martes, 15 de agosto de 2017

NI SE LE OCURRA EMPEZAR UNA RELACIÓN SI...

Carla de La La, que no está reconocida académicamente -todavía- como tal, pero es una de las pensadoras más avezadas de nuestro tiempo, ha hablado en su Facebook sobre las rupturas sentimentales, y ella, como yo, además de profundamente romántica es asquerosamente pragmática (queridas: eso es supervivencia emocional, les aviso). Y ha escrito este atinado texto:

Yo me saqué una relación del costado como quien se arranca una flecha de 7 picos incrustada entre las costillas, muchísimo peor que "Náufrago" cuando se arranca la muela cariada con un patín, con los ojos abiertos y a pulso_hay que tener un pulso ciclópeo.
Con todo, pienso que la ruptura es un triunfo vital digno de celebrarse con el mejor champán.
Cortar, divorciarse, dar pasaporte o recibir el sayonara, hechas las cuentas, es puro idealismo, reivindicación, energía, fuerza, empoderamiento.
La ruptura es la victoria del amor y el optimismo sobre la rutina, las convenciones, el conformismo, el pacatismo, la pobreza espiritual y el temor.
Cuando la pareja rompe es porque va mal y uno de los dos o ambos (da lo mismo) tiene el coraje y la intuición de pisar el freno 
¡Demasiadas continúan adelante echando humo por el tubo de escape, en los límites de agua, aceite y combustible, ignorando que todos los pilotos están encendidos! 
Me pregunto a dónde miran...¿por la ventanilla? ¿Miran a los demás? ¿Miran a su pareja? ¿Miran atrás? 
En estos casos lo mejor que puede ocurrir es que el vehículo se rompa, lo peor, pasar toda una vida renqueando.
Si estás en pleno duelo, deja de sentir como lo haría Malú; sube al coche, coge el volante, mira al frente con una sonrisa sexi y activa la caja de cambios. 
En breve llegarás a una cómoda y luminosa autopista...

No todo el mundo entiende de una forma tan positiva las rupturas como nosotras, lo sé...
Yo creo que la mejor historia de amor es la que no termina nunca. Y para que eso suceda, sólo hay una opción: Que no empiece jamás. Los amores inacabados, los amantes a ratos, las parejas a muchos kilómetros de distancia... Todo eso, son preciosos amores felices, on fire y sin ruptura como tal. También tiene usted la opción de tener una pareja con la que terminar convirtiéndose en compañeros de piso, que es lo habitual, y también puede tener su gracia, claro...

Ahora bien, si usted pertenece a esa mayoría que desea emparejarse de a dos durante un tiempo, creerse que es para siempre mientras la cosa dura, y sufrir cuando acaba... Entonces debe emplearse a fondo para minimizar el dolor durante la relación y la ruptura.


Así que, como me preocupa la felicidad ajena ante todo, en un ataque de generosidad, les ofrezco aquí un catálogo de situaciones para salir corriendo cuando está usted conociendo a alguien.
Ponga mucha atención a estas SEÑALES DE ALERTA, y salga corriendo para evitar males mayores
(Método garantizado por la Carla de La La Fundation, de próxima creación por sus fanes)

No merece la pena si...

1. Esa persona que usted está empezando a frecuentar desprende un olor que no le gusta. Aliento, pies, pelo, axilas o incluso detergente o champú...
El olor es uno de los principales baluartes del emparejamiento feliz, bien lo sabemos en las relaciones íntimas. Son las fragancias las que más trabajan la atracción animal... y si un olor le repele hoy, mañana le turbará, se convertirá en asco y repulsión. Muchas veces no acertamos a saber porqué no cuajó aquel rollito de tres noches, cuando lo tenía todo para gustarnos... Y es por la química olfativa tan importante, tan sexual, tan genética en realidad...

Sí, la naturaleza humana durante millones de años ha evolucionado para que nos interese la genética más alejada a la nuestra, y así propiciar la riqueza y el mestizaje para evolucionar, y alejar la consanguinidad. Aunque nuestro objetivo no sea procrear (por favor, no, que esta superpoblación sólo conlleva más desigualdad social y que abran más Decathlons), el olfato nos llevará a socializar con alguien alejado de nuestros propios ancestros, lo cual es culturalmente una fuente de riqueza siempre. 
Si hay un olor que le chirría, por pequeño o puntual que sea, huya de esa persona, y viaje por el mundo buscando nuevas fragancias sexuales. Verá qué bien.


