domingo, 9 de julio de 2017

PLUTÓN VERBENERO

Siempre digo que no creo en los horóscopos. Y por supuesto, siempre miento. Racionalmente no creo en ello, pero incluso los ateos necesitamos de cuando en cuando un poso de superchería irracional. Todos. Siempre.
Yo soy una escorpión clásica: consciente del daño que puedo hacer, poseedora de una descomunal energía y adicta a la seducción. El signo escorpión está regido por Marte y por Plutón. La posible influencia plutoniana es algo fascinante. En realidad lo fascinante es Plutón en sí.

No sé si será herencia de mi tío abuelo, pero siempre me han interesado todas esas cosas suspendidas en la bóveda estelar. Toda la existencia, todas las explicaciones están ahí flotando y expandiéndose, y nosotros aquí, felices cuando abren un nuevo Mercadona, cuando nos quitamos el sujetador al llegar a casa o cuando al fin es viernes por la tarde. El espacio, más fascinante cuanto más lejano y desconocido, es en realidad mil preguntas y una sola respuesta inabarcable.

Sorprende que Plutón, perteneciendo al Sistema Solar, se considerara tan tarde parte de él... Hay varias razones. La principal es que es muy pequeño. Pero que muy, muy pequeño. De hecho técnicamente se le designa como "planeta enano". Les resumo cómo sucedió la cronología de la admisión de Plutón como planeta desde la Tierra:


En milochocientoscuarentaypico los astrónomos se rayaron fuertemente porque había una perturbación en la órbita de Urano que no sabían a qué se debía. Descartaron la incidencia de Neptuno, cuya órbita estaba más clara que la tez de Angel Garó. Sabían que ocurría algo, pero no acertaban a saber el qué. Un observatorio de Arizona, el Observatorio Lowel, intuía que había un planeta, al que en un alarde de originalidad nunca vista, le llamaron "Planeta X". La investigación sufrió parones y retrocesos, pero finalmente resurgió en 1929 (curiosamente, el año en el que se instauró el pesimismo en el mundo occidental). Le encargaron a un becario -aun no se llamaba becarios a los becarios- llamado Clyde William Tombaugh, examinar una a una cientos de fotografías del cielo. Su labor consistía en comprobar si había movimiento en alguna de ellas. El chico, de 23 años, se pasó días, horas, semanas y meses mirando fotos negras con pequeños destellos de luz, hasta que efectivamente, detectó un cambio de posición en un minúsculo punto blanco. Lo tenía. El planeta X existía. La noticia se telegrafió al Observatorio del Harvard College el 13 de Marzo de 1930. Ya sólo faltaba ponerle nombre, así que el Observatorio Lowel recibió gustoso más de mil propuestas de nombres para el nuevo planeta. La gente pedía llamarlo "John", o "Cantabria" o cosas muy locas. Fue una jovencita interesada en mitología la que finalmente puso el nombre. El suyo, Plutón, pasó a una votación final con los dos que más gustaban hasta entonces que eran "Minerva" y "Cronos". A todos les encantó Plutón, y Plutón se quedó.
(Plutón era el dios romano del inframundo, el equivalente latino de Hades, no me digan ustedes que no es precioso).

Hago un inciso aquí, a modo de alivio intelectual, ya que estoy hablando de planetas, para contarles que el último disco de Los Planetas, Zona temporalmente autónoma, gana con cada escucha. Es de esos productos sensuales y blandos, que se agarran a las emociones y disfrazan de ligereza su espesura: droga buena.


En fin, sigo: Plutón es muy diferente al resto de los planetas del sistema solar por varias cosas. Por ejemplo gira en una órbita diferente al resto. También es original su gran satélite (grande en comparación con la masa del planeta, claro) Caronte, descubierto en 1978, hace nada. Caronte está compuesto de hielo, (de hielo de agua ¿eh?) y no tiene atmósfera. Probablemente Plutón y Caronte fueron en su momento dos cuerpos que colisionaron, como hacemos los humanos cuando hay atracción entre nosotros. Y como tantas veces sucede, para bien y para mal quedaron ya siempre el uno frente al otro. Hay quien cataloga a Caronte como otro planeta enano (Su tamaño es aproximadamente la mitad que Plutón, y tiene -solo- 603 kms de radio). Pero Plutón esconde más. Plutón (y su amante Caronte) alberga 4 satélites pequeñitos, que tienen unos nombres preciosos, que si tuviera 4 hijos más (ojalá) los llamaría así: Nix, Hidra, Cerbero y Estigia.

En 2006 se creó una definición oficial de planeta, y se armó bien gorda, porque Plutón no se ajustaba a esa definición. Hubo un debate de esos encendidos de la comunidad científica, y jamás se pusieron de acuerdo.
Lo único que está claro es que Plutón es muy diferente a todo lo conocido. Un año plutoniano (lo que se conoce como periodo orbital sideral) dura 248 años, 197 días y 5 horas y media. Menos mal que no parece muy habitable, porque no da tiempo ni a disfrutar de una primavera entera... La rotación es de 6´9 días terrestres.


En la superficie de Plutón hay accidentes geográficos de lo más variado: Se sabe que hay montañas jóvenes, glaciares, icebergs y llanuras heladas. Probablemente son el producto de la formación del planeta (que seguro continúa en la actualidad). No se sabe cómo y por qué se formaron, y un bonito lago de nitrógeno helado decora la superficie calma y fría. ¿No les parece sugerente esa imagen gélida y tranquila del pequeño planeta?


Dos de las lunas de Plutón, Nix e Hidra presentan patrones de rotación extraños, que no se ajustan a ningún paradigma estudiado científicamente. Además giran demasiado rápido. Este dato me parece anárquicamente romántico y hermoso... Imagínense ese baile de satélites al ritmo de músicas celestiales... Es probable que esto se deba a que Plutón no es sólo Plutón, es un sistema binario del planeta con su satélite amado, Caronte. Al vivir juntos cara a cara, las órbitas de sus satélites enloquecen en una extraña parábola que los humanos no acertamos a comprender.

Y otra cosita igualmente extraña y apasionada: Plutón está cubierto por una neblina en forma de anillo. No se sabe por qué, pero a unos 150 kms sobre la superficie, flotan acetileno congelado y etileno además de otras moléculas que se transforman en una misteriosa niebla estilo Twin Peaks al recibir la radiación ultravioleta del sol.


Tal vez Plutón nos rige a los escorpio, pero yo creo que influye a todos los seres, vivos e inertes. El cosmos inabarcable en el que vivimos suspendidos con nuestras miserias y nuestros mundos pequeñitos, determina nuestra propia existencia. Lo que pasa en Plutón, no creo que se quede en Plutón.

A mí me da ternura un planeta enano, que orbita abrazado a un satélite formando una pareja estable por mucho tiempo. Hoy voy a salir como una posesa y pienso brindar por Plutón sin parar.  ¡Qué maravilla Plutón!

Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

Riberaine dijo...

Personas de extremos ,o te odian o te aman .Cada post me sorprendes con algo ,vaya vueltecita que te has dado por ahi fuera

jorge.she dijo...

Este episodio de RICK Y MORTY va de como los plutonianos quieren que Plutón vuelva a ser un planeta para poder seguir extrayendo plutonio.

Es buenísimo

http://streamcloud.eu/0x017e2wro1e/1x09.mp4.html

C. Maltesse dijo...

Fascinante de principio a fin. No dejo de pensar en ello.