miércoles, 19 de noviembre de 2014

DESAHOGO LINGÜÍSTICO

Me disponía a comentar una entrada de una web, donde he visto un artículo que me ha encendido, pero he reparado en dos cosas:

A) No sabía dónde estaba el botón para hacer un comentario (inoperancia mía: Diana -1)
B)Tengo mi propia web para expresarme (hago cosas: Diana +1)

Este es el texto en cuestión:

Ninguna persona que respete nuestra lengua escribirá el terrible «estimad@s vecin@s»*. Ni siquiera el correcto pero innecesario y redundante «estimados vecinos y vecinas», que en realidad debería ser, siguiendo sus propios argumentos,«estimados y estimadas vecinos y vecinas», o «estimados vecinos y estimadas vecinas». O el incompresible «estimadas vecinas» en el caso de que en la sala haya más mujeres que hombres (otra norma inventada), o el también empleado «las y los vecinos»*. Estas fórmulas o cualquier variante similar no hacen más que dejar claro que el que las escribe carece de conocimientos lingüísticos y gusto por la expresión.
No es que el castellano no tenga una terminación para el plural mixto: la tiene, y esta coincide con la terminación del plural masculino. Es perfectamente lícito que algunas personas se lamenten de que no haya una tercera forma del plural, diferente de las dos existentes, para ser usada al referirse a colectivos donde hay hombres y mujeres (¿quizá «-es»? ¿«Vecines»*?) Pero no lo es tanto que, ante la ausencia de esa regla que les gustaría que existiera, inventen formas de plural mixto que atentan contra la gramática y el estilo.
Podemos comentar que no nos gusta la norma, al igual que muchos lamentamos que la RAE aconsejara eliminar la tilde del adverbio «solo» cuando este equivalía a «solamente». Podemos gritar a los cuatro vientos que nos gustaría que el plural mixto fuera «-as» cuando se refiera a un grupo con mayoría femenina. Pero una cosa es dar nuestra opinión y otra muy distinta tomar la justicia por nuestra mano y llenar nuestras comunicaciones de construcciones que, atendiendo a la única norma vigente, son inaceptables.
También hay muchas palabras que en singular tienen una sola forma, masculina o femenina, independientemente del sexo de la persona a la que se refieran. Y no he visto a nadie quejarse porque digamos «las víctimas» o «las personas» aunque haya hombres entre ellas; ni a nadie reclamando que se diga «los víctimos*» ni «las personas y los personos»*. Quizá deberíamos exigir también que se dijera atleto*,cineasto* o pediatro*. O «queridos congéneres y congéneras»*. La lista de despropósitos sería interminable…
En este enlace, la RAE aporta algunos ejemplos que dejan muy claro por qué es mucho más efectivo que las cosas se queden como están.
Aunque a mí me gusta más esta explicación de mi admirado Javier Marías, a la que creo que nadie debería agregar nada que no fuera «¡chapó!» (aceptada en lugar de la original francesa).
Supongo que todo depende de nuestra tendencia a ofendernos. De dónde coloquemos ese listón. Yo no me siento en absoluto disgustada porque se me incluya en un inocente «estimados vecinos». ¿Debería estarlo? Es una forma cortés y está correctamente escrita. Hay asuntos mucho más graves por los que ofenderse, y esas reacciones exageradas que pretenden crear polémica sobre el supuesto sexismo del lenguaje hacen que pierdan fuerza las reivindicaciones serias contra los casos reales, graves e inaceptables de machismo.





A mí lo que me toca la raja de mis partes más pudendas, es que haya gente que se yergue adalid y guardiana de nuestra lengua como si fuera un fósil inamovible del que va a beneficiarse de alguna forma.
El castellano afortunadamente, es una lengua viva -muy viva, añadiría yo- cuya holgura estriba en su adaptabilidad y capacidad de cambio.
Somos los humanos, con nuestros torpes inventos y maravillosa imaginación los que creamos, derivamos y retorcemos las palabras. Y somos también nosotros los que modelamos y disfrutamos de nuestra lengua. Este placer, libre y arrebatado, nos coloca en un maravilloso lugar dentro de la racionalidad, con el que conmino a mis congéneres a disfrutar.
Rebato una frase que escribe esta señorita (doy por hecho que es doncella, ya que la nada sexista lengua castellana me obliga a determinar si es penetrada de forma habitual por el mismo varón o por varios o ninguno, -o lo que es lo mismo si es casada o soltera-). Dice que quien escribe "Los vecinos y vecinas" (...) carece de gusto por la expresión.
En primer lugar, un "Vecinos y vecinas" suele ir seguido de "estoy hasta el rabo de vuestras fiestecitas y ruidos. A la próxima os envío una banda de albano-kosovares. Estáis avisados, cabrones" y dudo que se plantee su gusto por determinadas formas léxicas en el difícil trance de escribir tan quejumbrosas líneas.
En segundo lugar, me alivia creer que poca gente escribe para exponer sus conocimientos lingüísticos... Quiero pensar que la mayoría lo hace para comunicarse.

