lunes, 9 de enero de 2017

TRABAJAR NOS HARÁ ESCLAVOS

Las cosas están muy mal organizadas. En parte por la inoperancia de nuestros gobernantes, en parte por los absurdos preceptos culturales y también un poquito por nuestra pereza a la hora de cuestionarnos las cosas. Aceptamos ciertas verdades como únicas e inmutables. Por ejemplo que hay que elegir entre maternidad o vida profesional (de ahí la imposible "conciliación" que parte de premisas únicamente capitalistas y de productividad).

De verdad que es un desaguisado muy gordo esto de la realidad laboral en España: Los trabajadores indefinidos, que son auténticos profesionales del escaqueo; los liberados sindicales, los sindicalistas por comodidad e incluso los sindicatos; los funcionarios del Estado, expertos en tomar café en las horas en las que hacen falta; los trabajadores que aun teniendo empleo son pobres; los explotados -debería decir explotadas, porque la mayoría portan un coño entre las piernas-; y la estafa de las profesiones liberales, con su cuota de autónomos, su frágil margen de beneficio y su constante y doloroso timo vital. (Ojo, hablo de casos concretos, no estoy generalizando. No me malentiendan, porfa).

(El mosaico de Debby Harry éste, lo pongo aquí como alivio intelectual, para digerir mejor el texto. Nada más).



¿Cómo hemos llegado a esto?
Me da mucha rabia cuando para hacerse valer, alguien dice que no para ni un momento. Da la impresión de que el ideal humano, sobre todo el femenino, es cargarse de responsabilidades y no disfrutar.
Es relativamente normal encontrarse a alguien y que diga "estoy hasta arriba de curro" o "No me da la vida", "No tengo tiempo de nada"... E incluso queda bien.
Pero si nos encontramos a alguien que dice "Me llevo tocando el coño con las dos manos varios meses. No trabajo nada y me lo paso fenomenal". Entonces desconfiamos de esa persona. La gente desocupada y feliz da mala espina. Tanto más cuando es una mujer.

Incluso desde el feminismo muchas veces se privilegia a la mujer atareada, trabajadora, llena de responsabilidades... y demasiado a menudo el modelo de mujer que se plantea desde estos frentes es una superwoman, absolutamente capaz de todo.
Me encantaría que igual que existe el día de la mujer trabajadora, existiera el día de la mujer vaga. Y celebremos y veneremos la desidia, la pereza y la imperfección. Me parece mucho más cabal, en cualquier caso.

Conforme las mujeres y la lucha feminista conseguían acceder a unas y otras parcelas de poder, fueron adoptando la misma forma de las tierras conquistadas. Si entraban en política, tenían que hacer el juego desde el sistema político. Y las estructuras laborales jamás se han adaptado a las personas, sino a la producción. Y un montón de errores en cascada, devienen del erróneo planteamiento del trabajo. Desde ese horrible concepto tan implantado en España de "calentar la silla", hasta promocionar a quien no nos hará sombra jamás, en lugar de ascender a quién aporte una mirada nueva y arriesgada. Las envidias, el acoso, y el cáncer de nuestra época: el status.

Dice mi amiga Patricia González (que es sevillana de nacimiento, pero nórdica de coño) que la gente en la treintena tiene unas preocupaciones aburguesadas. Es la década de hacerse mayor, asumir responsabilidades, y entrar en la vorágine del status. Creo que tiene toda la razón. Mucha gente -demasiada- a esa edad desaparece en un horario infernal, en unas empresas desagradecidas y en un agujero negro de hipotecas, gimnasios, rutinas, pareja, preocupaciones, e insoportables dramas primermundistas. Y ya no aparece nunca más. Consagran las mejores horas del día y los mejores años de su creatividad cerebral a empresas vacías, a un sistema hueco que les exprime a cambio de un sueldo que siempre es mísero. (Cuando deberían estar proyectando un mundo justo, luchando por los desfavorecidos protestando y creando las más geniales obras de arte).

