viernes, 28 de octubre de 2016

DENME IDEAS, POR FAVOR




Entro poco por aquí últimamente, porque me queda poco tiempo fuera del trabajo, colaboraciones, otros blogs, miltancias varias, horas de sueño, hijos, perro, amigos y amantes. Pero tampoco escribo hace semanas porque mis intereses se ven reducidos últimamente, y temo ser reiterativa o exponer cosas demasiado íntimas.
En cualquier caso, es la vida asalariada la que roba el principal torrente de energía e imaginación. Y más si nos dedicamos a algo que nos gusta. Esta es la gran trampa del precariado: tenemos trabajos guays, que exigen de nuestro tiempo y nuestro talento, y que nos incapacitan para desarrollarnos más allá, y/o por el mero placer de seguir nuestras pulsiones.

Esta es mi casa al fin y al cabo, y aquí soy plenamente libre. Siento estar tan intensa ahora mismo, parezco un personaje de una peli de Isabel Coixet, lo sé. Pero mis preocupaciones actuales, creo, no son demasiado divertidas como para exponerlas aquí.

Vengo solo a advertir que me falta tiempo y no sé si inspiración.
A veces algunos de ustedes me sugieren temas y en ocasiones hasta les hago caso. Un lector de antaño (al que hoy admiro en su labor periodística, una vez que le conocí en persona) me propuso en su día hablar de asesinos que estuvieran buenos, y lo hice encantada.

El caso es que tengo el cerebro seco, creo que por trabajar en otras cosas y por exceso de hidratación de otras zonas de mi cuerpo. Y recurro a ustedes, por si hay algún tema que les preocupa. Me suelen interesar las historias trúculis, las que están entre el asco y la admiración culpable, las relativas a personajes populares, chuscos, escondidos o con dimensiones desconocidas y fascinantes. También me interesa la historia: prehistoria, Egipto y siglo XX sobre todo. Y la psicología más ramplona y efectista, nivel trucos de encantamiento de gente mansa. Y el activismo más surrealista y divertido. Y los objetos estéticos u horrorosos. Y los usos del Tinder. Y los coños. Y lo ingeniosa que es la gente y también los momentos de bochorno y ridículo más sonrojantes.

Así que, con bien de desfachatez y ganas, les imploro que me iluminen, por si les apetece leer algo que no encuentran en otros sitios y les gustaría ver. Porque ésa ha sido siempre mi premisa.
Muchas gracias.



Lo dice Diana Aller

viernes, 14 de octubre de 2016

CÓMO ANALIZAR LOS PROPIOS SUEÑOS

Nadie como uno mismo puede analizar los sueños. Sólo usted sabe el significado de cada elemento...


Sin ánimo de teorizar ni hablar de lo que no sé, vengo hoy a éste mi hogar de letras, para hablar de algo que nos atañe a todos. Porque los humanos, al igual que los animales, y tal vez los vegetales -ojito lo hippy que estoy- soñamos mientras dormimos.

La prácticamente primera y más certera aproximación a la interpretación de los sueños fue el libro del mismo nombre de Sigmund Freud. Segismundo fue escritor tardío, retorcido, aventurado y muy sagaz (Partiendo de nada, sacó el psicoanálisis adelante. Con juicios errados y mucho despropósito sexual de género, pero con admirable tino interpretativo). Prácticamente todo lo que se dice en "La interpretación de los sueños" sirve para comprender y descifrar todo cuanto recordamos de lo que sucede en nuestro cerebro cuando dormimos.

Verán ustedes, ya expliqué -en una entrada con poquísimo tráfico e interés (está entre las menos leídas de este blog)- cómo creo que operan los sueños. Resumiendo mucho, mucho y de manera muy burda, el mundo que vivimos, nuestro día a día no sería "real". Sería una mera experiencia para dotar de un lenguaje plástico la realidad "verdadera": el mundo onírico. En ese mundo donde sólo somos esencia, y no necesitamos materia, no existe el espacio ni el tiempo, pero sí la certeza de nuestra propia existencia. Y para que puedan existir cosas ahí (como los sueños) es preciso pasar por esta vida tosca y cutre con un cuerpo, 5 sentidos, ciudades, cosas y Sánchez Dragó. Si eso tan indefinible que llaman alma existiera, sería ahí en el mundo onírico, y tal vez tendría existencia post mortem física. Es decir, nuestra existencia y la propia eternidad, estarían compuestas del mismo material que los sueños.