2. Esa persona carece de estilo.
Pero no nos pongamos snobs: No me refiero a, por ejemplo, cómo vista esa persona. Eso da exactamente igual. El estilo -bien lo sabe la alumbradora espiritual de este texto CdLL- es una actitud vital.
Hay una prueba infalible: Si sale de un local con esa persona y usted le pregunta "¿Qué hacemos ahora?" hay una respuesta que da invariablemente todo aquél que no tiene gracia ni tino... Si dice "Me da igual", salga usted corriendo y no pare hasta llegar a Gibraltar.  Si dice "Me da igual", seguido de otra frase, entienda que tal vez teme no agradar y va con cautela, así que, es perdonable. Si propone cualquier cosa, aunque sea despedirse ahí, esa persona tendrá estilo siempre. 
El sujeto que dice "Me da igual" es un ser inane y sin gracia, dependiente del destino ajeno; incapaz de preparar una fiesta sorpresa; mutiladx emocional; probablemente con un calzado horroroso; sin iniciativa; hará ruido al sorber gazpacho; en su casa tendrá un felpudo de publicidad; se sentirá especial por ver series -permitánme aquí una sonora carcajada ¡Ver series!- ; nunca acertará con el largo del pantalón ni las gafas de sol; subirá a sus redes fotos de playa en verano y de nieve en invierno; le fliparán los atardeceres y se recreará en lo obvio.
No, esa persona no es para usted. 


3. Se niega o le parece mal tener sexo en la primera cita.
Por supuesto que si no surge ni apetece, perfecto. Pero la idea preconcebida de no ayuntar en la primera ocasión es perversa, sesgada y llena de prejuicios. Y hay mucha gente que cree que así se hace valer, o peor, que así el/la otrx vale más. Miren ustedes, el tiempo corre que se las pela y no estamos para perderlo ¿O ustedes follan a diario?
Ese tipo de prejuicios nos hablan de alguien anclado en ideas arcaicas, a quien le cuesta abrirse a la experiencia. Ahora que estudio grafología, les puedo decir que este tipo de gente hace más vuelta de la necesaria en las "aes" y las "oes". Fíjense.


4. La sombra de su ex es alargada.
O bien le dice "Mi ex es mi mejor amigx", o "Acabo de dejarlo con mi ex", o "Mi ex es conflictivx"...
Estas personas que establecen vínculos enfermizos con sus parejas son como la peste negra, y hay que evitarlos. El problema nunca está en lxs ex (a esxs ex sólo podemos compadecerlos y tenerlos en nuestras oraciones, creanme). La gente normal tiene parejas, las ama, las odia un poquito para cicatrizar el dolor y a la larga si se las encuentra por la calle, tiene una relación cordial y se saludan con dos besos. Punto. (Hay poca gente normal, lo sé).


5. Tiene pareja estable.
Tanto si a usted le cuenta que está al borde de la ruptura, como si le dice que está felizmente emparejado... Esta gente no es de fiar en los afectos. Quizá esté bien para un ratito de alcohol y sexo, para verse clandestinamente a modo de juego... pero no para implicarse emocionalmente. Ni se le ocurra, repito: Ni se le ocurra pillarse por alguien con pareja. La geometría euclídea nos ha enseñado que los triángulos son una forma demoniaca y complicada, de difícil estabilidad.
Esa relación está abocada al fracaso, al whatsapp, al sufrimiento, a la injusticia, a rápidas pérdidas o ganancias de peso, a ahogar las penas con alcohol de garrafón un miércoles sin venir a cuento, o con compras compulsivas en Primark... Se mire por donde se mire, es una tragedia griega que nunca acaba bien. Si termina por ser su pareja ¿Quién le garantiza que la historia no se repetirá? ¿Podrá usted vivir con ello? La inmoralidad no está en enrollarse o no con alguien casado; está en infravalorarse con respecto a los afectos ajenos. Usted merece más.


