sábado, 27 de septiembre de 2014

EMMA, UNA MUJER CON PINTA DE SER MUY BORDE

La historia del progreso está escrita con la sangre de hombres y mujeres que se han atrevido a abrazar una causa impopular (Emma Goldman)

Hoy estoy espesita, así que, si desean saltarse mi preámbulo -ególatra e innecesario-, les recomiendo vayan directos a la parte escrita en granate. Es sobre una mujer fascinante (como casi todas).

Hace unos días -ya unas semanas quizás- tuve una charla muy interesante con mis hijos sobre el holocausto nazi. Como corresponde a niños de 8 y 10 años, tienen curiosidad por la historia; sobre todo por la más trúculi. Tratando de no posicionarme (y les aseguro que es tremendamente difícil) traté de explicarles la persecución tortura y muerte de inocentes, la locura de la dictadura y la existencia de campos de concentración. Pese a sus preguntas, no entré en detalles demasiado escabrosos. Se cuestionaban cómo el resto del mundo no hacía nada ante semejantes barbaridades. Les expliqué que no era fácil estar al tanto de lo que ocurría en Alemania. Y rápidamente, no sé cual de los dos apostilló "Claro, no tenían internet".
Esto me hizo pensar. Un poco nada más. Muy, muy poco:
Nosotros sí tenemos internet. Sabemos de sobra lo que está ocurriendo en Gaza. Reporteros que juegan al fútbol con niños de la zona y les ven morir después. Niños como los míos, llenos de inquietudes y futuro. Un pueblo apátrida, sitiado y consumido por el que nadie hace nada. Violaciones, sofisticadas torturas y armas tecnificadas. Intereses (y munición, y armas) de superpotencias que alimentan uno y otro bando; limpieza étnica, y para velar por la concordia, existen organismos inútiles compuestos de humanos (a sueldo) que concilian el sueño por la noche y engordan durante el día.

Otra cosa es que no queramos mirar. Es mucho más cómodo no hacerlo. Preocuparnos por conseguir un empleo, el que sea, poder comprar ropa hecha en Bangladesh, fumarnos un porro, bajarnos una peli, comunicarnos por whatsapp con los colegas, ir a la playa o teñirnos el pelo.
Nuestra realidad es que TENEMOS OTRAS PRIORIDADES.

Al pensar esto -reitero que muy poco, muy por encima- sentí un bochorno extraordinario ante mis vástagos.

Si ellos supieran que ocurre todo lo que ocurre y yo no hago nada ¿Qué pensarían de su madre? ¿Qué es cómplice de estas brutalidades?  ¿Que si no lucha por las injusticias no merece tener hijos? ¿Que no sabe usar internet?

Se me cae la cara de vergüenza.

Y como además soy bastante cutre, abandono la idea rápido. Ya les digo que fue una cosa fugaz. Y rápidamente volví -vuelvo- a mi mundo y mis preocupaciones: Miles de entregas de artículos en los que quiero esmerarme, lo duro que es engordar simplemente por hacerse mayor y no cambiar de hábitos, ése chico que me vuelve loca, que llegue el sábado porque hay una fiesta chulísima, sacar ya el edredón... Las cosas importantes de la vida.

Afortunadamente no todo el mundo es como yo, y los escasos logros de la humanidad se los debemos a especímenes muy generosos, que lucharon por ideales, por imposibles, por justicia, por los demás...

Siempre me han resultado admirables los anarquistas, esos señores viejos, sesudos, con barbas largas, y profundos monólogos interiores. Y siempre he considerado la anarquía una gran solución, una respuesta, y la más difícil y esforzada de las ideologías.