Los sueños desde una perspectiva mortal y humana, son pensamientos sin filtro que testan nuestra propia existencia mediante elementos que nos son conocidos y a los que asociamos un significado determinado.
Hay elementos universales como la dureza de las rectas y la sensualidad de las curvas. Los hay propios de un país: Chiquito de la Calzada no significa lo mismo para un español que para un coreano, por ejemplo. Y todos los elementos, están convenientemente atrezzados según el significado personal que les damos cada uno. A su vez la combinación de unos y otros elementos, que parece aleatoria, responde a las asociaciones psicoanalíticas de cada individuo.

Mientras dormimos nuestro organismo va comprobando su estado. Si nos duele algo, si nuestros riñones filtran correctamente, y lo más importante: si nuestro cerebro trabaja bien. Los sueños nos alertan sobre emociones, deseos y miedos, pero no nos dicen directamente el mensaje. Estoy segura de que muchas veces sería muy duro de asimilar. Por eso, los sueños son mensajes codificados, llenos de consejos y terapias que olvidamos (no traemos al consciente) al despertar.

Me gusta cuando mis amigos me cuentan qué han soñado y tratamos de desentrañar el significado, siempre lleno de consejos velados. (Echo de menos que mi amiga Noelia, de Sálvame me cuente sus sueños, por ejemplo) A fuerza de estudiar sueños ajenos y también propios, he llegado a reveladoras conclusiones que les aseguro ayudan a comprender el significado y ahondar en nuestros propios problemas para solucionarlos sin miedo.

Este de aquí sería el esquema a seguir (más o menos):


1. Rememorar (por escrito si hace falta) la narrativa del sueño entera. Cada secuencia y cómo se pasa de una a otra. Cuanto más lo rememoremos, más fácil será de retener y analizar.

2. Como si fuera un resumen escolar, hay que titular la emoción que sentíamos durante el sueño con muy pocas palabras: temor, felicidad, expectación, cansancio... Porque todo el sueño tiene que ser leído bajo esa emoción. No es lo mismo soñar con una inundación y sentirnos indiferentes e incluso felices, que vivir esa inundación con angustia o sensación de peligro. El significado sería de generosidad en el primer caso, y de un problema concreto con difícil solución en el segundo.

3. En los sueños tomamos siempre elementos que hemos visto o vivido en el día anterior. Hay que saber discernir si son simples recuerdos de los que echa mano nuestro cerebro porque "los tiene cercanos" o si realmente son elementos protagonistas porque refieren a algo que nos preocupa. Casi siempre los sueños nos hablan de deseos y miedos. Por eso tienen un carácter previsor y por eso tienen la capacidad de advertirnos y ayudarnos.

4. Como en casi todo, conviene ir de lo general a lo particular. Lo primero sería el escenario ¿Dónde se desarrolla el sueño? ¿Es un lugar conocido por usted? Si por ejemplo, sueña con su casa, aunque no la reconozca, el sueño le está hablando de lo que teme o desea de usted mismo. La casa, como en los cuadros enloquecidos de Van Gogh, es un autorretrato bastante certero. Cuanto más acogedora o lujosa sea, tanto mejor será la imagen que tenga usted de sí mismo. Si es un lugar que conoce, su sueño habla de eso: Si es su oficina, habla de sus preocupaciones laborales. Si es una calle reconocible, habla de su proyección social, de su vida fuera de la intimidad...
Si el escenario es un lugar desconocido, su sueño se refiere a lo otro, al futuro, a lo desconocido. Si hay un cambio de escenario, piense cómo hilvanar uno y otro. A veces el sueño le está previniendo de las consecuencias de algo. Pero también pueden ser impactos separados, cubistas de diferentes realidades.


