miércoles, 5 de febrero de 2014

MODELOS DE MUJER

De la misma forma que siento un morbosísimo interés por yonkies, exorcismos o anoréxicas, me fascina la imagen de la mujer que se proyecta en los medios de comunicación; y no sé si soy demasiado mayor, demasiado segura o demasiado miedosa, pero me siento del todo inmune y lejana a las protestas que veo a mi alrededor.
Por supuesto, cuando veo documentales como éste, pienso con horror que la cosa es seria, que en efecto es un reflejo del mundo real, del mundo inventado por varones para las mujeres, y sobre todo del desigual reparto y entendimiento del poder.
De verdad que no tengo ninguna obsesión con Lucía Etxebarria, pero he de citarla (una vez más) porque el otro día colgó un vídeo sobre este tema del todo revelador que me hizo darme cuenta de que la cosa iba más allá de lo que yo presuponía. Mostrar a la mujer como una cosa desmembrada, como pedazos de carne que no constituyen nada... ¿Realmente eso es lo que perciben las niñas? ¿Lo que desean los hombres? (Creo que es más bien lo que les frustra no tener).
Ilusa yo, suelo creer que que la mayoría perciben como monstruos a las mujeres (y a los varones) que salen en la tv, tal y como me ocurre a mí. No puedo evitar arrebatarme ante magacines televisivos y revistas; olvidarme de los problemas y degustar una buena ración de hipérbole cárnica, sexualización de ancianas y cabellos teñidos de artificial rubio canario. Me gusta sí. Pero no aspiro a ser nada siquiera parecido a eso. Es más, mi idea del éxito y la felicidad es precisamente la opuesta.


Pero no veo ni sombra de ironía, ni una lectura doble, triple o un pelín profunda en los juicios fáciles sobre las mujeres que aparecen en televisión.
Resulta descorazonador ver que esos son los modelos reales de feminidad (¿de verdad lo son? ¿la rara soy yo?)...
A mí me da la impresión que esa gente musculada y peliteñida tipo Pachá Ibiza huelen mal, que son fuente de risas y que representan solo una desconexión cerebral o ensoñación pasajera para seres plurineuronales. Identifico esas pieles gastadas con poca higiene, con sordidez, con pobreza y aspiraciones incumplidas.
Pero al parecer (y reitero que me sorprende un montón) para la mayoría es el modelo -particularmente el femenino- a seguir. Mujeres sin relevancia, sin personalidad, sin poder. Mujeres inertes, finitas, que solo son mujeres.
A mi me flipan las mujeres de piel muy blanca o muy oscura, de labios finos y sensuales imperfecciones. Mujeres con una obscena arruguita en el cuello (que según escuché hace poco significaba gran interés y actividad sexual). Mujeres proporcionadas, con ombligos hacia fuera, lunares indecorosos, pezones como galletas Campurrianas. Guapas raras, bracilargas, con frentes estrechas y barbillas redondas. Con codos resecos y vaginas hidratadas (que es lo normal, pese a lo que nos vende la publicidad). Mujeres valientes, enfadadas, felices, despistadas, groseras, exquisitas, mujeres que huelen a fresco, a noche turbadora, a sudor limpio, a cefalotórax, a fuselaje... Mujeres que yerran, que piden perdón o no lo piden jamás, directoras de su vida, simpáticas alcohólicas, ilustres perdedoras, dignas millonarias, hermosísimas cincuentonas...Orejas coloradas y maternales que parece que van a arder; labios resecos como de tanto relamerse; huyuelos en la barbilla; pupilas de colores de rocas calcáreas; pecas como tostadas constelaciones, artificio elegido, naturaleza impuesta, desafío al cánon siempre.
Me fijo mucho en el pelo: la calidad capilar, la cantidad, los matices de color, el brillo, el corte... De hecho en todos los anuncios de champú y acondicionador, prefiero el Antes (de cabellos indómitos y a veces en blanco y negro) que el Después (de pelo brillante como de muñeco de Famosa). Me gusta ese remolino en el nacimiento del pelo que es único, que se aprecia en los primeros planos del cine europeo, en esa mujer indefinida que viaja delante en el tren, en esa amiga de mi madre que siempre me fascinó. Me gustan los símbolos que Hollywood borra en las mujeres, aunque quizá me gusten solo por eso.
Estoy convencida de que todo esto que escribo no es solo cosa mía, es de una obviedad ofensiva, es innecesario, es evidentísimo...

A lo mejor soy rarísima, pero para mí Angelina Jolie y Aramís Fuster son el mismo tipo de mujer; sin embargo mis heroínas, llenas de vida y con claroscuros dignos de Durero, son todas diferentes y ¡tan dispares...!
¿Verdad que no soy la única?

*Siento aparecer poco por aquí, tanto mi becario como yo estamos desbordados de trabajo. Prometo que en un par de meses volveremos a estar a pleno rendimiento, mientras tanto, actualizaré menos de lo que me gustaría.

Lo dice Diana Aller

10 comentarios :

joby dijo...

Yo no tengo ningún prototipo. De hecho, me parece una estupidez tener prototipo.
Sobre lo que dices del cuello. Te encantará entonces María Patiño. Ya no sólo destaca su vena, sino que además tiene un bultaco sospechoso últimamente en la yugular. No sé si está mutando o algo...

Anita Patata Frita dijo...

Llevas toda la razón del mundo!

Pollajierro dijo...

Qué bien escrito! Precioso.

Pollajierro dijo...

Qué bien escrito! Precioso.

Dinamita bajo el Sol dijo...

Suscribo tus palabras al 100%. Y lo mismo diría de los hombres, aunque es cierto que los modelos de mujer que nos venden son más explícitos y evidentes.

C. Maltesse dijo...

"Mujeres que huelen a fuselaje"... me derrito, enloquezco; me hipnotiza, me chifla, me atrae y me deslumbra; me disuelvo... muero en esta frase y en todo su contenido, xd.

Tània dijo...

Maravilloso artículo. Eau de fusélage...mmmmm

mgm dijo...

No eres la única

mgm dijo...

No eres la única!

Fran y Rosa dijo...

Pues si, eres rara Diana, pero afortunadamente cada vez somos más las raras que no aceptamos la imposición de unos cánones de belleza totalmente artificiales y qué solo consiguen hacernos más infelices. Me ha encantado este artículo