Me gustaría señalar, así mismo, que tras años de enseñanza reglada por parte de maestros con poca vocación, tras padecer el yugo normativo durante toda la niñez y juventud, y tras asimilar el pensamiento unidireccional como único horizonte social, lo último que desearía cualquiera es una lección paternalista sobre el uso correcto que debemos hacer de nuestra lengua. Que una señora (ahora me la imagino penetrada de forma habitual por el mismo varón) apele a una única norma vigente ofende a la plasticidad de la lengua y a quienes hacemos uso de ella. En edad escolar nos hubiera venido muy bien esta información, pero en un mundo adulto deberíamos negarnos a hincar las rodillas ante instituciones seniles empeñadas en perpetuar la mansa adoración de un tesoro intocable.
Quiero desde aquí llamar a mis coetáneos a la desobediencia léxica en particular y a cuestionar todo cuanto nos viene tamizado como precepto en general.

(Y a la autora, le pediría que dedique una entrada a la muy extendida cosificación femenina con el pronombre "la". Me siento muy sola en mi cruzada contra "la Pantoja" o "la Esteban" en los titulares, y jamás "el Rajoy").

Gracias. Me he quedado superagusto.

Lo dice Diana Aller

4 comentarios :

Itziar a ratos dijo...

Nos llaman cansinas por hacer nuestra la lengua que nos enseñaron y con la que nos entendemos con el mundo, por incluirnos en ella. ¡¡¡Cansinas sois vosotras al defender esa norma androcéntrica que ya está herida de muerte, os guste o no!!! A nada se está resistiendo más la RAE, por algo será.
Hablar de lingüística como si de un ente aislado y estanco se tratara, ajeno a la historia y a los cambios sociales, como si fuera casual que se generalice en masculino en una sociedad de arraigo patriarcal, eso sí que me parece estúpido.
Me chifla la palabra doncella, aunque ya se me deslicen entre las piernas hasta los tampax super.

Yo misma dijo...

Según la tesis de "respetemos la gramática por encima de todo" el castellano no existiría y seguiríamos hablando latín. Eso para empezar. Para seguir, el uso del plural masculino para englobar a los dos géneros es el reflejo de un mundo androcentrista en el que la mujer no contaba. Si voy más allá, si un marciano leyera algunos de los textos gramaticalmente impecables de cualquier periodico "los trabajadadores se reunieron con los ministros para hablar de las condiciones salariales de los policias" (por poner un ejemplo tonto) no se imaginarían que en este planeta existen dos géneros. Es lo que se llama "invisibilidad de la mujer en el lenguaje". La lengua es un reflejo de la sociedad y ahora que las mujeres tenemos un hueco que antes no nos dejaban, el lenguaje se debería adaptar. A nadie "le rasca" que se admitan anglicismos en nuestra sacrosanta lengua, y la RAE los termina aceptando, pero si usas la arroba les sale urticaria ¡qué cosas!. A mi no me gusta ser invisible, ni siquiera en el lenguaje que es una herramienta, no un fin en sí mismo (tan a gustito que me he quedado) :)

Itziar a ratos dijo...

Aún a riesgo de parecer re-cansina, voy a a comentar algo más. Ya en el 95 un profesor de periodismo llamado Pedro Barea (se decía que era hermano del insigne actor) se reía desde su tarima del uso feminista de la @ llamándola "aborto de letra". La pena es que entonces yo era la única de una clase de unas 100 alumnas (de genitalidades diversas) que mostraba disconformidad con el masculino genérico. Ahora, somos muchas más. Sí, no acatar esa norma da muchos dolores de cabeza, sobre todo a la hora de escribir. Es jodidamente difícil publicar algo fluido sin generalizar en masculino, doy fe. Pero no sería capaz de claudicar en eso.
Lo que me toca realmente las tetas es que me recomienden, con una oportuna palmadita en la espalda, bregar en otras batallas contra el patriarcado, no perderme en nimiedades. Me encantaría preguntarle a la firmante del artículo que nos ocupa en qué causas más importantes y con qué estrategias más eficaces considera que debemos combatir el machismo. Apuesto a que la zagala se desvela ideando maneras de convertir este mundo en un lugar más habitable para la humanidad, sin que importe el género con el que nos diagnosticaron al nacer. Lo tengo comprobado, quienes nos recomiendan arrogantemente reivindicar otras prioridades suelen ser más reformistas o conformistas que nosotras, siempre.

Ele Brahamante dijo...

Se publican sólo los comentarios afines a la autora? o es que ha habido algún problema en la web con los disienten?