jueves, 17 de marzo de 2016

HAGAMOS LA FLAPPER

Vivimos en una época de total ensalzamiento a la juventud. Los niños y los ancianos no cuentan para la mercadotecnia, para el feroz capitalismo. Los individuos importan sólo durante su época de juventud, que gracias a la publicidad, las cremas, el atuendo y mil inventos más, se extiende desde los 10 años hasta los 56 (más o menos). Se sexualiza a los niños (a las niñas sobre todo), y se les dice como un halago "¡Qué mayor estás!"... y al final del ciclo reproductivo, el halago se invierte y se traviste de "¡Qué joven estás!". Damos por hecho que es bueno aparentar menos años en la madurez. ¿Acaso no es el paradigma del singular aprecio que tenemos a la juventud?

A mí me flipa la juventud. Con sus sentimientos en floración, sus genitales reventones, sus cambios climáticos de ánimo, su aplomo e inseguridad. Me gusta la inconsciencia, y sobre todo, el modo de crear del todo hedonista, sin miedo al juicio ajeno ni el yugo de la experiencia.

Gustanme ciertas cosas de la vejez, cierto es; pero no puedo evitar admirarme de todo lo que puede soportar el adjetivo "joven".
En estas me hallo, en mi ciclo preovulatorio, masculino, arrollador, leyendo sobre mujeres inspiradoras y jóvenes. (Qué delicia, poder robar una hora al trabajo para perderse en sustanciales lecturas de la internet nuestra de cada día...). Me ha dado por leer sobre las Flappers, unas muchachas liberadas, ultra jóvenes y muy saladas que habitaban las grandes urbes norteamericanas en los años 20.

Como todos los grupos socio-culturales efímeros, éste surgió de manera espontánea al abrigo de las costumbres de la época. Las chicas de entonces, con una economía propia y sin cargas, pudieron gestionar su independencia, y conquistaron mediante el ocio, los espacios que tradicionalmente les habían sido vetados. Salían, bebían, bailaban, consumían y se reunían para disfrutar de la vida. Sin más.

Esta espontaneidad sería hoy impensable. Hoy el ocio está esponsorizado y abrumadamente reglado para la juventud. (Ojito, tenemos miles de opciones técnicamente más sofisticadas y accesibles para relacionarnos y sacar el jugo a nuestro tiempo libre). Estas chicas, las Flappers, obviamente no tenían móvil y sus redes sociales eran corpóreas en los clubs de Jazz, en el trabajo y en el vecindario.

La gran aportación de las Flappers, sería la liberación del corsé. El corsé físico que constreñía sus cinturas hace ahora un siglo, y también el corsé moral, que oprimía sobre unos valores tradicionales en los que las mujeres eran (debían ser) amorosas y pasivazas. Estas señoritas construyeron su identidad no conforme al discurso dominante (como seguimos haciendo hoy) sino en contra de él. Soltaron sus cinturas, las movieron al son de los nuevos ritmos de charlestón, se echaron a las calles al salir del trabajo y como natural consecuencia practicaron la promiscuidad sexual y consumieron cocaína y alcohol.

La juventud favorece la experimentación, y -los jóvenes lo sabemos bien- prácticamente todo, sienta bien a los cuerpos y las mentes florecientes. Así que aunque la definición misma de estas muchachas fuera la liberación -así, en general- la sustancia sería el vicio y la depravación. (Probablemente en una vertiente mucho más naif de lo que podamos imaginar). Organizaban fiestas eróticas, se fotografiaban en ropa interior (a veces ni siquiera llevaban prendas interiores), usaban maquillaje (algo que hasta entonces era impensable en una mujer de bien), detestaban el compromiso, llevaban sombrero, habitaban felizmente sus cuerpos, bebían a lo loco y esnifaban con alegría.


