sus redes sociales. Lo que desconocía era el tétrico historial del hotel Cecil:
Allí se había hospedado Richard Ramirez, conocido como "El acosador nocturno", un asesino en serie que no seguía ninguna pauta a la hora de matar. Fue acusado de 14 asesinatos, 5 intentos de asesinato, 9 violaciones (entre las cuales tres fueron a menores), 2 secuestros (solía secuestrar a niños para abandonarlos a cientos de kilómetros de su casa, sólo por el placer de hacerlos sufrir), 4 actos de sodomía, 2 relaciones forzadas, 5 robos y 14 allanamientos de morada. Murió en la cárcel esperando la muerte a la que había sido condenado.
También Jack Unterweger, "El estrangulador de Viena" que mató a una prostituta y tras la defensa de un montón de intelectuales se convirtió en escritor. Lo que pasa es que volvió a las andadas y asesinó a una decena más de prostitutas en los noventa, (A tres de ellas cuando e hospedaba en el Cecil).
También había rumores de que fue uno de los últimos lugares en los que se vio a Elizabeth Short, más conocida como la Dalia Negra, el caso más enigmático de los crímenes sin resolver...
En 1964, también hubo un asesinato en este hotel y se contabilizaban al menos tres suicidios.


Pero Elisa sólo posteó Fue construido en 1928 de ahí su estilo Art Decó. Así que sí, tiene clase, pero como todo L.A. está en decadencia. Desde luego este es el sitio que Baz Luhrman necesita para rodar el Gran Gatsby”.

Elisa Lam pasó 4 días de paseos, visitas, compras y turismo. Cada noche llamaba a sus padres y les contaba lo que había hecho... Hasta el 31 de enero. Aquel día no llamó a su casa.
Elisa se esfumó. Sus cosas estaban en su habitación y se perdía su rastro en la tarde del 31 de enero cuando volvió al hotel tras comprarse discos y libros en una tienda cercana.


Se activaron entonces los protocolos de desaparición, incluso con una rueda de prensa por parte de la división de robos y homicidios de la policía de Los Ángeles. Los preocupadísimos padres de Elisa acudieron rápidamente a Los Angeles para colaborar en la búsqueda. Se colgaron carteles con su foto y datos, se avisó a estamentos policiales, estaciones, aeropuertos...

Elisa había desaparecido de repente, del todo, sin dejar rastro de su paradero. Los Angeles es una ciudad inmensa y llena de crímenes y sucesos, por eso tampoco tuvo gran repercusión el caso. Algún medio canadiense se hizo eco, pero poco más.

El 13 de febrero La policía convoca una nueva rueda de prensa. Elisa sigue sin aparecer, pero han encontrado algo revelador que tal vez pudiera ser una pista. Se trata de la grabación interior de un ascensor del hotel.
Y se trata también de los últimos momentos en los que se ve con vida a la joven. 

Sin embargo, lejos de aclarar algo, las imágenes del ascensor resultan tan escalofriantes que a día de hoy se han convertido en todo un fenómeno de terror de Youtube. 
He de reconocer que paso miedo de verdad al verlo. Y sé que a ustedes les ocurrirá lo mismo.
En la grabación de la cámara de seguridad, de 3 minutos y 59 segundos, se ve a Elisa actuar de un modo extrañísimo. Primero mira los botones del ascensor, como pensando a qué piso debe ir. Da la impresión de que no funcionan. Después mira en el pasillo, y parece ver u oir algo, así que se esconde en la esquina del ascensor. Y aquí empieza el comportamiento verdaderamente extraño: sale al pasillo, vuelve a entrar, vuelve a salir, y empieza a hacer movimientos muy raros.
Finalmente se cierra la puerte del ascensor y no volvemos a ver a Elisa. Nunca más.

Como era de esperar, el vídeo se hizo viral y recibió más de tres millones de visitas en sólo 10 días. Da la impresión de ser una secuencia de terror de una película comercial. Pero no. Es absolutamente real. Es lo último que se sabe de Elisa Lam antes de desaparecer para siempre.

Obviamente no sólo no sirvió para esclarecer la extraña desaparición, sino para generar más misterio en torno al caso.
De hecho internet está lleno de teorías de todo tipo sobre el vídeo y las reacciones de Elisa.