5. Los personajes también juegan un papel importante. Usted está casi siempre en el sueño, pero hay veces que no. Esta mañana por ejemplo, ha sonado mi despertador a las 7.30 (¡qué duro madrugar, por cierto!) y yo en mi sueño asistía a una conversación de una pareja que no conozco de nada. Evidentemente esa gente existe, porque el cerebro no inventa nada, sólo recoge elementos del consciente. Pero yo no aparecía en el sueño, era una simple espectadora. Es un clásico sueño de elaboración de teoría. Mi cerebro por boca de unos desconocidos me está explicando o alertando de algo. Una mujer con aspecto tradicional, con un moño oscuro, echaba una bronca a su pareja, un tío que no recuerdo cómo era, porque él se sentía interesado por otras cosas y tal vez otras personas en lugar de en ella. Yo lo descodifico como una imagen clásica de la pareja heterosexual, una de las cosas que me estoy planteando en los últimos tiempos: Cuáles son los verdaderos lazos que atan a las parejas, qué ocurre cuando los intereses ya nada tienen que ver con la pasión, o si el cariño es suficiente para compartir la vida con alguien. También el sueño puede hablar del miedo que siento hacia la pareja estable, o estar forjando ideas más radicalizadas... En cualquier caso, yo no era protagonista, es decir no es algo que me esté sucediendo a mí, sino que se refiere a cómo entiendo yo el mundo.
Si usted es protagonista del sueño, influye quiénes son sus compañeros, qué les une a ellos y qué significan para usted. Por ejemplo hay que pensar si es un familiar, que tal vez su sueño le esté diciendo algo de la familia o de esa persona en concreto. Pero también qué significa esa persona para usted, qué cualidades tiene asociadas a esa persona: es alguien valiente, decidido, triste, solitario... Porque tal vez su sueño le está hablando de un miedo o un deseo oculto sobre lo que significa esa persona. Puede ser que usted teme ser así, o que usted desea ser así. O una parte suya que es como esa persona. Piense en ello.

6. Las conversaciones son quizá lo menos importante para descodificar el resultado. Reitero que lo primero es la sensación general de usted de forma consciente. Pero los temas que habla o "escucha" en el sueño, ayudan también a ver de qué trata expresamente su sueño y qué pretende decirle su propio inconsciente. También los objetos cobran a veces otro significado diferente. Piense porqué en su sueño tiene importancia ese objeto ¿Qué significa realmente para usted?

7. Por último, son muy relevantes ciertas claves que debe tener en cuenta:
-Los fenómenos atmosféricos o accidentes geográficos son metáforas de nuestro propio estado de ánimo (a no ser que haya vivido un trauma o tenga un miedo específico con terremotos, o riadas, por ejemplo). Son extremadamente fáciles de interpretar: hablan de usted directamente, le están diciendo cuál es su situación en determinado aspecto de la vida.
- Los sueños repetitivos en su vida pueden hacer referencia a traumas o cuestiones no resueltas. Darse cuenta de que vamos desnudos, por ejemplo, hacen referencia al pudor y la timidez propia de la juventud. Yo todavía veo las preguntas de los exámenes en mis sueños y pienso "no voy a acabar la carrera jamás" (Yo soy de esas a las que le costó sacar los estudios. Lo digo porque estoy harta de esa gente que dice "yo no estudiaba nada y aprobaba todo". Pues hijo, ¡qué mierda de sistema educativo entonces!)
- La sexualidad, la muerte y el miedo son los temas que aparecen más ocultos bajo la simbología onírica. Son nociones naturales que aprendemos desde el tabú, por lo que cuesta descifrarlos en los sueños. Es relativamente habitual soñar por ejemplo que se nos caen piezas dentales. Esto refiere a lo más íntimo, lo oculto, la entrada a nuestro interior... y puede descifrarse desde la sexualidad casi siempre. Piense que su sueño le puede estar hablando de algo así pero desde un discurso metafórico para no "escandalizar" a su consciente.
- Todo debe leerse desde las preocupaciones del momento. Si estamos viviendo dificultades económicas, problemas de pareja o angustia vital, es muy probable que los sueños nos alerten de peligros o nos ofrezcan soluciones. Por eso será más fácil para usted que para cualquier otro, comprender el significado de su sueño.
- El consumo de sustancias psicoactivas altera la plasticidad de los sueños. Tanto el cannabis como los ansiolíticos o los tratamientos antidepresivos, o cualesquiera otras cosas, afectan a los sueños y cómo los recordamos. La interpretación en estos casos se complica bastante más y a veces es preferible no hacerlo hasta varios días después de que se suspenda el consumo.


