viernes, 8 de julio de 2016

QUERIDA AMIGA



Querida amiga,

No se crea nada de lo que le digan. Las revistas mienten, internet miente, Hollywood miente, su familia miente… Todos viven confabulados para hacerle creer que usted no es suficiente. Que no llega, que no es y que no será.
No la conozco de nada, pero sé de su dolor mil veces disimulado, de su sufrimiento, de su carga penosa y vergonzante. Conozco cada insulto y menosprecio del que ha sido objeto y al que ha tenido que sobreponerse. Soy consciente de su subsistencia emocional, arrimándose a la masa, al enemigo, al horror.

No se culpe. Usted lo ha hecho bien. Es el mundo, este desquiciado mundo el que no está en sus cabales. La suya, querida -sí, querida- es una historia de lucha contra fantasmas que nadie parece ver, pero hieren y enloquecen.

Cada día cuestionada, cada día sometida a una medida imposible, a la que de antemano sabe que no va a llegar. Su vida, consagrada al disimulo -de tripa, de sentimientos, de amor, de rabia- no es vida, es un esbozo, una caricatura de lo que esperan de usted.
No llega, no está, no es. Lo suyo es la perenne negación. Cuando era pequeña aprendió rápido. A ocultarse, a agradar, a pasar desapercibida, a esquivar el castigo, la riña y el juicio. Aun y todo recibió de todo; y todo disfrazado de cariño. El amor -le dijeron- hay que ganárselo, hay que merecerlo. No es su derecho, pero sí su obligación. 

Usted debe ser imperativamente feliz y a la vez criticar a las que lo son. Y también vanagloriarse de su infelicidad. Su sufrimiento será siempre la mejor medalla. La bondad es abnegación y sólo si aparece ante los demás como una víctima, se ganará el respeto del prójimo. Ese prójimo inconcreto al que usted debe pertenecer también.
Usted querida amiga, es el producto de una refinada cadena de tortura en la que no tiene decisión ni opción alguna.

Su misión es agradarle a él, que siempre se quedará con la que sufre, con la capacitada para aguantar... Y su vida será una constante y repetida competición femenina. Todo el día ha de compararse con sus congéneres, eso y la maternidad es el máximo exponente de empatía, algo que se le presupone de fábrica. Tiene que comprender y contener. Pero no se le ocurra estallar. Porque será una loca, como todas, que todas son unas inestables.

Si está sola será una solterona, nadie la verá como una soltera de oro. Si tiene hijos será una inconsciente, por joven, por vieja, por no tener dinero, por tenerlo. Le darán a entender que se joderá la vida innecesariamente, aunque claro, le dan sentido a su vida, y le definen como mujer, como madre, que es lo mismo. Créame, para la cultura que le ha tocado vivir es lo mismo.

Si hace caso y es obediente hará lo imposible por resultar atractiva sexualmente, y tendrá que hacer creer al mundo que lo hace por usted, por verse bien, por quererse a sí misma. Sí, amiga, quererse a una misma según el paradigma actual es ir al gimnasio, usar cremas frío-calor anticelulíticas y llevar el coño rasurado como cuando tenía 6 años. Nadie le dirá jamás que quererse a una misma tiene que ver con luchar, transgredir o disfrutar. Ni con autosuficiencia, ni soledad, ni risa, ni rebeldía.

Usted y yo viviríamos felices en una organización tribal, de trueques y afectos. Pero la tribu en la que le ha tocado nacer, querida mía, se basa en el jerarquizado juicio ajeno. Todo lo que usted haga, diga o piense estará sometido a juicio, que para eso ocupa el eslabón más bajo. Los cuidados y el ámbito doméstico son su responsabilidad, siempre sin remunerar. ¡Ay como la desatienda! Usted como todas, ha sido abusada, probablemente también de niña, algo que sigue pasando cada día, cada hora, cada minuto... Pero en esta mierda de tribu no hay alarma social, al contrario, son pecadillos menores y habituales. ¿Para qué vamos a remover nada?

Escúcheme (léame): Usted es maravillosa, imperfecta, sagaz, valiente, graciosa, ocurrente, bellísima, curiosa, bocazas, gritona, salvaje, increíble. Nadie se lo va a decir nunca, pero créame, por favor, es verdad.
Aprovéchelo. Sé que es imposible pasar de las estructuras socioculturales que nos sustentan, pero haga como que no oye, no mire, no escuche. Pase de ellos. Le juro que le estoy diciendo la verdad. La vida es suya, es su vida, y a partir de ya mismito debería empezar a decidir sin miedo. Escuche a las Donnas, mastúrbese a lo loco, beba cerveza, trasnoche, sonría, cree alianzas con quienes sintonizan, y olvídese de lo demás y los demás.

A la mierda la familia, los médicos, la universidad, los medios de comunicación, y el imbécil de turno que le felicita diciendo que lo ha hecho muy bien o le piropea sin que nadie se lo haya pedido... La única autoridad aquí es usted. Y sé que sabrá hacerlo. Adelante.

La quiero. La quiero una barbaridad. Usted me inspira. (¿Se apunta a hacer una revolución? Venga, sí...)


Lo dice Diana Aller

5 comentarios :

Raul Rustarazo Vargas dijo...

Eres BRAVA

Sole Rei dijo...

Chapeau!

Celia Prieto Lorenzo dijo...

Nunca te comento, pero esta vez ha sido necesario. Llevo un día entero con la mente en otro mundo, con el ánimo por los suelos, y he llegado hace cosa de media hora, a la conclusión de que mi felicidad y validez como persona depende de la visión que tengan los demás de mi. Leo tu blog desde que lo encontré por casualidad cuando tenía 17 años (ahora tengo 21), me encanta leerte, pero esta entrada era lo que necesitaba leer en el momento exacto. Gracias por recordarme que soy más de lo que se espera de mi, parece muy dramático, pero en tardes de bajón estas cosas dan un flus de energía...

Iñaki RC dijo...

<3

Verónica Cordero dijo...


Cómo no darte las gracias por leer estas palabras ... ! Que se supone que sabes, pero olvidas tantas veces ... gracias por tomarte la molestia de escribir para chicas, mujeres que no conoces y que tanto necesitamos recordar todo eso que dices ... gracias de nuevo y enhorabuena por tu escritura.