viernes, 16 de marzo de 2012

UN DÍA DE FRIO

Comienza el día desastrosamente mal. Apago el despertador y no me entero. Sigo durmiendo hasta que ese extraño gen (muy femenino) de la responsabilidad, me alerta entre sueños de que debo ponerme en pie. Está todo oscuro... pero R está ahí a mi lado. Al menos esto es una sensación muy agradable.Lo primero es poner la calefacción. En mi casa hay climatización eléctrica, aire acondicionado y calor van por este mando. Hace mucho frío, y no me gusta nada.
Despierto a los niños y voy a hacer pis. Mientras miro las taquillas del baño calibro la situación: no me va a dar tiempo a hacer café. Estoy perdida.
Me visto a la velocidad del rayo, que no sé cual es, y pongo el desayuno a los niños y la tele en frente. Siempre la ven por la mañana. Y siempre Clan. Disney les parece una mariconada. Aunque ellos no me lo han dicho así exactamente.Visto a los niños, también a la velocidad del rayo. Dejo su ropa lista la noche anterior, y sólo visto al pequeño, al mayor le ayudo con los jerseys, el gran escollo infantil de la ropa. No me escuchan. Ni siquiera existo. En este momento en su mundo sólo existe George de la Jungla.
Es una estampa realista de mi hogar: la ropa tendida en el salón, mucho por hacer, tareas a la mitad, pero todo muy limpio, sobre todo, por el asma de los niños.
Por la casa quedan restos de la fiesta del otro día: el resguardo de la policía cuando paró la fiesta en casa, y el parte médico de mi pie al día siguiente. Nada grave.

...A pesar de la sensación de desastre generalizado, de expectativas imposibles por parte de la sociedad, y de incumplir sistemáticamente con lo establecido, me veo buena cara. La gente de mi edad (37) me suelen parecer mayores. Y a veces aburridos también.

Junto con la ropa, dejo siempre las mochilas de los niños, con su meriendita para el recreo en el bolsillo y todo. Su padre me mandó un whtsapp de madrugada para recordarme que Lucas tenía que llevar una caja de zapatos al cole. Incluí en el lote la que encontré por ahí, rosa fucsia. El niño no dice nada, por lo que doy por hecho que es correcto todo.
Como los niños siempre miran el reloj del horno, lo he adelantado un poco, para asegurarme que llegamos a tiempo y se acuestan a su hora. A pesar de todo, vamos mal de tiempo. Entran a las 9 en el cole; y son las 8:51. Llegamos tarde seguro.

Se ponen sus abrigos, sin quitar ojo a George, no vaya a ser que se pierdan algo de un capítulo que habrán visto unas 17 o 18 veces en esta temporada.
Hoy tienen patinaje como actividad extraescolar, así que hay que añadir al montante de mochilas, las dos de patines. (También las dejo listas la noche anterior).

