lunes, 4 de abril de 2016

TRIUNFAR EN LA LITERATURA (Y EN CUALQUIER COSA)

No descubro nada nuevo si digo que no todos partimos del mismo punto a la hora de ser considerados por la cultura de nuestro tiempo. Así ocurre en este apasionante mundo de los escribientes entre los que me hallo. (Soy escritora, esa es mi profesión, aunque con mi nombre no haya un solo libro publicado aunque sí escrito).

Influye, ya lo saben ustedes, nacer en un país y no en otro, en una familia de dineros y no en la Cañada Real, disfrutar de privilegios y no discapacidades y, en fin, una serie de baremos que conviene tener en cuenta si usted se quiere dedicar a este noble arte, buscar el prestigio y, posiblemente pasar hambre. Ahí van:



1- Ser varón
Como en todo (salvo si quiere ser matrona o top model) si usted porta un pene entre sus extremidades inferiores, le será más fácil dedicarse a escribir y a sacar rédito de ello. Por supuesto, no será consciente del privilegio, y achacará a su buen hacer el número de lectores, la cuantía de los premios y la cantidad de obras publicadas. Pero así, entre usted y yo, le advierto que gracias a eso que le cuelga, usted tiene parte del recorrido hecho. Reconózcalo. Aprovéchelo.

2- Ir a tertulias y cosas de escritores
Para ser escritor no basta escribir. Hay que serlo y también parecerlo. Lo suyo es reunirse en un café con encanto y debatir acaloradamente sobre las vanguardias de entreguerras, discutir sin escuchar, beber vino, achisparse y terminar cada charla afirmando que no hay nadie más anarquista que usted. Los escritores tienden a hacer cosas que consideran de intelectuales, por eso es raro verlos llevando a sus hijos a actividades extraescolares o acumular cupones descuento, o comprar pilas triple A.

3-Tener una combinación de nombre/apellido no común 
Siempre he pensado que Miguel Hernández no es más estudiado porque tiene nombre de funcionario, de compañero de clase con forro polar, de padre aburrido, hermano ausente, hijo menor de 4 hermanos, de señor de pelo sucio con un samsung negro, de vulgaridad, de verano en Levante y peña futbolística.
Miguel Hernández no es nombre de genio, ¡Qué contradicción escribir tan bien al amor y a la ausencia, pardiez!:
Perseguidos, hundidos
por un gran desamparo
de recuerdos y lunas
de noviembres y marzos,
aventados se vieron
como polvo liviano:
aventados se vieron,
pero siempre abrazados.

4-Ser familia de escritores o artistas
Curiosamente en estas labores de grafía de palabras continuada, influye y mucho, el apellido. No solo que sea raro, sino que se asocie a la cultura. Si sus padres vienen de un entorno rural e indocto, mal. Si usted pertenece a una saga adinerada, bien. Si en su familia hay un escritor, perfecto. Las editoriales le ofrecerán encargos, los diarios albergarán su ingenio, sus contemporáneos le citarán de cuando en cuando.

5-Tener aspecto bohemio y/o extravagante si se es hombre y de pija si se es mujer
Puede llevar sombrero, pajarita, gafas de montura redonda o cualquier complemento en desuso. Aunque sea contrahecho y patizambo, le dará el aspecto interesante e intelectual que usted ansía.
Si entre sus piernas se fricciona un rosado clítoris, sepa usted, mujer, que su atuendo tiene que ser más Carmen Posadas, como de señora bien del Pinar de Chamartín, que el look Lavapies de Lucía Etxebarria. Como mucho, está bien visto una gorrita afrancesada y unas ordenadas canas a lo Carmen Martín Gaite. Pero ya.

6-Tener opinión de todo, aunque no se esté acreditado para ello. 
Leo columnas, asisto a declaraciones televisivas y me espanto ante estados de Facebook que prodigan un brutal desprecio hacia los desfavorecidos, misoginia, racismo, superioridad... y todo amparado por una supuesta pátina de intelectualidad siempre autoproclamada de unos cuantos cantamañanas que se dicen escritores.
Es muy duro vivir aguantando esto. ¿Saben lo que pienso de ellos?  Que son unos pocasluces, barbilampiños, mikolápices, zascandiles, pelagambas, zurcefrenillos, tuerceanos, y hediondos. Ya me he quedado un poco más a gustico. Perdón. Sigo:

7-Malditismo  
Un malditismo occidental, aprendido y muy perverso, porque es "pro-sistema" disfrazado de "anti", de protesta, de rebeldía...  Siempre estarán contra el gobierno, siempre llorarán para que "papá Estado" les subvencione, siempre enarbolarán banderas de sus propias causas, siempre le cantarán al desamor.
La homosexualidad se admira secretamente, pero en su fuero interno, el escritor considera mariconadas las cosas dulces y tiernas, y se le antoja asquerosa la imagen de dos gays envueltos en arrumacos. Para compensar, y sentirse abiertos de mente, gozan con los anos de sus compañeras sexuales.
Utilizan la pobreza como excusa vital, han desarrollado una inmensa cara dura que integran en cada  cosa que hacen, y el ego les perdona y anima a consumir alcohol y otras cositas, solo por pose. El malditismo es así.

8-Tener una carrera de letras
Si usted es filólogo tiene más posibilidades de que le reconozcan como escritor, que si estudió fisioterapia.

9-Dar a entender que se es de izquierdas
¡Ojo! Solo hay que darlo a entender, porque luego, en el día a día, su comportamiento puede ser aburguesadamente pepero. En un escritor, estas cosillas se perdonan. (No pasa nada, todos lo hacen)

Espero que esta humilde guía les sirva para decidir la deriva de sus vidas y sus escritos. Si desean ejercer este precioso oficio sin malditismo, ni sombrero, ni polla, ni tertulias, ni ayuda, sean igualmente bienvenidos, y prepárense para una vida plena, esforzada, dura y feliz. (Y cupones descuento del Carrefour, y soportar críticas infundadas y que le cierren puertas en las narices sin parar). Y ni mil Pérez Revertes o cualesquiera de su calaña, conseguirán disuadirnos de la maravilla del lenguaje y sus posibilidades de juego y trampantojo.

Pero sí. Escribir. Escribir por gusto. Por obligación. Por placer. Por prescripción psicológica. Por desidia. Por amor. Por desamor. Por activismo. Por inactividad. Escribir mola. Siempre.

Lo dice Diana Aller

6 comentarios :

Nacho Rodriguez dijo...

No dejes de hacerlo, me encanta leerte.

David Torres dijo...

Yo escribí un libro y lo publicaron (era un libro de texto no se vayan a creer). Tengo un pene y un impreso 037 de hacienda que me acredita como escritor pero no cumplo ningún otro requisito de los expuestos. Quizás por eso no me han pedido que escriba otro y me he quedado empatado a libros con Belén Esteban... y con Hitler.
Gran y divertido artículo.

Jylia dijo...

Sería muy importante para mí leer un libro tuyo. Házlo y lo regalaré a todas las personas que lo sepan apreciar. Molaría mucho.

C. Maltesse dijo...

Igualmente Julio Cortazar es una combinación nombre/apellido que parece bastante común, aunque no del todo espantosa, y sin embargo, el capítulo o todo ese libro que escribió; no sé, no estoy seguro de tu teoria. A veces anoto la lista de la compra sólo por el placer de escribir.

Xavi Sempere dijo...

miguel hernandez era del levante... más que de pasar los veranos en el levante...
soy fan de tu blog Diana Aller. Lo dice Xavi Sempere

Charlie Mai Tai dijo...

He leído un artículo tuyo de El Mundo.es sobre los guionistas y como no me ha sido posible constestarte por esa vía, voy a hacerlo por aquí. No te preocupes, seré muy breve.

Sé que te gusta ser frívola y algo provocadora, pero lo malo de esos dos ingredientes es que si los mezclas mal suelen rozar el infantilismo más ridículo.

Ignorando las erróneas generalizaciones de tu artículo, yo no sé con qué guionistas te habrás relacionado tú, pero los que yo conozco, y contando con que fatuos y zoquetes hay en todos los sectores, son personas que han amado el cine desde que nacieron y que por una u otra circunstancia han tenido que ir buscándose la vida para pagar facturas mientras se embarcaban, como tu te burlas, en cortometrajes, series web, esperando su oportunidad. Todos tienen carnet de conducir, por cierto. Y, citando tus propias palabras, decir que los guionistas con los que te has enrollado no han sido buenos amantes, aparte de alejarse a años luz de esa sofisticación de la que presumes, lo que deja leer entre líneas es que alguno o más de uno te han dado calabazas y este artículo es tu revancha personal. En fin, cada vez te acercas más a la vacuidad de Carrie Bradshaw

Un saludo