jueves, 29 de octubre de 2015

ANITA BERBER


Hoy tengo mucho lío y varias gestiones pendientes, por lo que escribiré rápido y sin releer sobre esta inspiradora mujer. Inspiradora, porque molan mucho las perdedoras, las malditas y también las perdularias. Y la historia de Anita Berber es trágica, sugerente e interesantísima. Porque es una de las pioneras en la lucha por la libertad femenina.

Su madre era cabaretera como lo sería ella, y su padre violinista. Cuando se separaron se fue a vivir con su abuela, y pronto aprendió a ser autosuficiente y maravillosamente irresponsable. Así que Anita viviría el brillo y la locura de los años 20 alemanes en todo su esplendor.



Eran años de desparrame, libertinaje (¡Qué bonita la palabra "libertinaje!") y cierta decadencia, allá en tierras teutonas. Así que, en 1919, en Berlín, mientras se gana la vida bailando y posando como modelo, Berber se casa. Se casa con un gay, y ella alterna romances con mujeres y hombres y viceversas... Se decía que practicaba zoofilia, pero bien podría ser un chisme que devenía de la vida tan alocada que llevaba. Una de sus parejas más habituales era Susy Wanoswki, propietaria de un club de ambiente bollo de Berlín.

Los bailes de la artista eran raros, sexuales, expresionistas, escandalosos... Fue una de las primeras en bailar desnuda sobre un escenario, y sus actuaciones alcanzaron una -a la larga destructiva- fama en muy poco tiempo. A todas partes iba con un monóculo y un monito abrazado, y decía una frase absolutamente maravillosa que estaría bien hacer propia de vez en cuando: algo así como "Soy bisexual, me gustan por igual las drogas y el alcohol". Y la verdad es que su dieta se basaba principalmente en sustancias psicoactivas que la mantenían en pie durante esas eternas noches berlinesas que aun se mantienen y muchos de ustedes conocen.


Aunque alcanzó la notoriedad como personaje de la noche y bailarina exótica, también hizo una carrera cinematográfica nada desdeñable. Partició en numerosas películas mudas, y en algunos trabajos con el director  Richard Oswald, como "Diferente a los demás" (Anders als die Andern, 1919), considerada una de las primeras películas de la historia que presenta la homosexualidad de forma positiva, o también "Eerie Tales" (1919), una película de misterio en cuatro episodios que tuvo cierto éxito. Berber también hizo un pequeño papel en la película "Dr. Mabuse" (1922) de Fritz Lang, una de las cumbres del expresionismo alemán.

Era odiada y tachada de vulgar, pero también admirada por su indefinible talento artístico, su descaro y su vida en ambientes gays y marginales. 



En 1922 contrajo matrimonio por segunda vez con Sebastian Droste, un escritor y bailarín muy del underground, con el que hacía coreografías extrañas que representaban fantasías imposibles (muy propias del expresionismo decadente de la época) que tenían nombres como "Morfina", "Suicidio" o "Manicomio"... Todo basculando entre el feismo más sórdido y la belleza más sutil y carnal. Ambos publicaron un libro en 1923 de poesía, dibujos y fotografías titulado "Danzas de vicio, horror y éxtasis".


Su tercer marido también era bailarín, y probablemente también gay ... Y así todo...
En el Berlín de los años 20 comenzó a ser legítimo, por primera vez en la historia, que la mujer tuviera libertad sexual con cierta plenitud. Y la abanderada de esta revolución fue sin duda Anita Berber, con sus escándalos, su exhibicionismo y sus droguitas.
Le encantaba la cocaína, la morfina y el coñac, su mezcla favorita.

Uno de los lugares en los que actuaba, "El ratón blanco" era un local selecto y underground (sí, es posible) con solo 99 butacas. Allí bailaba con su habitual pasión y desenfreno. Si alguno de los presentes se distraía, o bostezaba, Anita se ponía como una energúmena, bajaba del escenario, se bebía la copa del interfecto y le meaba encima. Así, tal cual. 

Coleccionaba amantes, aguantaba días sin dormir, mezclaba cloroformo y éter y lo removía con una rosa blanca, cuyos pétalos se comía después... Su cerebro se fue resintiendo de tanto galope descontrolado cuando todavía era muy joven, y a veces parecía una parodia de sí misma, un esperpento triste, un recuerdo borroso.

Otto Dix la retrató en un cuadro relativamente conocido cuando ya estaba muy desmejorada y se le iba la olla. Captó el horror del envejecimiento prematuro, la pose chulesca de quien anhelaba el fulgor de su propio pasado.


Notablemente desmejorada, se prostituía para mantener sus adicciones y al poco murió víctima de tuberculosis en el Hospital Bethanien en el barrio de Kreuzberg de Berlin. Murió rodeada de imágenes de la virgen María y jeringuillas de morfina. Tenía 29 años.

*En 1987 se estrenó una película titulada "Anita, las danzas del vicio" y dirigida por Rosa Von Praunheim.

*Hay un libro sobre ella de Mel Gordon (que no he leído) que tiene el atractivo título de "Las siete adicciones y cinco profesiones de Anita Berber". 

*En los últimos años se ha rescatado y reivindicado la figura de Berber por sus logros artísticos, su contribución a la danza moderna y la performance. Pero para mí su importancia estriba en representar el cambio cultural a favor de una sexualidad deshinibida y de la libertad e independencia de las mujeres. Un cambio que todavía no se ha producido, por cierto.


El viernes doy un master de libertad y contradicción femenina en Barcelona. Llevaré cloroformo, éter, canciones bailables y una coreografía genital con mis amigos los Koplowitz: NOCHE DE MUERTAS EN LA 2 DEL NITSA. Me encantará verle a usted disfrutando como si fuéramos mortales.



Lo dice Diana Aller

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