martes, 16 de diciembre de 2014

ADORABLES PRINGADOS

Francis Bacon (1561/1626) dedicó muchas horas de su vida a desmontar la lógica aristotélica. Él que defendía la experiencia como base del conocimiento, le echaba en cara al estagirita (que era de Estagira, no se crean que insultaba a nadie) trabajar sobre la teoría y no la práctica.
El pobre Bacon (maravilloso apellido) mientras contemplaba la nieve caer, decidió comprobar empíricamente si ésta -la nieve- podría conservar la carne como lo hacia la sal. Compró un pollo, lo mató, y se quedó fuera de casa para ver como el pollo cubierto de nieve se congelaba. El pollo nunca se congeló pero Francis Bacon cogió una tremenda pulmonía y murió.

Aun no estando muy de acuerdo con su filosofía, me admira que este británico (no confundir con el pintor, que también tiene lo suyo) fuera tan consecuente con su pensamiento. Vivió y murió defendiendo el método científico hasta sus últimas consecuencias.

Bajo la tecnológica luz de nuestros días, Francis Bacon resulta un adorable pringado. Él sus antecesores en la filosofía y los que vendrían después.

Y los humanos que poblamos hoy el planeta también lo somos. Entusiastas, llenos de ilusión, de curiosidad, de anhelos y de fobias que nos hacen crecer.

A lo mejor a veces yo muestro el lado más siniestro del ser humano, el más zafio y cutre. Estamos acostumbrados a percibir la falta de estima en compulsivos selfies o exhibicionistas titulares de twitter. Los medios de comunicación dan cuenta de la maldad humana y los políticos se han afanado en encarnar la rendición total al dinero y la mentira.

Pero eso no es la vida. De hecho, no tiene nada que ver con nosotros, los humanos. Nadie desea ser malvado, ni injusto, aunque en ocasiones nos pueda el egoísmo. El hombre es esencialmente bueno. Ustedes son excelentes personas. Lo sé.

-Usted se conmueve inesperadamente con una noticia triste. Una entre veintitrés noticias horribles. Y de pronto algo le toca el corazón, le indigna, y frena una lágrima furtiva y espesa a punto de brotar.

-Usted quiere a sus amigos. Se alegra cuando son felices y se entristece si no lo son. Y sabe que es recíproco. Que aunque son muy pocos, lo son todo.

-Usted de forma natural se pone del lado del débil: el anciano, el animal, el desahuciado, el pobre, el niño.

-Usted es capaz de hacer decenas de cosas al día por los demás, que no le reportan ningún beneficio: desde sonreír a un vecino hasta ceder el asiento en el transporte público. Y no lo hace por sentirse mejor; lo hace porque "es lo suyo", porque su naturaleza, esencialmente bondadosa, le empuja a ello.

-Usted tiene la maravillosa capacidad de amar. Amar sin límite ni frontera. Amar en todas sus conjugaciones, en diciembre y en Huesca. Amar sin buscar la compensación de ser amado. Amar por gusto, por vicio. Amar porque sí.

Los humanos somos unos pringados adorables, reconozcamoslo. Creemos en lo que hacemos, aunque una y otra vez la vida nos devuelva una imagen distorsionada y monstruosa de la realidad. Somos buenos y confiados, creemos en la justicia y nos desesperamos (y nos crecemos) con la maldad.
No hace falta creer en Dios ni profesar religión alguna. No es necesario poner un belén en casa. Con ser conscientes de todo lo bueno que tenemos es suficiente. La vida está hecha para disfrutarla.

Celebremos estas fiestas.



Lo dice Diana Aller

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