Las florecientes industrias posibilitaban por ejemplo, acceder a ropa a la moda, o poder patronarla directamente. La incorporación al trabajo remunerado en la ciudad, supuso que cientos de mujeres dispusieran libremente de su tiempo y su economía, y que estas pioneras jóvenes y alocadas, dieran el pistoletazo de salida a un montón de mujeres que decidieron emanciparse, liberarse del yugo machista y vivir. Simple y llanamente vivir.

Bien, leyendo sobre estas joviales muchachas me hallo, cuando topo con un artículo de esos descafeinados y absurdos, que trituran cualquier movimiento, por "desideologizado" que sea y lo convierten en un despropósito sobre consumo e idiotez a la luz de nuestra cultura urgente y vacía. Si no quieren leerlo (aquí), les resumo tanta torpeza:

-Se titula "Como ser una Flapper". Mal.
-Las ilustraciones que acompañan el texto son feas, hijas de su tiempo y sin alma.
-Los consejos son de susto o miedo todos: Desde "Cómprate un coche, mejor si es un deportivo de época" (Sí, claro, y un apartamento Art Noveau en Nueva York después) hasta "Flirtea todo el tiempo, pero siempre con clase. Debes practicar tu comportamiento hasta lograr que sea sofisticado, sensual y casual; intenta salir en muchas citas y asistir a muchas fiestas, siempre luciendo increíble". ¡Puf! ¿Esto no es la misma mierda de las revistas femeninas de falsa autoayuda? ¿No es el machaque de siempre? No sé... Por lo que he leído (me temo que queda poca gente que haya vivido el fenómeno Flapper) estas mujeres eran especialmente desprejuiciadas, no ensayaban para lucir sensuales, y tenían clase porque la relación con sus propios cuerpos era cordial y respetuosa, lo que les dotaba de una sofisticación única.
-El texto viene a ser un compendio sobre cómo consumir desde los preceptos más vulgares del capitalismo.
-Por supuesto, obvia la querencia hacia las sustancias psicoactivas o el disfrute sexual propio (Como toda la literatura actual, el enfoque es el goce ajeno).

Me temo que no podemos ser Flappers. Son otros tiempos, otras situaciones. Podríamos organizar una fiesta Flapper (¿Les parece?) o hacernos unas fotos al gusto Flapper. Pero lo bonito de este movimiento es la actualidad que puede tener como inspiración, lo renovado que puede resultar un discurso de hace un siglo, y aprender de las musas que nos precedieron.

Somos jóvenes. Lo somos, sí. Al sistema le interesa que seamos jóvenes ¿verdad? Pues se va a enterar de nuestra juventud y nuestras ganas. De la transgresión de vivir. Sin una ideología concreta, sin líderes ni revistas que nos digan qué ponernos o qué relación tenemos que tener con lo demás y lo propio. Vamos a salir, a juntarnos, a reír, a beber, a bailar, a dar besos. Y las normas nos van a dar igual. Yo ya me estoy quitando el corsé y soltando mi preciosa y abultada barriga flapper para aprovechar todo lo que unas chicas chispeantes hicieron por ustedes y por mí hace 100 años.

Por cierto, cuando la filosofía Flapper había penetrado en la sociedad femenina y se estaba implantando un cambio de mentalidad, sucedió algo que frenó  de golpe esta preciosa liberación. El crack de la bolsa de 1929 terminó con la vida desenfadada y liberal. La economía mundial se hundió y el panorama social tuvo que asentarse sobre una estructura asquerosamente injusta.

Y me temo que seguimos en ese camino... Menos mal que somos jóvenes y tenemos ganas de invertir las ideas, la historia, la sexualidad, las palabras, los sentimientos y el ocio.

Lo dice Diana Aller


2 comentarios :

Ana Palacios Mateos dijo...

Hola Diana, me ha gustado mucho el artículo, no sabía de las Flappers y me ha encantado conocerlas.
Ana.

itziar dijo...

Creo que tienes alma de flapper