sábado, 2 de noviembre de 2013

PROMOCIÓN, MARCAS, MIEDOS Y WHISKY

Igual que la burbuja inmobiliaria, la burbuja bloguera caerá un día y con cómplices codazos nos diremos “Se veía venir. Tanta gente viviendo del cuento, enfermos de egolatría.”; “ las marcas se volvieron locas, pagando a infraseres incapaces de distinguir la calidad o el criterio”; “Galas y Pelayos han llevado al consumo a esta desastrosa situación”.
Los que estén familiarizados con el mundo del patrocinio y las redes sociales, sabrán que las estrategias publicitarias han dirigido sus más agresivas armas hacia opinion leaders, gente con muchos followers y con creciente presencia en redes sociales y saraos patrocinados.
Esto, es algo a simple vista maravilloso de lo que todos nos podemos beneficiar. Como consumidores, las marcas se nos acercan con la cara de gente cercana, de la que sabemos sus andanzas; y en principio debería ser una garantía del producto anunciado.
La cosa se podría pervertir cuando el único señuelo que mueve a esos activísimos opinion leaders es el poderoso caballero. Me da a mí que a muchos de estos consumidores insignia, les da igual el producto que abanderan sin recato en Instagram. Han convertido su vida en un todovale de valor monetario.
Yo, que soy una simple colgada que escribe un blog, he sido tentada para promocionar productos. Los que me gustaban o iban acorde con mi filosofía han salido bien parados aquí o en mis perfiles de redes sociales. (Reebok, por ejemplo). Es más, de motu proprio, he decidido hablar de firmasque me gustan sin contraprestación a cambio.
Hace unos días me contactaron desde Jameson, una marca de whisky para preparar una acción comercial. Todo lo que sea alcohol, me gusta, y me gusta promocionarlo, ya que la publicidad por cauces normales está prohibida. Esta hipocresía sirve para crear subterfugios de lo más imaginativo para la implantación de marcas. Y todo lo que sea whisky, ron o cerveza… me fascinará promocionarlo.
A mí y a otros 9 perfiles (porque es lo que somos: perfiles en redes sociales) se nos ha asignado un establecimiento de Malasaña  y se nos ha pedido apadrinar un escaparate ad hoc para la ocasión. Un jurado valorará cada escaparate y solo uno de ellos se erguirá como triunfador.
Dije que sí antes de conocer las condiciones, y cuando me contaron de qué iba tuve miedo. ¿Y si en el sorteo me tocaba un establecimiento que no me gustaba? A lo mejor a alguno le daría igual, pero yo no soy capaz de promocionar algo en lo que no creo, o, directamente sin alma. Así lo hice saber a los atentos señores que llevan la comunicación de Jameson, y me tranquilizaron, diciendo que la selección sería “con muy buen gusto”. Mis miedos apenas se disiparon.

Para esta acción publicitaria, tengo que hablar de todo esto en redes sociales, tengo que promocionar el local que amadrino y Jameson. Tengo que contar que el día 20 de noviembre habrá una fiestecilla allí y he de publicar en mi blog una entrada sobre el tema. ¿Y saben qué? Que no es esta.
Porque yo ya he ganado.
Me ha tocado the Comic Co, una puerta a otros universos y la excusa perfecta para ofrecerles una próxima entrada fascinante.

Atentos a su blog amigo, porque en apenas horas, van a entender como mi terror a la incoherencia se ha convertido en fascinación por contar historias desde viñetas alucinantes.

Lo dice Diana Aller

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