Existió una mujer, sin barba aparente, con cara de cabreo, teórica y sobre todo activista de la anarquía. Una mujer a la que tenían miedo porque expresaba la verdad, señalaba las injusticias y no se callaba. Se llamaba Emma, y pronto se independizó y buscó su vida fuera de la Rusia zarista en la que nació (en la actual Lituania) allá por 1910.
Lo fácil para una mujer de aquella época era aceptar los roles que se le imponían. Apenas contaban con formación o información (ni internet, claro) para saber qué ocurría fuera de su mundo. Cierto que la vida transcurría macilenta y sosegada, y probablemente cuestionarse la vida era un mero ejercicio de abstracción que hoy nos ofrece ya masticadito Hollywood o Instagram.
Emma Goldman amenazó con suicidarse en cuanto su familia le propuso casarla (no había mucho más que hacer en aquella época); y ella, tajante, y decidida, con solo 16 años, se fue a Estados Unidos.
Aquél era un país en construcción (Como ahora, pero con mayor ilusión e inocencia), y Emma Goldman participó en ello como obrera textil, un trabajo que le hizo afianzar la conciencia que ya tenía con respecto a los trabajadores y la explotación de los ricos sobre los pobres. Comenzó a acudir a reuniones de anarquistas, que lejos de la clandestinidad que podemos imaginar, se celebraban en recoletos cafés llenos de humo e intelectualidad.
Allí conoce a Alexander Berkman, un convencido de la causa anarquista. Él desconfía de Emma, y de las mujeres en general. Cree que son una engorrosa distracción.Por supuesto acaba perdidamente enamorado de ella y se van a vivir y conspirar juntos. 
Ambos creen que matar a una figura del capitalismo sería lo suficientemente simbólico como para que la gente pudiera tomar conciencia de la alienación y sometimiento en el que vivía el pueblo. Piensan en Henry Clay Frick, un poderoso industrial del momento que representaba la acumulación de capital gracias a las interminables -y mal pagadas- jornadas de cientos de operarios oprimidos (y en aquel momento en huelga por las extremas condiciones laborales a las que eran sometidos).
Se suele asociar la anarquía a la destrucción y la violencia. Nada más lejos de la realidad:La anarquía pretende frenar el crecimiento parasitario violento, el germen de las injusticias sociales. Obviamente, se requiere menos esfuerzo mental para condenar, que para pensar, y tal es la razón por la que se asocia violencia a quienes buscan erradicarla antes que a un sistema profundamente agresivo. 
Alexander intentó matar a Henry Clay Frick, pero fue bastante torpe y la jugada le salió mal. El explotador quedó simplemente malherido, y Alexander fue apresado y enviado a la cárcel. Aunque intentaron involucrar a Emma, él no la delató jamás como cómplice.
Emma, que estaba alcanzando cierta notoriedad como oradora dentro y fuera del movimiento libertario, lejos de amedrentarse, se creció en su lucha. La tenían clichada por su poder de convencimiento, por sus inspirados y convincentes discursos y porque las autoridades la tenían por "muy peligrosa". La cosa fue a más cuando un exaltado intentó matar al entonces presidente de Estados Unidos William McKinley, y dijo que fue ella y una de sus multitudinarias charlas quien le "inspiró" tal intento. No paraban de detenerla, aunque al poco siempre la soltaban.

Adelantándose al pensamiento hippy de varias décadas posteriores, Emma Goldman monta una revista (de corte libertario, por supuesto) llamada "Mother Earth". Además defiende con vehemencia el amor libre y la contracepción voluntaria, nociones consideradas muy perniciosas para la época. (Es curioso como un siglo después se siguen considerando temas polémicos todos los que atañen a la libertad de la mujer con respecto a sus propios cuerpos).

Como pueden apreciar en las instantáneas, Emma no era una mujer precisamente atractiva, ni siquiera era agradable. Su cara es de borde y seca como ella sola. Imagino que no intentaba -como hacemos hoy- complacer con su gesto. Imagino que deseaba convencer con su palabra. Y lo hacía.
Cada vez acudía más gente a sus charlas a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Obreros convencidos, pero también clases medias con verdaderas dudas sobre los costes sociales del capitalismo. Ella arremetía contra el puritanismo y el sometimiento femenino; también contra la esclavitud disfrazada de jornadas asalariadas, y contra la represión política. (Esa misma represión que ha perpetuado una imagen de las teorías anarquistas como algo chungo).
Tras 14 años de presidio, Alexander Berkman es un hombre libre. Y se encuentra a una mujer diferente, que trabaja y piensa en muchas direcciones, que tiene apasionantes charlas con un montón de amigos en su apartamento. Mientras él, aislado, sigue anclado en su pensamiento unidireccional en pro de las clases populares. Emma tiene 37 años; retoma el romance con Alexander, pero les separa un mundo entero lleno de ideas y transformaciones sociales. Como anarquistas civilizados que son, se dan cuenta de que la cosa no funciona, pese al amor que se profesan. Él se ocupa entonces de gestionar la revista, y ella se centra en lo que mejor se le da: dar conferencias.
Su vida consiste en escribir manifiestos, embarcar en incómodos trenes, plantificarse ante una organización de mineros de Minnesota (por ejemplo) y hablarles de lo mal planteadas que estaban las cosas en torno a la religión; trabajos sin garantías a cambio de una promesa de una vida mejor después de ésta; la maternidad como una función femenina asfixiante  e incapacitante para poder ejercer otras disciplinas, y el amor libre, que nada tiene que ver con la promiscuidad, si no con las decisiones sentimentales de individuos libres. En realidad Emma era una -muy, muy, muy- adelantada a su tiempo.