Esta foto en una base de cartón pluma la encontré en su día en la puerta de una academia de fotografía. La colgué en el descansillo del portal y ahí se ha quedado. Es lo que veo nada más salir de casa.En el otro lado de mi piso vive una de mis mejores amigas, que en estos días cumple 83 años. Es guapa, rebelde, inteligente y divertida, una auténtica musa. La quiero con locura. Lleva un tiempo con Alzheimer. Ella no sabe que yo lo sé, así que las dos simulamos que no pasa nada, que nada va a cambiar nunca, que nuestra relación va a seguir así de guay por siempre jamás. Aunque las dos nos miramos con un poquito de tristeza de vez en cuando.
El gran reto de llegar a tiempo a entregar a mis hijos al cuidado del Estado está en cargar dos niños bien abrigados, cuatro mochilas, una caja de zapatos fucsia y mi bolso en una sillita (por supuesto obtenida de la basura) de forma mínimamente racional.
Lo consigo. El mayor va caminando, que ya tiene 7 años.
La sombra de la familia monoparental es alargada:
Como casi todas las mujeres, aprovecho las lunas de los escaparartes para mirarme. ¡Qué manía tan tonta, por Dios! Los niños y yo siempre vamos charlando al colegio. Sorprendentemente, Lucas, que ha salido a su madre y no calla, habla menos. Hablamos de superhéroes, cocodrilos, multiplicaciones y anécdotas escolares. Lo típico, ya saben ustedes.
Me llaman del trabajo para alguna consulta. Son las 9:04. No llego.Vislumbro el colegio; en silencio. Los niños llevan un ratito en las aulas, porque seguro que tienen madres responsables, con el pelo muy brillante, que se levantan a su hora, que la policía no ha visitado nunca su hogar con cortinas y alfombras. Madres con trabajos, responsabilidades y horarios coherentes, con ropa interior blanca, peluquería semanal y coito el sábado. Jo, yo nunca conseguiré ser así.
En efecto no hay niños en el patio (cuando llegan hacen una cola -muy bulliciosa y desordenada, seguro que al contrario que por ejemplo en Osaka- por clases).Cargan sus mochilas y por unas horas -a no ser que les de un ataque de asma, se hagan sus necesidades encima o tengan una brecha- me desentiendo de ellos.Sola, con una sillita de la basura, y sin café en el cuerpo, me dirijo a mi trabajo, que está a unos 10 minutos caminando.
Me encuentro con Jacobo Prieto, pero no me da tiempo a hacerle una foto. Con frío yo no funciono muy bien. A Madrid, sin embargo, le sienta bien el frío; esta ciudad de calles impersonales, es preciosa en su escala de grises. Estoy enamorada de Madrid. Se ven cosas tan genuinas como esto:En la calle Desengaño me encuentro a Alvarito Artica. No me da tiempo a sacar el movil para hacerle foto. Qué guapo me parece este chico...
Y por fin vislumbro mi oficina, estratégicamente situada entre la prostitución callejera y una comisaría.

Subo en el ascensor.

Al sacar la tarjeta para abrir compruebo el indefinible color de mi exclusiva cartera Castor y Pólux. Ha sido de las mejores compras de la temporada. Llevo guantes rotos para poder utilizar la pantalla táctil del móvil. Vamos, que no los he roto para eso, es más bien que no los he tirado por esa razón.
Y llego al habitáculo-sede de mi actual trabajo. En la puerta pone el nombre de todos los que aquí trabajamos.

Dentro está Bernardo, esta sombra (100% asturiana) que me da los buenos días sin entender porqué le hago una foto.

Y este es mi sitio, con mi ordenador y mis cositas...
Voy al baño. Segundo pis del día y enjuago mi taza de café.
Voy hacia la minicocina con mi taza lavada. Me niego a usar vasitos desechables.
Vuelvo a mi habitáculo. Están mis compañeros, que creo que no me comprenden del todo, pero intuyo que lo intentan. Ellos están con sus cámaras y sus cosillas.

David, Pato y Aritz. Buenas personas y grandes profesionales. Creo que yo si les entiendo a ellos. Un poco sí.


Estas son las cosas que hay en mi oficina. No es precisamente un bodegón acogedor; pero suplimos con calidad humana de los que aquí trabajamos, la belleza que falta en los rincones.
Hablo con Jose del Pozo por facebook. Le quiero un montón...
Mientras, mis compañeros ultiman sus cositas para salir a grabar:

Salimos bien abrigados y cámara en mano a grabar.

