viernes, 20 de febrero de 2015

LAS 2 POLÉMICAS DE LA TEMPORADA

Aunque todavía no he visto Transparent, aunque no sé conducir y aunque pierdo muchas horas en naderías sin beneficio, me tengo por mujer informada y curiosona. En esta semana ha habido dos noticias muy diferentes pero con un mismo trasfondo de desprecio hacia la mujer.

Por un lado, el tratamiento del estreno de la película "50 Sombras de Grey". Por supuesto que los libros no son el adalid de la narrativa (ni del BDSM, ni de nada). Son betsellers, como la ropa de Inditex o como los McMenus. Ya sabemos que tiene más que ver con el consumo que con la cultura. Pese a ello, se persigue, critica y se hace mofa de lectoras y asistentes al cine. No nos metemos con quienes compran prendas innecesarias en grandes superficies (fabricadas en Bangladesh bajo explotación laboral más que comprobada), ni con los indoctos consumidores de cualquier elemento masivo. Pero sorprendentemente, nos cebamos con una mayoría femenina que muestra interés por un producto con trasfondo sexual. Se habla de "porno para madres", de "marujas"... cuando en realidad, son representaciones de amor romántico en el marco del maltrato y dominancia sexual masculina de siempre. (Nada que no hayamos visto estereotipado en mil películas y representaciones culturales).
Me aterra pensar qué ven de interesante en 50 Sombras de Grey todas estas lectoras y espectadoras. Pero me aterra más todavía, que mucha gente se ría abiertamente de los manifiestos intereses sexuales de estas mujeres. ¿Qué vida sexual apasionante y salvaje tienen como para criticar a un colectivo sin conocer sus anhelos, sus vacíos y su educación? Me temo que mayoritariamente unos rítmicos ejercicios pélvicos con una pareja que hace tiempo no desean, y un montón de videos falocéntricos y ampliamente humillantes para la mujer en internet.
Revisemos qué criticamos y porqué lo hacemos. La mayoría de las veces es por temor a identificarnos, para separarnos de aquello que detestamos, precisamente porque somos también así. Yo como maruja, como madre consumidora de porno, como persona activa sexualmente, detesto mucho más las ofensas hacia un público mayoritariamente femenino (el que sea) que el éxito de una producción cinematográfica y unos libros de poco calado cultural.







Por otro lado la polémica sobre las Doulas y el ya llamado "Informe caníbal". Otro tanto de lo mismo. Para el que no se haya enterado, les resumo mucho, mucho, mucho: El Consejo General de enfermería ha publicado un informe sobre las doulas (mujeres que acompañan en el embarazo y parto -y a veces en pérdidas y duelos- a las madres). Las doulas han nacido como figura necesaria en una sociedad tecnificada, fría y urgente. Su misión principal es aportar apoyo emocional. Nunca juzgan ni deciden. Como colectivo llevan mucho tiempo intentando validar su actividad en los cauces académicos y laborales, algo que en otros países sucede con total normalidad, pero que en España se niega y dificulta sistemáticamente. De hecho, aquí se desprestigia la labor de estas mujeres, y se vive como una amenaza desde ámbitos sanitarios y también personales. (De nuevo el miedo a encontrarnos con nuestros propios demonios: si yo he tenido un parto hospitalario y atendido por profesionales ¿qué pintan estas señoras en pleno siglo XXI?) Vivimos acojonados. Tememos admitir que estamos equivocados o tenemos prejuicios. Se considera la mayor derrota vital. Y tanta frustración es el caldo de cultivo perfecto para que el Consejo de Enfermería acuse de hechicería a un sector de mujeres. Así, tal cual.
Subyace lo de siempre: al ser una actividad ejercida por mujeres se considera algo inconsciente, menor, pueril, poco serio, riesgoso y de tercera categoría.
Antes esta labor se ejercía desde la comunidad. Existía un vínculo entre las familias, entre los vecinos, entre las mujeres... Pero hoy, en un mundo desconectado y enloquecido es muy difícil encontrar el apoyo emocional necesario en ciertos momentos de vulnerabilidad máxima. Y aquí llega el gran problema para el sistema y el gran castigo para la mujer (y el trasfondo real de este meollo), las doulas cobran por su trabajo. Y eso duele al sistema. Y por eso hay que perseguirlas.
Sucede lo mismo que con la prostitución. Si usted se folla a su marido y le hace una felación de vez en cuando y le compensa aunque no le guste porque a cambio vive bien, no hay problema... Pero como se le ocurra a usted cobrar por las actividades sexuales, ya hay que perseguir, legislar y meter baza.
Si tiene una hermana experimentada que le escucha, y atiende durante el embarazo y el parto en conversación constante con el equipo sanitario, es estupendo, pero si hay dinero de por medio, ya hay que intervenir.
Por supuesto hay miles -millones- de factores en todo esto: la libertad de cada uno, la homologación de los títulos, la profesionalidad de unos y otros... Pero son matices, y me niego a discutir sobre ello. No quiero convencer a nadie de nada. Solo quiero resaltar la cacería de brujas constante hacia lo que es propio de la mujer, lo perverso de la argumentación del informe en cuestión... (ni siquiera me interesan los errores concretos y las evidentes lagunas de contenido).

Mi conclusión de todo esto es que de formas sibilinas y muy diferentes se sigue persiguiendo la libertad sexual de las mujeres. Acaso ahora más que nunca. Qué aburrimiento...

Por cierto, las imágenes que ilustran esta entrada son de elementos de sado y de atención al parto. Cuesta distinguir de qué es cada cosa ¿verdad? Da qué pensar...

Amigas, tomemos conciencia de la fortaleza y libertad, y usémosla como nos venga en gana sin juzgar a nadie... ni a nosotras mismas. Mi coño y yo vamos a disfrutar ya mismo del fin de semana. Espero que hagan lo propio.

Lo dice Diana Aller

1 comentario :

Helena dijo...

Al acabar de leer me han dado ganas de levantarme a aplaudir.