viernes, 8 de mayo de 2015

ALGO PASA CON INDITEX

El presente texto no se ha incluido en varias publicaciones a las que se lo he presentado y en todas las ocasiones (salvo en una por motivos diferentes) no se han atrevido a publicarlo. ¿Explico cómo hacer un cóctel molotov? ¿Amenazo al gobierno? ¿Defiendo al Estado Islámico? No... simplemente hablo -creo que de forma suave y correcta- de Inditex.

El modelo de negocio de Inditex se ha estudiado en universidades, se ha examinado con lupa, se ha desmenuzado y copiado por partes y también todo junto. Amancio Ortega y su buque insignia ZARA, revolucionaron las finanzas textiles en el mundo entero. Su fórmula, pese a seguir funcionando, recula y se asemeja cada vez más a la de otros emporios ¿Por qué?

Todos conocemos la historia de Inditex. Incluso a ratos nos enorgullece haber gestado y dado cobijo al mayor gigante textil de la historia. Todos sabemos cómo de un comercio en Coruña, se llegó al imperio que es hoy el conglomerado de ZARA, ZARA Home, Stradivarius, Massimo Dutti, Bershka, Pull&Bear, Oysho, Lefties y Uterqüe.


Inditex (que en realidad es la contracción de “Industria de diseño textil”) invertía en propiedades en lugar de publicidad. Sus escaparates sobrios hasta el aburrimiento eran la carta de presentación perfecta para llegar a los 87 mercados en los que opera actualmente. La renovación constante de la oferta, una logística impecable y unos precios sorprendentemente asequibles han convertido a Inditex en líder indiscutible no solo de la industria textil, si no de los mercados financieros. Se estima que el año pasado ganó casi 2.400 millones de euros, un 1% más que el año anterior. (*últimos datos contrastados)

La parte oscura que justifica estos brutales beneficios es siempre la misma: fabricación en el tercer mundo con costes y condiciones laborales muy discutibles, libertad de horarios, beneficios fiscales, y descaradas copias de firmas, desfiles e influencers para sus diseños.
Sin campañas ni alusiones directas, y con la discreción que caracteriza a la marca, se vienen dando ciertas concesiones que la igualan a sus competidores textiles. Por ejemplo, crean promociones entre temporadas en sus tiendas on line, o convocan fiestas y photocalls para sus franquicias “menores” con caras conocidas para atraer la atención. O lo que más nos ha sorprendido: contratando a net-stars como imagen de una de sus firmas.

Esto es lo que ha ocurrido con Uterqüe (la más “pija” de las tiendas) y Gala González, la bloguera-diseñadora-influencer-y lo que haga falta, sobrina de Adolfo Domínguez.
Lo cierto es que la sobriedad de la firma y la corrección de la bloguera maridan a las mil maravillas, y naturalizan la visibilidad mediática a la que se resistía la macroempresa de Ortega.


Hasta ahora habían utilizado caras famosas pero sólo como modelos de sus catálogos. Esta es la primera vez que se oficializa una campaña protagonizada por una celebrity, un juego que da mucho ídem a otras marcas de la moda. El tirón visual de ciertos personajes otorga beneficios mediáticos en primera instancia y económicos después; algo que Inditex no ha querido dejar pasar, rompiendo con su política de silencio y su particular modelo de negocio.

Es evidente que han hecho números, estudios de mercado y balances de la competencia. Es evidente que es rentable contratar a Gala González, que por otra parte, está bastante cotizada en el mundo “it”. González es la Olivia Palermo patria, representa a la perfección los valores más tradicionales, bienpensantes, clásicos… y aburridos.

Inditex y sobre todo Uterqüe, la filial más aspiracional del gigante textil, basan buena parte de su éxito en la imagen seria, madura y deliberadamente burguesa de sus prendas. Teniendo en cuenta el coste tan barato que tienen, es fácil comprender que el secreto es precisamente ése: Mostrar al mundo lo fácil que es hacerse pasar por una persona acomodada; adoctrinar sobre las bondades de la discreción; jugar a ser pudiente.
No es casual que sea esta firma y no por ejemplo Berskha –de aspecto más “macarra”- la que cuente con la estirada bloguera.

Vestir de Uterqüe –nos está diciendo Amancio Ortega- es lo deseable, lo bello, lo correcto. Puede que para tener el aspecto de Gala González miles de trabajadores vivan en condiciones de semiesclavitud, puede que juguemos sucio dentro del libre mercado, puede que todo vaya enfocado a aumentar nuestro beneficio… Pero tú podrás sentirte como si no tuvieras nada que ver con la precariedad que nosotros mismos provocamos.


                          (Imágenes del derrumbe de una fábrica en Bangladesh hace dos años)

Nadie se va a escandalizar porque Inditex copie las estrategias de sus competidores. Al fin y al cabo se mueve conforme a las directrices del capitalismo más salvaje. Simplemente adapta su sistema único y novedoso a las infraestructuras globales. No engaña a nadie, no se jacta de sus conquistas… simplemente recauda mayores beneficios año tras año.

Lo dice Diana Aller

2 comentarios :

Laura Sánchez dijo...

En Pamplona tuvieron que cerrar Uterqüe (y eso que no llevaba mucho tiempo) y los rumores decían que era porque la gente no entendía los elevados precios, más o menos esto: "si es INDITEX no puede ser caro, para pagar esos precios me voy a tiendas de diseñadores". Y es que si fabrican como fabrican, crean como crean, y transportan como transportan, no debería tener los precios de marcas que se lo curran mucho más y aún tienen moral.

NaoBerlin dijo...

A mí, como gallego, lo que me sorprende es cómo al final todo queda tan circunscrito a Galicia. Me explico; que hayan elegido a esta chica se debe entre otras cosas a que es gallega, no sé si por cercanía o por otra razón, pero es así como funciona en gran medida Inditex. Amancio representa en gran parte cómo es la burguesía gallega, por un lado siempre queriendo aspirar a ser como la de Madrid, pero con una forma de ser propia; lo que pasa es que él está muy por encima tanto de la burguesía gallega como de la madrileña hoy por hoy.

En cuanto a su modelo de explotación pues es algo vox populi. Pero en tiempos, cuando no tenía que recurrir al tercer mundo ya les pagaba cuatro duros a la gente que trabajaba haciendo ropa por el norte de Galicia. Pero eso es algo que le pasa a las grandes cadenas de ropa que quieren vender ropa a buen precio...