Para entender estas conductas, tenemos que comprender las extrañas costumbres de la especie humana, que educa a sus crías en el amor incondicional, un rastro muy mamífero que asegura la continuidad de la especie. Los desvalidos cachorritos humanos necesitan dedicación y amor para crecer sanos. Por lo general, sus progenitores y/o cuidadores les reirán la gracia y les perdonarán los errores. Nuestra especie da por hecho que hay que arropar emocionalmente a los menores, porque no pensamos en si lo merecen o no. El problema es cuando crecen, cuando crecemos. Ya no existe el aplauso porque sí. Entonces nos sentimos desamparados y hacemos lo que sea para obtener el reconocimiento ajeno que teníamos de niñxs: selfies en Instagram en busca de likes, una frase ocurrente en el foro adecuado... Y el trabajo cumple a la perfección esa función.

Si en una cena de antiguos alumnos de nuestro colegio, alguien nos dice que es asistenta sentimos lástima dando por hecho que le ha ido mal en la vida. Si alguien nos dice que es consejera delegada de una multinacional, pensaremos que ha triunfado. Ese es el reconocimiento de nuestra era; prácticamente sólo el laboral. Dan igual otras facetas de la vida... De hecho a la pregunta ¿Tú qué eres? Nadie responde "Capricornio" o "Un gilipollas". "Ser" equivale a una posición laboral determinada, aquella que nos da status, que dice lo que los demás deben ver y tal vez admirar de nosotros. ¡Qué terrible! ¿No?

A esta noción enfermiza y sesgada ayuda la obsesión por un título académico de las generaciones anteriores, la crisis del ladrillo, la injusta repartición del capital y también nuestra forma de aceptar los códigos que nos son impuestos sin cuestionamiento.

 Afortunadamente mi hijo Lucas nunca fue a la guardería. Cuando le expliqué que empezaría el cole, le conté que estaría en "infantil" donde su hermano había estado ya. Me preguntó si después de la guardería, los niños iban a infantil. Sí, claro -le dije-. Me siguió preguntando: "¿Y después?". "Después primaria, que es el mismo colegio, pero ya escribiendo y estudiando""¿Y después?" "Después secundaria, en un cole más grande que se llama instituto"; "¿Y después?" "Después el bachillerato, que también es en el instituto, pero para más mayores"; "¿Y después?" "Después si te quieres especializar en algo, puedes estudiar en la universidad. Por ejemplo, si quieres ser médico, tienes que estudiar varios años de medicina". "Vale mamá ¿y después?"; "Pues después puedes seguir estudiando más o trabajar". "¿Trabajar?"; "Sí, cariño, todos los días trabajas en un sitio y a cambio te pagan para que puedas seguir viviendo"; "¿Y después?"; "Después, cuando ya has trabajado mucho, viene la jubilación"; "¿Qué es la jubilación?"; "Es descansar". "Vale mamá ¿Cuánto me queda para la jubilación?". Recuerdo que se me vino el mundo encima ante un pobre niño de 3 años, de sólo pensar lo que le quedaba por delante.

De verdad, la vida laboral, tal y como está concebida, envilece. Yo no sé qué podemos hacer, aunque pienso a veces en ello. Yo como muchos de ustedes, cada vez trabajo más y gano menos. Por ahora trato de educar a mis hijos con otros parámetros mucho más importantes que los netamente capitalistas, e intento pasarlo bien esté trabajando o no. Pero creo que todos deberíamos revisar lo que significa el trabajo y porqué hemos llegado a esto.
Por supuesto gracias al trabajo he aprendido un montón de cosas inútiles, que son las que me gusta aprender a mí, y también he conocido a gente increíble y siempre sobrecualificada...

Tengo que dejar de escribir aquí, ya... Sí, porque en efecto, me tengo que poner a trabajar.

Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

Emilie Terrier dijo...

No se podia transmitir mejor lo que va pasando en mi mente desde hace algunos años.
Thanks for this amazing paper !

Vane dijo...

Muy acertado el post. Me ha encantado. Hay que tener mucho cuidado con la lógica del trabajo y del status, o cualquier día te puede dar un patatús y una crisis de valores . :)
Gracias.

fiorella dijo...

Ni le sobra, ni le falta, mejor imposible. Feliz 2017!!