domingo, 16 de septiembre de 2012

SE SABE QUE NO ES LA MEDIA NARANJA SI...

Como soy obstinada y romántica, creo en el amor para siempre, aunque a mi no me vaya de forma especialmente provechosa en este sentido. Sin embargo, tengo del todo claro qué características me hacen cribar a mis futuribles parejas. Éstas son algunas:

-Que haya revistas -o incluso peor: libros- en su cuarto de baño. No me molesta el hecho de que la gente se lleve lectura para tales momentos de recogimiento personal (yo me llevo el móvil), sino que me causa repugnancia ver revistas junto al retrete. Me da la sensación de que van a oler a caca.

- El mal olor. El olor digamos "hormonal" lo tolero y en determinados momentos me gusta, pero descarto a alguien si lleva una camiseta resudadita de otro día o su aliento huele. Convendrán conmigo que cualquiera de estas cosas es como tatuar un "no" en la frente del pretendiente.

- Vello en la espalda y/o el culo. Ayer mismo comenté esto con unos homosexuales. A ellos les gustaba, a mi me repele sólo pensarlo. El problema es que no se puede preguntar a alguien en una primera cita cómo es su cuerpo desde el punto de vista capilar. Amén de parecer una loca, es una forma perfecta de arruinar una conversación y un futuro coito. No queda otra que arriesgar.

-Que no sepan conversar. En realidad es muy difícil escuchar, dejar derivar los temas, trufar la charla de anécdotas divertidas y sonrisas, acompañar de gestos apropiados, no monopolizar... Pero es tan agradable cuando nos topamos con alguien que domina el arte de la conversación... Mis amigos por lo general son muy buenos en esto: Daniel Entonado, Inés Muñoz Martín, Alberto Otto, Rubén Gómez, Zaida Rodríguez... Un rato con ellos es ameno, sanador y yo creo que hasta diurético.
Por supuesto que para un encuentro sexual no es necesario saber conversar... pero es mucho más placentero el antes y el después.

-El exceso de grasa o de músculos. No puedo con ello. No lubrico.

-Que de forma compulsiva dejen las dos tapas del wc levantadas. Empiezo a creer que es un gen masculino que dicta hacer esto. Mis hijos (6 y 8 años) son impermeables a mis súplicas en este sentido.

-Calzado entre feo y soso: zapatillas amarronadas indefinidas, chirucas, calzado de montaña, cosas como del Decathlon... Para ver cómo es alguien de verdad, hay que mirar los pies. De la misma forma, si una persona que les interese, se cubre los pies con algo que les arrebata, no duden en ir a por ella.

He de decir que me importa entre poco y nada la ropa y el peinado, pero entiendo que no todo el mundo lo vea así. Son manías al fin y al cabo, ¿no creen?

Aprovecho su paso por aquí, para anunciarles que la sala Siroco comienza nueva temporada, tras posicionarse como lo más en Madrid últimamente: Han conseguido crear ambiente de discopub de toda la vida, con jolgorio, sesionacas, los conciertos de siempre y público renovado.
El martes será la inauguración oficial, y yo estaré por allí.


Lo dice Diana Aller

4 comentarios :

pazuki dijo...

No puedo hacerte caso!!! Es absolutamente imposible que yo vaya al baño sin una revista, y no es que haya puesto un revistero, pero ahí se queda hasta que la termino, anuncios incluídos!

NoamMorrissey dijo...

"No puedo con ello. No lubrico". Frase É.P.I.C.A.

Esta y la frase de mi amigo David de... "Ese tío lo mismo se come un coño que un saco pimientos" para denotar glotonería, me parecen míticas.

Aníbal dijo...

Lo de las dos tapas levantadas siempre me ha parecido muy de doble moral. Nosotros no exigimos que nos dejéis la tapa levantada, que sería lo correspondiente en este caso. ¿Por qué vais a tener preferencia vosotras? Es algo que jamás he entendido, y me parece superfeminista.(Ya, ya sé que en teoría el feminismo no es el equivalente al machismo... pero ya va siendo hora de que se le cambie el nombre. Propongo igualismo).

Diva Calva dijo...

Las tapaderas me dan igual (siempre que no estén manchadas) y los pelos en el culo no me molestan (siempre que no se llegue al nivel alfombra de no poder tocar la piel, claro), pero en el resto de cosas estoy con usted, añadiendo, claro, el rollo víctima. Y es que yo puedo con los sin pareja que para entrarte (o no, al fin y al cabo lo usan de monotema) te dan explicaciones sobre que realmente no saben por qué son invisibles al género femenino, si hasta la camarera los ignora, pobres, que ni amigas tienen, pobres, porque al final tiras del hilo y sale que la culpa es de ellas, que sólo se fijan en lo que se fijan. No intenten darnos pena, señores, que no cuela.