En este entorno de subversión, conoció a un hombre 10 años menor que ella (que ya contaba 40). Se trataba de un atractivo y muy peculiar personaje, médico (había estado ejerciendo como tal con prostitutas) y también había sido mendigo. Ben Reitman se convirtió en su amante perfecto. Tenían una relación pasional y muy libre, llena de admiración y alegría. Él pasó a gestionar las "giras" de Goldman, y lo hacía con notable éxito.
A Emma las sufragistas le parecían la facción políticamente correcta del feminismo. (Un poco como las femen hoy: Mujeres blanquitas que buscan visibilidad a corto plazo y deciden liberar al resto acomodándose a un sistema). Ella pretendía crear nuevos enfoques, instaurar la libertad como precepto universal.
Se hizo muy célebre (o al menos se recuerda hoy como muy certera) su frase "Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan". 
Ben Reitman no estaba tan pillado por ella como ella por él. Tras casi una década juntos, el doctor terminó confesándole que se había enamorado de una chica que había conocido en Nueva York hacía dos años. Debió ser muy duro para ella. Sobre todo cuando se enteró de que él, lejos de los preceptos de libertad sexual en los que había militado, terminó casándose y formando una familia al uso.
El mundo entero se convulsionaba con revueltas de todo tipo. EEUU entró en la primera guerra mundial y el corazón de Emma estaba desgastado de tanta lucha política y sentimental. (Y seguía con la misma cara de rancia, claro).

Las guerras no son más que clases pobres luchando, matando y muriendo por los intereses de los ricos. ¿Cómo no creer en la revolución? ¿Cómo no desesperarse ante tanta injusticia? 
La mayoría somos impermeables a estas cosas. Reconozcamos que nos da igual que la gente se mate por ahí mientras no salpiquen nuestras vidas vulgares, cutres, pequeñas. Es mejor pensar en las rebajas, cagarse en nuestro jefe o pedir comida china a domicilio.
En la sociedad que soñaba Emma Goldman, la mujer sería capaz de tomar sus propias decisiones, personales o civiles. Sus elecciones sexuales vendrían motivadas por una perfecta salud física y espiritual donde sólo contarían el amor y el placer. La maternidad por supuesto, sería también una elección libremente escogida. Ni el estado ni la religión decidirían sobre un asunto que pertenecería a la más absoluta y responsable libertad personal. (¿Hola Gallardón?). Pero el ambiente bélico de aquella época emborronó todo viso de esperanza. La represión se convirtió en una constante. Se perseguía a los disidentes, a los insumisos y a los anarquistas como una prioridad estatal.
Emma, unida a su inseparable Alexander, monta la Liga anti reclutamiento bélico. (Nada más pacifista que luchar por la antimilitarización de un pueblo. ¿Se han planteado ustedes qué ocurriría si en una guerra todos se niegan a combatir? -Y esto me recuerda a cuando en mi época juvenil en la que la chavalería luchaba por la insumisión al servicio militar obligatorio, leí una de las mejores pintadas que he visto en mi vida. Rezaba: "Ni Mili, ni Vanili"-)
En sus multitudinarias conferencias llegaban a reunirse docemil almas que cantaban la internacional, unidos por sus creencias. En un momento histórico y un lugar como aquél, si me permiten la expresión, había que tener mucho coño para dar la cara de aquella manera. Apresaron, juzgaron y consideraron culpables a Emma y a Alexander. Durante casi dos años ambos estuvieron encarcelados... hasta que decidieron deportarlos. Tras 34 años viviendo en Estados Unidos, Emma, presa, derrotada y con el mismo careto de mala hostia de siempre regresa a Rusia, donde un señor apellidado Lenin se ha hecho con el poder desde la izquierda. Alexander y ella en un principio apoyan a los bolcheviques, pero en el fondo no entienden nada. Les impresionan la hambruna, el horror y sobre todo la violencia del régimen. Aguantan solo dos años allí. Ambos han pasado juntos media vida, la suya es una relación de colegas, de amor de verdad, sin necesidad de fútiles pasiones. Se quieren y sobre todo, se tienen. Desde que se conocieron, en aquel café y la anarquía les unió, han permanecido juntos.Ahora no encuentran su sitio...Pero se sienten tanto o más unidos que nunca. El amor, tal vez no es ese arrebato sexual de aspecto adolescente ¿Y si es la defensa del otro antes que la de uno mismo? ¿El conocimiento y respeto de virtudes y defectos? La admiración, acumulativa y reposada de quien nos quiere para siempre... 
Emma se retira desencantada a Saint Tropez, pero la correspondencia y afectos entre ellos son más reales y profundos que los de la mayoría de los matrimonios. Se cuentan todo, son confidentes, mucho más que amigos... hasta que la muerte los separa. Concretamente el día que Alexander se pega un tiro y termina con su vida. Emma Goldman le encuentra suicidado y siente que se le va la vida. Una vida dedicada a la lucha, a la anarquía, a la paz... Una vida más unidos que los Estados Unidos. 
Ella aguanta un poco más. Un día jugando a las cartas con unos amigos se para en seco. Le da un derrame cerebral y muere.

