miércoles, 22 de febrero de 2017

PELUCAS RÍGIDAS


Cada vez me interesa más el judaísmo. Últimamente ando a vueltas con el ortodoxo y el jasaidismo, que es difícil de definir pero fácil de vislumbrar. Pero tranquilos todos que no voy a hablar de religión, sino de las pintas que llevan.



Los varones portan una imagen icónica y muy reconocible por todos. Es como un hipster exagerado. Cada prenda tiene un nombre y una función, y el conjunto en general, resulta armónico y grácil. Al menos a mí me lo parece...



Sin embargo las judías ortodoxas tienen cierta disonancia estética si las comparamos con sus compañeros. Lo razonable sería una vestimenta más cercana a las primaverales Amish, con su mandil y su gorrito cuqui.
Pues no.
Tienen una imagen muy extraña, sobria, rara, inhumana.
A la hora de vestirse, tienen que seguir una sección de la ley judía conocida como "Tzniut", que en hebreo quiere decir "modestia". Su estilo debe ser neutro y conservador: falda y mejor cuanto más piel cubierta por la ropa, discreta, clásica y oscura. 



Lo desasosegante de su aspecto es la cabeza. Y es que las mujeres casadas, no pueden mostrar su pelo en público. Según la ley judía, "Halajá", una mujer casada debe cubrir su cabello en público. En teoría esto es para mostrar al mundo que los hombres no deben acercarse a ella porque está casada. 

Su religión les permite llevar pañuelos (determinado tipo de pañuelos) y pelucas. Y a esto se debe la desconfianza y la extrañeza que me produce su aspecto.




Sólo pueden ser pelucas de un tipo muy determinado: color castaño, y de media melena lisa.
Al verlas me asaltan sentimientos tenebrosos. Siento como si no estuvieran vivas, como si no fueran humanas... Hay algo pérfido, loco, irreal en su aspecto.
Hoy me he cruzado con una familia ortodoxa y el padre me ha parecido elegante, exótico y hasta habitual. Al fin y al cabo su imagen es reproducida en miles de escenarios: películas, aeropuertos o sinagogas. Pero ¿ella? La madre no parecía una habitante de la Tierra. Su cara era inexpresiva, y no sabría decir si era por la peluca rígida o por la mirada muerta de la pobre mujer. Pero he sentido miedo.





Sin embargo, como suele ocurrir con las atracciones más sutiles, lo que me espanta coincide demasiado con lo que me atrae, y esto me pasa con las judías ortodoxas y su aspecto. Siento un frío extraño al ver su aspecto, pero a la vez me encanta y me parece algo que de tan raro resulta armónico. Debo estar enferma, pero me apetece un montón vestirme así, con peluca y todo... Y bueno, lo cuento aquí, porque no sé muy bien con quién hablarlo...

Lo dice Diana Aller

1 comentario :

Isa R dijo...

A mi me pasa un poco lo mismo, nunca me había fijado en ellas hasta que viví en un barrio judío... Ahora es un mundo cada vez más interesante ...