martes, 12 de mayo de 2015

CREO QUE ME HE PASADO CON LA DOSIS...

Leer estados de facebook y no soportar a nadie. Sentir la negrura del mundo, la bajeza moral de nuestros semejantes, sus vidas vacías, sus reflexiones pueriles. Gente que anuncia los ansiolíticos que toma, gente que cuelga un selfie retocado después de decenas de pruebas; gente que anuncia su disco, su artículo, su blog, su libro, sus gestas... Preferiría que anunciaran su gonorrea, la verdad.

Personas de las que tenía -y en realidad tengo- un buen concepto, pero se vuelven monstruos frente a sus dispositivos electrónicos. (Afortunadamente también ocurre al revés, gente normal que demuestra un talento sobrenatural en las redes sociales).

Enlaces a artículos que hablan de Esperanza Aguirre para meterse con ella ¿Qué necesidad tengo yo de ver/conocer las cosas de una señora cuya ideología y cutis me causa rechazo? Enlaces de Albert Rivera con la chaqueta bien planchada vendiendo progresía a la chavalería de izquierdas que pasó por la universidad.
Muchas noticias con titulares islamofóbicos ("Un musulmán mata a su ex mujer"), muchas con un sexismo vomitivo, y cientos de artículos insulsos, escritos para justificar un tiempo un dinero o una falta de talento y escrúpulos. Detestable cuando el iluminado de turno lo cuelga tres días después de haberlo leído en cienes de perfiles.
 ¡Qué planazo de tarde!

Fotos de niños y mascotas de forma compulsiva. No me refiero a la instantánea esporádica, que yo agradezco bastante, sino a la enfermiza manía de pretender que las gracias del niño o el perrito me hagan gracia mí. Yo tengo hijos, y perro, y a veces ni a mí misma me hacen gracia ¿Qué interés van a tener los demás? Hay gente que pierde el sentido de la mesura y la educación al sentirse responsable de otro ser.
Y lo que no soporto es el bombardeo, sutil y constante de lo que debe ser una mujer, y lo que debe ser una mujer de éxito: artículos sobre cutículas de uñas o looks para ir a trabajar; fotos donde no existe la celulitis, pero si kilómetros de piel femenina escuetamente repartidos sobre cuerpos minúsculos y tersos. La pobreza, la edad, o la gordura en una mujer se relacionan siempre con la broma, el chiste y el menosprecio. Pues ni puta gracia, porque eso, amigxs, es la realidad.
Las redes sociales me devuelven un mundo irreal, me muestran realidades interesadas, vendidas, compradas. Quiero saber de mis amigos, quiero estar informada, quiero reírme e incluso debatir, pero no quiero este bombardeo de estupidez congénita.
Voy a intentar consultarlas menos a ver qué ocurre.


 ¿De verdad no hay nada mejor que hacer?

Lo dice Diana Aller

6 comentarios :

El guitarrista flamenco dijo...

El mundo ha perdido el encanto de las personas misteriosas....

Lola Fernández dijo...

Acabo de leer a un tan Jose Luis de Vicente, curador de Sonar, comentando en el muro de Lucia Litmajer o como se escriba si Caitlin Moran esta gorda. Muy bien el personal avanzado del arte avanzado mostrando cómo avanzamos a costa siempre de lo mismo. Ha sido un nano segundo que he vuelto a FB por ver qué pasaba pero me vuelvo al mundo real. Increíblemente no te llaman (de momento) ni gorda ni zorra ni fea ni puta cuando caminas por la calle.

karlo lara garcia dijo...

Madre miaa cuanta razon.

La Floris dijo...

La bicicleta, el running y ahora empezamos las vacaciones. Qué coñazo!!

Mabel dijo...

Cuando empece a sentir lo que tan bien describes, hace ya unos 3 años, dí de baja mi perfil en Facebook (no tenía otros en RRSS) y es la mejor decisión que pude tomar. No echo nada nada de menos no estar ahí.

SASTRECILLO VALIENTE dijo...

Confieso vergonzosamente: Con las RRSS una vez tuve la insana y egoísta impresión de que mi vida podía tener algún interés (risas enlatadas). Como un simulador para que los fracasados no intentemos hacer algo de verdad, para justificar la comodidad de vivir con miedo... etc Impresiones personales, na más.

Siempre un placer.