Realmente hay un desenlace, pero en lugar de aclarar o engrandecer el misterio, es un final absurdo, inconexo, raro: Cinco días después de la publicación del vídeo, un huésped del hotel se quejó de que la presión del agua de la ducha era inusualmente baja. Otros empezaron a decir que el agua tenía un sabor extraño o que al encender la ducha, el agua tenía un color oscuro que desaparecía tras unos segundos.

El Hotel Cecil utilizaba un sistema de abastecimiento de agua desde la azotea donde cuatro tanques de 1.000 galones (3.785 litros) que suministraban agua a todo el edificio. 
Así que el encargado de mantenimiento chequeó los tanques de agua y efectivamente, encontró el cuerpo sin vida de una mujer. Y efectivamente se comprobó que era el de Elisa Lam.


Se la encontraron desnuda, pero su ropa estaba flotando en el tanque; y era la misma que llevaba en el vídeo: un pantalón corto, una camiseta, ropa interior negra, sandalias y una sudadera de American Apparel. En rueda de prensa, los agentes explicaron que el cuerpo llevaba días en el tanque y, aunque no mostraba ningún signo obvio de trauma externo, no descartaban un posible homicidio.

El hallazgo del cuerpo planeó más preguntas de las que resolvió. En la azotea no había cámaras de seguridad y, aunque la puerta para acceder a ella no estaba cerrada, la dirección del hotel aseguró que contaban con una alarma. Si alguien hubiera asesinado a Elisa tendría que haber evitado la alarma, subir al tanque usando una escalera de más de tres metros con el cadáver a cuestas, abrir una escotilla, que pesaba una barbaridad y arrojar el cuerpo al agua sin que nadie viera nada. La otra posibilidad es que Elisa hubiera decidido subir a la azotea en plena madrugada, escalar a un tanque de agua que no había visto en su vida, abrir la escotilla (algo prácticamente imposible para una persona normal) y tirarse dentro o bien caerse cuando hacía algo -a saber qué- sobre el depósito de agua.
Es decir: No tiene sentido.

Cinco meses después de la desaparición de Elisa la policía hizo público el informe sobre su caso. La joven había muerto ahogada en el tanque. La autopsia no reveló ningún trauma ni intoxicación. Aludieron entonces a su trastorno bipolar como determinante en lo que calificaron oficialmente como un accidente.
“La investigación policial no encuentra evidencias de acto criminal”, explica el informe. “Un completo análisis de las circunstancias del caso no apoya la idea de que tuviera la intención de perjudicarse a sí misma. La forma de la muerte se clasifica como accidente”.
Para la policía el caso acabó aquí. Un accidente con tintes y motivaciones extrañas. 

Cuando trataron el tema en Cuarto Milenio, aludieron así mismo al estado mental de la joven canadiense; pero es tan raro que una persona bipolar tenga un brote psicótico (como podría justificarse el comportamiento del ascensor) como que lo tenga una persona sin trastornos mentales diagnosticados.
Ella sola no pudo levantar la tapadera del depósito de agua, no iba drogada, no se sabe qué ocurrió, pero las imágenes del ascensor que ahora cumplen 4 años, a mí me siguen pareciendo lo más perturbador de lo ocurrido en el siglo XXI. ¿A ustedes no?

Si quieren saber más sobre el tema en este cuarto aniversario, aquí les dejo una breve selección:


Lo dice Diana Aller

miércoles, 25 de enero de 2017

YO ESTE VIERNES SALGO

No sé cómo interpretar las publicaciones sugeridas de Facebook... ¿Qué idea tiene de mí Facebook?




Lo que sí sé es que le debo mucho a Facebook, que pese a su organigrama capitalista (los trabajadores somos los propios usuarios) me reporta grandes alegrías, me conecta a gente majísima y me permite organizar eventos como el de este viernes, en el que Yanara (Papaya) y yo vamos a poner música para bailar, para olvidar, para recordar y para gozar...