A modo de casos prácticos, les voy a contar algunos SUEÑOS y su interpretación:

* Nunca suelo soñar con mis hijos. Es una realidad que vivo con poca preocupación. Sin embargo el día que nació mi segundo hijo tras 24 horas de parto (que es lo que dura un parto normal) me metí en la cama con mi bebé. Encadené 4 pesadillas (las peores de toda mi vida) de las que me iba despertando cada vez. Probablemente el desajuste hormonal de mi cuerpo propició tal desaguisado. El peor de los sueños fue uno en el que un individuo con muy mal cutis sostenía a mi hijo mayor (que entonces tenía 2 añitos) en brazos frente a mí. Se metió en un ascensor, y mientras se cerraban las puertas, imposibilitando que yo pudiera hacer nada, veía como este hombre sacaba un cuchillo de grandes dimensiones y lo acercaba al cuello del niño. El significado es claro: El gran temor de que el nuevo hijo me arrebatara la plácida maternidad del primero. El propio asesinato -metafórico- de mi hijo mayor, al que yo ya no podría cuidar. El dolor abstracto del destronamiento ajeno.

* A veces sueño con mi padre, que murió hace 5 años. Tiene siempre un papel secundario y amable, y a veces en el propio sueño soy consciente de que está muerto. Generalmente, aparece en situaciones cotidianas. Yo recogiendo la casa. Una casa que no conozco pero es mía y es preciosa. Muy grande, con habitaciones que descubro por primera vez (esto es algo que se repite en mis sueños siempre). La casa soy yo, me gusto, me descubro y hay partes que deseo desentrañar de mí. Mi padre es el pasado, la autoridad que ya no me importa, la genética que pervive en mí.

* Voy por la calle y está inundada. A veces voy acompañada de gente conocida o desconocida. A veces navego en un barco o me meto en el interior de una casa donde también hay una fuga de agua. Siempre hay mucha agua, limpia, clara y en movimiento. Pero nunca me agobia... como mucho me incomoda al caminar. El agua aquí significa limpieza, deseos de cambiar, torrentes de ideas y vitalidad, movimiento, ansia de libertad y tal vez angustia por no encontrar nunca la calma.

Espero que esta somera guía les sirva para analizar sus sueños, conocerse más y mejor y solucionar sus agobios. Me gusta que la gente me cuente lo que sueña y qué siente durante el sueño... Lo digo por si se animan a comentarlo aquí.

Las ilustraciones son todas de Eugenia Loli. Se la recomiendo

Lo dice Diana Aller

martes, 11 de octubre de 2016

¿BOLLERA, HETERA O BISEXUAL? (La que no se consuela es porque no quiere)

10 VENTAJAS DE DE SER BOLLERA



10- Saber comer un coño es algo cercano y fácil cuando se tiene uno propio.

9- Vivir sin estar pendiente de la mirada masculina es más pacífico que el Océano Pacífico. Más tranquilo que un koala en una rama de un árbol. Más sosegado que una siesta extremeña. Más reposado que una sacristía abandonada.

8- Hoy sigue siendo algo raro y subversivo ser lesbiana. Y eso, bien llevado es rebeldía pura, es crear pensamiento y propiciar cuestionamientos ajenos sin necesidad de militar en nada. Si usted es joven, no necesitará explicar nada en casa, y puede aprovecharse de traer amigas a dormir bajo el techo familiar. En unos años lo recordará con un maravilloso morbo añadido.

7- Hay menos tabúes en una relación construida sobre un tabú.

6- Si su novia le deja la marca del pintalabios, sólo parecerá que usted se ha pintado mal.

5- Los baños públicos se convierten en lugares maravillosos y libres de sospecha.

4- No hay riesgo de embarazo.

3- La condescendencia con la depilación, la regla y mil detalles más, me parece algo tan necesario y fuera del competitivo mundo hetero, que es como para replantearse todo todito. Si usted es más alta que su novia, quedará perfecta. Si es más mayor, más rubia, más rica... también. No tiene ningún tópico asociado per se.

