viernes, 18 de noviembre de 2011

SONRÍA POR FAVOR

"No se sale adelante celebrando éxitos sino superando fracasos" Pericles (495-429 aC)










"La juventud necesita creerse, a priori, superior. Claro que se equivoca, pero este es precisamente el gran derecho de la juventud" José Ortega y Gasset (1883-1955)


"Cada cara tiene su cruz" (Dicho Popular)


UN GÉNESIS AMARILLO:


En los jóvenes Estados Unidos de América, durante los primeros 60, los niños se educaban con amorosas y un tanto alienadas mamás amas de casa, pasteles de manzana y Funny Company, una candorosa serie animada infantil. Sus personajes, lucían en gorras y cabases una carita sonriente y al final de cada capítulo se espetaba a los niños: “No dejen de sonreír”.


Un renovador John F. Kennedy, se convertía en el trigésimo quinto presidente de los EEUU, y una sumisa y estilosa Jackie Kennedy, con gestos en apariencia inofensivos, desafió a la bienpensante América: Cambiar los protocolarios manteles blancos de recepciones y fiestas, por otros coloristas y floreados, era, sin ir más lejos, un acto subversivamente encantador.


En el mismo país y en la misma década, una aburrida compañía de seguros, State Mutual Life Assurance, contrataba a un diseñador para iniciar lo que llamaron “una campaña de amistad”. Se trataba de motivar a los propios trabajadores y también crear un clima agradable de una forma sencilla. Harvey Ball tardó poco más de diez minutos en crear el logo. Uno de los preceptos (en aquella época innovadores) era que si se habla sonriendo, aunque fuera por teléfono, la imagen que se proyecta es más positiva. Así, un círculo con ojos y sonrisa, comenzó a poblar la empresa aseguradora gris y aburrida. El autor cobró 45 dólares por ello.


Para añadir más lío a la autoría del logo sonriente, un tal David Stern, de Seattle, también se atribuiría posteriormente la creación de la carita amarilla. En cualquier caso, nadie la patentó… hasta septiembre de 1970. En ese momento, dos hermanos de peculiar apellido, -Spain- utilizaron el logo para algo igualmente alegre: chuches que se acompañaban de la frase “Have a Nice Day”. En dos años el Smiley era ya familiar en prácticamente todos los hogares de los Estados Unidos. Apenas estaba desarrollado el concepto de merchandising, pero fue precisamente en aquélla joven América, donde comenzó a pervertirse la relación humano-objeto, para comenzar a hablar de clientes, consumo, comercio, impuestos, publicidad, IMAGEN. Los felices e inocentes sesenta, daban paso a unos oscurantistas y embrujados años setenta.


Por supuesto de España ni hablamos… En estos momentos, la euforia se hace con una población que culturalmente –por mucho que escueza- va muy por delante. Y precisamente, la tendencia es adorar sin medida algo tan intangible y hermoso, tan perfecto y alocado como… la juventud.


UN SÍMBOLO DE JUVENTUD:


Teniendo en cuenta el desencanto de la guerra de Vietnam y la aplastante coherencia del discurso hippie, la juventud encontró en la carita amarilla un símbolo de una inusual fuerza expresiva y representativa.


Las marcas, la ropa, la gente… pintaban un smiley en cualquier lugar. Era el logo por excelencia. En 1972 la revista Mad, incluso metió a su protagonista-mascota, Alfred E. Neuman (antepasado del afamado diseñador Tori Alimbau, por otra parte) en un círculo amarillo sonriente. La juventud se autootorgó un poder tal vez desmesurado y, sin preverlo ni prepararlo, nació la contracultura: Los valores tradicionales se ponían en duda, tal y como la vanguardia en el arte, desconfía de lo academicista. Nietzsche venía a decir que para evolucionar, hay que “matar al padre”, por supuesto en un figuradísimo sentido. Algo así como destruir lo conocido para avanzar hacia lo desconocido. Y esto es básicamente lo que ocurrió en la sociedad y la cultura norteamericana.


Esta senda hacia lo desconocido venía representada por la integración racial, la libertad sexual y la repulsa hacia los estereotipos anteriores… Joan Baez entonaba Blowing in the wind, se terminaban de construir la torres gemelas y se imponían los pantalones de campana. A poca distancia, alguien observaba: una carita amarilla que iluminaba un camino de flores, paz y libertad.


LA SUBVERSIÓN DE UN SÍMBOLO:


Como cada día tras la luz llega la oscuridad, en una sonrisa está implícita una mueca de horror. El símbolo amarillo transmutó a lo largo de los años a las antípodas de su significado primigenio. El desgaste hizo perder el mensaje, y a finales de los 70, en un collage de los Dead Kennedys, aparecía un smiley chunguísimo con la cara del Gobernador Jerry Brown, en tono amenazador.