(Será a partir de las 23:00 en el Lucy in the sky, C/ San Viente Ferrer 55)


Pero sí que es verdad que Twitter es más antipático, más frío, aporta menos y termina sirviendo como altavoz de indeseables. Una lástima. No quiero ni extenderme en el tema, porque yo lo uso por trabajo, y estoy deseando dejar de trabajar...
También gracias a Facebook, puedo elaborar un plan para el viernes antes y después de nuestros bailoteos.
¿Qué tal esto para comenzar la noche? Estoy dudando entre ir a esto o visitar El Rincón de Bertín, el nuevo bar de Bertín Osborne en el centro de Madrid:


Y tal vez para terminar la feliz madrugada acabe en la fiesta de El Cuerpo del Disco, que estará hasta las 6 en el nuevo Café Berlín. Si alguien se apunta vamos juntíbiris...



Espero verles, por mi fiesta, por Facebook, o por la vida, como a Mariate, un alma gemela que conocí ayer a la salida de metro y me cautivó. Pero esto ya se lo cuento en otro momento, que merece detenimiento...

Lo dice Diana Aller



lunes, 23 de enero de 2017

UNAS CUANTAS COSAS QUE ME GUSTAN

- La infusión "Voz Clara". A ver, estoy preocupada ¿vale? Compré hace poco una infusión para mi constante afonía. El nombre de la marca Yogi Tea, me podría haber hecho sospechar, pero no. Yo me lancé a lo loco a su compra y consumo. He vuelto hasta en 3 ocasiones a por más a mi herbolario de confianza, y estoy irremediablemente enganchada. Yo creo que lleva heroína, porque no puedo parar.

La familia Ruíz Mateos. Lo siento, pero hacen mucha gracia.

-Tener fruta y verdura falsa en cestos de mimbre en mi cocina, mezclada con fruta y verdura de verdad, al alcance de la vista, de las manos, de los adultos y de los niños. La abundancia y el color resulta siempre apetecible.

- Meterme en la cama recién duchada con las sábanas cambiadas.

- La respuesta de la gente, el pueblo llano -llanísimo a veces- cuando ven una injusticia (aunque sea en el programa de Ana Rosa) y reaccionan. Y dejan en evidencia a los políticos, a las leyes y al sistema corporativo lento e inútil. ¡Ole por la gente!

- El momento inmediatamente anterior a correrse. Ese ínfimo instante en el que se contrae y controla el placer, el poder, el cerebro, el amor, la dopamina, el universo.

- Las canciones de Radio Dept. un martes por la tarde.

- Biografías de asesinos en serie.

- Escribir. Escribir cuando no me lo puedo permitir. Recostada en la cama. Sentada en una oficina aséptica en un polígono absurdo. Escribir medio dormida. En el metro. A mano. En mi portátil. Amamantando. Al echar de menos el futuro. Escribir borracha. Agotada. Por obligación y por placer. Por dinero. Por rabia. Escribir cartas de amor y cartas que no llegarán a nadie. Escribir. Escribir siempre. De lo que sea.

- Kirsten Dunst. Tiene algo magnético, pérfido, inocente, mágico...


- El asunto de Bárbara Rey y el rey.

- La extraña calma que queda después de llover. La atmósfera se queda gris y ligera, como de Twin Peaks, y hay un frescor tranquilo en el aire, en los insectos, en nuestra respiración.

- Sentirme joven, poderosa, bella, capaz y seductora cuando estoy ovulando.

- Biis, la marca de joyería avanzada, minimalista, unisex, sexual de Rubén Gómez y Sara Lasry.

- Masajes descontracturantes violentos y dolorosos en el cuello y espalda. Con mucha fuerza, mucha presión y en puntos muy concretos.


Lo dice Diana Aller

lunes, 16 de enero de 2017

NECROPORRA 2017

Hace muchos años que no hago mi necroporra de antaño. Como en el pasado me granjeó insultos y disgustos, he de advertir que en ningún caso son mis deseos que muera nadie. Las apuestas son así. No se vota por filiación, fanatismo u odio. Una buena apuesta se gesta en torno a las probabilidades. Y más se paga cuanto más improbable.
Recuerdo un año que un lector acertó bastante, y con opciones que en el momento eran arriesgadas: Amy Winehouse, aunque débil, era joven, y la acertó. Y puso también a Ortega Cano, que no murió pero estuvo muy mal (y mató a otro hombre) a consecuencia de un gravísimo accidente.
A ver si aquel lector y otros muchos, se animan a hacer sus apuestas.

