sábado, 5 de noviembre de 2016

MUJERES QUE BESAN A MUJERES

Anonadada me hallo.
Hace unos días pedí a la virtual y entendida platea que visita ésta mi casa, sugerencias sobre temas para escribir.
Antes de abordar la cuestión que me tiene hoy ante el teclado, he de dar las gracias por todos los temas que ofertaron. Son ustedes fantásticos y a buen seguro la vida se ocupa de recompensarles merecidamente, por medio de esa idiotez que a veces funciona de la justicia cósmica.

Mi estado de estupefacción se debe a que tres buenas amigas, ¡tres!, (LR, B y M) me han contactado para dar voz a su historia. No se conocen entre ellas y sin embargo están viviendo un cambio de paradigma en sus vidas.

No se trata de chicas majas y simpáticas... Les hablo de supra mujeres, de esas que apabullan neuronalmente hablando. Las conozco de trabajar en la televisión, de encuentros feministas y de salir por la noche y tener parecidos gustos musicales en cada uno de los casos... Y estas son sus historias:


Con LR conecté desde que nos conocimos, en un entorno laboral no muy favorable. Me sorprendió lo solvente y eficaz que era. Es la típica mujer que puede desempeñar cualquier puesto que se proponga. Incluso presidenta de España. Pero además tiene una sensibilidad directa, honesta, nada ñoña, alucinante. No tenemos mucho contacto, pero sí una relación muy estrecha. Es una de esas amigas que siempre está, y eso es un lujo:

Querida Diana, he leído tu post en el que nos pides a tus seguidores más fieles que te demos ideas sobre las que escribir. Pues bien, no sé si lo que te voy a contar te será útil o te dará alguna pista sobre lo que publicar pero de lo que estoy segura es de que me servirá de desahogo y seguro que tus palabras reconfortantes me dan consejo sobre lo que hacer con todo esto. Quizás me animes a seguir adelante o tal vez me hagas aterrizar y poder olvidarlo todo (esta segunda opción, ahora mismo, está muy lejos de mis planes).

Te pondré en antecedentes: Tengo 37 años, estoy separada y tengo dos hijos de 5 y 7 años. Llevo años leyendo tu blog y desde hace un tiempo a esta parte, tus palabras mágicas se han convertido en esa piedra en el camino con la que he tropezado y que ha hecho cambiar el rumbo de mi pensamiento. Tus reflexiones sobre las relaciones de pareja, el sexo, las maneras de enfocar el noviazgo, el amor y los idilios heterosexuales u homosexuales han convertido mi cabeza en una centrifugadora y digamos que por fin “he visto la luz”.

Tras tomar la valiente decisión de separarme he pasado por varios estados de ánimo muy variopintos. A los pocos meses de haberme quitado esa enorme mochila que no me dejaba avanzar comencé a conocer (sin buscarlo ni quererlo) a algún chico con el que poder resarcirme o desahogarme en cuanto a la necesidad de sexo y cariño se refiere. Esto me hizo volver a creer en mí misma. Empecé a sentirme de nuevo atractiva, deseada y eso gusta y reconforta. Sin embargo, esto fue un arma de doble fijo porque me di cuenta de dos cosas: la primera, que el “buenorro veinteañero” está sobrevalorado (da pereza estar de profesora particular de la que el alumno acaba enamorándose tontamente) y segunda, que estas relaciones estaban siendo meros parches fruto del deseo o necesidad carnal.

Pero un día me senté a reflexionar sobre todo lo que me estaba pasando (ahora que tengo tiempo para mí y que me he bajado del AVE de la rutina pienso en las cosas importantes que mueven nuestra vida) y llegué a una serie de conclusiones:

Mi relación con mi ex, a ojos de esta sociedad conformista que se deja llevar por la rutina y que se aferra a la idea de “estar juntos” y cumplir años de pareja (años de costumbre, zona de confort, escasez de sexo y comentarios de cuánto nos queremos en nuestro muro de Facebook) era una relación perfecta. Nos llevábamos bien, no discutíamos, el respeto y la confianza era plena y hasta follábamos con una frecuencia que muchos recién casados anhelarían. He tenido la gran suerte de dar con el chico ideal. Mi ex siempre ha sido un marido excelente, el amante perfecto y, sobretodo, la utopía de figura paterna hecha realidad.
Sin embargo, me he dado cuenta de que hay muchas cosas del género hombre que me chirrían y que impiden que aunque haya tenido la suerte de conocer al marido “ideal”, eso no me haga feliz. Esto no sé si es porque soy muy feminista, muy inteligente o porque tengo ciertos valores arraigados en mí por los que quiero luchar y cosas por las que no quiero “tragar” y que hacen que un hombre no pueda darme lo que quiero.

