martes, 14 de marzo de 2017

NO VOY A HABLAR DE MATERNIDAD

Tengo insomnio y es algo muy raro en mí. Durante años llegaba tan agotada a la noche a por mis 4 ó 5 horas de sueño, que caía rendida al momento.
Estoy viendo un documental sobre Alejandría. Pensaba que sería el somnífero perfecto, pero no obtengo resultado, así que me he incorporado un poco, he situado mis dos almohadas en mi maltrecha espalda y de nuevo estoy ante el portátil. Digo "de nuevo" porque vivo frente a él. Esta vida cada vez más privada y más invernal me gusta y me resulta gratificante. Pero sé que no es más que una trampa.
He de decir que las grandes empresas las he acometido siempre en solitario.
Pero pese a que vivimos en una cultura que privilegia la individualidad, yo (y todos) soy más feliz en lo colectivo.
Y este es el gran problema de nuestra época. Todo sucede de puertas (muy) hacia dentro.

Creo que de este momento están surgiendo debates interesantes y nutridas conclusiones. Aunque si les digo la verdad, estoy un poco hasta el coño de vivir tan pendiente de todo. El muro de las lamentaciones de Facebook, la urgencia cultural, los debates deconstruidos de tanto mancillarlos...

Ruego perdonen mi falta de sensibilidad (si es que es ése el problema) pero no soporto ni un libro más, ni un coloquio, ni un apunte siquiera sobre maternidad, malas o buenas madres, insatisfacción o calidad de vida por tener hijos. De verdad, ya está bien.

Por supuesto que estoy a favor de sacar a la luz toda temática circunscrita a lo doméstico y lo femenino. Pero de verdad, que esto se parece al espejo de mi baño cuando salgo de la ducha. No veo ningún reflejo, solo vaho que desdibuja la identidad de cualquier figura, incluyendo la mía propia.

Esta constante confusión de filiación entre la ciencia y la opinión, el privilegio y el sometimiento, está dando unos coloquios a la postre muy empobrecedores. Supongo que también muy necesarios para crear a saber qué conciencia mediática más o menos atinada. Pero son tantos los discursos... De madres que hablan de maternidad. De no madres que hablan de maternidad y no maternidad. De tíos que hablan de maternidad, no maternidad y su situación particular en estas diatribas. (Cómo no, el androcentrismo siempre sale a escena, aunque sea a saludar).


Intento no juzgar, porque he aprendido (gracias a los maravillosos colectivos en los que milito) que eso entorpece el discurso y ciega las miras llenándolas de estereotipos. En efecto leo, escucho y aprendo sin juicios... Pero el discurso de la maternidad me resulta demasiado ajeno ya.
Y a la vez no puedo abstraerme de mi experiencia personal, por mucho que lo intente. Y como llevo 13 años siendo madre, he vivido una experiencia brutal de emociones, de soledad, de cuestionamientos, de falta de derechos, tiempos y espacios. He pasado por procesos hormonales alucinantes, he catado la culpa y el placer oxitocínico. Y sobre todo he comprendido que el apego mamífero, es el mejor combustible para el desapego posterior. (El desapego es algo maravilloso relativo a la autonomía, pero no a la soledad). Y en esas estoy. Enamorándome del concepto "libertad". Porque madre voy a seguir siendo hasta que me muera, y no siento curiosidad ya por desentrañar en qué consiste.
Porque ahora que tengo tiempo, espacio y posibles, prefiero luchar a quejarme.

Nadie me atendió cuando crié sola a dos hijos alternando trabajos y horarios inviables. A duras penas encontraba apoyo, discurso o militancia (El Parto es Nuestro supuso una balsa de salvación absoluta, menos mal). Por eso he ido focalizando mis batallas hacia objetivos que conozco bien: No quiero que ninguna madre se sienta sola, que esté sola. Porque este sistema enfermo ha conseguido que el capitalismo impregne solventemente a las madres, un sector vulnerable y fácil de aislar. Y toda esta literatura, y toda esta agenda maternal -entérense ya, señoras- está empapada de intereses mercantilistas. Para separarnos, para vendernos un libro, un cambiador ecológico o una crema anticelulítica, para resquebrajar nuestra tribu femenina.

No voy a hablar de maternidad ¿Para qué? ¿Para enfangar más todavía el tema?

Tengo insomnio, acabo de pasar un episodio de parálisis del sueño, un mal que me aqueja desde niña; y además de trabajar, criar dos preadolescentes y escuchar a mujeres, me ha dado por escribir en los ratos libres que hacía años que no tenía.
Y llevo todo el día postrada ante este portátil, en -por ahora una satisfactoria y elegida- soledad... Y escribiendo, escribiendo... Voy por la segunda novela ya. Lo anuncio aquí por si algún editor quiere apuntarse el tanto de apoyar a las madres con su labor y desea publicarme.
Y así no hablaré de maternidad, hablaré de mi libro, y tendré insomnio porque cada vez llegaré menos exhausta a la noche.
Ahora que he conseguido disponer de mi tiempo y no vivir (solo) para los cuidados y la satisfacción capitalista, va llegando el momento de gozar la libertad.


(Las imágenes son del videoclip "Milf" de Fergie)

Lo dice Diana Aller

1 comentario :

Paquita Salas dijo...

No puedo estar más de acuerdo, sentirme más identificada, sentir tantas cosas parecidas, vivir una realidad bastante paralela a la tuya, salvo que duermo como un tronco y ahora estoy lesionada ( tobillo ), postrada en el sofá, sin poder hacer nada, descargando la rabia también en el teclado y con la cabeza que no me para, pienso mil cosas a la vez, muchos proyectos, ganas, ilusión, vivir estos días que me faltan para cumplir 42 como si fueran la clave de algo importantísimo que va a cambiar el rumbo de mi vida...
A veces también pienso en mis hijos. Es imposible no hacerlo, con ellos revoloteando constantemente a mi alrededor. Tampoco voy a hablar de maternidad. Hay tantas maneras de ser madre como maneras de vivir. Elige la que más te convenga y prou. Nos manipulan constantemente, nos dicen como debemos ser, pensar, criar, vertir, comer y hasta follar...

Estoy hasta los baudios. Unámonos.