2- Es maravilloso que la imaginería cultural dé por sentado que el sexo entre dos chicas es algo dulce y cuqui. Incluso mola que el porno haya creado una narrativa lésbica tan de vampiresas, tan ficcionada (y esperando siempre una polla que aparece en la secuencia final), porque ni unos ni otros imaginan la incansable capacidad sexual de hacer guarrerías cuando se juntan dos mujeres (o más).

1- Llámenme superficial o pragmática, pero para mí lo más guay es poder prestarse la ropa, y es lo que más echo de menos en mis previsibles relaciones heterosexuales: intercambiar prendas y estilos es el summun de la felicidad en pareja, y esta manía de vestir distinto según el género me parece algo muy loco que cierra puertas y separa sin necesidad.


10 VENTAJAS DE DE SER HETERA


10- Todo un mundo y una cultura hablan de usted. Hollywood le dedica películas y no solo románticas. También de aventuras, de misterio y hasta de -yo qué sé- Harry Potter o un monstruo que viene a verla. Usted querida, es la medida del mundo, es la talla 38, es la consumidora tipo, es un estudio de mercado con piernas.

9- Le puede decir a su novio o amante que tiene la regla si desea librarse de él.

8- Puede que esta medida no sea muy popular, pero funciona muy bien hacerse la tonta para librarse de tareas penosas. Ante su novio, su ex novio, el vecino del tercero derecha... Y le acabarán arreglando la persiana o haciendo una gestión en la embajada. (Y me juego mi portátil a que seguro que usted hace mucho más por los varones que los varones por usted). La heterosexualidad ayuda en estas prácticas.

7- La vida resulta asombrosamente fácil. La penetración vaginal no requiere ningún saber especial. No hace falta ni respirar, así se lo digo. Es el sinónimo más claro de la palabra pasividad (o vagancia, que tiene su aquél).

6- En la convivencia hay orden y no se mezcla la ropa ni los enseres de aseo. Cada uno tiene sus cosas perfectamente compartimentadas.

5- Le podrá presentar a sus tradicionales padres a su novio y ver qué tal congenian. Y sin problemas...

4- Nunca sentirá que ha decepcionado a su familia o traicionado los valores falsamente considerados naturales. Puede que usted no lo valore, pero le aseguro, damisela, que es todo un privilegio bastante chachi.

3- Los viajes, en el cole de los niños, excursiones, salidas de fines de semana y el mundo entero está lleno de parejas binarias con las que intimar. El mundo está lleno de Teresa y Fernando y Pilar y Jorge, y todos encantados paseando por La Latina o de tapas por Olavide.

2- Por supuesto que si no le apetece, es perfecto, pero si desea tener hijos, resulta relativamente fácil (y asombrosamente placentero) el tenerlos. Remarco el goce porque en mi caso es lo que más define mi experiencia con respecto a la maternidad. En mi caso, claro. No puedo parar de disfrutar. Cada día más. Y la heterosexualidad lo pone muy fácil.

1- Dedicar una vida a seducir, catar, ser y hacer feliz a uno tras otro tío ayuda a ver a las demás mujeres como hermanas, a entenderse fraternalmente. Estrechar complicidad con amigas y conocidas sabiendo que es un amor y admiración puras y fuera de todo interés, resulta de lo más placentero. Y la comprensión femenina se construye de forma sólida, dando lugar a experiencias increíbles, y a un crecimiento infinito. La unión hace la fuerza. Y la amistad es para siempre.


10 VENTAJAS DE DE SER BISEXUAL


10- Ser bisexual implica romper horribles tabúes asociados a su naturaleza. Una vez descubre que no es una viciosa ni tiene un problema pendiente de aflorar, recibirá la vida y sus embistes, con plenitud y feliz indiferencia. Usted ya ha librado su guerra. Y ha ganado.

9- Usted puede enrollarse con la ex de su ex novio, con el ex de su ex novia, con la ex de su ex novia y con quien le dé la gana. Por gusto, por venganza, por probar...

8- Todas las canciones le recuerdan a alguien. Hablen de ella o de él, usted las goza con amor y las puede dedicar mentalmente al objeto de sus deseos.

7- Sabe responder según qué en cada momento. Y lo mejor es que casi siempre opta por no dar explicaciones ¿Para qué? Si no la comprenden es problema de los demás, no suyo.

6- No se liga más por ser bisexual como muchos piensan, pero sí que se liga mejor.