Esta reflexión me hizo darme cuenta de que lo que yo quería realmente era estar con mis amigas (todas ellas listas, despiertas y con un alto nivel intelectual). Con ellas me entiendo, nos lo contamos todo, nos apoyamos y puedo hablar de temas que con un hombre sería imposible (o por lo menos el enfoque cambiaría totalmente). Ahí empezó a inundarme la idea de que lo que yo necesitaba era una AMIGA con la que follar y de la que enamorarme.

El poder llegar algún día a fundir el concepto de amistad y amor en una relación de pareja pasó a convertirse en uno de mis objetivos (aunque fuera en un futuro muy lejano). Esta meta con un hombre de por medio me resulta imposible de imaginar.

En esta época en la que mi coco era una tormenta de ideas locas pero absolutamente geniales tuve una conversación con mi amiga I. Ella lleva separada unos años y me habló de las diferentes páginas de contactos en las que ella (y mucha gente) ha encontrado lo que necesita. En un primer momento me daba pereza pero un día me puse a echar un vistazo. Me pasé horas navegando por perfiles de chicos y chicas y cuando ya casi había tirado la toalla leí una carta de presentación en el muro de una chica. Ese texto logró llamar mi atención (algo bastante complicado) y decidí mandarle un mensaje que supuse caería en saco roto. Sin embargo, ahí empezó todo…

Al poco tiempo recibí contestación de esa chica. Me dio su número de teléfono y empezamos a mandarnos mensajes y audios, al principio de vez en cuando y cada día con más frecuencia. La conexión y la magia empezó a fluir desde el minuto uno y eso, he de confesar, llegó a darme un poco de pánico y vértigo. Empecé a darme cuenta de que las diferentes maneras de pensar de cada una nos aportaban muchísimo y hacían que nos complementáramos a la perfección. Pronto esa chica comenzó a convertirse en un proyecto de mejor amiga con amplia perspectiva de éxito. Con ella me sentía libre, totalmente transparente y sincera. Sin quererlo comenzamos a contárnoslo todo hasta que me di cuenta de que sus “buenos días” se estaban empezando a convertir en esa vitamina necesaria para levantarme con una sonrisa.

Un día ella me preguntó que si era lesbiana (claro, la página en la que la conocí era de chicas). La verdad es que hasta ese día no habíamos hablado de eso. Yo le había dicho que nunca había estado con una chica: ni un beso, ni una caricia, nada. Mi absoluta sinceridad en todo esto (hijos, inexperiencia lésbica, miedo a lo desconocido,…) había hecho que al principio fuera como tirarme piedras sobre mi propio tejado. Pero mis reglas de juego son esas: siempre lo han sido y siempre lo serán. No obstante, una chica inteligente como ella terminó dándole la vuelta a todo esto y convirtió esas piedras enormes que invadían nuestro camino y que no nos dejaban avanzar en trampolines directos al paraíso. Como ella dice: “todos los obstáculos pueden caer como un castillo de naipes”.

Llegó el día en el que le pedí que me dejara ir a verla (ella es de otra ciudad, a unas tres horas de mi lugar de residencia) y preparamos la visita. Fueron tres horas en tren en las que por mi cabeza pasaron infinidad de ideas, de posibilidades, millones de cábalas y fórmulas estadísticas que me preparaban para lo peor. Lo más normal hubiera sido que al conocernos en persona nuestra mente aterrizara para darse cuenta de que todo era fruto de la imaginación y de las ganas de encontrar lo perfecto. Pero nada más alejado de la realidad.

Nos encontramos a la hora prevista en el lugar pactado y desde el instante en el que nuestras miradas se cruzaron sentimos ese cariño y esa atracción mutua que hace volver a creer en la magia. Pasamos un día genial pero fugaz e hice algo que nunca antes había hecho: la besé. Y digo nunca antes lo había hecho porque era la primera vez que yo me lanzaba a besar a alguien (hasta entonces siempre me habían besado a mí). Quizás eso haya hecho que se convierta en el mejor beso que he dado en mi vida, sin duda alguna.

Pronto volví a subirme al tren con un popurrí de sensaciones que fluían por todos los confines de mi cuerpo y de mi mente. Sensaciones de bienestar, de felicidad, de incertidumbre y de pánico atroz.

De esto hace ya casi un mes. No hemos podido volver a vernos por cuestiones de logística (trabajos, hijos,…) pero pronto lo haremos de nuevo y seguiré enamorándome de ella aun sabiendo que existe la posibilidad de que en algún momento mis amigos tengan que recoger mis pedazos. Eso me da igual, prefiero correr ese riesgo porque sé que aunque eso pase el saldo va a ser muy, muy positivo.

