martes, 14 de agosto de 2012

LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN


Los medios establecidos, ofrecen historias de personajes hechos a sí mismos, salidos de la nada, el anonimato y/o la pobreza, que llegan sin embargo a ocupar los primeros puestos de la afamada lista Forbes. Aparecen como apóstoles del dios dinero, dispuestos a marcar una senda en teoría muy ponderable. Tal es el caso de Larry Ellison, dado en adopción a una familia de clase baja, o nuestro Amancio Ortega (Que dicho de paso, si no explotara al tercer mundo y mantuviera su producción en España, nuestro país sería más rico y él ocuparía sólo unos pocos puestos más bajos de la lista).
El dueño y señor de Inditex, aunque no pedía en la puerta de una iglesia, comenzó como comerciante con un solo local. Salió como tantos otros casos mil veces contados, de la nada, del anonimato.
Sin embargo, la calenturienta mente del espectador medio (y del lector medio de este blog sobre todo) goza tanto o más con historias inversas. Historias truculentas de muñecos rotos, de fortunas echadas a perder, de ocasos de pequeños idolillos paganos. Vamos con ellas pues:

Dio verdadera pena, por ejemplo, la muerte de WHITNEY HOUSTON. Con la banda sonora de la película “El Guardaespaldas” se forró –ella y muchos más- y se dejó chulear a sí misma y a su fortuna, por un marido-parásito-farlopero que la exprimió psicológica y financieramente. Y ella que (ojito con la expresión, que mola macísimo:) saboreó los oropeles de la fama y la riqueza, acabó tirada chutándose cualquier mierda en un hotel.
En el olímpico año 1992, por primera vez una mujer negra entraba en el firmamento de la lista Forbes de artistas. De forma apoteósica, agresiva y si me apuran, lujuriosa, apareció la hermosa Whitney en el durísimo mundo de la fama. Lo que ocurrió entre aquel momento y el de su muerte, es una loca carrera de alcohol, desenfreno, situaciones chungas, resaca, locura, sordidez, fiestas, soledad, marido (Bobby Brown) adicto a todo, malas compañías y crack, mucho crack. La pobre se creyó el mito de "El Guardaespaldas" y de tantas otras películas que nos tragamos sin rechistar: Una mujer es por naturaleza una miserable; a no ser que tenga un varón que la chulee convenientemente. Llevarlo a la práctica le costó la vida. 


Otro caso especialmente trúculis es el de MACAULAY CULKIN, al que la prensa amarillista le augura unos meses de vida si sigue con sus vicios. El niño se “Solo en Casa” no se prendó de una mala influencia como Whitney. 

Su caso es el de “pobre niño rico”: Sus padres, separados, luchaban por el fortunón de su criatura multimillonarísima con 11 añitos. Y él, utilizó su rebeldía juvenil como hacen/hemos hecho muchos: probando cositas aquí y allá y cuestionando la autoridad. Estos hábitos, sanísimos y necesarios a veces, con millones de dólares en los bolsillos, no se llevan igual. Así que, el bueno de Macaulay, fue a más y más y más. Le detuvieron por posesión de marihuana, se le veía frecuentar casas de camellos y afters de mala reputación (y digo yo ¿habrá algún after sano?) y su carrera profesional, y su vida personal cayeron en picado.
Han aparecido fotos con una pinta deplorable hace bien poco. Por lo visto anda enganchadísimo al oxycodone, una locura de fármaco americano, que toman las adolescentes anoréxicas, porque quita el hambre. Pero quita todo: la salud, las ganas de vivir y la gracia personal de cada uno. Se trata de una especie de anestésico que se utiliza para paliar los dolores graves, y causa una rapidísima adicción. Es un derivado del opio, que con alcohol da un gustirrinín raro, que no les animo a probar, porque puede devenir en coma. 

Así que así anda este pobre chico, al que le vino fatal que lo dejaran “Solo en casa”.

