lunes, 11 de enero de 2016

HASTÍO VITAL INVERNAL

He visto que varias amigas de facebook han compartido esta entrevista a Zygmunt Bauman, que además de ser interesante, dice algo esencial con respecto a las redes sociales:

"La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa"

No sé si estoy premenstrual perdida, si me hastía la vida, el invierno y la cotidianidad o qué pasa.

(Hago aquí un inciso para explicar que soy bastante incompatible con las bajas temperaturas. Yo revivo con la primavera. Creo que es algo genético, porque tenía unas tías abuelas que hibernaban: se metían en octubre en la cama, y se levantaban en marzo: bajaban sus constantes vitales, se alimentaban de sopa y dormitaban todo el día. Espero con verdadero ansia el calor, el terraceo (palabra que aborrezco, por cierto), la vida en las calles...)



El caso es que no me aporta gran cosa mi confortable (y apasionante) comunidad: feministas activistas y también de sofá, trabajadores de televisión, madres comprometidas con el apego, gentes de la música, de la moda y de la nocturnidad, así, en general. Pero sé que tampoco me aportaría mucho más una red diferente, con sensibilidades e intereses distintos a los míos (Peperos, aficionados al culturismo o del mundo del motor... brrr... escalofríos).

El problema es mío, como producto insoportable de mi tiempo. Seguro que a ustedes también les fatiga ver la misma pose vacía en cada foto, enlaces cuyo único interés radica sólo en el título y sabemos de antemano que no merece la pena abrirlo. Chistes, vidas, noticias, canciones... Cada vez importan menos, nos afectan menos. Como cuando leemos por segunda vez un libro que nos gustó... la afectación es menor. El problema es que necesitamos la sensación de novedad. Ocurre los mismo con las drogas o las parejas: A igual exposición, menor impacto; por lo que vamos subiendo la dosis, hasta que el efecto toca su particular techo y la parábola desciende. Entonces no solo no aumenta el placer, si no que descendemos a lo largo del desagrado: el bajón anímico cuando no queda misterio que desentrañar en Facebook, en el novio/la novia, en las drogas, en la vida.

El uso de las redes sociales como comunidades de confort individual, son una suerte de epítome de nuestra forma de entender la vida.

Somos una sociedad hedonista, autocomplaciente, mimada. Y en lugar de echarnos a las calles para celebrarlo con nuestros iguales, en lugar de luchar por los escollos a conquistar (en el capitalismo son infinitos), en lugar de tejer mundos alternativos ¿Qué hacemos? Nos aburrimos, cargamos contra otros, nos tratamos, nos medicamos, nos autocompadecemos, nos encerramos en una absurda búsqueda de la felicidad que se ajuste a nosotros mismos y no a toda una comunidad, nos marchitamos en unas prisiones preciosas y absurdas construidas de miedos y egolatría.

(Otro inciso, acabo de ver un spot de yogures Vitalínea que dice "No renuncies al placer". Esta frase sintetiza tanta pobreza, tanta soledad, tanto capitalismo y tanta mierda, que me mola. Debo ser muy retorcida)

Soy positiva y bienpensada hasta la más infantil inocencia; soy alegre; a veces comprometida con causas difíciles; tengo aficiones muy variadas y estimulantes; una vida mil veces mejor que cualquier posibilidad que hubiera imaginado hace años; vivo rodeada de amor y abundancia... Y sin embargo, me reconozco en este absurdo hedonismo. Me veo a menudo preocupada por mí misma. Pierdo tiempo en cosas y personas que no solo no me aportan, sino que dejan una impronta negativa. Siempre es momentáneo, puntual... pero lo reconozco demasiadas veces: todo me cansa, ya lo he visto antes, ya lo he vivido. ¿Es esto hacerse mayor? ¿Tiene que descender a veces la parábola para repetir después onduladas trayectorias ascendentes? Si siendo sonrojantemente feliz me ocurre esto ¿Qué me pasaría si dejo de serlo?

Me voy a dar unos cuantos consejos (inicialmente había escrito "conejos"; tampoco estaría mal darme conejos) que ojalá les sirvan también a ustedes. Y si quieren recomendarme algo, no duden en hacerlo, comenten, comenten... que es gratis.

1. Aprender a cocinar. Ya va siendo hora.
2. Hacer deporte. Pero un deporte mono: bádminton, esgrima... algo así.
3. Ayudar en un comedor social.
4. Montar un taller de castellano para inmigrantes; o refuerzo escolar para niños que lo necesiten (Es un horror y una vergüenza la brecha entre los estudiantes de familias con recursos y los de familias sin), o de estética filosófica para quien le pueda interesar, o de escritura de "postperiodismo" (las chorradas que escribo aquí, para entendernos)...
5. Contactar con ISIS. No es mi rollo, pero si lo que necesito son emociones fuertes...
6. Contactar con alguien y orquestar una cita a ciegas. (Esto sigue sin cansarme)
7. Preparar un viaje, y por supuesto hacerlo.
8. Montar un grupo terrorista con el noble propósito de aniquilar a Pablo Motos (televisivamente al menos)
9. Escribir. Escribir. Escribir. Algo de lo que nunca me cansaré (y tal vez termine por salir algo bueno)
10. Ponerme un tiempo límite y desempeñar las anteriores 9 actividades... ¿Dos meses? Mmmm...

(*¡...y por supuesto desatender las redes sociales!)

Lo dice Diana Aller

7 comentarios :

Chachi Guitar dijo...

Vacaciones largas y lejanas :)

Lola lapiconera dijo...

Yo no se cocinar...también quiero aprender...Te invito a que te vengas a la India conmigo una temporada, aquí escribirías tres libros...

el chico de la consuelo dijo...

Por favor añadame al punto 8 de su decalogo y haga un grupo del "feisbuk" "yo también quiero tirotear a trancas y barrancas"

Me voy a hibernar como los osos ente tanto!!

Furia dijo...

Yo estoy por aprender a coser y a restaurar muebles... De momento lo hago sola y mal pero disfruto.

Quique De La dijo...

El concepto sobre lo que irá el nuevo disco de Santigold y este artículo en sí me han recordado mucho a tu entrada, Diana.
http://ohnotheydidnt.livejournal.com/99799711.html

RUNNER dijo...

fuera de tono el tema ISIS creo yo... seguro que no te van las emociones tan fuertes...

por el resto, todo OK.

Tarta dijo...

Los dos años que practiqué waterpolo, entrenando a diario, de 22-00 h, dejaron un recuerdo y una fortaleza en mí, que aún saboreo. Escoge un peporte qque te diga algo, ya verás.