Hoy comenzamos la grabación en la casa de Alaska y Mario, el reality en el que trabajo ahora:
Dejamos nuestras cosas en una habitación de servicio, sobre todo para interferir lo menos posible en la vida y las rutinas de los protagonistas. Mucha gente tiende a creer que todo lo que sale por televisión, es por sistema mentira, manipulado o "ficcionado". En ciertos trabajos, cuando así sucede no funciona...
Este es mi kit de trabajo: móvil, bolígrafos y portafolios con hojas. El mismo que el de las rumanas que se hacen las sordomudas por la calle Alcalá. Tal vez haya llegado el momento de plantearme otras salidas profesionales.
Paso silenciosa por la cocina de Alaska y Mario, donde está Patricia, la asistenta igualmente silenciosa y cariñosa y empática como ella sola.
Chequeamos todo para comenzar a grabar en la inconfundible moqueta de leopardo de esta casa:


Mario Vaquerizo está frente al ordenador. Pato (que se llama Patricio y es chileno) graba con su cámara y Aritz, que se ocupa del sonido registra todo el audio. Son sumamente discretos y a ratos incluso invisibles: es la única forma de poder trabajar en algo así.

Alaska y Mario se van a ir próximamente de luna de miel. Hoy van a hacer las maletas. Yo me escondo detrás de ese mueble bar que hay al fondo. Soy la responsable del contenido en las grabaciones; y es un lujo este reality porque creo que he cortado una grabación o he intervenido del orden de un par de veces en cada temporada (esta es la segunda).

Este es el mueble visto desde arriba.
... Y esta es mi visión frontal durante las horas que paso recluída minutando todo cuanto acontece:
Para que resulte más fácil a la hora de sincronizar y montar, utilizamos códigos horarios.

Por un lateral de mi campo visual observo la acción. Rara vez ocurre esto, y casi toda mi atención es auditiva.


Aquí, en mi escondrijo escucho y escribo todo. Veo a Aritz escuchar más atento que yo todavía. Aritz es una persona interesantísima. Habla poco; todo lo que dice es interesante o divertido y tiene un grandísimo criterio musical. No sé si todo esto estará relacionado con dedicarse al sonido...

Pie enfundado en calcetín invernal con fondo de leopardo. (Y así pasan eternos los minutos...):

Hoy vienen a hacer una entrevista a Alaska y Mario. Paramos momentáneamente la grac¡bación:

Mientras Alaska y Mario atienden a los medios...:

Pato aprovecha para grabar algunos recursos.

Estamos muy acostumbrados a rentabilizar el tiempo. Mientras hay otros trabajando en "la casa rosa", yo consulto y respondo mails, por ejemplo.
Cuando al fin se van, retomamos la grabación:

Con los micros puestos, nosotros continuamos grabando y ellos se dedican a sus maletas y a sus cosas:


Me admira mucho que alguien abra las puertas de su casa de una forma tan natural. En una ocasión escuché a Alaska y Mario decir que estaban muy orgullosos de su intimidad; y eso se nota, créanme. En la casa se respira un clima agradable y cordial. Yo soy de esas desequilibradas que creen que los hogares se cargan de energías, y éste las tiene buenas. Otra cosa son los comentarios de mucha gente al verla "Yo no podría vivir aquí, pero está curiosa" o directamente "Es un horror". Siendo un estilo opuesto al mío, que me gusta todo gastado y envejecido, reconozco que está decorada con mucho -y muy peculiar- gusto:
Al terminar de grabar esta secuencia recojo mis cosas y hago pis en el bañito verde. Hasta el papel higiénico es verde. Lo que me flipa es el porta-rollos.

Un apunte personal: Creo sinceramente que tengo un pelo que no me lo merezco. Es dócil, abundante y agradecido.
Roberto, de producción, nos recoge, tiene el detalle de traerme un café moka blanco del Starbucks, empresa que odio y a la que estoy enganchada sin solución a la vista. Tomamos un taxi (qué bonito el verbo "tomar") y partimos (este no tanto) hacia la siguiente localización:


Roberto se queda pagando el taxi. Es un personajazo sin ser él muy consciente de sus propias dimensiones. Es muy del sur: tiene una mentalidad artística y un sentido de la lógica que envidio profundamente. Él sabe qué es eso del sentido de la vida.