He aquí mi apuesta de defunciones populares para este 2017


- Julián Muñoz 

- Charlie Sheen

- Antonio Gala

- Carmen Sevilla

- Kirk Douglas

- Michael Douglas

- Marta Ferrussola (mujer de Jordi Pujol)

- Pablo Motos

- Isabel de Inglaterra

- Jose María Carrascal

- Karl Lagerfeld

- Gemma Cuervo (Sólo queda ella de las 3 vecinas)

- Josefer Ortega Mohedano

- Lindsay Lohan

- Julian Assange

-Jaime Peñafiel




(A Camilo Sesto le quedan años todavía, la foto es para alegrarse de lo bien que estamos)

Lo dice Diana Aller

lunes, 9 de enero de 2017

TRABAJAR NOS HARÁ ESCLAVOS

Las cosas están muy mal organizadas. En parte por la inoperancia de nuestros gobernantes, en parte por los absurdos preceptos culturales y también un poquito por nuestra pereza a la hora de cuestionarnos las cosas. Aceptamos ciertas verdades como únicas e inmutables. Por ejemplo que hay que elegir entre maternidad o vida profesional (de ahí la imposible "conciliación" que parte de premisas únicamente capitalistas y de productividad).

De verdad que es un desaguisado muy gordo esto de la realidad laboral en España: Los trabajadores indefinidos, que son auténticos profesionales del escaqueo; los liberados sindicales, los sindicalistas por comodidad e incluso los sindicatos; los funcionarios del Estado, expertos en tomar café en las horas en las que hacen falta; los trabajadores que aun teniendo empleo son pobres; los explotados -debería decir explotadas, porque la mayoría portan un coño entre las piernas-; y la estafa de las profesiones liberales, con su cuota de autónomos, su frágil margen de beneficio y su constante y doloroso timo vital. (Ojo, hablo de casos concretos, no estoy generalizando. No me malentiendan, porfa).

(El mosaico de Debby Harry éste, lo pongo aquí como alivio intelectual, para digerir mejor el texto. Nada más).



¿Cómo hemos llegado a esto?
Me da mucha rabia cuando para hacerse valer, alguien dice que no para ni un momento. Da la impresión de que el ideal humano, sobre todo el femenino, es cargarse de responsabilidades y no disfrutar.
Es relativamente normal encontrarse a alguien y que diga "estoy hasta arriba de curro" o "No me da la vida", "No tengo tiempo de nada"... E incluso queda bien.
Pero si nos encontramos a alguien que dice "Me llevo tocando el coño con las dos manos varios meses. No trabajo nada y me lo paso fenomenal". Entonces desconfiamos de esa persona. La gente desocupada y feliz da mala espina. Tanto más cuando es una mujer.

Incluso desde el feminismo muchas veces se privilegia a la mujer atareada, trabajadora, llena de responsabilidades... y demasiado a menudo el modelo de mujer que se plantea desde estos frentes es una superwoman, absolutamente capaz de todo.
Me encantaría que igual que existe el día de la mujer trabajadora, existiera el día de la mujer vaga. Y celebremos y veneremos la desidia, la pereza y la imperfección. Me parece mucho más cabal, en cualquier caso.

Conforme las mujeres y la lucha feminista conseguían acceder a unas y otras parcelas de poder, fueron adoptando la misma forma de las tierras conquistadas. Si entraban en política, tenían que hacer el juego desde el sistema político. Y las estructuras laborales jamás se han adaptado a las personas, sino a la producción. Y un montón de errores en cascada, devienen del erróneo planteamiento del trabajo. Desde ese horrible concepto tan implantado en España de "calentar la silla", hasta promocionar a quien no nos hará sombra jamás, en lugar de ascender a quién aporte una mirada nueva y arriesgada. Las envidias, el acoso, y el cáncer de nuestra época: el status.

Dice mi amiga Patricia González (que es sevillana de nacimiento, pero nórdica de coño) que la gente en la treintena tiene unas preocupaciones aburguesadas. Es la década de hacerse mayor, asumir responsabilidades, y entrar en la vorágine del status. Creo que tiene toda la razón. Mucha gente -demasiada- a esa edad desaparece en un horario infernal, en unas empresas desagradecidas y en un agujero negro de hipotecas, gimnasios, rutinas, pareja, preocupaciones, e insoportables dramas primermundistas. Y ya no aparece nunca más. Consagran las mejores horas del día y los mejores años de su creatividad cerebral a empresas vacías, a un sistema hueco que les exprime a cambio de un sueldo que siempre es mísero. (Cuando deberían estar proyectando un mundo justo, luchando por los desfavorecidos protestando y creando las más geniales obras de arte).