Errico Malatesta dijo (y yo corroboro): "De igual modo que todos los animales, el hombre se adapta, se habitúa a la condiciones del medio en que vive, y por herencia transmite los hábitos y costumbres adquiridos. Nacido y criado en la esclavitud, heredero de una larga progenie de esclavos, el hombre, cuando ha comenzado a pensar, ha creído que la servidumbre era condición esencial de vida: la libertad le ha parecido un imposible. Así es como el trabajador, constreñido durante siglos a esperar y obtener el trabajo es decir, el pan- de la voluntad, y a veces del humor de un amo, y acostumbrado a ver continuamente su vida a merced de quien posee tierra y capital, ha concluido por creer que era el dueño, el señor o patrono quien le daba de comer. Ingenuo y sencillo, ha llegado a hacerse la pregunta siguiente: "¿Como me arreglaría yo para poder comer si los señores no existieran?".

Hay un documental totalmente sesgado y proamericanista, que sin embargo arroja luz suficiente para quienes tengan sed de conocimiento y ganitas de más Emma. 

...Y he aquí algunas frases suyas:

"Una sociedad tiene todos los delincuentes que se merece".  

"Todas las guerras son guerras entre ladrones demasiado cobardes para luchar, que inducen a los jóvenes varones de todo el mundo a hacer la lucha por ellos". 

"Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa". (Esta me encanta)

"El cielo debe ser un lugar terriblemente aburrido si los pobres de espíritu viven allí. " 

"Prefiero tener rosas en mi mesa que diamantes en mi cuello." (Y yo música en mi alma)

" El anarquismo es la única filosofía que aporta al hombre la conciencia de sí mismo, que sostiene que Dios, el Estado y la sociedad son inexistentes, que sus promesas son nulas y sin valor, ya que sólo pueden cumplirse a través de la subordinación del hombre. " 

A ver si me acuerdo de comprar pasta de dientes, que se me está acabando, tengo que contestar a P. para quedar con él el martes; esta próxima semana tengo que hacer facturas, bañar a mi perro, buscar trabajo... Se me acumula la ropa para planchar; no hay forma de acabarme "Las leyes de la atracción" y hoy dormiré feliz pensando en las cosas tan bonitas que me ha escrito Frank. ¿Es esto la vida? ¿Silenciar lo realmente importante?

Lo dice Diana Aller

2 comentarios :

Noelia Schulz dijo...

Excelente. No añadiría nada más.

Itziar a ratos dijo...

Emma Goldman, cuanto más la conozco, más la amo. (Justo me pasa lo contrario con Federica Montseny).Hay una anécdota de su vida que adoro. Como anarquista, detestaba toda forma de explotación económica, también la prostitución. Pero era aliada de las putas. Por eso le costó tanto bajar una gélida noche a una calle de Nueva York a probar suerte. Quería ayudar a Berkman a preparar su atentado fallido, necesitaban dinero. Después de unas horas apostada en la esquina, volvió a casa sin que ni un hombre hubiera solicitado sus servicios. Me la imagino, con esa cara grave y cabreada, la anti-puta.
Al final de sus días, conoció el más hermoso experimento anarquista que se ha llevado a cabo jamás en la historia: la revolución durante la guerra civil. Visitó las fábricas, suministros y medios de transporte colectivizadas en Barcelona por la CNT y el campo comunal. Todo funcionaba sin injusticias. Aunque era dolorosamente consciente de que ni el fascismo, ni el capitalismo ni el comunismo iban a permitir que esto continuase como de hecho sucedió, Emma Goldman manifestó que toda una vida de lucha había merecido la pena por llegar a comprobar que la revolución libertaria era posible.
Querida, el idealismo y la cotidianidad bailan un vals en tus palabras.