Entramos en una floristería donde va a acudir Mario. Nos tenemos que adelantar, prepararlo todo, hablar con las que allí trabajan y planificar lo que queremos.




Este perro parece vivir ahí. De pronto, anhelo ser perro de floristería. Me parece una buena opción de vida.
Mario va a venir en taxi, y salimos a esperarlo para grabar sus movimientos:


Hace frío con sol. Estos días le gustan a mi madre, creo que porque le recuerdan a su Burgos natal. Yo soy más de brisita de primavera enloquecida.

Llega Mario:

Escondida en un rincón de la floristería y ante la mirada distraída del perro que deseo ser, minuto todo cuanto ocurre:

Esto es lo que veo en mi escondite:

Después seguimos a Mario al taller de Elena Benarroch.

Me escondo con Roberto en la parte trasera. Es un local muy agradable, con un patio de grandes posibilidades. Sin embargo, apenas veo lo que sucede al otro lado y escucho con dificultad.

Me flipa este mueble:
Vaquerizo y Benarroch charlan animadamente, y estoy convencida de que lo hacen ajenos a mis oídos cotillas. (Por supuesto en lo profesional, en lo personal intento ser muy discreta).

Roberto me pregunta que a qué viene tanta foto, le explico lo que estoy haciendo y me hace una foto en mi faena laboral:

Él se dedica a sus permisos y sus gestiones:



Y yo a mis minutados:

La acción se traslada a otro set y Pato, conectado a Aritz por el cable cordón umbilical que les une, les siguen con su aparataje.


En la tienda entre tanto, hay clientela y trabajadores:

Termina la grabación con una conversación en el patio. Con gusto me quedaba aquí tomando el enésimo cafecito del día...
Pato se queda grabando recursos hasta el último minuto, mientras los demás cogemos (este verbo es menos romántico y más sexual) el siguiente taxi:


A un lado, Roberto organiza sus papeles:
Al otro, Pato acaricia su instrumento. Cada uno a lo suyo.
Atravesamos un Madrid soleado y enérgico. Agradezco mucho tener compañeros de trabajo llevaderos, e incluso amigos. Pasamos muchas horas juntos, y la complicidad es básica para trabajar bien.


Nos bajamos en Gran Vía.

Y caminamos hasta nuestra sede-oficina:

Nos reciben las chicas, Tatiana y Nerea. Trabajan enfrascadas en la preproducción del próximo viaje que vamos a hacer. Al fondo, mi sillita naranja reposa silenciosa, como si fuera lo más habitual del mundo.
Tatiana lleva la producción. Es brasileña, últimamente apenas duerme y trabaja sin descanso. Es de esas amigas con las que no quedo amenudo, pero sé que es amiga de verdad. Está ahí siempre. Y es la culpable de que me esté planteando irme a vivir a Brasil.
Me pongo a hacer mis informes. Se trata de un reporte de la grabación que hago más o menos exhaustivo dependiendo del tiempo que tengo:

Nerea es un descubrimiento reciente. Con ella me siento en sintonía total. La verdad es que las chicas de este programa tenemos una conexión muy femenina y muy sincera y ágil. Trabajamos, reimos y hablamos mucho, mucho, mucho. Nerea es de Barcelona, pero tiene alma madrileña, aunque ella no lo sabe. Es maravillosa.

Es hora de comer y todos salen a algún restaurante.
También David, al que admiro por su calidad humana tanto como por su experiencia televisiva. Ha estado en Pekín Express, y en el programa de las tribus.

Me quedo ante el ordenador. Tatiana ha bajado a por algo de comer para ella y para mi y así no perdemos tiempo.
Ni pongo música para no distraerme y ser más productiva. El carrito de mis niños, bajo un mapa de EEUU es testigo silencioso de la parte más aburrida de mi trabajo.

Llega Tatiana con bolsas de comida:
Bocatas de tortilla y paella casera. Es un poco triste comer delante del ordenador, pero si quiero recoger a mis niños al colegio y ahorrarme la babysitter, no queda otra.



