jueves, 31 de agosto de 2017

JUEGO DE TRONOS Y EL VACÍO


El final de la séptima temporada de Juego de Tronos me ha dejado sin aliento, fulminado , enganchado y ansioso. En blogs, noticias, redes sociales y en mi cerebro resuenan teorías y esperanzas... Identifico esa sensación de maestría narrativa con mi propio placer.
La vida, de repente es esto. Una pasada auténtica.
Vale, Juego de Tronos y más cosas: Unas vacaciones convenientemente microfilmadas en el stories, una cena en un sitio nuevo que es un flipe, lecturas edificantes y una camisa que he conseguido casi a mitad de su precio original en rebajas.
He aprendido a disfrutar de la vida, a ser exigente, a manejar el mundo que me rodea, a opinar con soltura de todo y de todos. ¡Bravo! Ya he llegado.
Al vacío.
¿Sabes? No sé cómo ha ocurrido.
¿Qué maléfico proceso ha operado en mi cerebro para volverme en contra de lo que era?
Era inocente y espontáneo. Me crecía ante las críticas, me ponía unas pintas infames que eran una absoluta y total provocación. Aceptaba mi entorno y cuestionaba lo que olía a amoralidad. Hoy lo hago al revés.
Quería a las personas y utilizaba las cosas. También hoy lo hago al revés. Como todos.
Creía en la justicia. Y en el amor...
Llegó Twitter, llegó Tinder, llegó la vida a un golpe de click, la sobreexposición, el miedo, la corrección, la opinión. Llegaron las críticas. El alzamiento de los mediocres.
Llegaron las relaciones tóxicas, el sufrimiento, los sueldos, los ansiolíticos y las noches de juerga.
Y me han convencido. No tengo ni idea de cómo ha ocurrido, pero de pronto detento los poderes que tanto detestaba: Veo series en plataformas de pago, vivo pendiente de salvar el culo de la miseria que siempre acecha cerca, busco un amor que me quiera y respete antes que alguien a quien amar y cuidar. Voy lejos para pasar unas vacaciones que necesito. Porque es una necesidad. Mis amigos son compañeros temporales de juergas y noches plateadas. Y follar es una descarga biológica absolutamente necesaria y morbosa. Tener hijos es un engorro. Y la depilación una suerte de mandato divino. Víctor Lenore es el enemigo. Fácil, primario, epatante y rebosante de contradicciones. Ya te explicaré quién es Lenore, que es largo y no me apetece entrar en detalles.
Compro en IKEA muebles con diéresis y mayúsculas, odio a mis jefes y gano menos dinero del que merezco. Nada me llena. Cada día menos.
Critico, pero desarrollo pánico a que me critiquen. O a que me dejen, o a que no me acepten. O a engordar. Me pierdo a saber qué, por no sentir el rechazo. No puedo tolerarlo. No. Quiero que me quieran, que me respeten como merezco. Porque lo merezco.
Este mundo demócrata y sin guerras me ha enseñado a merecer nuestro capitalismo, a consumir en cómodos plazos alimento barato para el ego. On line y off line. Viva el narcisismo, viva yo y mi foto, y mi aplauso, y mi artículo, y mi hazaña, y mi libro, y mi gesta personal... Y a la mierda lo que me hace daño porque va contra mí.
Tener un troll da presigio.
Los haters son los demás.
Le digo a mi hija "Como hagas eso, me voy a enfadar". Porque no me atrevo a amenazar así a mi jefe.
Critico a las demás feministas. Porque no tienen ni idea, y la cagan sin parar. Eso no es feminismo.
Me río de los gilipollas.
Y me rallo por tonterías.
Y cuando bebo me abrazo a los demás y siento que les quiero.
Y juzgo. Juzgo todo a la baja. Porque yo tengo criterio ¿Sabes?
Y leo libros. Y veo cine europeo y oriental. Te tengo que recomendar una peli muy buena de Filmin. Es una pasada. Y el documental ése, que te deja del revés.
Y la serie aquélla que me recomendaste. Y la gente de mi curro. Y mi familia, de la que secretamente me avergüenzo.
Opino poco, pero leo las opiniones de los otros, y la verdad, se retratan. Me decepciona la gente.
Ay, no sé, estoy de bajón, pero en un rato se me pasa. Porque la vida es así: Ahora estás arriba, ahora abajo. Y no queda otra que aceptarlo. ¿no?
Estoy pensando en ir a Tailandia, que debe ser precioso, o hacerme donante de médula o adoptar un animal ¿Qué me recomiendas? Creo que debo hacer algo para sentirme mejor, para dar un poco de sentido a esto.
A veces siento un vacío raro. Como si hubiera experimentado ya todas las emociones fuertes que se pueden sentir en la vida. Sé que debería salir menos y alimentarme mejor, creo que es por eso.
Pero voy al gimnasio: La única forma de que funcione, es pagar la cuota y así me obligo a ir. Aunque ni por esas.
El deporte me va fenomenal. Siento como libero endorfinas, como me entra una paz extraña al acabar. Definitivamente, tengo que pagar la cuota anual del gimnasio.
Y bueno, bajarme más música que me mola. Porque la música relaja. Es un placer ser tan melómano como yo. Disfruto mucho.
En el fondo arrastro cierto romanticismo, porque reconozco que suena mil veces mejor un vinilo con la aguja rascando insolente los surcos brillantes, sensuales... ¡Qué placer, la música!
Me relaja casi tanto como ver el mar.
Oye, creo que te debo los 70 euros de la anterior sesión ¿no?
Te lo pago hoy todo, que he cobrado una historia que me debían.
Pero, una cosita: ¿Me podrías hacer una receta de lexatín?
Sí.
Es que se me acabaron...
Sí, muchas gracias.
Gracias por todo, de verdad. Te agradezco un montón que me escuches y me ayudes. Salgo de aquí siempre super a gusto.


(Recreación basada en una conversación con I.)

Lo dice Diana Aller

2 comentarios :

Riberaine dijo...

No se ,no me imagino quien puede compartir piso contigo,eres una montaña rusa y un parque de atracciones entero,contigo no sé debe aburrir uno nunca .

Ses dijo...

No sé si intentar animarte o decirte que te relajes, esto es como un tiovivo. Así que mejor me callo.