Ya ves Diana, esta es mi historia, casi “adolescéntica” pero que me ha devuelto la ilusión. Ojalá sirva para motivarte y seguir escribiendo maravillas de las tuyas (como ves, no pasan desapercibidas). Te seguiré informando, espero que con buenas noticias.

Un abrazo.




B. es amiga mía desde hace más de 20 años. Ella me introdujo en el feminismo. Sí. Es una de las culpables de que yo empezara a vivir desde este cuestionamiento tan guay en el que vivo. Cuando teníamos maridos salíamos también con ellos, y tengo recuerdos increíbles con ella. Ese pasar a la edad adulta, llenas de miedos y de ilusión… Y ahí estaba B. templada, sabia, inteligente. A mí me parecía la versión de mí misma que yo quería ser y no me salía (porque yo soy más nerviosa, impaciente y más de beber). La quiero con locura, y sigue siendo un referente para mí:

No puedo situar en un momento concreto cuando pensé: “¡Ah, vaya! Resulta que soy bisexual”. En realidad es algo que siempre ha estado en mí. De hecho, reconozco mi interés por las mujeres como algo previo que por los hombres. Sí que esta atracción no supe identificarla y situarla hasta que fui mayor de edad cuando conocí otras realidades en la universidad, que por su diversidad me ayudaron a no sentirme incómoda.

Hace poco más de un año que me divorcié y cuando a mis amigos más íntimos les comenté que en mi recuperada soltería mis citas abarcaban mujeres y hombres, no hubo ninguna sorpresa. De hecho, recuerdo la frase de un buen amigo que me dijo: “Bueno, eso no es nuevo. Siempre ha estado ahí.”

Esta nueva etapa la vivo en mi interior, y con las personas de mucha confianza, de una manera natural. Supongo que estar ya en los cuarenta, ser madre de dos hijos y haber tomado la decisión de afrontarte a un divorcio cuando tu vida estaba muy establecida, te hace, en definitiva, relativizar todo un poco. ¡Vaya! Que no estás dispuesta que otros te digan lo que tienes que hacer o a dejar cosas de lado que sabes que forman parte de ti desde siempre. Por ello me molesta mucho el sentir que no tengo la misma libertad para expresar y vivir mis relaciones con mujeres con la misma naturalidad que cuando me refiero a mis experiencias con hombres. Todos nos creemos muy modernos y abiertos, pero el tener que soportar bromas de amigos cercanos sobre lesbianas, no ayudan a normalizar una situación que debería ser natural, y que en definitiva, no le concierne más que a las personas implicadas.

Hasta el momento, mis relaciones con mujeres se han limitado a mensajes y primeras citas. No obstante, no siento que esté “saliendo de ningún armario”. Tengo muy claro hacia donde se dirige mi deseo, a pesar de que, todavía no he encontrado la persona con la que salte la chispa.

Creo que estoy viviendo esta nueva etapa de mi vida desde la libertad, sin tener que pensar si me apetece más conocer a un hombre o a una mujer. Utilizo apps de contactos, como tantas otras personas, y voy conociendo personas, y si veo que la relación fluye más con una persona, es cuando doy el paso de querer conocerla. En cierta manera, para mí ha ido a la par el volver a la soltería, sentirme segura de mí misma y libre para hacer y deshacer sin tener que rendirle cuentas a nadie. ¡Sólo faltaría que a estas alturas de la vida tuviéramos que hacerlo!

No tengo claro dónde me va a llevar esta nueva etapa que afronto pero, de entre todas las cosas que inciertas cuyo control se me escapa, esto no me estresa en absoluto y me dejo llevar por la vida y, mientras, en mi cabeza no deja de sonar como un mantra el estribillo de Chucho “lo mejor de nuestra vida está por ocurrir”.


M. y yo entendemos la vida a través de canciones. Con ella hablo de música, de cosas profundas de la vida y sobre todo de naderías superficiales. Es una hembra alfa en toda regla. Tiene una personalidad desbordante que creo que nunca le he dicho que admiro. Y sí, también la quiero un montón y desde que nos conocimos supimos que íbamos a ser amigas:

Nunca me he percibido como bisexual, aunque siempre me han gustado las chicas. Creo que el concepto lesbianismo estaba tan estigmatizado en mi cabeza, que nunca me percibí como lesbiana ni bisexual. 

Sin embargo tuve bastantes experiencias con mujeres cuando era estudiante. Incluso relaciones largas... Pero yo las entendía como mero entretenimiento, aunque sufrí bastante por enamorarme de algunas. No era capaz de admitir que me había pillado por una mujer...