Para terminar, quiero abordar un caso que me tiene fascinada, y del que, por culpa del secreto sumarial, no puedo saber todo cuanto quisiera. Verán, esta es la historia de un chico -llamémosle HANS- que además de ser el heredero de un imperio obscenamente vasto, se enamora de una chica, -llamémosla EVA- que es hija de un alto ejecutivo de Pepsi. En el momento en el que se cruzan sus miradas por primera vez, queda fijado su destino: La perdición les ronda desde el principio; no en vano, se conocen en una clínica de desintoxicación en EEUU a finales de los 90. Hay amor, pero también hay mucho dinero y muchas drogas. Tienen hijos, aparentan ser felices con sus mansiones y sus cosas; y frecuentan los círculos más exquisitos del mundo entero y de su querido Londres, ciudad en la que viven. Él, Hans Kristian Rausing, heredará el emporio tetra-pack (responsable de los tetrabricks); y ella, es la perfecta esposa atenta y sonriente. Sin embargo, entre el lujo y el dinero, había otras prioridades para la pareja: Imaginen cómo tiene que cantar la cosa, para que la policía haga una redada en una mansión, con lo intocables que son los millonarios… Allí apareció de todo: restos de cocaína, bolsitas de crack y heroína como para organizar un banquete benéfico en las Barranquillas.
Ella, Eva Rausing, llegó a ser de tenida por –atención- introducir pequeñas cantidades de cocaína en un evento en la Embajada Norteamericana en Londres. Parémonos a pensar en ello: ¿pequeñas cantidades? ¿qué se considera “pequeñas cantidades”? ¿intentó meter raya a raya o gramo a gramo? Y lo más escalofriante ¿En la Embajada de Estados Unidos? Yo no sé si esta mujer era una antisistema, una viciosa o una superdotada, pero un acto tan subversivo y macarra me parece hasta romántico. No la detuvieron (ya les digo que para que detengan a un multimillonario, tienen que pasar cosas muy muy feas), pero obligaron al matrimonio a someterse a un programa de rehab, que probablemente no serviría de gran cosa.

Y nos encontramos a comienzos de este también olímpico verano: La policía detiene a Hans conduciendo con varios síntomas de estar beodo y drogado, como efectivamente se comprueba después. Cuando registran su casa, no dan crédito a lo que encuentran: en uno de los miles de dormitorios de la mansión, se encuentran el hediondo cadáver de Eva. Yace sobre una cama, cubierta de ropa (¿) y bolsas (¿).
Por lo visto llevaba ahí dos meses y dos días. Hans, que ha sido juzgado (y condenado un poco) por no avisar de su muerte y privarla de un sepelio digno, dijo no recordar qué ocurrió y que le daba pena desprenderse de ella. Es decir, que se le fue tantísimo la olla, que ni sabe qué pasó para que su mujer dejara de respirar: La juerga que se debieron pegar, cual José Mercé y Diego el Cigala culminó en una resaca mortal para ella, y a él, no se le ocurre más que seguir metiéndose lo más grande y conducir por ahí.

Vidas rotas, millones de dólares que se pierden por las fosas nasales, debilidades humanas, incomprensión, chunguerío… Si amigos, los ricos también lloran.

Lo dice Diana Aller

5 comentarios :

aNDRÉS dijo...

yeeha
sabes lo que me gusta, nena
jjajajaj

muy edificante
saludo

descerebraodevacaciones dijo...

Triste el comentario de hoy. No reconforta nada saber que los afortunados de la vida pública pueden llegar a ser unos estupidos en su vida personal. La mayoria nos conformaríamos con no tener que salir a buscarnos la vida cada día pero ...¿y si nos volieramos igual de estúpidos que estos? Me encantaria comprobarlo, aunque la cagara después, pa que mentir.

M. dijo...

Conocí una pareja a lo Hans y Eva, en escala menor, que vivía en el barrio de Salamanca. Les habían puesto un pisazo los papás, que tenían en plan destroy, iban muy pasados pero en plan tranqui, sin monos chungos porque tenían dinero, y tocaban a la puerta de las vecindonas -Fefa, Sisita, baronesa de tal...- para pedirles un palmo de papel albal. El resto del tiempo lo pasaban en un banco enfrente de su portal, to puestos.
(ah, "devenir en" no se puede).

Anónimo dijo...

Muchos de nosotros con ese dinero estaríamos muertos.

Lector Asiduo dijo...

Me ha fascinado la historia de Eva y Hans.