6. No tiene una relación sana con sustancias psicoactivas.
Ojito que aquí entran muchas categorías: gente que se refugia en ansiolíticos para asumir los normales embistes de la vida, abstemios totales (estos son peligrosísimos), cocainómanos de fin de semana, gente que pierde los papeles cada vez que bebe en demasía...
Usted, yo, todos mereceríamos gente capaz de gestionar sus melopeas, que alguna vez se le ha ido la mano, pero que no vive pendiente de alterar su cerebro. Gente que no dice "no" por principio, gente abierta, pero capacitada para frenarse, para recorrer Asia durante un mes (con lo que ello conlleva), para salir a lo loco y enamorarse de verdad y no como un espejismo de una conciencia alterada.


7. Vive pendiente del status
Chequea sus likes y followers cada 2 minutos, o habla mucho de su trabajo, o hace ostentación de lo que sea.
Esta gente, amén de aburridísima, es muy cateta. (Ya conocen el refrán de "Dime de lo que presumes...").
Le digo ya que no le conviene nada (a no ser que usted sea igual). Esa relación es la nada, el vacío, un texto de Risto Mejide, pasar las paperas, lo blanco del jamón, un domingo en Santander, cerveza caliente, unas acelgas sin aceite ni sal, una visita al urólogo, nada, nulla, nothing... 


8. Habla de enfermedades, dietas, mascotas, deseos de formar una familia... Y sobre todo, si habla mal de algo o alguien.
Sin embargo, resulta adorable -pese a lo que piensen muchos- que una potencial pareja hable de gustos rarunos, de experiencias paranormales, de querencias políticas (mejor las cartas sobre la mesa ¿No creen?), de deportes exóticos o de prácticas sexuales extremas.
Si da la turra, fuera, pero si de pasada esa persona menciona algo que que le hace únicx, adelante. A la mierda los protocolos...
Nos han enseñado, por ejemplo, que alguien "enmadrado" es risible y ridículo. Pues no. Esos estereotipos son chunguísimos. A mí si alguien me dice en los primeros días de relación que su madre es un referente, que no puede vivir sin ella y que le ha pasado la receta secreta de las rosquillas al anís que guarda su familia desde el siglo XVIII, le pido matrimonio al momento. De hecho, la gente que más me ha marcado (para bien) afectivamente, tiene madres luchadoras, fuertes y dignas de amor "suegril".
Pero sí, aléjese de quien blasfema, pone verde a otros o desprende resentimiento. (Porque usted terminará siendo el blanco de su amargura).


9. Es narcisista.
Al narcisista se ve venir, no es como el psicópata. Habla de sí mismo, no escucha ni le importa lo de los demás y entiende las relaciones como un "recibir".
¡Corra! ¡Váyase! Imagínese que esa persona es Pitingo, y no le costará salir huyendo de ahí. Me lo va a agradecer.

10. Le dice que le ama.
Vamos a ver: El amor es una cosa seria, es el único transformador válido de la realidad, el objeto inmaterial de nuestras vidas... A la mierda esa gente que a la ligera habla de amor sin apenas conocerlx ¿Quién se cree que es? ¿Rubén Darío? ¡Chaíto!


Les deseo a todos ustedes unas relaciones fructíferas y divertidísimas, llenas de cariño y sin un final. Pero si éste llega, espero que como Carla de La La, lo entiendan como un triunfo de sus emociones. La vida es demasiado corta y mejor compartirla con mucha gente, (y que sea de bien).

Por cierto ¿Adivinan qué voy a comer hoy?

Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

Unknown dijo...

👏🏻👏🏻👏🏻

Toy folloso dijo...

Si tiene pareja estable, no se cuelga. Está a "lo que se pueda".
Nada que ver con la garrapata que no hay forma que se suelte....

Salamandra dijo...

Super de acuerdo en todo menos en lo de los "enmadraos". No hay nada peor. No confundáis a tíos seguros de sí mismos que quieren a sus madres -cosa muy tierna-, con un "enmadrao", cuya propia definición denota madres tóxicas y niños agarraditos a sus faldas.