viernes, 27 de septiembre de 2013

OTOÑO

Hoy ha sido un día macilento y gris. Como de oídos taponados, como de 84 años y medio. Todo lento, nublado y silencioso. Madrid, que de cotidiano es energía y movimiento, se ha convertido en una estepa triste, en un poblado de zombies. Debe ser eso del otoño, que tiene una rima tan bonita y sutil.
He hecho 200 recados, he paseado a Crispín, y he abierto puertas laborales. Estoy en paro. Sin prestación (a falta de un solo día cotizado, para más inri). Esas cosas me preocupan, pero no me pesan. Hoy sentía el peso de las canas, los amores truncados, las experiencias que ya no suceden nunca por primera vez, las rutinas y los cambios. Aunque use la misma colonia de siempre ya no huele igual. Es mi piel. Hoy todo me ha sorprendido menos de lo habitual. Quien me conoce puede constatar que rara vez estoy deprimida o de mal humor, pero hoy me costaba verle la gracia a las cosas, ya ven qué tontería. Cuando he tenido un trabajo o una pareja estable he acabado huyendo, y hoy he echado de menos una vida ordenada, un "Hola mi vida ¿qué tal en tu oficina hoy?". Utilizar el facebook como una adolescente para espiar a los chicos que me gustan, prepararme una comida -pasta- de estudiante sin interés, trasnochar sin motivo, responder chats de whatsapps con naderías, echarme una siesta de 23 minutos, fantasear con ese chico que a buen seguro es felicísimo con su mujer, realizar trabajos mal pagados, intercalar la limpieza del hogar con lo que cuenta la tv de la niña china asesinada, ponerme pendientes inmensos... tal vez no es propio de una mujer adulta. El tiempo se me ha echado encima y me he hecho mayor. Otoño. Es solo eso.




Lo dice Diana Aller

1 comentario :

patricia casado ortega dijo...

Acojona ver que el verano se acaba. Acojona mucho.