Tatiana anda cerrando todas las gestiones de EEUU, un trabajo ingente, cambiante y agotador. Ella nunca pierde la sonrisa, y yo lo agradezco muchísimo.


Poco antes de irme, llega Bernardo. Comentamos superficialmente cómo ha ido la jornada, y salgo hacia la calle poniéndome la cazadora, con el móvil en la mano y arrastrando el carrito de los niños como puedo.


Ascensor.

Portal.
Calle.
Y decido comprar envases de viaje en Sephora. Voy a EEUU, querré hacer compras y no quiero ir muy cargada...Entro con mi silla.

Y voy directa a los estuches de sets de viaje.
Compro, pago y a pesar de la limpieza de mi operación y mi educada sonrisa sólo me regalan dos muestras de una crema que no me interesa.


Salgo a la Gran Vía de nuevo.
Los escaparates son veraniegos, pero no me atraen. Cada vez detesto más las grandes superficies, aunque recurro a ellas de forma enfermiza para adquirir sobre todo complementos.


Me meto por Fuencarral. Es una calle aberrante, divertida, absurda y peatonal. Me chifla.

En 7 minutos prácticamente en línea recta, diviso el colegio de los niños.
Se están quitando los patines... pero los míos no están. En efecto, ya se han desprendido de casco y rodilleras, se han calzado y me están esperando. Van a patinaje los dos, y según el día, uno a hockey sobre patines y el otro "Taller de los sentidos" que no tengo muy claro qué es, porque hace collares, pero es en inglés. Le he pedido a mi hijo que me lo explique, pero no ha sido capaz.
Con niños, mochilas, bolso y silla, emprendo el regreso al hogar.
Normalmente les llevo un bocata de jamón york y un danonino. Hoy me he levantado tarde y no he traido merienda, así que, al pasar por unos chinos, me piden algo mientras Lucas me enseña uno de los trescientos dibujos que hace al día.


Eligen productos insanos.
Hay obras en mi barrio que, directamente, no entiendo.
Caminamos con frío por Chueca y sus terrazas desiertas.



Y por fin, llegamos a casa. "Aparco" la sillita abajo y subimos al calor hogareño.
Polo se dedica a hacer sus deberes, Lucas dibuja compulsivamente y yo lo primero que hago es encender la tv. Sálvame me acompaña durante mis quehaceres de tarde...
Preparo los bocatas de jamón york.
Lucas dice que no quiere. Espero un rato a que quiera. Hay platos por fregar. Me pongo a ello.

Cojo una cocacola zero del balcón. Al ver esas tres cabezas recuerdo que yo misma las traje de la calle en la fiesta del fin de semana pasado.

Momento marujil del día. Repaso cómo está todo, y me resulta un desastre de estampa familiar preciosa y cotidiana:
Ropa tendida en el salón. (Mi casa es muy pequeña).
Ropa para doblar y guardar en el dormitorio:

Niños jugando en su habitación:
El feminismo mal entendido, se pierde esta emocionante sensación de manada de estas horas hogareñas. Creo que es mi momento favorito del día. Me siento tan feliz...
Lucas decide comerse el bocata.
A mi me insistieron tanto con la comida de pequeña, que tengo claro que no obligaré jamás a mis hijos a comer. Curiosamente funciona. Son ellos por sí mismos, los que desarrollan la curiosidad y el gusto del paladar. No creo en los castigos ni en los premios. Con 5 y 7 años, saben de sobra cuándo hacen algo bien y cuándo lo hacen mal. Y tienen el mismo derecho que ustedes, que yo, que el resto de los niños, a tener un mal día o perder los papeles en alguna ocasión. Afortunadamente esto ocurre muy pocas veces.
Abro el ordenador. De fondo de escritorio tengo una foto de mis hijos.Polo hace los deberes en su habitación. Anda ahora con la tabla de multiplicar del 5. Es muy aplicado y responsable. Quizá demasiado.
Lucas ve la tele, hipnotizado mientras yo trato de escribir algo para Madriz, la mejor revista que se edita en estos momentos.