Siempre he sido muy ligona y no me han faltado hombres de todo tipo en mi vida. Incluso me casé y tuve hijos. Después de separarme tuve algún acercamiento con tías, pero nada serio.
Sin embargo, en este momento de mi vida me he topado con una mujer que me ha hecho replantearme absolutamente todo. Es una relación clandestina y difícil: Nos llevamos muchos años, ella tiene novio y yo jamás voy a renunciar a ser dueña de mi cuerpo y ejercer todas las libertades sexuales o estupefacientes o del tipo que sea, sin dar explicaciones a nadie. No creo en la exclusividad sexual, aunque cuando tengo pareja, la acabo ejerciendo de forma orgánica. Soy muy consciente -las dos lo somos- que esta relación no va a ningún lado… ¿Pero acaso las demás sí? Yo hace mucho que no me siento tan viva. Desde que me separé he dado con unos y otros, pero nunca he vivido algo así. Estoy viviendo una segunda adolescencia, llena de ilusión, incertidumbre y sentimientos locos.

Nos conocimos en una fiesta. Charlamos y tonteamos, pero todo muy naif y sin intención. Estuvimos muchos meses chateando, sin más. Pero fue creciendo la curiosidad, el interés y la atracción. Y claro, cuando al fin nos enrollamos había fuegos artificiales a nuestro alrededor. Juro que los vi. Se creó un pegamento, un imán, algo que me supera y me ata a ella.

Deseo estar con ella y sólo con ella. Cuando estamos juntas todo es divertido, único, maravilloso. Cuando no, la echo de menos como si fuera algo indispensable. Supongo que estoy viviendo algo muy cercano al enamoramiento, aunque a ratos lo percibo como el enganche a una droga muy dura. Sentimentalmente es la mezcla perfecta entre ternura y pasión desbocada.

Y sexualmente todo es tan perfecto que siento que he encontrado la verdad cósmica y sentimental que guardan nuestros cuerpos. De hecho, he empezado a generar cierto rechazo a las relaciones heterosexuales. El otro día quedé con un chico con el que tengo citas maravillosas de cuando en cuando, y me pareció algo… sucio, animal, feo… Por momentos sentía que me estaba follando a un perro, o a un oso, no sabría decirte, una sensación muy rara.

Siento que ha cambiado mi percepción de la vida. Igual que cuando estaba embarazada sólo veía embarazadas por la calle, o después me fijaba en carritos de niños cuando yo también tenía, o cuando me escayolaron el brazo, que veía gente vendada por todas partes… Pues ahora te juro que voy por la calle y veo lesbianas en todos lados.

Pero voy más allá: la vida, el mundo, la cultura, la historia, la leo desde otro punto, y veo a los tíos como un complemento, muy entretenido, pero en ningún modo necesario. Y entiendo que todo gira en torno a las mujeres, y vivimos en una especie de complot constante para que no despertemos a la verdad, para que no nos demos cuenta.

Por eso estoy viviendo esta etapa de mi vida con tanta fascinación, porque quiero ver a donde me lleva. Y pase lo que pase con mi novia, siempre voy a estar en deuda con ella, por descubrirme esto, por abrirme los ojos a la verdad.
De hecho me planteo ¿A cuantas mujeres les estará sucediendo esto mismo? Y lo más terrible ¿Cuántas se lo están perdiendo?

Quiero agradecer desde aquí a estas tres mozas su sinceridad y su amistad. Me ha encantado que estén pasando por procesos parecidos y esto me hace plantearme muchas cosas.
He de decir que me guardo en la recámara todas las sugerencias que ustedes me han hecho. No tengo mucho tiempo, pero sí muchas ganas de escribir. 


Lo dice Diana Aller

4 comentarios :

Tania Galán Pastor dijo...

Exijo seguir teniendo noticias sobre las tres historias. sobretodo de la historia de LR de la que soy seguidora desde ahora mismo. Esa manera maravillosa de narrar su historia engancha tanto que como esto no triunfe voy a dejar de creer en el amor verdadero para siempre. Capitulo 2 YA please.

Tania Galán Pastor dijo...

Exijo seguir teniendo noticias sobre las tres historias. sobretodo de la historia de LR de la que soy seguidora desde ahora mismo. Esa manera maravillosa de narrar su historia engancha tanto que como esto no triunfe voy a dejar de creer en el amor verdadero para siempre. Capitulo 2 YA please.

Nachy Fernandez dijo...

Creo que deberias escribir una trilogía con estas tres historias,seria un éxito seguro. Y esa es buena idea, capitulo dos lo antes posible.

carlos.g dijo...

Unas historias que enganchan y de las que necesitamos seguir sabiendo. como hombre me alagan las palabras de LR aunque parezca mentira pero ni siquiera yo me vería capaz de darle lo que necesita. Uno de los mejores post que he leido nunca, lo deberían leer todos los hombres que tienen mujeres a su lado. gracias Aller.