5- Si le entra un tío pesado, siempre puede decir que le interesan los coños. Si le entra una tía pesada... ¡Un momento! Las tías no suelen entrar... aunque pesadas... pues también hay...

4- Conoce la discriminación, y por eso mismo, valora (y trabaja) la inclusión.

3- Usted distingue como nadie la orientación del comportamiento sexual. Y demasiada gente se hace un lío entre una y otra cosa.

2- La seducción con los hombres implica unos gestos y unas conductas determinadas: desde hacerse la tímida hasta llevar escote. Con las mujeres se espera que usted sea directa y con un estilo más sobrio en todo... Y en cierto momento de su vida, usted se dará cuenta de que lo más seductor que tiene usted es vestirse como le salga de su mismo coño, ser como es en realidad y jugar sus cartas conociéndose y mostrando toda su capacidad de felicidad...

1- Siendo realista: Ser bisexual es un regalo, una lotería millonaria, un flipe, un vivir en una vida explorando y divirtiéndose. Enhorabuena.

(La sobreabundancia del morfema "coño" es deliberado y dedicado a los lectores de Elvira Lindo, coño)


Lo dice Diana Aller

jueves, 6 de octubre de 2016

ACABA NO QUE VERANO EL

Ilustración de Laura Berger

Tengo la sensación de vivir un verano eterno. El verano es ese momento de eclosión, en el que rompe reventona toda la pasión que mantenemos en barbecho durante la primavera. Porque en primavera surge todo, nace ese remusgús (término casi onomatopéyico acuñado por mi hermana María) que nos tiene locos. Nace la vida, rebelde, dispar, intratable, egoísta. Y cuando la sangre se contonea por las arterias a un extraño ritmo vital recién aprendido, entonces llega el verano, abrasador, arrasador, insomne, amarillo. Y todo es verano. Se alarga el día y se ralentiza la noche. Y aprendemos a amar. Con palabras nuevas. Con experiencia y sin esperanza, porque ya sabemos de qué va la cosa. Habitamos un presente espeso e indoloro. Y nos convertimos en esas pandillas de amigas de Guadalajara, que van a pasar un fin de semana a Londres, vestidas de arriba a abajo de Inditex y se sienten cosmopolitas en Marble Arch. O en el conserje de casa de nuestros padres (porque nosotros, el precariado, vivimos en casas sin conserje) cuando baja al bar en Gandía, palillo interdental en ristre, y siente que las vacaciones le inundan en su mísera alegría. Somos un verano huecamente feliz, que se prolonga en la meseta y en el tiempo. Somos un atardecer sobre los tejados del extrarradio. Y una brizna de pasto seco en el césped de la piscina municipal. Este verano de octubre es complacencia pura, es una adolescencia que no hay manera de que termine. En Madrid hace un calor apocalíptico y raro. Los insectos despistados zumban sin mirar al frente. Mi tiempo se ha vuelto elástico y dúctil. Y sigo en mi verano, irreal, dadivoso, extrañamente juvenil. Los eclipses han trastocado incluso el panorama político. Estamos sin gobierno oficial, en un letargo dulce y mamífero. Gozo de la no acción de Podemos, porque la Gürtel y la desintegración del PSOE ya lo hacen todo. Nos dejamos llevar, olvidando horarios y convenciones. Reinvento mi heterosexualidad. Sudando, caminando, a golpe de whatsapp. Con cerveza y sin tabaco. Ya vendrá el dolor o la gloria. Pero hoy nos mantenemos en esta densidad cómoda y flotante, en este verano eterno y ligero. Estoy viviendo mil vidas rotas y cubistas a lo largo de este estío estanco. Estoy extra estimulada, pero estoica; en éxtasis, pero estable. Estoy sin estar del todo. Es común a todos, lo sé: este bochorno gualdo le afecta también a usted, que está transitando por una vida prestada. Como si todo fuera lejano e inconcreto, como si tuviera más años o muchos menos. Con la feliz indiferencia de la marihuana, de la niñez, de un sábado a la hora del vermú. ¿Qué es esto? ¿Qué nombre poner a este azote de calor sumiso? ¿Con qué elemento nos están fumigando? Hasta mi perro anciano tras estar gravemente ingresado ha decidido posponer su muerte. No sé si quiero ponerme el jersey. A veces mola demasiado no avanzar. Tumbarse boca arriba y dejarse penetrar. Que baraje las cartas el propio destino. Ya me correré otro día. Hoy es verano. Tardío y seco. Vago y maternal. ¡Ay, no sé qué me pasa! Pero sé que a usted le sucede también.

