sábado, 6 de junio de 2015

MI PASO POR EL ALTAR

Me rondaba hace tiempo la idea de casarme. Sin pareja. Casarme conmigo. Pero me parecía algo lejano, difícil y tal vez inútil. Una de mis más férreas fuentes de inspiración, Mujeres Imperfectas, me dio la fuerza para llevar a cabo la idea. Algunas de ellas se casaron cada una consigo misma en un acto de amor y respeto hacia sus nobles personas.

Hace un año aproximadamente, me adentré en una crisis interior. Una crisis positiva, una revolución espiritual, una valoración lenta e imparable del camino que estoy trazando. Me planteé cosas tópicas, como la educación que quiero dar a mis hijos. Y también algunas muertes cercanas me hicieron creerme de verdad eso que pensamos fugazmente cuando ocurre una tragedia: "Hay que disfrutar, hay que vivir el presente. No sabemos lo que ocurrirá mañana, y no merece la pena sufrir ni odiar". ¿Porqué no vivir disfrutando? Dar nuestra mejor versión al mundo, luchar por las causas justas y evitar el impacto negativo sobre los demás, lo demás, nosotros mismos y lo nuestro.

Me fui a Irlanda, hice unas cuantas locuras, lloré mucho y sin motivo, salí como una Greca, vi documentales sobre Egipto, retomé mi menstruación, me reconcilié con el pasado, trasnoché sin motivo, renegué de conflictos absurdos, hablé mucho con mi perro, me bañé de noche en el mar, coleccioné amantes, leí horóscopos y perdoné mis miedos.
Y este delicuescente renacimiento culminó el viernes con mi boda.




Siempre he tenido una lucha interior con respecto a los casamientos. Por un lado me encanta la estética del lujo de alquiler, los vestidos nupciales, los banquetes, los ritos iniciáticos, la pompa festiva, y reunir a los amigos para celebrar algo. Por otro me espanta la simbología tradicional de un padre entregando a su hija a otro hombre, el discurso interiorizado de la exclusividad y la eternidad en lo bueno y en lo malo, o las familias opinando.
Así que he vertebrado mi discurso vital en una ceremonia íntima y festiva oficiada por Jota, uno de mis amigos más antiguos y cercanos.






Leí un texto en el que explicaba 3 nociones muy básicas, pero absolutamente necesarias para mí:
A) La única persona que nos acompaña siempre es la que habita nuestro cuerpo. No basta con aceptarse. Hay que lograr admirarse a uno mismo. Obviamente una boda de estas características tiene más de subversión cultural lúdica que de necesidad sentimental. De hecho, no está reñido estar casada con una misma con tener pareja, cosas a todas luces diferentes.
B) Lo que la cultura ha conglomerado como noción de amor, no es más que una simbología sexista y nada realista, destinada al desquiciamiento generalizado, sobre todo femenino.
C) Los amigos representan el amor elegido, no el impuesto por consanguineidad; el amor inclusivo e ilimitado, no excluyente. El amor que no es moneda de cambio. Y tener amigos mutuamente elegidos y disfrutar de ellos, es razón suficiente para celebrar que nunca seremos tan jóvenes como hoy.







Así que tras una ceremonia muy breve, estuve celebrando a lo loco mi boda. Me lo pasé superbien, y agradezco a tantos amigos majos ejercer de madrinos, padrinas y testigos del acontecimiento. También a Araceli Segura y Rubén Panini por ocuparse de la música. Y por supuesto a Jota y Heineken, almas de la fiesta.

Me muero de ganas de asistir a otra boda unipersonal ¿Quién se anima?
(Aquí otros casos con diferentes motivaciones: Éste, éste, ésteéste )

#bodaunipersonal #vivalanovia #lanoviadealler



Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

Eva Lorenzo dijo...

Un bodorrio extraordinario, como lo es la contrayente. Espero celebrar algún día las bodas de plata

MAS dijo...

BODA ANIMAL
http://vadillopedroso.blogspot.com.es/2010/05/boda-animal.html

La petite Coco dijo...

¡Felicidades Diana! una boda que no acabará en divorcio, seguro ;)