...Siempre acabo perdiéndome en el facebook, los mails o cualquier link. Soy tan fácil...

Al cabo de un rato, los niños andan ya revolucionados. (Aquí arriba, Lucas haciendo pis, en mitad de un juego enloquecido) Es hora de poner pijamas. Les paso toallitas de aloe vera, y les pongo sus cremas para la dermatitis atópica.Mientras recojo todo, jugamos al colegio. Hoy soy yo la profe, aunque a veces me toca ser alumna, y me llamo Margarita.
Consulto su horario para preparar la ropa del día siguiente:


Dejo mochilas, chándals y todo lo que mañana vayan a necesitar, listo en un sofá.

Recojo la ropa y ordeno un poco.
Cada vez que tiro algo a la basura, recuerdo que tengo que comprar bolsas de 50 litros. No son fáciles de encontrar, y en algunos sitios pone "50L" pero es mentira, como en la última remesa que compré. Sé que es una chorrada, pero me da muchísima rabia. Aunque por otro lado, qué bien que me den rabia estas cosas, señal de que no tengo otras preocupaciones más menesterosas ¿no?
Hora de la ducha. Me ducho por las noches, porque, sobre todo en invierno, me resulta mucho más agradable. De siempre.
En el baño, voy preparando poco a poco el neceser de viaje. Hoy he añadido mis compritas del Sephora.Salgo de la ducha, helada. La caldera no va bien y no veo el momento de llamar para arreglarla. Pfff...
Me pongo el camisón. Yo soy de camisón. Lo prefiero al pijama; y me gustan con un toque cursi.

Decido solucionar lo del agua caliente inmediatamente. En mi rinconcito de trabajo, a parte de las guías de viaje, el teléfono del curro y la agenda, está mi ordenador. Busco en google una solución:


No parece fácil. No sé la marca, tengo que hacer una foto y mandarla por correo... La marca de mi caldera no está a la vista ¿Qué hago? Detesto tener estos problemas, así que paso a otros. Es la hora de la pastilla para el asma. La tienen que tomar los dos niños en ayunas.
Recojo el baño.

Escucho Sálvame, mientras empiezo con las cenas:


Aquí mi congelador y frigorífico. Puede que no me alimente muy bien, pero cuando me han hecho análisis, siempre he estado en los índices perfectos. No como carne, pero sí jamón serrano. Me encanta el pescado, el zumo de naranja natural... y sé que abuso de la cafeína. Como mis hijos llevan una dieta un tanto restringida por sus alergias, a la hora de preparar su cena hay pocas opciones.



En el colegio de los niños me facilitan el menú (en inglés, son así de cosmopolitas) y una sugerencia de cena diaria conforme a lo que han comido. No sé lo que harán otros padres; a mi me resulta ciencia ficción cocinar por ejemplo unos flamenquines con ensalada...
Mi nevera cerrada, como todos mis electrodomésticos, está forrada de falsa madera. En estas me hallo, cuando oigo la puerta de casa.
Es R., al que le pido que salude, mientras me ve con el móvil en la mano, y saluda sin comprender. Por las mañanas trabaja, en distintas cosas según la temporada. Por las tardes estudia un master de rehabilitación no sé qué (arquitectura). Suele llegar a las 10 de la noche a casa. Hoy ha venido antes de tiempo.
Me da un beso y saca cosas que ha traído. Nos organizamos bastante bien en cuanto a las tareas de la casa; quien está en casa, asume las tareas, y funciona, porque hay mucho que hacer. En lo personal, hemos pasado todas las tópicas etapas de pareja. Somos muy parecidos en algunas cosas y demasiado diferentes en otras. En definitiva, resulta muy enriquecedor.
Cuando me quedé embarazada, un mundo de dudas se cernía sobre mi. Sólo tenía dos cosas claras: Mis hijos no jugarían con armas y jamás irían en chándal. Qué poco sabía yo de la vida... De lunes a jueves tienen gimnasia o actividades extraescolares y calzan chandals que tienen de todos los colores. Su habitación es un arsenal de armas de todo tipo, aunque tienen predilección por las espadas.
En su habitación, hay una foto de los dos con su padre. Él mismo me lo recomendó cuando nos separamos, y creo que él hizo lo propio. Ellos tenían 1 y 3 años cuando se rompió la relación, por lo que, la vida que ellos conocen es esta de tener dos casas y variar en semanas alternas. Cada vez le veo más ventajas a este sistema de vida.
Picoteo unos frutos secos.
R. también. Me siento 5 minutitos a charlar con él.
Y rápidamente se nos unen los niños, con sus juegos, sus dibujos y sus anécdotas inventadas.