Para entender estas conductas, tenemos que comprender las extrañas costumbres de la especie humana, que educa a sus crías en el amor incondicional, un rastro muy mamífero que asegura la continuidad de la especie. Los desvalidos cachorritos humanos necesitan dedicación y amor para crecer sanos. Por lo general, sus progenitores y/o cuidadores les reirán la gracia y les perdonarán los errores. Nuestra especie da por hecho que hay que arropar emocionalmente a los menores, porque no pensamos en si lo merecen o no. El problema es cuando crecen, cuando crecemos. Ya no existe el aplauso porque sí. Entonces nos sentimos desamparados y hacemos lo que sea para obtener el reconocimiento ajeno que teníamos de niñxs: selfies en Instagram en busca de likes, una frase ocurrente en el foro adecuado... Y el trabajo cumple a la perfección esa función.

Si en una cena de antiguos alumnos de nuestro colegio, alguien nos dice que es asistenta sentimos lástima dando por hecho que le ha ido mal en la vida. Si alguien nos dice que es consejera delegada de una multinacional, pensaremos que ha triunfado. Ese es el reconocimiento de nuestra era; prácticamente sólo el laboral. Dan igual otras facetas de la vida... De hecho a la pregunta ¿Tú qué eres? Nadie responde "Capricornio" o "Un gilipollas". "Ser" equivale a una posición laboral determinada, aquella que nos da status, que dice lo que los demás deben ver y tal vez admirar de nosotros. ¡Qué terrible! ¿No?

A esta noción enfermiza y sesgada ayuda la obsesión por un título académico de las generaciones anteriores, la crisis del ladrillo, la injusta repartición del capital y también nuestra forma de aceptar los códigos que nos son impuestos sin cuestionamiento.

 Afortunadamente mi hijo Lucas nunca fue a la guardería. Cuando le expliqué que empezaría el cole, le conté que estaría en "infantil" donde su hermano había estado ya. Me preguntó si después de la guardería, los niños iban a infantil. Sí, claro -le dije-. Me siguió preguntando: "¿Y después?". "Después primaria, que es el mismo colegio, pero ya escribiendo y estudiando""¿Y después?" "Después secundaria, en un cole más grande que se llama instituto"; "¿Y después?" "Después el bachillerato, que también es en el instituto, pero para más mayores"; "¿Y después?" "Después si te quieres especializar en algo, puedes estudiar en la universidad. Por ejemplo, si quieres ser médico, tienes que estudiar varios años de medicina". "Vale mamá ¿y después?"; "Pues después puedes seguir estudiando más o trabajar". "¿Trabajar?"; "Sí, cariño, todos los días trabajas en un sitio y a cambio te pagan para que puedas seguir viviendo"; "¿Y después?"; "Después, cuando ya has trabajado mucho, viene la jubilación"; "¿Qué es la jubilación?"; "Es descansar". "Vale mamá ¿Cuánto me queda para la jubilación?". Recuerdo que se me vino el mundo encima ante un pobre niño de 3 años, de sólo pensar lo que le quedaba por delante.

De verdad, la vida laboral, tal y como está concebida, envilece. Yo no sé qué podemos hacer, aunque pienso a veces en ello. Yo como muchos de ustedes, cada vez trabajo más y gano menos. Por ahora trato de educar a mis hijos con otros parámetros mucho más importantes que los netamente capitalistas, e intento pasarlo bien esté trabajando o no. Pero creo que todos deberíamos revisar lo que significa el trabajo y porqué hemos llegado a esto.
Por supuesto gracias al trabajo he aprendido un montón de cosas inútiles, que son las que me gusta aprender a mí, y también he conocido a gente increíble y siempre sobrecualificada...

Tengo que dejar de escribir aquí, ya... Sí, porque en efecto, me tengo que poner a trabajar.

Lo dice Diana Aller