lunes, 25 de junio de 2012

CLARA BARRAL SOUZA

Clara es una presencia constante en mi biografía. Su intermitencia me relaja y ayuda sin que ella lo sepa, o tal vez sí, porque es intuitiva y muy discreta. Si la vida fuera un tablero de ajedrez, ella sería la torre; si fuera una corriente artística, bascularía entre el art noveau y el futurismo; y si fuera un programa de televisión, sería un ranking de MTV. Porque Clara Barral tiene un sentido innato del humor que guía sus actos y su conversación.
                                    Aquí Clara posando con el insigne Fabio McNamara
No recuerdo el momento exacto en que la conocí; simplemente apareció en mi vida. Primero como la angelical novia del simpar Mauro Canut; pero después como una deidad terrena y rebosante de placidez. Porque Clara es de esas personas que es capaz de tocarme el pelo cuando habla conmigo y no hacerme sentir invadida.
Hago un inciso, porque no sé si a ustedes les ocurre: yo, que tiendo a la bordería en las relaciones interpersonales, detesto además que me rocen siquiera. Tengo cierta fama de fría, pero es simplemente recelo hacia el tacto y el modo invasivo de ocupar el espacio circundante de cada uno.
Clara, como les digo, es de las que entran en el espacio vital, con una ternura fascinante, mientras sonríe con la mirada.
Su voz es monotónica, apagada y tal vez no muy femenina, pero contrasta muy bien con su impresionante físico de mujer inalcanzable. Porque es muy agraciada físicamente, pero tanto o más intelectualmente. Es abogada, especializada en propiedad intelectual (expresión que a mi me resulta casi un oxímoron) y aunque no suelo estar muy de acuerdo con ciertas teorías suyas al respecto, argumentar y contrargumentar con ella es una delicia. Además es empresaria; tiene una agencia de publicidad que gestiona con fuerza femenina y trabajo constante. Y anda metida en historias de arte contemporáneo que no alcanzo a conocer. De hecho, siempre tiene una visión artística y cultural de todo. Referencia cada cosa con sus iconos particulares: la cultura trash, el punk, el estilo californiano, el cine de John Waters, el patchwork tikki, el folklore nórdico... Clara Barral es muy ella: Es de Coruña, como Irene Prada, Eloi Vázquez, Silvia Varela, las hermanas Corredoira o Paloma Tovar... Y utiliza la palabra "riquiño/a" muy a menudo.
Su hábitat es diurno: Aunque se sabe al detalle las correrías de Araceli y mías, no nos acompaña en las alocadas noches madrileñas. Es una cómplice silenciosa de nuestras pequeñas historias y nuestras grandes gestas.
Clara tiene una hija igual de preciosa que ella, Rosalía, que apunta interesantísimas maneras a sus cuatro años. Por lo pronto habla un dialecto incomprensible para humanos bien insertados en la sociedad y posa como una profesional ante las cámaras. También tiene una perrita, Paris, a la que adoptó hace mucho. Bueno, y tiene un pelo increíble, una terraza fantástica, unas ideas divertidísimas y un ingenio bravío.
Me alegro mucho de ser amiga de Clara. Creo que soy muy afortunada. Y creo que voy a llamarla para desayunar juntas un día de esta semana.
Clara apareció en este famoso vídeo (a partir del minuto 2) ataviada como la entonces prometedora Tamara. ¿La reconocen? Todos tenemos un pasado...

Lo dice Diana Aller

5 comentarios :

Itziar a ratos dijo...

Ya desde esa primera foto de diva a lo en esta curva morí yo, me he enamorado de ella.

C. Maltesse dijo...

Aunque presiento que siempre cuidará, protegerá y amará más ese perrito que a mí, yo también me he enamorado de ella.

Anónimo dijo...

Clara, la primita de un buen amigo en un post de la Aller. Qué pequeño es el mundo que dijo aquel...

Virginia dijo...

Por favor, manda un besazo para la belleza Clara de mi parte. Dile que soy Virginia, la loca que trabajaba en Pequeño Bazaar. Ahora estoy viviendo en Sao Paulo, lei tu blog y fue un puntazo encontrarla! besos!

Hans dijo...

Me ha hecho sufrir mucho el vídeo con esa descerebrada incompetente vital. Qué náusea, por Dios. Esa Tamara, aparte de horrorosa, canta como un gato cuya cola hubiese sido pisada. Arghssss