Para la cena de los niños, les pongo un dvd en la misma mesa donde cenan. Tienen muchísimas películas, casi todas compradas... Hoy quieren ver un cuento clásico; una colección que daban en El País, y mis padres coleccionaron convenientemente. Uno de sus favoritos es el soldadito de plomo. Romanticismo en estado puro.

Cenan ellos, mientras los mayores organizamos y ultimamos cosas absurdas como contestar mails, whatasapps, o nos cepillamos el pelo.
Preparo 3 galletas de chocolate blanco para cada uno y las envuelvo y guardo en sus mochilas, para la hora del recreo de mañana.
De postre toman melocotón en almíbar y yogur con pepitas de chocolate. Aunque tienen una leve alergia al melocotón, parece que no la han desarrollado.

Raúl se dedica a estudiar y a organizar sus trabajos en el dormitorio...
Mientras yo, trato de encontrar algún momento, y de forma intermitente, trabajo algo en mis cosas. (Preproducción del viaje a USA, revista y web de Madriz y este blog, que al final me ocupa muchas horas).
Escribo rápidamente, mientras se acaba El soldadito de Plomo y el melocotón en almíbar.
Una vez publicada la entrada, lo anuncio en facebook y comienzo a recoger la mesa y a fregar platos.


Polo tiene que leerse un libro esta semana. Como tenemos un ratito, comienzo a leer... Trata de un niño que tiene como amigo imaginario un dinosaurio... No me gusta mucho la literatura infantil, creo que es demasiado adulta y lógica.
R. nos hace una foto en el momento de la lectura. Se me caen los ojos de sueño, me cuesta leer en voz alta...
Levanto la mirada un momento y veo a Florent en televisión. Presto atención, y sí, en el programa Gente, hablan de los Evangelistas, el grupo (Planetas + Lagartija Nick) que rinde culto a Morente. No los he escuchado... No sé si me molarán. Probablemente a la primera escucha, no, como me pasa siempre.
Antes de dormir tienen un ratito de relax; alguna vez leemos (Estamos con Harry Potter), otros días puzzle, nintendo, juego tranquilo...

A las 9 en punto se lavan los dientes y se acuestas cada uno en su cama.
Les doy un beso, les digo cuantísimo les quiero, apago la luz y dejo su puerta entornada.
A estas horas no me tengo en pie. Es increíble lo que da de sí un día.
Dejo listo el desayuno del día siguiente de los niños. Por las mañanas no hay tiempo de nada...
R. y yo solemos ver los informativos de A3 o T5.
Preparo noodles, y unas tortitas de IKEA food para cenar.

Lucas se levanta para ir al baño.
Cenamos rápido; y mientras Raúl se ducha, yo friego y recojo. Hay días que vemos algo en el salón, o hacemos sobremesa de la cena, consultando y leyendo cosas de internet con algún programa para no pensar en tv... pero hoy no es el caso. Vamos a la habitación.

