domingo, 25 de diciembre de 2016

LA CONDENA DE SER INTELIGENTE

Se mide la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar (Immanuel Kant)

Si yo leyera un texto como el que me dispongo a escribir, sentiría una insoportable aversión hacia su autor. Porque si algo detesto de forma manifiesta y justificada, es la altanería intelectual. El significarse desde un privilegio, cualquiera que sea, amén de injusto, es una cosa muy fea.
Aunque bien es verdad que al nacer con unas capacidades desarrolladas en un mundo tan mediocre como éste que habitamos, es imposible abstraerse de ellas.


Desde niños, los inteligentes tienen conciencia de las limitaciones ajenas antes que de sus propios talentos. Crecen temerosos y constreñidos en un entorno embrutecedor y gratuitamente violento. A estos niños, y sobre todo a estas niñas, se les penaliza desde la ramplona picaresca intelectual de nuestra época para que no desarrollen su libertad. Se construye un mundo áspero y alambrado, cuajado de normas, de especialistas que escriben libros, de diagnósticos y de privaciones.
Y crecen bajo esa dañina premisa de "hay que poner límites" que protege a los ignorantes antes que promover a los ingeniosos.

Estoy muy harta de escuchar y leer esa sandez de que hay que poner límites. Es una salvaguarda ruin,  un temeroso "pero", una potestad que se arrogan los inferiores que siempre están por encima. No, niños y niñas inteligentes: No hay límites. El conocimiento es infinito y se ordena en una extraña paradoja espaciotemporal que funciona solo con imaginación. Y ése es el único motor. A la mierda los frenos, físicos, humanos o del tipo que sean.

Es muy probable que usted misma, usted mismo, haya sido un niño ultrajado por su lucidez. Pese a lo que muchos creen, la iniquidad va asociada a la ignorancia y la bondad al razonamiento. Y esa abusiva mayoría de gente corta de miras y llena de miedos, habrá ejercido una manipulación constante y sibilina sobre su ego y su seguridad hasta tal vez aniquilarlos.


En estos días de comunión familiar y copiosa gastronomía, resulta especialmente doloroso para muchos reunirse con su pasado y revolver sus ansiedades familiares. Ocupan el lugar que ocuparon antes, como si toda la lucha y la independencia conseguida durante los años anteriores, cayeran por tierra para observar, con un terrible dolor sentimental, que la genética que recorre sus arterias es la misma que la de esa piara indocta que tiene de parentela.


Créame que le entiendo cuando se lamenta de vivir en un mundo tan zafio e interesado. Y cuando sufre por ello. La entiendo cuando preferiría estar buena a tener cerebro. Ser inteligente significa demasiado a menudo ser consciente de la podredumbre moral que nos rodea. Incluso saber disimular el intelecto, para que nadie se sienta desafiado, desgasta y para mal.
Se es más consciente del sufrimiento -el propio y el ajeno- y se conocen incluso los mecanismos que lo producen. Pero el margen de acción es mínimo, vergonzoso. Y usted se siente derrotadx ante un entorno cateto, vacío y pequeño en el que no tiene cabida.
Cada intento de cambiar las cosas o simplemente reclamar el espacio de la razón, se convierte en una lucha absurda, como si discutiera con unos picaportes inertes y sordos.


La repulsa de los demás va implícita en la inteligencia propia, y eso querido lector, llega a doler tanto que usted demasiadas veces ha renunciado a su sobresaliente juicio por no sufrir, por aguantar, por no meterse en líos...

Llegados a este punto, he de decirle que en efecto es una condena ser listo, porque además obliga a hacer uso de sus capacidades. Es imposible renunciar a ellas. Pero también existe una honda belleza de camaradería y desinterés entre sus iguales, así que si no los ha encontrado aun, búsquelos. Háganse fuertes. Una colectividad consciente es un espacio de lucha, evolución y revolución.

Si usted es brillante no necesita capacitación alguna, ni un examen psicológico ni un test de inteligencia. Si usted es brillante, ya lo sabe. Porque se reconoce a sí mismx igual que reconoce a sus iguales.

Querida persona inteligente,
No incurra en los errores que detesta: Apoye al débil, cuestione al fuerte, favorezca la razón sobre la superchería, alimente su cerebro y el de sus iguales... Pero sobre todo, utilice esa clarividencia que posee para abrir caminos, luchar, comprender, ignorar a los ignorantes, auxiliar a los perspicaces y conquistar reinos e ilusiones. Que las únicas barreras sean las insidiosas coordenadas de espacio y tiempo, pero no este mundo regido por imbéciles. 
Va a tener jefes, padres y superiores insoportables, dolidos y enfadados por el injusto reparto neuronal del que ni siquiera son conscientes. Va a aguantar desplantes y correcciones de quienes no le llegan ni a los genitales. 
Pero también va a tener oportunidad de operar con la ciencia, el arte y la cultura, obteniendo una satisfacción inmensa. Va a poder hacer cosas por el mero placer de desentrañar a dónde le llevan. Va a congraciarse con la teoría y la experiencia y va a gozar a lo bestia gracias a su cerebro. Se lo prometo.
Sólo tiene que hacer una pequeña concesión. Un ínfimo esfuerzo. Debe aspirar a ser libre. La libertad, querida persona inteligente, es la llave, es la clave. Sea libre, muévase y piense en libertad. Dibuje, proyecte, sueñe, camine, investigue... Desde la total y absoluta libertad. 

Respire hondo. La vida es increíble. La inteligencia necesita ser libre.



APÉNDICE: 10 Rasgos de las personas inteligentes:
1. Escuchan
2. Tienen los dedos índice y anular largos con respecto a los demás
3. Apenas levantan el bolígrafo del papel en cada palabra al escribir
4. Tienen curiosidad por muchas cosas
5. Descodifican la vida desde un enfoque lúdico
6. Padecen alguna divergencia como ser zurdo, gay, etc
7. Disfrutan leyendo
8. Les gusta apostar, aunque sea consigo mismos: cuestionan sus capacidades y se testan continuamente
9. Se compadecen de los que sufren y se comprometen con las causas justas
10. "Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él" (Ya saben, la frase de Jonathan Swift de "La conjura de los necios" -Kennedy Toole-).

(Este texto lo ha inspirado una amiga con la que me espera un futuro muy mediterráneo y es, sobre todo para ella)

*Un apuntito de última hora: No confundamos este discurso con culpar a los demás de nuestros problemas, por favor. Ya saben que este texto, en el fondo -y en la forma- es un poco "elitismo para todos". Lo saben ¿verdad?

Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

johnshure dijo...

Simplemente precioso.
Gracias.

johnshure dijo...

Simplemente precioso.
Gracias.

Nick dijo...

Hola Diana Aller acabo de descubrirte, me fascina tu visión, tb estoy en el mediterraneo, conozco una pizzeria genial ;)