Lo dice Diana Aller

lunes, 3 de octubre de 2016

UNA PARTE DE MI VIDA

Hace un tiempo comencé a escribir mi autobiografía, algo que a priori no tiene demasiado interés más que para mi descendencia. Sin embargo hoy la he encontrado, perdida por mi ordenador, y me he decidido a copiar aquí un trozo. Espero que les guste:

Además de la masturbación, la música y la tele, ahora tenía otra ventana al mundo: a los horizontes madrileños. Veía el parque de atracciones, el ejército del aire, torres blancas, la Torre de Valencia, el edificio Windsor, Plaza de Castilla e incluso montañas casi siempre nevadas al fondo. Siempre he sentido cierta envidia de quienes dicen haber tenido infancias muy felices, que invariablemente alegan que se criaron en la calle. Esa privación del espacio público a mí me supuso un engorro importante: Yo no sabía nadar, no sabía montar en bici... No sabía hacer las cosas que hacen los niños.

La geografía urbana actual se sustenta en modelos arquitectónicos cerrados, en el feudalismo cutre de la propiedad privada, en el boom del ladrillo. La edificación estrella es la urbanización. Familias que se hacinan en torno a un espacio común, cerrado y generalmente inaccesible para el que no es propietario o amigo de propietario. Se trata de una arquitectura cerrada, práctica y excluyente. Las urbanizaciones, cual fortalezas en serie, se yerguen orgullosas y cerriles a lo largo y ancho de cada localidad.

Cada pequeño propietario, agasajado con sinónimos biensonantes de "inversor", se siente amo y señor de un feudo amargo y solitario. De hecho es muy raro poder asumir una deuda hipotecaria con un solo sueldo, lo que conlleva el compromiso capitalista, generalmente con la pareja sentimental. Y las hipotecas, tal y como están las cosas en España, se alargan bastante más que el amor a lo largo del tiempo. El piso de la urbanización se convierte entonces en una ratonera sentimental, en un vertedero de afectos, de familias desengañadas, que aguantan porque no tienen escapatoria, y porque el modelo que sin saberlo se han impuesto creyéndose libres, los encadena a un banco, a una descendencia, a una casa y a una pareja estable. Salir de todo ello es como salir del alcohol, el caballo y el tabaco a la vez. La urbanización, como averno neurálgico de nuestra sociedad ombliguista, abraza con sus pecaminosos tentáculos a individuos adocenados, incapacitados de ver la salida de tan compleja estructura. Adultos rodeados de su propia miseria, de frustración, de pistas de paddle, tarima flotante y primeras calidades.

Lo que ocurre de puertas hacia fuera es un mundo sórdido y lleno de peligro: los informativos dan florida cuenta de atracos, pederastas y aparatosos accidentes... Se invita a comprar seguridad, alarmas y suplementos vitamínicos. Las familias, esos núcleos humanos no elegidos, se tienen que soportar y hacer fuertes conjuntamente en el territorio que dentro de muchos años terminarán de pagar. El sistema, siempre hambriento y devorador ofertará miedo y venderá seguridad; atrapará de por vida a un montón de infelices que se creen inversores, ávidos superhéroes y burgueses acomodados, llevando la más miserable de las existencias. Con sus gimnasios cutres, su piscina y su garaje, con sus deseos no consumados, con sus vacaciones en la Comunidad Valenciana.

Los individuos se juntarán solo con sus iguales, con clase trabajadora y aspiracional, con gente con nómina, hipoteca, pareja estable y coche, todo en el mismo esquema lineal de podredumbre contenido entre los muros de la urbanización. Cerrados a la cultura, al mestizaje, a los espacios públicos, al olor embriagador de la libertad, a la improvisación.

