lunes, 14 de mayo de 2012

ARGENTINA, Y ENCIMA POETISA

Creo que ya he explicado en alguna ocasión que me repele la poesía. En general me da igual, y no me llega. En pleno 2012, me parece loable que se cultive, pero es como el clavicordio: si hubiera nacido en otra época, supongo que me arrobaría.
También he hecho notar mis reticencias hacia los argentinos y su difusa musicalidad al hablar. Bien, pues para exhibir mis -reiteradas- incoherencias, en esta noche calurosa, me he decidido a apuntar unas notas sobre Alfonsina Storni, que supongo que les suena pero no terminan de ubicarla.
Alfonsina, poetisa argentina, nació en realidad en Suiza, y vivió de 1892 a 1938. Perteneció al modernismo, es decir que abrazó las vanguardias de principios del siglo XX, y estuvo en contacto con artistas de la época. En cualquier caso, cuando abandona el seno familiar de la ciudad de Rosario (admirable denominar "seno" al núcleo de la familia; me chifla) comienza una nueva vida totalmente sola.
Y sola llega en 1911 a la Estación del Norte (hoy Retiro) de Buenos Aires, con una maleta y una vida por decidir.
Desde pequeña arrastra tres constantes de las que es plenamente consciente: Vive en una detestable sociedad patriarcal, lamentablemente le atraen los varones, y le atrae de forma enfermiza la muerte.
A los 12 años, ya había escrito un poema de tono suicida que preocupó seriamente a su madre, que se dedecó a darle ánimos para vivir constantemente.
Pero Alfonsina no cejó en su explotacion del sufrimiento a través de los versos y a ratos, también la prosa. Su precoz feminismo, forjó por su parte una personalidad definida, unas ideas claras y un obstinamiento fascinante. Tuvo un hijo -sin padre conocido- al que llamó Alejandro; y aceptó trabajos penosos para subsistir, que alternaba con su pluma ágil y llena de sufrimiento.
Su obra a menudo se articula en torno a la necesidad física de amar, la suya es una literatura doliente (que ya les digo, no va mucho conmigo). De hecho padecía ataques de pánico, miedos, depresión e incluso paranoia.

Forma parte del grupo de escritores Anaconda (precioso nombre, muy sugerente y salvaje), presidido por los uruguayos Enrique Amorim y Horacio Quiroga, con el que al parecer estuvo liada una temporada. Cuando él se suicida, ella queda profundamente impactada, así que, bastantes años después, cuando trata de superar un cáncer -de seno propiamente dicho-, Alfonsina escribe un soneto titulado "Voy a dormir...":

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Existen dos teorías de lo que hace al día siguiente. La versión más oficial, defiende que se tiró desde una escollera al mar, pero cada vez más voces defienden -tal vez ávidas de apasionado romanticismo- que se internó muy lenta y ceremoniosamente en las aguas del Atlántico, en el mar de Plata, y allí desapareció para siempre.

Lo dice Diana Aller

7 comentarios :

Anónimo dijo...

La canción de Mocedades que se llama Alfonsina y el mar es por ella?

Ruth dijo...

Muy buena entrada,

Felicitaciones.

Existe además, una canción sobre su muerte

http://youtu.be/fpQvuquMhNY

es de Mercedes Sosa, una gran argentina.

Si escuchas con atención la letra, hace referencia al poema que mostraste.

Un beso.
Ruth.

Anónimo dijo...

La diversidad de los seres humanos no deja de sorprenderme. Tú no lees poesía. Yo sólo leo poesía.
Buena entrada. Mi poeta de cabecera es Alejandra Pizarnik, en la línea (vital) de Alfonsina.
Un besazo.

C. Maltesse dijo...

Yo duermo a veces con mi tomo de La Iliada bajo la almohada como hacía Alejandro.

Anónimo dijo...

El Poeta es el artista mas puro de todos. Sabe desde el inicio que su obra nunca le dará de comer.

Esta condicion le lleva a estar siempre en contacto con la realidad, por lo que luego viene muy bien para intentar imaginar aquellos años.

-Ignacio.

Pablo Njegoseva dijo...

No es de mis entradas favoritas, pero celebro volver al blog meses después. Coincidiendo con mi vuelta al mío, que lo tenía abandonado.
Siempre un placer, estimada.

Anónimo dijo...

Diana, créame, los poetas no tenemos clavicordios entre las paredes de estuco de nuestras infranqueables alcobas. Somos igual que usted. Nos gusta cobrar el 10% de ventas a final de trimestre, y pagamos la hipoteca o el alquiler. Las poetisas no se llaman así ya desde el siglo XIX, creo que hay el mismo número de perturbadas entre ellas que en cualquier otro gremio (como las dentistas o las maestras). La pose de outoutsider le queda bastante mal, es un pelín rancia, y no hace nada de risa. Por lo demás, me divierte mucho leerla cuando no intenta impostar sus opiniones!