Esta es la pared que veo frente a mi desde la cama. Raúl se pone en su ordenador.
Yo en el mío, veo que el gran Paco Palmero me ha etiquetado para comentar vía facebook el programón de la temporada: "Quién quiere casarse con mi hijo". Maravilloso...

Trato de terminar el Cuore de esta semana. No puedo... Aunque no me guste dormir, he de reconocer que es necesario.
Me rindo. Tengo frío y sueño. No doy para más. Son casi las 12...

Flipo con el tostón que les he metido. Mi vida a ojos de los demás tiene que ser soberanamente aburrida. Admiro a quien haya llegado hasta aquí.
Este día frío ya pasó; viajé a EEUU, volví y me quedé sin trabajo de nuevo. Lo que más me gusta de mi vida es que un día no se parece demasiado al siguiente. Hasta más ver.

Lo dice Diana Aller

15 comentarios :

Eva María, Yendo a por el segund@ dijo...

Diana, otra amiga conocida común....Tatiana...era mi vecina junto con Josu,,pregúntala...vivíamos en Quińones, díle que soy la madre de Rodrigo,,rubia les...a ella le encantaba...si es verdad cuanto sonríe....
Me he reído leyendo tu día normal y más con lo de las pistolas...yo decía lo mismo y ahora me encuentro pistolas escondidas para sacarlas a la calle sin que yo me de cuenta....
Un beso, me encanta leerte...
Eva María Bernal

Anónimo dijo...

Quier ser como tú.

Anónimo dijo...

Agrégame al facebook tía...

Anónimo dijo...

Oye siempre he tenido una duda, ¿cómo se pronuncia tu apellido?
Dime que es como si fuese una L sólo...

Rocío Olmo dijo...

me lo he leído entero pero en 3 partes, poco a poco, me gusta porque aunque he estado en tu casa mil veces nunca es en un día rutinario, de hecho sólo habré estado de día 2 veces y me gusta ver otras facetas, como la ropa tendida en el salón y a R. en pijama. A ver si os veo porque a mi los días no me dan tanto de sí y me faltan horas! jo

Reb dijo...

veo que has tomado buena nota de los comentarios sobre lo que queríamos leer, una que te lo agradece.

Esti dijo...

Me encanta.

Johann dijo...

Por esto existe el dia de la madre y aún es poco para homenajear a las miles de mujeres como tu.
Ahora, ¿en qué momento le mandas a tu hijo al cole con una caja de zapatos rosa? No quiero imaginar la cantidad de burlas que se habrá comido.

Anónimo dijo...

A mí también me ha encantado.

missmostoles dijo...

No te puedo admirar más

Anónimo dijo...

Si al llegar al final de este post sigo teniendo ganas de leer más y más debe ser que un día frio en tu vida interesa más que uno caluroso en la vida de otros... Eres grande y que paciencia para mostrarnos al detalle tu vida! Me encanta porque ha sacado miles de sonrisas segun iba leyendo cada detalle del día.

Natxo Neg dijo...

Diana a Natxo Neg le ha encantado tu post...cada vez q veo tu salon a mi cabeza viene "sara perche ti amo". a la cabeza..veo q no esta crispin...has dejado claro q eres una superwoman! bs!

Anónimo dijo...

Diana, llevo bastante tiempo siguiendo tu blog (aunque esta es la primera vez que escribo algo) y te puedo decir eres una persona tremendamente normal y tremendamente excepcional a la vez. No sé, me gustaría haber tenido la oportunidad de conocerte en persona :)

Lola dijo...

Eres encantadora, y este post es el mejor método anticonceptivo que ha existido jamás.
Gracias por sacar tiempo para escribir.

Ró dijo...

He empezado a leerte hoy, no sé si he hecho bien en hacerlo desde lo más nuevo a lo más antiguo. Me ha encantado lo que llevo hasta ahora pero aquí me he tenido que parar, sencillamente genial.
Gracias por compartirte con los demás y por escribir tan sumamente en armonía.