La urbanización propone una vida reglada, bienpensante, esclava. Un sistema del que los hijos deben aprender y perpetuarán ordenadamente. Niños que bajan al jardín cuando hace sol, que viven grandes aventuras en los mismos metros cuadrados día tras día, año tras año. Niños privados de mucho, dentro de una propiedad privada de todo.
Quienes crezcan en estas luciferinas edificaciones padecerán parecida infancia a la mía: recortada del tejido social, autónoma, ficcionada, temerosa.

El urbanismo post crisis está compuesto por ciudadanos cautivos de sus hipotecas, sus miedos y sus mundos reducidos. Estos trozos de ciudad hacen que la gente se relacione solo consigo misma y con sus iguales, produce una segregación social que a la larga genera desconocimiento y miedo a lo otro. Los lugares de encuentro ya no son las plazas a las que se accede caminando. Ahora son las gasolineras y los centros comerciales, lugares de paso donde no da tiempo a interacciones, solo a consumir, y dependiendo del transporte privado.

España se ha llenado de guettos sin relación, sin proyecto común, sin herencia colectiva. 


Yo jugaba casi siempre sola. Con muñecas diminutas. Siempre féminas. También disfrutaba dibujando en papel cuadriculado planos de internados, cárceles, conventos y sectas. Me fascinaba el hacinamiento ordenado. Diseñaba dormitorios mínimos e individuales, una plaza central donde socializar y desempeñar labores de trueque, deporte y organización. Y estancias para el recogimiento, la lectura o los premios. En mis mundos ideales había premios pero no castigos. Sin saberlo, diseñaba metáforas de urbanización, de especulación salvaje. Estaba creando el epítome mismo de la arquitectura de la alienación que décadas después eclosionaría en España.

Veía películas, series, programas de entrevistas... La televisión me parecía muy nutritiva, y comencé a verla a escondidas por las noches. Desde mi cama, poniendo la cabeza en el lado de los pies, si estaban ambas puertas abiertas, se veía la tv del cuarto de estar. Mi hermana mayor y yo veíamos Anillos de Oro, la serie de Ana Diosdado que nuestros padres no nos dejaban ver. En el primer episodio se suicidaba Jorge Sanz ahorcándose. Nos impresionó mucho. Entre otras cosas porque Jorge Sanz era semivecino nuestro.

El mundo se dibujaba ante mí como algo muy ajeno y despegado a mis intereses, que apenas había explotado. Comencé a escribir un diario a los 8 años, y desde entonces no lo he dejado jamás. Era una necesidad, al principio muy tosca y sin definir, pero en la adolescencia se había convertido ya en un instrumento tecnificado, prólijo e indisoluble de mis pulsiones. Mi primer diario era color lila, cuadriculado y tenía el dibujo de una niña cabezona con sombrero en cada página. 

La vida transcurría macilenta y espesa durante el curso. El colegio me parecía un horror, pero mi casa lo era más. Era una niña callada y obediente, con miedo a hacer las cosas mal. Tenía el pelo y los ojos negros del todo. Veraneaba en Santander con toda mi familia verano tras verano. Allí el tiempo pasaba más despacio todavía y detestaba las vacaciones. Madrid era mi colegio, mi casa y lo que alcanzaban mis ojos negros por las decenas de ventanas de mi casa. El gigantesco salón comedor, el despacho y una galería aledaña era territorio exclusivo de mi padre. Ahí no entraba ninguna mujer. Entre las 4 nos repartíamos el resto de la casa.



Vivía en el número 5 de la calle, y en clase yo era el número 5. Me empecé a obsesionar con los números. Les atribuía propiedades mágicas en cuanto se repetían o seguían un patrón. Nací el día 11 del mes 11 del 74, que suma 11. Mi madre contaba divertida que ingresó aquel día a las 11 en la habitación 111 de la Clínica Nuevo Parque, donde nací (a eso de las 4 de la tarde). Yo solía escribir secuencias de números en las que añadía una complicación en cada tanda. Fue así como aprendí a despejar una incógnita numérica. Aprendí por aburrimiento a hacer ecuaciones de primer y segundo grado. Sin embargo las matemáticas no se me dieron bien jamás. Ni las matemáticas ni las demás asignaturas. Cuando tenía que estudiar me bloqueaba. Me costaba comprender conceptos que por lo visto eran fáciles, pero a mí no me lo parecían. 

Lo dice Diana Aller