domingo, 31 de enero de 2016

NO SÉ CÓMO TITULAR ESTO

Hay días que llego perjudicada a casa y escribo alguna parrafada en redes sociales o acaso una frase corta llena de rabia, emoción o desapego.
Hoy decido explayarme aquí. (Tal como me han hecho notar amigos y lectores, creo que lo hago con una formidable soltura cuando mi cerebro está desfigurado como ahora).

Simplemente me gustaría comentarles que el género humano me parece una cosa muy tosca. A veces duele ver tanta estulticia, tanto ego mal digerido, tanta afrenta gratuita. Gente que se ofende por nimiedades, que ve agravios en cada frase o gesto, que habla de sí misma sin necesidad de empatizar o preocuparse por algo fuera de su raquítica circunstancia.

A veces el hedonismo (necesario y saludable en sí mismo) se solapa con la ignorancia y produce efectos devastadores. Ahora volvía a casa por la calle Colón, y me cruzaba con chavalería nueva con chaquetones feos y oscuros. Bebían latas y meaban por las esquinas. Me decían cosas de índole sexual, y de asuntos menores. Y yo que de forma natural soy positiva y bienpensada, he sentido asco.  Gente pobre y fea (de espíritu y también de física morfológica), gente que grita, gente sin gracia.

También en las dos pandillas con las que he pasado la noche he escuchado historias de terceros que me sumen en una horrible desesperanza vital. Menos mal que el humor (la preciosa bandera de la inteligencia) lo impregna todo cuando de amigos se trata. Me he reído y me he congraciado con mis allegados. Me he sentido fuerte, escuchada y unida. Menos mal.

He echado de menos, como muchas veces me pasa, algo parecido a una pareja. Alguien con quien excusar en confianza cada dislate ajeno. Alguien con quien reír cómplice. Alguien con quien follar a lo loco en estos momentos y que sustituya el teclado que arrullo con mis dedos ahora.

Pero todo está en su sitio. La gente es lo suficientemente imbécil como para que perciba a mis amigos como las lúcidas criaturas que son. Seguiré predispuesta al uso de toda sustancia psicoactiva para mí y mis seres queridos. La estupidez seguirá propiciando jugosos cotilleos que provoquen risas. Volveré a casa mil veces más sintiéndome dulcemente superior a quienes dicen por la calle obscenidades que nadie les ha reclamado. Y toda mi vida echaré de menos a alguien que probablemente ni siquiera existe.

Mensaje para Diana de mañana o pasado: Prometo (promete) no cambiar ni una coma, añadir una imagen y publicar.

Mensaje para Diana de ayer: Dada la pornográfica exhibición de anhelos e intimidades que nadie ha pedido, he decidido ilustrar este texto (tu texto) con un video de mis hijos (tus hijos), que de forma esporádica han grabado y editado un homenaje a Devo. No está en su canal de youtube, por eso lo exhibo aquí con orgullo, pese a que lo considero algo muy íntimo.



Lo dice Diana Aller

1 comentario :

Ainhoa Rebolledo dijo...

Mira este pequeño diálogo de Before Midnight de Linklater (la escena en la que están comiendo con gente, en una casa):

Anna: My grandmother’s mother wrote to our whole family a 26 page letter from her deathbed. And she spent three pages on the costumes she did for a play and only one paragraph on her husband…She was a seamstress…and she had all these wonderful friends. And about my great-grandfather, she mentioned three events–he went to the war, we moved because of his job, and he died. Her big advice was to not be too consumed with romantic love. Friendships and work, she said, brought her the most happiness.

Ariadni: I couldn’t agree more. I mean that’s the thing that fucks us up, right? This idea of a soul mate, of someone who will come to complete us, and save us from having to take care of ourselves.