Pero fue un rebelde, anarquista y raruno de barbas quién transformó deliberadamente el circulito amarillo: Alan Moore, un inglés experto en asesinos en serie, expulsado de los centros escolares que pisaba y profundamente interesado en la ciencia ficción y la bajeza moral humana… lo utilizaría como icono en su obra más conocida: Watchmen. Una historia de sobra conocida por todos de superhéroes que tienen bien poco de divinidad.


Son los años de la guerra fría más patente, de la perversión de aquellos niños de los 60 que se convertían en ansiosos yuppies sin sentimientos, rendidos al dios Dinero. El recurrente smiley de Watchmen, manchado de sangre, terminaría siendo su icono más relevante.


Y es que, cuando una sociedad, una cultura, un sistema, entra en crisis… se hace necesario el caos, la revolución, cambiar el sentido de las cosas. Si de la felicidad se hace desgracia; tal vez ante lo negativo haya que revelarse… Con una sonrisa.


La economía (y la cultura) norteamericana, seguía siendo la imperante en el mundo entero, el más fiable marcador de tendencias… Y durante los expansionistas años 80, el smiley quedaba relegado a un pasado semienterrado, a un comic “antisistema” y al olvido. El mundo encaraba con fuerza cocainómana y plateada una vida con hombrearas, con mansiones como las de la serie Dallas, como el velo del traje de novia de Lady Di. Todo era obscenamente hiperbólico. La economía y las guerras se medían por barriles de crudo, la tecnología avanzaba más en comunicación e imagen y menos en viajes espaciales, y la Tierra brillaba de forma excéntrica con iconos renovados de Mickey Mouse o Ronald Reagan, símbolos de la grandeza humana… Un simple círculo amarillo no tenía nada que hacer en aquella época de bonanza y desenfreno.


Pero como ustedes han comprobado con la hechura de su ropa, y las modas capilares todo es cíclico; y a una época de desparrame, le sigue una de recesión.


Seguía habiendo jóvenes rebeldes, que no aceptaban lo establecido y que estaban diametralmente en contra de un sistema que cada vez tenía menos que ver con sus inquietudes. La música, los medios de comunicación y al fin, la política, eran objetos de consumo que generaban insatisfacción. ¿Quién podría identificarse con Margaret Thacher? ¿Cómo podían luchar por la libertad en un mundo reglado para ser falsamente libres? Tener todo al alcance de la mano, hacía no tener salidas, no poder inventar, no poder salir, porque ni siquiera había dónde entrar. La cultura de masas comienza a hacerse fuerte, y los rebeldes necesitan una escapatoria…


DANCE USTED:
En efecto, la solución estaba en la evasión. Músicas rítmicas que se llamaron Dance, y drogas químicas: un universo sonriente frente a un mundo esclavista, excluyente y mercantilista. El foco cultural británico seguía teniendo cierta supremacía ideológica, y esta vez fue el epicentro mismo del Acid House, movimiento abanderado por el simpático smiley amarillo.


En el verano del 88 apareció un videoclip (Don´t make me wait de Tim Simenon) con cienes de smileys. Pero el careto se vio por primera vez asociado formalmente a la música de baile, por obra y gracia de un dj llamado Danny Rampling que lo colocó en los flyers del Shoon Club, donde pinchaba. Según dijo, se le ocurrió la idea, al ver a un joven bailando enloquecido con una camisa cuajadita de smileys en el Wag club de Londres. Como ven, nacía en aquella época la cultura de club, un universo específicamente joven, imposible de comprender si no se está en una limitadísima horquilla de edad. La noche, amparaba las correrías músico-drogadictas de cada vez más chicos y chicas sin otra escapatoria. Y el rey absoluto de los momentos acid house, amén de su intrínseco motor era el éxtasis.


El éxtasis, (MDMA ó 3,4-metilendioximetanfetamina) es una droga que llevaba ya unos años sintetizada sin que nadie le encontrara una aplicación concreta, pese a que existe mucha literatura de ficción al respecto. Como muchos de ustedes habrán comprobado en sus castigadas carnes y cerebros, el éxtasis otorga una identificación afectiva con el que se tiene en frente, o lo que es lo mismo, da una agradabilísima sensación de amor. Amor del bueno (alteración de la serotonina, vamos). A finales de los 80 y a lo largo de los 90 se fabricaba, vendía y consumía en forma de pastilla. Las primeras remesas llevaban smileys en relieve, por lo que, el simpático logo quedó de nuevo unido al universal sentimiento del amor. Después llegarían logos de Mitsubishis, conejitos de playboy, Motorola, Armani, o simples corazones…


A estas alturas, España había evolucionado lo suyo, y el Acid House, y su levantina consecuencia, el bakalao, lo petaron en nuestro país. La juventud se había hecho también aquí con ese extraño poder y fascinación efímera, y las modas de la época (pantalones ciclistas, colores flúor y gafas de sol ocultando dilatadísimas pupilas) eran el signo de los tiempos del éxtasis.


