martes, 15 de noviembre de 2016

QUIERO SER LIBRE

Igual que me gustan los Ramones o la tortilla de patatas, o follar con ganas... me gusta también Gilles Deleuze. Me gusta su metafísica que parte de nociones muy kantianas (Y Kant me gusta más que la tortilla, los Ramones y follar, todo a la vez). Me gusta su discurso, muy circunscrito al cine, a la cultura y a la época (el Mayo francés).

Ya sé que ustedes prefieren que yo hable de música, de gastronomía o de sexo, pero ninguno de esos contenidos operarían de la misma forma si no tuviéramos flotando en nuestra cultura, las nociones filosóficas de quienes nos precedieron. Y de lo que quiero hablar hoy es algo muy ligerito, se lo aseguro.



Resulta, que este señor, Deleuze, se preocupó por la filosofía de Spinoza, otro filósofo interesante (era el favorito de mi padre) hasta el punto que le dedicó su tesis doctoral. En varios textos de Deleuze queda manifiesta su complementariedad, sus atinadas reflexiones sobre su predecesor.
A colación de la teoría de los afectos de Spinoza, que Deleuze entiende como existencialista, encuentro una frase maravillosa y esclarecedora. Esta:

La tristeza, los afectos tristes son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en sus esclavos. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos. No es fácil ser un hombre libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia”.

No hace falta circunscribirla a la importancia spinoziana de "cuerpo". Le podemos dar una lectura bien política y bien natural al asunto.
Y es que es muy difícil salirse de uno mismo para concebir la noción de libertad. Tenemos miles de rejas que nos enclaustran, y la primera de ellas es nuestro pensamiento, forjado a base de años y años con teorías que cimentan valores que no cuestionamos, y que damos por válidos.

Desde hace unos 6 meses me planteo el problema de la libertad desde diferentes registros. La libertad implica elección, pero también responsabilidad, totalmente desligada del libre albedrío.

Elección y responsabilidad.
¿Cómo pueden operar ambas cosas?
Solo hay una manera: Sin miedo.

Pero el miedo, el afecto que nos rige, ha creado una costra inmensa a estas alturas.

No podemos elegir, y tampoco podemos ser responsables. Transferimos una y otra categoría al otro, a lo otro: al Estado, a nuestra familia, al psicoanálisis. No nos percibimos desde ni como cuerpo libre.

Quiero ser libre. Libre quiero ser.


Harta estoy del miedo. El miedo paralizante, el miedo que ordena y manda. El miedo que nos tiene agarrados y nos estruja y nos lleva por caminos terribles y sin salida.

Enseguida vuelvo con mis temas habituales, disculpen este alivio intelectual.

Lo dice Diana Aller


1 comentario :

Unknown dijo...

❤️❤️❤️