miércoles, 20 de noviembre de 2013

A USTED, MUJER DE BOTAS MARRONES

A usted, mujer de botas marrones -con un poquito de tacón, que estiliza mucho-.
A usted niña rápida; joven responsable y perdida; y mujer prematura y encontrada. A usted le dedico hoy mi prosa, más sentida y cariacontecida de lo habitual.
La veo en IKEA, de mal humor con su pareja buscando un cajón esmaltado para una Expedit; me la cruzo por la Gran Vía, oliendo fuerte a colonia porque ha quedado, y la veo por la mañana en el transporte público, con la mirada perdida. Muy, muy perdida.
Usted, amiga, es el producto de la enfermiza sociedad heterofalocéntrica en la que vivimos, y también es el más eficaz sistema para perpetuar las aberrantes creencias que la sustentan.
Usted representa todo lo detestable: Los abrigos guateados, los libros de Ken Follett o por ejemplo, la conformidad salvajemente unida a la queja.
¿Se ha escuchado por dentro? Vive permanentemente insatisfecha...
...Detesta su trabajo, limpiar el baño, tirar los restos de comida del plato antes de fregarlo, ese oscuro garaje o parada de autobús que la está viendo envejecer cada mañana. Detesta incluso en lo que se ha convertido la vida de pareja. Y la vida también.
Usted esperaba otra cosa. Creía que la valorarían. Pero ¡ay, amiga! A resultas de no se sabe que incognoscible destino, hoy se encuentra  funcionando para otros y no al revés.
A usted, que vive a dieta y se arrepiente de cada desembolso económico que realiza. A usted, mujer de hoy le quiero pedir que haga algo por sus hermanas, el resto de las mujeres.
Le quiero pedir que se una a nuestra causa en lugar de atacarnos, que dé la cara por nosotras y que se moje por las que estamos caladas hasta arriba.
Le quiero pedir, que transforme la conformidad en desobediencia y la queja en gratitud: que deje de preocuparse de teñirse las raíces o criticar a sus cuñadas y empiece a entender que usted no tiene que hacer nada para encajar en el mundo. Que el mundo está hecho a su medida ya.

Abro un extensísimo paréntesis aquí para explicar cómo me molesta que en las empresas en las que trabajo (cada vez más horas por menos dinero) se prioriza el trato a las mujeres que tienen hijos con respecto a los varones y las que no tienen descendencia. Se les permiten cosas que a los demás no, por ese handicap de tener hijos, disfrazándolo de conciliación. Son mujeres a las que se les (se nos) exige menos; porque pobrecitas, tenemos hijos. A mí esto me duele profundamente, porque he tenido hijos por propia voluntad, y me considero terriblemente afortunada, de haberlo elegido/improvisado así. No estoy en la India; nadie me obligó a mantener relaciones sexuales, ni a reproducirme, no me han violado ni nada de eso. He tenido hijos de una forma madura, voluntaria y feliz. Podía haber decidido tener una tarántula, o una colección de Lladrós, pero elegí ser madre. Eso no significa que tengan que compensarme laboralmente de ningún modo. No soy una víctima; soy muy afortunada. Por supuesto, sé que además significa que no me promocionarán laboralmente, porque las madres, ya se sabe "faltan mucho", "rinden menos"... O eso debe ser lo que hacen algunas; yo les aseguro que no. Si alguien tuviera, por ejemplo, una madre impedida y dependiente, dudo que pudiera contar con las mismas ventajas que tienen las madres trabajadoras. Es perverso el victimismo con el que se alimenta a las mujeres. La conciliación laboral, es un derecho que debería ser universal. Si tengo hijos o una tarántula es cosa mía; un horario laboral razonable, es cosa de todos.


Y continúo querida amiga, con mi petición: No deseo que milite en una causa que siente ajena, le pido que se acerque a la lógica de la felicidad: a disfrutar de la vida desde otro punto de vista. Algunas lo llamamos feminismo, pero si le asusta el vocablo llámelo de otra forma. (A mí me gusta el nombre de Basilio; puede llamarlo así: Basilio). No hace falta que se plantifique una coronita de flores y vaya en tetas al Congreso. Basta con que cuestione las cosas y utilice la lógica. Para mí el Basilio, es ser el modelo de mujer al que aspiro; desde la fuerza, desde la heroicidad, el humor y la alegría. Piense todo lo que puede ser para usted. Sin victimismos ni quejas. Solo lucha y orgullo.

Y por último: por favor póngase unos taconazos de vértigo o unas zapas de bakala. Verá cómo es más fácil comerse el mundo.

Les dejo con un fidedigno y acertadísimo retrato de la mujer aburguesada de la época de nuestras madres en la que se fabricaba ese invento del demonio llamado democracia. Mujeres que se crean y recrean en su pequeño y en apariencia confortable mundo.
Aquellas generaciones en España crearon un mundo del que enriquecerse y sacar tajada, y nos toca padecerlo ahora ¿Va a seguir hundiéndose sola, o quiere venir a nadar con nosotras? (Ojito con la foto de Cecilia con el guante de boxeo...)


Lo dice Diana Aller


3 comentarios :

Itziar a ratos dijo...

Uffff, amiga, me has puesto los vellos en punta, me has exaltado. Qué hermosas palabras, cuanta sobredosis de mística de la feminidad patriarcal nos han hecho tragar para que tantas mujeres sacrifiquen tanto de si mismas por tan dudosa compensación. Como tú, ya lo decía la Gouges en 1791. “Las mujeres quieren ser mujeres y no enemigas de ellas mismas. Raramente se ve a una mujer aplaudir una bella acción, obra de una mujer. Haría falta pues, mis queridas hermanas, ser más indulgentes entre nosotras por nuestros defectos, escondiéndonoslos mutuamente y tratar de ser más consecuentes a favor de nuestro sexo.”
Cecilia era colosal, lo que hubiera llegado a cantar de no morir como tu narraste en este mismo blog.
GRacias por enaltecerme en esta tarde lluviosa.

C. Maltesse dijo...

Reconozco esa mujer, hemos coincidido, y pueda que volvamos a hacerlo; y por ella siento un poco de hastío y un poco de ternura. Como hombre debo de tener mi parte de culpa, otra vez sumando; si me avergonzara, condiciones que no he elegido. Y usted, certera y primorosa como nos tiene acostumbrados.

Juan Aguirre dijo...

Supongo que te referiras a la mujer mediocre... La mujer brillante es catedrática de universidad, artista de éxito, presidenta del gobierno, ministra, cientifico reputada, empresaria, millonaria, madame de prostíbulo de lujo, ladrona de guante blanco, lider de un comando terrorista, deportista olimpica, narcotraficante internacional y un largo etcetera. La mujer mediocre esta amargada, claro, pero lo lleva peor que el hombre mediocre, pero que tiene más aspiraciones...