El de 1988 fue llamado “Segundo verano del amor” (El primero habría sido el de 1967) y mucho influyó el smiley y la droga a la que representaba. La repercusión mediática fue excepcional. Por un lado, los diarios mostraban el lado más tremendista del asunto con titulares llenos de miedo, smileys y desconocimiento. Cosas como: “¿Sabe qué van a hacer sus hijos esta noche?”; o “Éxtasis: Amor y muerte”. Pero, por otra parte, campañas publicitarias de gran inversión financiera vendían el concepto de felicidad, caritas sonrientes e impostada alegría, inspirándose en el acid house. Benetton, marca colorista y pretendidamente polémica, mezclaba razas en sus anuncios, y en aquellos tiempos se lanzaba la colonia Happy, de Clinique.


HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ:


El éxtasis fue transformándose en otras formas de consumo, a otras drogas, a otras gentes… Las generaciones iban superponiéndose (entiendan esta frase como les dé la gana, por favor) y la cultura y la sociedad, mutaban a un complejo entramado burocrático imposible de desmadejar. Michael Jackson cedía a Madonna el cetro de reina del pop, y la cultura popular se hacía con el negocio del ocio. Todo era absorbido por la mercadotecnia y el tan manoseado “estado de bienestar”. El mundo (el occidental, claro) se asentaba en sus propias bases de concordia y capitalismo y su sueño de Aldea Global. Estábamos en la era Calvin Klein, en el aséptico relevo de milenio… Donde una economía en espiral, comenzaba a cambiar la dirección. Internet, democracia, corrupción, dinero, empleo, subvenciones, Pau Donés, microcréditos, Palm Springs, Madre Teresa de Calcuta, windows… Un centrifugado de ideas en el que el smiley iba quedando reducido a un emoticón. Apenas una señal de victoria, una mueca, un gesto escrito, un guiño informal.


Pero el mundo globalizado ha comenzado a vomitar lo que fabrica, a no poder contenerse a sí mismo, a separar en tribus meramente económicas a su ciudadanía, mientras proliferan los establecimientos de “Compro Oro”, los antidepresivos y los libros de autoayuda. ¿Qué va a aportar un circulito amarillo que sonríe a nuestra avanzada cultura?


EL LOGO, LOS DATOS:


-Un círculo amarillo se asocia en todas las culturas y los tiempos al Sol, la primera (y más simple) representación divina.


-El color amarillo es uno de los más difíciles y llamativos a la hora de promocionar algo.
-Los logos que se consideran triunfadores suelen ser los más esquemáticos. El paradigma sería Nike.


-Con tres ojos en lugar de dos, se convirtió en el logo de la peli Evolution.


-Un francés llamado Frank Loufrani lo patentó en varios países y ganó un multimillonario juicio a Wal Mart por su uso “fraudulento”.


-Forest Gump dejó impregnada una camiseta con sudor y ésta tomó la forma de un smiley.


-The Smiley Face Gang es una banda criminal de EEUU, muy activa hace unos años, que junto a sus víctimas mortales, deja un smiley dibujado.


-En España lo reivindicaron Fangoria cuando el grupo estaba en sus horas más bajas (la época Fan Fatal).


-Randall Flagg, un personaje recurrente en las novelas de Stephen King, es un bandido que suele portar una chapa de smiley.


-Grupos como Bon Jovi o Blink 182 lo han utilizado en sus discos y promos.


-Katy Perry le copió este modelito a Araceli Segura. (Esta es una foto promocional de una fiesta en el Ocho y Medio de hace un par de años).


-La artista Miley Cyrus, se llama así porque la llamaban “Smiley” ya que sonreía siempre.


-Hoy se asocia todavía a las drogas y a la cultura de club.


Lo dice Diana Aller

8 comentarios :

Cristóbal Fortúnez dijo...

Gran post. Te lleva de la mano por muchos sitios a la vez.

Anónimo dijo...

Interesante. Me gusta mucho lo que escribes, rara vez me decepcionas.. Eso si, llevo algún tiempo observando que tienes ciertos problemas con los signos de puntuación, concretamente con las comas... Lo siento, pero tenía que decirlo.

Patri.

Marta dijo...

Wow...
Hay que ver lo que da de sí el circulito amarillo.
Gran recorrido.
Amplio, variado y sorprendente.

Beso

Jo Grass dijo...

¡Qué bueno!

Anónimo dijo...

Querida Diana me ha encantado el recorrido.

Anónimo dijo...

Ya que hablabas del Smiley deberías leer "El Finde de los Mundos" el octavo libro de la serie "the sandman", de neil gainman, en el que una de las historias que se cuentan gira entorno al smiley. No te decepcionará!

Anónimo dijo...

yo creo que cuando ayer zp salió a la palestra, se había metido una ralla de coca.

Doctor Zayus dijo...

Ha faltado por poner el "Smiley Hitler", que es lo mismo pero con bigotito y flequillo. Hay una foto famosa de las cantautoras nazis Prussian Blue con ese logo en sus camisetas que podréis encontrar gracias a San Google.